Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

PERVERSAMENTE PROHIBIDO

CAPITULO 35

Las palabras de Emmett dieron vueltas en la cabeza de Edward durante los días siguientes.

Sabía que su hermano tenía razón. No podía continuar viviendo su vida de esa forma, y menos aún, podía permitir que sus hijos continuaran viviendo sus vidas de la forma en que lo hacían.

Él no estaría con ellos para siempre, y si quería ser un buen parte debería darles las armas para desenvolverse solos cuando él ya no estuviera a su lado.

Al fin y al cabo, de alguna parte había salido el proverbio "Dale a un hombre un pez y comerá un día, enséñale a pescar y comerá siempre". Y eso era justamente lo que él no había hecho con sus hijos en sus primeros veinticinco años de vida.

Pero ya no lo podía seguir haciendo. Tenía que solucionarlo.

Por otra parte, era consciente de que eso no solucionaría su relación con Bella, pero al menos, si Emmett tenía razón, podría dejar de sentirse culpable con sus hijos, y debido a esa culpa, permitirles decidir cómo debía él vivir su vida.

Tardó dos semanas en organizar exactamente sus planes a seguir.

Fue entonces que llamó a sus hijos y los tres se reunieron en su despacho.

Alec y Jane le observaban recelosos y curiosos cuando se ubicó en su lugar al otro lado de su escritorio.

Sin mucho preámbulo decidió ir directamente al tema que le interesaba dejar solucionado.

—Bien —dijo cuando tuvo a sus hijos sentados frente a él —Hay algunas cosas que van a cambiar.

—¿Qué cosas? —preguntó Jane mirándole extrañada.

—Algunas cosas. No tenéis que preocuparos, nada que no podáis afrontar. —suspiró nervioso antes de continuar —Creo que vuestra madre y yo os hemos hecho mucho daño durante estos veinticinco años, y creo que es hora de que lo solucionemos.

—No, papá —le interrumpió Jane —No digas eso. Nosotros no creemos que nos hayáis hecho daño. Entendemos que vuestro matrimonio no funcionara y os divorciaras, aunque sin dudas nos haya dolido el divorcio, desde luego.

—No me refiero al hecho de que nos divorciáramos. —le cortó Edward —Aunque desde luego entiendo que pudiera haber sido traumático, creo que lo que realmente pudo ser traumático, fue el hecho de que no nos divorciáramos antes, y dejáramos transcurrir diez años viviendo un infierno, para nosotros cuatro.

—¿Qué quieres decir?

—Vuestra madre y yo nos casamos muy jóvenes, y el poco cariño y respeto que nos teníamos se desvaneció al vernos obligados a afrontar una situación para la cual no estábamos preparados.

—Te arrepientes de no haberla obligado a abortar —aseguró Alec dedicándole a su padre una sonrisa arrogante.

—Nunca —decretó con firmeza y decisión —Nunca me arrepentiré de que hayamos decidido seguir adelante con el embarazo, porque vosotros dos sois lo más importante que ha podido suceder en mi vida. Desde luego que creo que hubiese sido mejor si hubieseis nacido cuando ella y yo fuéramos un poco más adultos y maduros, porque de haber sido así, creo que habríamos podido ofreceros mucho más.

—Nos habéis dado todo lo que hemos querido —le corrigió Jane buscando expresarle a su padre lo feliz que le hacía la vida que siempre había llevado.

—Sí, lo sé —aceptó Edward —Os hemos dado todo lo que habéis deseado, y creo que al hacerlo cometimos un gran error, porque no os dimos lo que realmente necesitabais para enfrentaros a la vida y los desafíos que se os presentarán a lo largo de ella.

—¿Qué quieres decir?

—Tanto vuestra madre como yo mismo, nunca fuimos capaces de deciros que no a nada, y con nuestra actitud lo único que logramos fue convenceros de que siempre podríais obtener cualquier cosa sin tener que realizar ningún esfuerzo para ello. Ese ha sido nuestro gran error, ya que os hemos convertido en dos adultos que nunca se esfuerzan por nada, porque todo lo obtienen sin esfuerzo.

—¿A dónde coño quieres llegar, papá? —preguntó Alec empezando a sentirse incómodo al vislumbrar el horizonte de ese discurso.

—Sé que es tarde ahora, pero más vale tarde que nunca. Así que creo que ha llegado el momento de que comencéis a esforzaros y a luchar por lo que deseáis.

—¿Qué quieres decir? —gimió Jane

—Yo no estaré toda la vida para solucionar vuestros problemas, o daros lo que necesitéis. Y como padre, lo peor que puedo hacer por mis hijos, es no enseñarles a luchar por ello y a conseguirlo. Y, aunque sé que es algo que debí haber hecho hace mucho tiempo, de nada vale arrepentirse por lo que no fue, por lo que creo que es el momento de empezar a hacerlo.

—Ve al grano de una vez —rugió Alec molesto.

—Bien, como os dije al principio, algunas cosas van a cambiar.

—¿Qué cosas?

Edward les entregó a cada uno de ellos una carpeta con varios documentos legales.

—Bien, podéis leer estos documentos con calma, pero os explicaré la idea general. Actualmente ambos estáis trabajando en la empresa, y eso no va a cambiar, desde luego...

—¿No quieres que trabajemos en Cullen? —inquirió Jane con un tono indignado

—He dicho que seguiréis trabajando aquí —repitió —Desde luego que no voy a despediros, todo lo contrario. Tú, Jane, continuarás en el departamento de marketing, mientras que tú, Alec, creo que es hora de que asumas más responsabilidades, que simplemente llevar el correo o servir cafés. Te ubicarás en el departamento jurídico y te pondrás a las órdenes de Liam.

—¿De Liam? —indagó el joven sintiéndose ultrajado —¿Liam va a ser mi jefe?

—Sí, algo así. Tu jefe último será Emmett, pero él no puede dedicarse a instruirte, menos ahora que la segunda abogada del departamento se ha marchado —explicó sintiendo un profundo dolor en su pecho —Por lo que, de momento, Liam será quien se encargue de enseñarte todo lo que debas saber, y te explicará tus tareas y obligaciones.

—Yo soy un Cullen, yo debería ser quien le dijera a él lo que tiene que hacer en esta empresa.

—Liam es un joven competente, que está cursando la carrera de leyes y tiene años de experiencia en esta empresa. Tú te ganarás tu lugar por tu trabajo y no por tu apellido, que es como ha sido siempre aquí. El apellido Cullen os ha conseguido un puesto en la empresa, una oportunidad. Ahora os tocará a vosotros demostrar que realmente os merecéis ocupar ese lugar.

—No entiendo —gimió Jane.

—Es simple. A partir de ahora seréis un empleado más en la empresa, y contaréis con todas las obligaciones, responsabilidades y beneficios que cuenta cualquier otro empleado. ¿Esto qué significa? Significa que tendréis un horario que cumplir, y será tan estricto como el de cualquiera de vuestros compañeros. Se os someterá a evaluaciones, y en función de éstas se decidirá vuestro futuro en la empresa.

—¿Evaluaciones?

—Sí. En los dossiers que os he entregado tenéis detallado el procedimiento de evaluaciones que se lleva a cabo en la empresa. Por otra parte, económicamente estaréis cobrando vuestra nómina mensual adecuada a vuestro puesto en el escalafón de la empresa, y ese será todo el ingreso mensual que recibiréis. También devolveréis vuestras tarjetas de combustible ya que no utilizáis el coche para cuestiones laborales.

—¿Me quitarás la tarjeta de combustible? —gruñó Alec con el rostro granate —¿Cómo se supone que voy a venir a la empresa?

—De la forma que lo hace el resto de la plantilla. Puedes destinar parte de tu sueldo para cargar combustible, o si lo prefieres puedes utilizar el transporte público. Seattle tiene uno de los sistemas de transporte público más completos y eficientes de Estados Unidos, por lo que no creo que tengas ningún problema. Estoy seguro de que por Internet podrás conseguir los horarios para no llegar tarde.

—¿Por qué estás haciendo esto? —gimoteó Jane.

—Porque tenéis veinticinco años y nunca os he dado las herramientas para desenvolveros en el mundo actual, para valorar lo que tenéis, y no quiero seguir haciéndoos más daño.

—Es una venganza, ¿verdad? —rugió Alec iracundo —Estás vengándote porque te pedimos que dejaras a Bella.

—¿Esto es por esa abogaducha? —preguntó Jane entre dientes. —¿Lo estás haciendo porque te abrimos los ojos ante su avaricia?

—Esto no tiene nada que ver con Bella, ni con mi relación con ella. Pero sí es verdad que descubrí algunas cosas en esa conversación que mantuvimos. Descubrí que os he malcriado, os he fallado como padre, al haberos permitido saliros con la vuestra siempre. Y no puedo seguir haciéndolo. Es por vuestro bien, aunque ahora no lo comprenderéis.

—Eres un maldito cabrón —gruñó Alec poniéndose en pie y disponiéndose a abandonar el despacho.

—Siéntate, Alec —ordenó Edward a su vez, rechinando los dientes —Te recuerdo que sigo siendo tu jefe.

El chico obedeció aunque en su pose retadora se veía su claro descontento.

—Dentro de un mes, veremos las evaluaciones que vuestros respectivos jefes hagan sobre vosotros y vuestro trabajo, y con ellas, revisaremos las condiciones de trabajo para decidir si debe ajustarse algún punto. ¿He sido claro? ¿Tenéis alguna pregunta?

—No —gruñeron sus hijos al unísono.

—Perfecto, entonces ya podéis volver a vuestros puestos.

Los jóvenes salieron del despacho de su padre sin decir una palabra más, dejando a su padre con una extraña sensación de calma y dolor a la vez.

Sabía que eso era lo que tenía que hacer, y no se arrepentía en absoluto de la decisión tomada, pero si le dolía no haber sido capaz de tomar esa decisión en el momento adecuado, es decir, más de diez años antes.

De cualquier forma se sentía satisfecho y completamente seguro de su decisión y decidido a seguir adelante con sus planes de obligar a madurar a sus hijos.

Y después que tuviera encaminada esa situación, se dijo, se dedicaría a suplicar el perdón de Bella hasta recuperarla.

No le importaba cuánto tuviera que humillarse o arrodillarse para conseguirlo. Lo haría, porque no veía forma humanamente posible, de vivir sin ella.

Bella por su parte, se había pasado las dos últimas semanas, intentando sacar de sus pensamientos, la constante presencia de Edward.

Y, de alguna forma, parecía estarle resultando.

En la primera semana había tenido tres entrevistas de trabajo, y gracias a su impecable currículo y su experiencia en Cullen Holdings, llevaba cuatro días trabajando en el despacho de Ulley, Ateara y asociados.

El trabajo le gustaba y tenían casos suficientes para mantenerse distraída.

Pero ese día, tenía una cita mucho más importante, y era su primera cita con el médico.

Cuando llegó al hospital, sus tres amigas ya estaban allí esperándola.

Bella les había asegurado que no era necesario que le acompañaran, pero no había habido fuerza humana que les hiciera perderse ese momento.

—Bien —dijo el médico mirándolas con divertida curiosidad —Supongo que ya estamos todos…

Después de un no muy extenso cuestionario, la hizo pasar al consultorio adjunto donde le realizaría su primer ultrasonido.

Bella no sabía quién de las cuatro se había sentido más emocionada, cuando en la pantalla oscura se vislumbraron esas extrañas manchas grises.

El sonido acelerado del corazón del bebé arrancó lágrimas de los ojos de Bella mientras sus amigas emocionadas la reconfortaban.

Cuando salieron del consultorio, todas comentaban emocionadas todo lo que había que hacer para esperar al bebé, aunque le habían confirmado que sólo tenía ocho semanas de embarazo.

Bella sólo observaba la foto de su ecografía, imaginando cómo habría sido esa visita si tres semanas atrás, Edward hubiera escuchado sus noticias.

Fue entonces que lo supo. No podía permitir que Edward no conociera la existencia de su hijo.

Se tomaría el tiempo necesario para sentirse confiada y segura, pero no tardaría en hacerlo.

Y esperaba que entonces, Edward realmente fuera feliz con la noticia.


Gracias por los reviews, alertas, favoritos y por leer y gracias a todos por el apoyo.

He estado muy liada estos días, así que les debo el adelanto.

En el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay adelantos, imágenes, encuestas, etc, sobre mis historias.

Besitos y a leer!

En mi perfil encuentran el link del tráiler que Emmaly Swallen hizo para este fic.