Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

PERVERSAMENTE PROHIBIDO

CAPITULO 34

Bella se tomó una semana antes de volver al trabajo.

Los primeros tres días los pasó hundida en su cama, culpando a las hormonas del llanto que no era capaz de detener.

Para el cuarto día, salió de la cama y se dedicó a bombardear la web con su currículo, postulándose como abogada para todas las empresas más importantes de Seattle.

Cuando la semana acabó, tenía previstas dos entrevistas para la semana siguiente.

Sintiéndose bastante más animada, redactó su carta de dimisión, con efecto inmediato, como abogada de Cullen Holdings, Inc.

Ese lunes se vistió formalmente, recogió su cabello y se calzó sus más intimidantes tacones, y se presentó en el despacho en el que había trabajado los últimos meses.

Edward había vivido la peor semana de la que tenía recuerdo.

No se había sentido tan vacío cuando se había divorciado de Chelsea, ni tampoco cuando se había visto obligado a casarse abandonando todos sus planes de juventud.

Necesitaba y ansiaba ver a Bella, aunque una parte de él no hacía más que repetirle que no era una buena idea.

Jane finalmente se había incorporado a la empresa, pero la relación de Edward con sus hijos era, si cabía, más distante de lo que había sido cuando él aún estaba con Bella.

El fin de semana no había sido especialmente relajante, ya que viéndose apabullado por los recuerdos de su departamento, se había prácticamente instalado en el despacho.

Para cuando el lunes llegó, se sintió agradecido de poder dedicarse a trabajar hasta la extenuación.

Estaba enfrascado en los estatutos de una de sus empresas cuando llamaron a la puerta de su despacho con dos suaves golpes.

—Adelante —dijo levantando la vista del grueso dossier en el que trabajaba.

Su corazón se saltó un latido cuando vio a la abogada a la que amaba, adentrarse en su despacho.

Estaba seria, pálida y ojerosa. Su cabello recogido en un moño serio.

Vestida con un traje negro de chaqueta y pantalón.

Era preciosa. A pesar de la tristeza y el dolor que se vislumbraba en su rostro estaba preciosa.

—Hola —saludó en un murmullo.

—Buenos días, Edward —le respondió ella con formalidad.

—Pasa. Siéntate. —dijo señalándole la silla frente a él aunque ella ignorara su oferta —¿Cómo te encuentras?

—Muy bien, gracias.

—Me dijeron que no te encontrabas bien estos días —comentó ganándose una mirada sarcástica de parte de la chica.

—No esperas una respuesta —replicó con dureza.

—Lo siento, Bella —reconoció apenado mesándose los cabellos en un gesto desesperado —Te aseguro que lo haría diferente si pudiera pero…

—No he venido a hablar sobre eso, Edward —le cortó indignada.

La entendió. Supo que tal vez era demasiado pronto para hablar sobre ellos.

—¿Qué necesitas? ¿Quieres tomarte unos días? Puedes tomarte los días que necesites —ofreció.

Bella le observó desdeñosa antes de hablar.

—No hará falta —aseguró abriendo su maletín para sacar un sobre que le entregó en mano.

—¿Qué es esto? —le preguntó mientras abría el sobre.

—Mi dimisión —explicó y Edward la observó sorprendido —Quería que supieras que no os daré los días de preaviso. Me marcharé hoy mismo. A partir de mañana ya no volveré.

—No, Bella, no tienes que hacerlo...

Le dedicó una mira cargada de odio y resentimiento.

—¿De verdad crees que voy a quedarme a trabajar aquí? ¿Contigo? ¿Con tus adorados hijos? —indagó con desprecio —No lo necesito, Edward. No me hace falta pasar por semejante humillación. Valgo mucho más que eso. Sólo estoy cumpliendo la formalidad de entregarte mi dimisión, en lugar de simplemente mandarte al diablo, que es lo que me apetece. Ahora mismo iré a hablar con Emmett y le comunicaré mi decisión. Le pediré a él una carta de recomendación...

—Yo te la escribiré —le interrumpió.

—No quiero ni eso de tu parte —declinó —Tú solo llama a recursos humanos para que me preparen mi liquidación.

—Te prepararemos una indemnización —ofreció intentando de alguna forma compensar la decisión que ella se había visto obligada a tomar, pero todo lo que consiguió fue que el odio de su mirada se le clavara en el cuerpo como si de dagas afiladas se tratara.

—¿Una indemnización? —preguntó con desprecio —¿En pago a qué? ¿Para pagarme por haber follado contigo? No soy una especie de puta, Edward. No quiero ni necesito tu maldito dinero. Guárdalo para tus niñatos que seguramente lo necesitan mucho más que yo —agregó despectiva.

—No seas orgullosa, Bella. Sabes que te vendrá bien el dinero. Al menos hasta tanto encuentres otro trabajo.

—Mi orgullo es lo único que me queda, Edward. No voy a permitir que también me lo pisotees —respondió con irritación.

—Bella... déjame ayudarte de esta forma al menos. Es mi culpa que tú te veas obligada a marcharte...

—Mira, Edward, te agradezco que intentes silenciar tu conciencia respecto a todo esto, pero no quiero nada de ti. —explicó molesta —Me basta con que recibas mi dimisión, aunque la haré efectiva igual aun si no la quieres aceptar.

En silencio aceptó la carta.

—Hablaré con recursos humanos —dijo al fin sabiendo que no le quedaba mucho por decir.

—Bien. Iré a ver a Emmett —le respondió poniéndose en pie y abandonando el despacho sin más.

Bella abandonó el despacho dejando a Edward confundido con sus sentimientos.

—Hey, Bella —la saludó su jefe directo al verla entrar en su despacho —¿Cómo estás? Me dijeron que no estabas bien estos días y, debo confesar, que no tienes buena cara.

—Gracias, Emmett —sonrió —Siempre se puede contar contigo cuando una chica necesita un piropo —comentó burlona aunque la diversión no llegó a sus ojos.

—¿Te encuentras mejor, entonces?

—Un poco, sí, gracias —reconoció sentándose frente a su jefe —Pero hay algo importante que tengo que hablar contigo.

—Dime, ¿qué sucede? —indagó Emmett extrañado por el tono solemne implícito en la voz de Bella

—Acabo de entregarle a Edward mi dimisión. —explicó con tristeza —Ahora mismo deben estar preparando mi liquidación en Recursos Humanos.

Emmett la observó frunciendo el cejo completamente desconcertado.

—¿Qué quieres decir?

—Eso. Renuncio. A partir de hoy ya no trabajo para Cullen Holdings.

—¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué sucedió? —preguntó Emmett receloso —Estoy seguro de que no es porque te hayan ofrecido otro puesto en algún otro sitio.

—Desde luego que no —aceptó con una sonrisa muy triste.

—¿Qué sucedió, Bella?

—Sé que lo imaginas. Edward y yo lo hemos dejado…

—Bella, no tienes que irte porque vuestra relación se haya roto. Estoy seguro de que tendrá solución, porque nunca había visto a mi hermano tan feliz como le he visto en los últimos meses —dijo Emmett con seguridad estremeciendo a Bella —Pero aun si no lo solucionaseis y volvieseis juntos, sé que ambos podéis ser suficientemente adultos como para continuar trabajando en la misma empresa. Eres la mejor abogada a la que esta empresa podría aspirar. No puedo permitir que renuncies, Bella.

—Lo siento, Emmett, pero no puedo continuar trabajando aquí. No fue una simple discusión, Edward me dejó porque ni Alec ni Jane aceptan nuestra relación. No puedo seguir trabajando con ninguno de ellos tres. —informó —Sé que puedes entenderlo.

Emmett frunció el entrecejo mirándola anonadado.

—¿Que habéis roto porque Alec y Jane no lo aceptan?

—Sí —asintió en silencio.

—Pero estos chicos ¿qué tienen? ¿cinco años?

—No, tienen edad y astucia suficiente para saber manejar a su padre —comentó con tristeza.

—¿Pero cuál es la razón que esgrimen para no aceptar a la novia de su padre?

—No lo sé. No lo sé pero lo imagino. Alec tiene su orgullo herido porque nunca he querido salir con él y sin embargo me he enamorado de su padre. Y Jane... no lo sé en realidad, pero alguna vez comentó que yo era demasiado joven para Edward.

—Eso es una idiotez. De verdad que el tema de la edad de Edward me saca de quicio. Te lo prometo, Bella, me enferma. Joder, es más joven que yo. Al final me hace sentir un anciano.

—Lo sé.

—Además de que tú tampoco eres una adolescente...

—Lo sé, Emmett. Pero la negativa de los gemelos es suficiente para Edward y yo realmente no tengo fuerzas ni ánimos para seguir discutiendo este tema.

—Entiendo, Bella. Lo entiendo y de verdad lamento que las cosas acabaran así.

—Sí, también yo, pero ni modo, no hay nada que pueda o quiera hacer ya.

—Entonces no hay realmente ninguna posibilidad de que continúes trabajando con nosotros, ¿no?

—No, lo siento, Emmett.

—Entiendo. ¿Hay algo que pueda hacer por ti? —ofreció el moreno amablemente.

—Me serviría una carta de recomendación —preguntó tímida.

—Cuenta con ello.

—Yo ahora pasaré por mi despacho y organizaré los trabajos pendientes. Puedo explicaros a ti o a Liam sobre el estado en el que les dejo.

—Eso estaría bien. Yo prepararé tu carta.

—Gracias, Emmett —dijo poniéndose en pie para abandonar el despacho.

—Bella —le llamó Emmett antes de que saliera —Lamento mucho que las cosas acabaran así. Imagino que no estás interesada en escuchar nada sobre Edward, pero quiero que sepas que es un buen hombre, a pesar de permitir que sus hijos le manejen como a una marioneta, es un buen hombre.

—Lo sé, Emmett. Puedes estar seguro de que lo sé, pero aún así no puedo evitar sentirme muy herida.

—Lo siento, pequeña —dijo Emmett con una dulzura que la hizo estremecer.

Cuando Bella por fin regresó a la casa, cargada con las pocas pertenencias que tenía en la empresa, Angela estaba allí, sentada a la mesa de la cocina corrigiendo tareas de sus alumnos.

—Hey, Angie —la saludó Bella yendo a la nevera para servirse un vaso con agua.

—Hola, Bells —le respondió Angela alejando de ella los papeles que tenía entre manos —¿Cómo te fue? —indagó con cautela.

Bella se encogió de hombros.

—Supongo que como era de esperar.

—¿Viste a Edward?

—Sí, le entregué mi dimisión. Luego su hermano me dio una carta de recomendación y eso fue todo.

—¿Cómo se tomó Edward que renunciaras?

—Al principio intentó convencerme de que no lo hiciera, pero finalmente lo aceptó. Intentó que aceptara una indemnización, pero la rechacé.

—¿La rechazaste?

—Sí.

—¿Por qué lo hiciste?

—No quiero nada que él me pueda dar por cualquier sentimiento de lástima o culpa que pueda sentir. —explicó Bella a su amiga con vehemencia —Si cree que puede darme dinero para que me sienta más feliz con su decisión, o para que él pueda acallar sus sentimientos de culpa, se equivoca de persona.

—Entiendo tus razones. —aceptó Angela —Pero ahora deberías de pensar en el bebé antes que en ti y tu orgullo, Bella. Tener cierto respaldo económico te vendrá bien.

—Lo sé, Ang, pero no quiero aceptar dinero de Edward. Me haría sentir sucia.

—Lo sé. Sé que tienes razón...

—Venga, dilo —le instó Bella sabiendo que su amiga tenía más que decir.

—No sé, Bells... es que... ¿nunca vas a decirle que tienes un hijo suyo?

Inspiró y exhaló profundamente antes de hablar.

—Se lo diré. —aseguró —Sé que lo haré, aunque no porque crea que le deba nada a él, sino porque creo que mi hijo se lo merece, se merece tener un padre. Pero no puedo decírselo ahora mismo.

—¿Por qué?

—Porque aún estoy demasiado afectada, y sé cómo es Edward, me apabullaría, me ofrecería matrimonio o cualquier mierda de esas, y no quiero decirle que sí a algo de lo que sé que nos arrepentiremos tarde o temprano.

—Bella, tú sabes que ese tipo te ama.

—Sí, al menos creía que sí. Pero parece que su amor no era suficiente como para intentar luchar por lo nuestro. Sé que son sus hijos y sé que los pondrá por encima de nuestra relación en última instancia, pero creo que al menos debió haber luchado por esto un poco más. Creo que se rindió demasiado rápido. No quiero que quiera casarse conmigo sólo por el bebé, porque ya lo hizo una vez, y eso sólo consiguió que tenga dos hijos infelices. No quiero eso para mi bebé. Y, honestamente, tampoco lo quiero para mí. —explicó —No quiero que en algún momento pueda pensar que me embaracé para atraparlo como hizo su ex mujer, porque eso hizo que le odiara y no quiero eso para mí, para nosotros —acabó mientras llevaba su mano a su vientre plano, para sentir a través de ella la fuerza que su pequeño hijo le enviaba.

—Sé que tienes razón, lo sé y tú sabes que cuentas con nuestro apoyo incondicional sin importar lo que decidas hacer.

—Lo sé, Ang —reconoció estirando su mano para atrapar la de su amiga —Y os doy las gracias por ello.

—Somos familia, Bella. Siempre lo hemos sido —sonrió Angela con cariño.

En ese mismo momento, en las oficinas de Cullen Holdings, Edward recibía la avasallante visita de su hermano.

Emmett le miró con dureza nada más sentarse frente a él, pero no dijo palabra, poniéndole bastante más nervioso.

—¿Qué? —preguntó Edward por fin altanero.

—¿Qué has hecho, Edward?

—¿Respecto a qué?

—Sabes bien de qué hablo. ¿Cómo pudiste dejar a la única mujer que te ha hecho feliz en tu vida?

—No te metas en esto, Emmett.

—¿Que no me meta en esto? Pero ¿a ti qué te pasa? ¿Es que te has vuelto gilipollas?

—Tuve que hacerlo, Emmett. Tal vez no supe manejarlo pero no puedo ver a mis hijos pasándolo mal por mis decisiones.

—Es que definitivamente eres gilipollas —arremetió Emmett —¿Qué coño crees que harán tus hijos cuando encuentren su pareja? ¿Crees que se preocuparán por si tú te quedas solo o tienes a alguien?

—Desde que nos convertimos en padres sabemos que la vida es así.

—Dios, Edward, manipulan tus sentimientos, especialmente tu sentimiento de culpabilidad. Saben que te sientes culpable por no haberles dado un hogar con unos padres felices y que se amaran. Saben que te culpas de haberlos convertido en hijos de padres divorciados a los diez años.

—Tú no tienes ni idea lo que hice de mi matrimonio con Chelsea —gruñó.

—Sé que fuiste infeliz y sé que ella también lo fue. Pero no fue tu culpa ni la suya. Simplemente erais una pareja que no debió haberse casado nunca. Lo hiciste porque sentiste que era tu responsabilidad y lamento que en ese momento nadie te haya dicho que te equivocabas.

—¿Qué debí hacer, según tú? ¿No hacerme responsable de mis hijos?

—No, claro que no. Pero uno puede hacerse responsable de sus hijos sin necesidad de casarse con su madre, una mujer a la que no ama y que no le ama. Deberíamos aprender a separar el amor a los hijos del amor a una pareja. Y eso debería significar que en este momento, tú deberías separarlo también y reconocer que amas a Bella y que ello no significa que ames menos a tus hijos. Y de la misma forma que Bella debe aceptar que ames a tus hijos, ellos deben aceptar que ames a esa mujer. Por Dios, Edward, no son amores excluyentes.

—Alec lo está pasando mal. Siente cosas fuertes por Bella.

—En primer lugar —discutió Emmett enérgico —eso es una mentira enorme, y una tontería. Alec ama el desafío que le suponía mantener una relación con Bella, y ahora se da cuenta que realmente no tenía nada que hacer. Bella no le ama ni le amará, porque te ama a ti, así de simple. Lo único que Alec siente es su orgullo herido.

—No sé qué puedo hacer, Emmett. No quiero una guerra con mis hijos. He pasado un mes sin oír de ellos, sin que quisieran hablarme siquiera, sin verles. ¿Sabes lo duro que es eso? —inquirió apenado —Son mis hijos. ¿Eres capaz de imaginarte a las niñas sin hablarte?

—Lo sé —aceptó Emmett —Lo imagino y te entiendo. Pero aún así, Edward, no puedes permitirles que te quiten la única felicidad real que has sentido en cuarenta años.

—No sé qué hacer.

—Yo te lo diré. Lo primero que tienes que hacer es arreglar tu relación con tus hijos.

—Es lo que intento —gimió mesándose los cabellos.

—Eso no significa darles todos sus caprichos. Sé que tú y Chelsea habéis perdido mucho tiempo a la hora de educarles y enseñarles realmente las cosas importantes y valiosas de la vida y cómo ganarlas, pero en algún momento tienes que hacerlo, Edward. Así que supongo que el momento es ahora. De una vez por todas, trátalos con mano dura. Que respeten que el padre eres tú. Que te respeten a ti. Arregla tu relación con ellos —aconsejó sabiamente su hermano —Y luego, reza para que Bella acepte perdonarte y demuéstrale cuán importante es ella para ti, y dedícate a ella.

—Lo intentaré —murmuró.

—No solo lo intentes. Hazlo —ordenó —Hazlo. Bella se lo merece, Edward. Ella se lo merece y tú también —dijo Emmett por fin poniéndose en pie y abandonando el despacho, para dejar a Edward sumido en sus pensamientos sobre la estrategia que debería seguir para ser feliz.


Después de la hecatombe que generaron los capítulos anteriores (los más comentados en lo que va del fic), aquí dejo la actu de hoy, espero que bastante más tranquila.

Gracias por los reviews, alertas, favoritos y por leer y gracias a todos por el apoyo.

Dejo un pequeño adelanto:

—Bien —dijo cuando tuvo a sus hijos sentados frente a él —Hay algunas cosas que van a cambiar.

—¿Qué cosas? —preguntó Jane mirándole extrañada.

—Algunas cosas. No tenéis que preocuparos, nada que no podáis afrontar. —suspiró nervioso antes de continuar —Creo que vuestra madre y yo os hemos hecho mucho daño durante estos veinticinco años, y creo que es hora de que lo solucionemos.

En el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay adelantos, imágenes, encuestas, etc, sobre mis historias.

Besitos y a leer!

Días de actualización: LUNES - RANCHO MASEN; JUEVES - PERVERSAMENTE PROHIBIDO

En mi perfil encuentran el link del tráiler que Emmaly Swallen hizo para este fic.