Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
PERVERSAMENTE PROHIBIDO
CAPITULO 30
Bella apenas se enteró de la marcha de Edward esa mañana.
Realmente se sentía agotada y apenas le devolvió el suave beso con el que él se despidió.
Edward tenía un día bastante complicado, con una comida de negocios y una reunión por la tarde con el abogado de los Vulturis, los socios minoritarios de Volterra, además de tener que pasar la mañana en el despacho organizando los documentos relativos a su último viaje.
Bella en cambio, tenía el día libre y pensaba pasarlo con sus amigas aunque se reuniría con Edward a la noche para cenar en el departamento de él.
Alice entró como una tromba a su habitación y se lanzó sobre la cama de Bella despertándola abruptamente.
—Alice... —gimió cerrando los ojos e intentando volver a dormirse
—Despierta, bella durmiente —dijo su amiga tirando de las mantas para destaparla —Ya son las diez, es tardísimo y ya has dormido bastante.
—¿De verdad? Siento como si hubiera dormido solo un par de horas —reconoció volviendo a acurrucarse
—Eso es tu novio que te deja agotada de tanto sexo salvaje. Vamos, arriba. Hoy tenemos sábado de compras en el centro comercial.
—Ya voy...
—No —discutió Alice —Ya voy, no, ¡Ya! —ordenó tirando de su mano para obligarla a incorporarse.
Bella rió y se sentó en la cama aunque el movimiento le provocó un profundo mareo y su estómago se revolvió obligándola a correr al lavabo donde devolvió la cena con grandes arcadas.
—Hey, Bells, ¿te encuentras bien? —indagó Alice preocupada inclinándose sobre ella para sostener su cabello alejado de su rostro.
—Sí, creo que sí —dijo poniéndose en pie para acercarse al lavabo y enjuagar su boca —Estos últimos días estoy bastante nerviosa, ya sabes, con todo lo de los hijos de Edward y mi discusión con Alec... Creo que ha acabado afectándome físicamente.
—No es para menos —reconoció su amiga —Esos chicos son unos capullos. No entiendo que no dejen a su padre en paz.
—Lo sé. Pero son sus hijos y de alguna forma tenemos que solucionarlo. Buscar la forma de que lo acepten o al menos que puedan vivir con ello.
—Deberíais ignorarles hasta que aprendieran a comportarse como adultos. Son unos inmaduros.
—Lo sé, Alice, pero he de reconocer que a veces tengo miedo de opinar o decir algo y que Edward se lo tome a mal. Alec me lo dijo, Edward no me elegiría a mí antes que a sus hijos, y creo que tiene razón.
—Es que no tendría que verse obligado a elegir —discutió Alice molesta
—Lo sé. Espero que no tenga que hacerlo.
Mientras Edward en su despacho se sumergía en el trabajo, Bella y sus amigas, se sumergían en el centro comercial, visitando todas las tiendas a las que Alice les arrastró.
A la misma hora que Edward se reunía con Benjamín Tucker para su comida de negocios en La Bella Italia, Bella entraba en un restaurante de comida rápida con sus amigas, en el mismo centro comercial.
—El jueves próximo es el cumpleaños de Ben —comentó Angela —y piensa dar una fiesta en su casa, espero que todas vengáis —dijo mirando claramente a Bella.
—Lo intentaré —aseguró sonriendo mientras daba un bocado a su sándwich de pavo.
—Lo intentaré no me sirve —explicó Angela —Puedes traer a Edward.
—No creo yo que Edward quiera venir.
—No hace falta que sea tan esnob —espetó Jessica —No le pasará nada por venir a una reunión de veinteañeros. No le pegaremos nuestra inmadurez.
—No es así —le defendió Bella —No cree que seamos necesariamente inmaduros, aunque si se guiara por el ejemplo de sus hijos, no se le podría culpar por pensarlo. Es que él se siente un poco viejo.
—Oh, por Dios. Tiene la energía y potencia sexual de un adolescente...
—Pero la técnica de un adulto —acotó divertida
—Gracias a Dios —exclamó Alice aliviada —Si salieras con un tipo de cuarenta que se manejara en la cama como un crío de quince, sería para matarte.
—No te preocupes, Alice. No se maneja como un crío.
—Bella, —le llamó Jessica —sus hijos ya lo saben, no tenéis porqué ocultaros.
—No es por ocultarnos —discutió enérgica
—¿Entonces? Es tu novio y nosotras tus mejores amigas, nos gustaría tener más relación con él que solo verlo salir furtivamente de tu habitación un sábado por la mañana.
—Lo sé —reconoció —De acuerdo, le invitaré e intentaré convencerle.
—Es lo menos que puedes hacer —soltó Alice antes de levantarse de su lugar para ir en busca de cafés para todas.
La conversación se alejó de Bella y Edward para centrarse en Jessica y sus intentos de concretar una relación seria con Mike, pero ese desvío momentáneo duró lo que tardó Alice en volver a la mesa con una bandeja con cuatro tazas de café.
—Dios —gimió Bella en cuanto Alice puso su taza frente a ella —Creo que voy a vomitar —gimoteó abandonando la mesa para correr al baño más cercano ante las miradas incrédulas de sus tres amigas.
Alice la observaba con las cejas alzadas, en cuanto volvió a su lugar.
—Por favor, aleja ese café de mí —pidió Bella empujando la taza sobre la mesa —Huele fatal.
—Huele a café —le contradijo Alice mirándola con atención.
—No lo creo. Es asqueroso. Me revuelve el estómago.
—¿El olor a café te revuelve el estómago? —preguntó mirándola con escepticismo
—Sí, al menos ese café. Lo siento demasiado fuerte.
—Lo mismo le sucedía a mi prima Victoria cuando estaba embarazada —comentó Jessica desinteresada dando un trago a su taza.
—Calla, Jessica —escupió Bella mirándola intimidante —Esa es una broma de muy mal gusto.
—No es una broma —se defendió su amiga —Vicky se pasó los nueve meses sin poder acercarse al café y toda la familia teniendo que tomarlo a escondidas. Ni tan solo podía oler el bote de café.
—Es verdad —apoyó Alice —Le sucede a muchas mujeres. Es un síntoma tan normal como los mareos, los vómitos al despertar y el agotamiento. —dijo clavando su mirada en Bella que rápidamente entendió las implicancias de las palabras de Alice.
Esos eran exactamente los hechos que Alice había visto ese día en ella. Mareos, vómitos y agotamiento.
Su rostro palideció y podía jurar que su corazón se había detenido un momento antes de comenzar a bombear aceleradamente mareándola una vez más.
—No estoy embarazada— musitó con voz apenas audible —No puedo estarlo —gimió levantando la mirada de su regazo para fijarla en sus amigas que la observaban con atención.
—¿Has tenido algún retraso? —preguntó Alice aplicando su tono médico
—No —negó con convencimiento.
—¿Tu último período fue normal?
—¿Normal? ¿Qué significa normal?
—Sí. Si su duración y el flujo fueron normales.
—¡Qué sé yo, Alice! Tomo la píldora, mis flujos no son muy abundantes nunca y tampoco me dura muchos días. Siempre ha sido así. —explicó —Pero por esa misma razón, que tomo la píldora, es que no puedo estar embarazada.
—Bella, eres una adulta, —dijo Jessica —sabes que no existe más método anticonceptivo cien por ciento fiable que no sea la abstinencia. Incluso la píldora puede fallar.
—No a mí —batalló —Nunca lo hizo. Nunca me ha fallado la píldora durante los cuatro años que estuve con Jacob, no tendría sentido que fallara en tan solo cuatro meses que llevo saliendo con Edward.
—Juraría que lo has hecho más veces con Edward en cuatro meses que con Jacob en cuatro años.
—Eso es una tontería.
—Bella, tal vez deberías cerciorarte de que no estás embarazada, antes de continuar tomando la píldora —aconsejó Angela, siendo como siempre, la voz sensata del grupo.
—No puedo estar embarazada, Angela —discutió cuando sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Y seguramente no lo estés, cielo —le reconfortó su amiga tomando su mano por sobre la mesa —Pero lo mejor será asegurarte de ello, ya sabes, por si acaso.
Se dejó caer contra el respaldo de su asiento, sintiendo que el mundo se le caía encima.
—Venga, Bells, eres una mujer valiente —le intentó animar Alice aunque sin éxito.
—Vamos —ordenó Jessica poniéndose en pie —Compraremos una prueba en la farmacia de la planta baja y en unos minutos lo sabremos.
Diez minutos después, las cuatro amigas se encontraban en uno de los lavabos del centro comercial.
Bella sostenía en sus manos la varilla plástica mientras Jessica leía las instrucciones.
—Venga, haz pipi en el palito —dijo por fin —Luego debes dejarlo tres minutos en posición horizontal. Un resultado negativo podría ser erróneo, por lo que podrías tener que repetirlo.
—¿Y un resultado positivo? —inquirió esperanzada
—Un resultado positivo es positivo. Vamos, haz pipi.
Con un hondo suspiro Bella se coló en uno de los cubículos y siguió las instrucciones de su amiga.
Cuando salió dejó la varilla sobre el lavamanos y se refugió en el abrazo de Angela, mientras Jessica y Alice controlaban el tiempo sin dejar de mirar la prueba.
Bella sintió rápidamente la respiración de Alice detenerse, mucho antes de que los tres minutos llegaran a su fin, pero se negó a voltearse a mirarla.
Nadie habló.
Cuando se dio cuenta que ya llevaban allí mucho más del tiempo necesario, se volteó a sus amigas para ver en sus rostros la respuesta, antes de ver el rojo símbolo positivo en la ventanita de resultados del test.
—¡Mierda! —gimió recostándose pesadamente en el lavabo.
—Estás embarazada, Bells —dijo Jessica en voz muy baja acercándose a ella para rodearla con su brazo.
—No puede ser —musitó cuando las lágrimas rodaron por sus mejillas.
—Podemos hacer otra prueba si quieres —ofreció Alice —Pero creo que los resultados son claros.
—¡Dios! ¿Qué voy a hacer? Edward va a matarme.
—Y nosotras le mataremos a él —rugió Jessica enfadada —Por Dios, Bella. No lo buscaste. No lo hiciste a propósito. Esas cosas pueden pasar cuando eres sexualmente activa. Si no quería arriesgarse a tener hijos, pues no haber utilizado su amiguito.
—¿Es que no lo entiendes? Es el segundo embarazo no buscado al que se enfrenta en su vida.
—¿Y qué? Al menos ya tiene la experiencia. Para ti es el primero.
—Estoy segura de que está más preparado para convertirse en abuelo que en padre.
—¡Pues haber dejado de follar! —gritó Jessica indignada —Si no quiere enfrentarse a la posibilidad de embarazar a una chica, entonces no debería tener sexo con ella.
—¿Qué voy a hacer? ¿Cómo voy a decírselo? —sollozó
—Tranquila, Bella —le aconsejó Angela —Antes que nada debes calmarte. No puedes estar segura de que vaya a tomárselo tan mal.
—Estoy haciendo lo mismo que su ex.
—No es así. Tú no lo has hecho adrede ni ex profeso. No lo has hecho para atraparle y, sobre todas las cosas, no lo has hecho siendo adolescentes.
—Siempre me ha dicho que no quiere tener más hijos.
—Eso era antes de que mantuvierais una relación —le corrigió Angela —Ahora podría ser diferente. Ya sabes, tú le amas, él te ama, mantenéis una relación seria y adulta. Tal vez en un principio se sienta conmocionado, pero cuando lo piense mejor verás que acabará siendo feliz con la noticia.
—¡Dios mío! Aún no hemos logrado que sus hijos acepten nuestro noviazgo y ahora deberán aceptar un hermano —gimió con preocupación
—Sus hijos que se vayan al diablo —espetó Jessica —Ahora no tienes que preocuparte por ellos. Sólo piensa en Edward y en vuestra relación. Sabes que es lo suficientemente seria y real como para salir adelante.
—Jess tiene razón, Bella. Tú lo has dicho muchas veces. Edward no estaba enamorado de su ex, ni siquiera era su novia, sino más bien un ligue ocasional. Lo que vosotros tenéis es diferente —explicó Angela infundiéndole confianza —Él te ama. ¿Crees que hay algo más importante que tener un hijo con la persona a la que amas?
—Angie tiene razón, Bella. Estoy segura de que aunque al principio pueda ser un shock, Edward estará feliz con la noticia —aseguró Alice sonriente.
—Es verdad —coincidió Jessica —Así que ahora vamos a buscar algo bonito y sexy para que uses esta noche, y organizarás una cena romántica con velas y todo para contarle a tu novio la feliz noticia. —ordenó haciéndola sonreír, antes de abandonar el baño.
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Días de actualización: LUNES - RANCHO MASEN; JUEVES - PERVERSAMENTE PROHIBIDO
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