Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

PERVERSAMENTE PROHIBIDO

CAPITULO 38

—¡Idiota, idiota, idiota! —se recriminaba Edward golpeando el volante de su coche aún aparcado frente a la casa de Bella —¿Cómo puedo ser tan idiota? ¿En qué coño estaba pensando? ¿Realmente creo que me va a perdonar comportándome como un puto troglodita? —se quejó.

La situación se le había ido de las manos.

La frustración se había sumado a la furia, tanto por saber a Bella saliendo con alguien más como por tener que reconocer el egoísmo de su hijo que lo había llevado a perder a la mujer que amaba.

A la confusión de sus sentimientos no le había ayudado tener a esa mujer tibia entre sus brazos, aspirar su aroma, sentir su leve temblor, acariciar su piel y sentir la calidez que había estado añorando las últimas semanas.

Recordarla entre sus brazos. Rememorar en tan solo unos instantes todo lo que había sentido en los pocos meses que había dormido con ella cada noche y le había hecho el amor. Todo había sido demasiado para su autocontrol, y la había tomado contra la pared, en el vestíbulo de su casa como si hubiese sido un cavernícola encontrándose con su hembra.

Ahora necesitaría esforzarse aún más, para demostrarle a Bella que la amaba y que realmente quería recuperarla y haría todo para lograrlo.

Mientras Edward se recriminaba su estupidez, tumbada en su cama Bella lloraba presa de la rabia y frustración.

No importaba lo que Edward hubiera hecho ni cuánto la hubiese lastimado, ella era incapaz de resistirse a él, y le habían bastado unos pocos minutos para demostrárselo.

Había llegado a su casa con sus reclamos y sus interrogatorios, y ella, en lugar de deshacerse de él y echarle de su casa y de su vida, se había deshecho en sus brazos y se le había entregado como si no hubiese habido un mañana.

—¿Bella? —llamó Jessica dando dos suaves golpes al otro lado de su puerta —¿Podemos pasar?

Limpió su rostro con las manos intentando secar sus lágrimas y se sentó en la cama.

—Sí, pasad —aceptó

En un instante sus tres amigas se encontraban sentadas en la cama a su alrededor.

—¿Qué sucedió? —preguntó Angela con preocupación —¿Qué hacía Edward aquí?

—No lo sé, en realidad.

—¿No lo sabes? —indagó Alice confusa

—Vino con su actitud troglodita de arrogante amo y señor. —explicó furiosa —Quería saber qué relación tengo con Quil. Dijo que yo soy su mujer y que tenemos que volver a estar juntos.

—¿Y qué te ha ofrecido diferente de lo que te ofrecía el día que te pegó la patada? —gruñó Jessica indignada —¿Qué piensa hacer con sus hijos y su negativa a aceptarte?

—No llegamos a tanto —sonrió con triste ironía.

—¿Qué quieres decir con que no llegasteis a tanto?

—No dijo más que eso. Supongo que intentó convencerme con sexo.

—¿Convencerte con sexo?

—Sí.

—¿Te quiso llevar a la cama? —inquirió Alice extrañada.

—No hizo falta —sollozó sintiéndose humillada —Me lo hizo de pie contra la pared de la entrada —explicó avergonzada —Y seguramente creeríais que me resistí o me negué, pero os equivocáis. Qué va. Mi rechazo no existió. Me abrí para él como si nunca me hubiese echado de su casa y de su vida de la forma que lo hizo. Soy tan idiota —se quejó —No tengo ningún respeto por mí misma.

—Estás enamorada —le justificó Angela comprensiva.

—Eso no justifica que permita que me trate de esa forma. Él me echó de su vida sin importarle en absoluto lo que habíamos vivido durante esos meses.

—Bella, te mereces una explicación.

—¿Qué explicación, Ang? Él ya me dio su explicación al dejarme. Sus hijos no nos quieren juntos y él ha acatado sus deseos.

—Pero es evidente que algo ha debido cambiar en estas semanas. Te ha dicho que quiere recuperarte y que vais a estar juntos. Algo ha debido de cambiar, ya sea en ellos y su opinión o al menos en él y su complacencia para con sus hijos.

—No lo sé… —suspiró acongojada.

—Tienes que hablar con él, Bella —insistió Angela.

—Y tienes que decirle lo del niño —acotó Alice.

—Ni hablar —discutió Jessica —No tienes que decirle lo del niño. No se merece saberlo y tú no necesitas que lo sepa. Podría intentar quitártelo, sin dudas tiene los medios para hacerlo.

—Dios, Jessica —se quejó Angela —Esas cosas pasan en las novelas rosas que leíamos cuando éramos adolescentes. Además Bella es abogada y trabaja en un bufete de abogados reconocido. No será tan fácil ir contra ella. Eso sin contar que no tiene razones válidas que esgrimir para quitarle la custodia de su hijo. Tienes que decirle lo del niño —agregó Angela dirigiéndose a Bella —y no por hacerle feliz a él o por hacerle un favor, sino por el niño. Nunca te perdonarías que tu hijo no tuviera un padre.

—Lo sé —gimió Bella sintiéndose confusa, aun sabiendo con certeza que no era capaz de ocultarles ni a Edward ni a su hijo la relación que les uniría.

Al día siguiente, un ramo de doce rosas blancas llegó para ella al despacho.

"Siento mucho haberme comportado como un cavernícola. Espero que puedas perdonarme todos mis errores. Te amo y voy a luchar por ti." rezaba la tarjeta que le acompañaba y que llenó sus ojos de lágrimas.

Se negó a llamarle para agradecerle sus flores, pero él fue quien esa tarde se comunicó con ella.

—Hola, Bella —saludó aprensivo.

—¿Qué quieres, Edward? —preguntó.

—Tenemos que hablar.

—¿Hablar? —preguntó Bella con tono sarcástico —¿Hablar como lo hicimos ayer en la entrada de mi casa? Porque sinceramente, eso se parecía mucho a follar.

—Lo siento —musitó sintiéndose avergonzado —Sé que no me porté bien contigo ayer, reaccioné como un troglodita. No tengo excusa, lo sé...

—Pero tenías que marcar tu territorio, ¿verdad?

—No, no era esa mi intención. No tengo excusa salvo que te amo y te deseo, y no puedo resistirme.

—Te has equivocado conmigo, Edward. No voy a tener esta relación contigo. Me merezco mucho más de un hombre y deseo mucho más que un tipo con el cual follar de tanto en tanto.

—Lo sé —reconoció interrumpiéndola —Lo sé y en ningún momento quise dar a entender que es lo que pretendo. Yo tampoco quiero tener ese tipo de relación contigo.

Bella bufó sintiéndose confusa y exhausta.

—¿Qué diablos es lo que quieres, Edward?

—Quiero volver contigo. Quiero volver a tener lo que teníamos.

—¿Y qué pasa con tus hijos? ¿Crees que aceptarán que salgas con una mujer de su edad? ¿Qué pasará cuando te obliguen a elegir entre ellos y yo?

—Si quieren que elija, tú eres mi elección —sentenció.

—Venga ya, Edward, no esperarás que te crea. Estuve cuatro meses escuchándote afirmar que lo aceptarían en cuanto lo supieran. Que tarde o temprano lo aceptarían, pero no fue así, ¡qué va! Les bastó decirte que no lo aceptarían jamás y me dejaste sin mirar atrás. Sin importarte en absoluto lo que habíamos vivido.

—Me equivoqué, Bella, cometí un error y soy consciente de ello. Me equivoqué. No pensé que lo que sentía por ti fuera tan fuerte. No puedo vivir sin ti, te necesito.

—Lo siento, Edward, pero no puedo confiar en ti. —se lamentó.

—Voy a ganarme tu confianza —prometió con decisión.

—No sé. Me lastimaste profundamente.

—Lo sé, pero voy a solucionarlo —aseguró antes de cortar la llamada.

Edward envió flores y regalos al despacho de Bella cada día de la siguiente semana. Cada uno de ellos acompañado por pequeñas tarjetas recordándole cuánto la amaba.

Cuando el viernes siguiente Bella llegó a su casa con una preciosa cesta con galletas, Alice rió divertida tumbada en el sofá frente al televisor.

—¿Galletas? —inquirió sonriente bajando el volumen del aparato.

—Sí —refunfuñó.

—¿Edward?

—¿Quién más? —gimió quitándose los zapatos y sentándose en el sofá junto a su amiga.

—¿Cuándo vas a perdonarle? —preguntó Alice, cogiendo una galleta con chispas de chocolate blanco de la cesta que Bella dejó sobre la mesa de café.

—No lo sé.

—Al menos sabes que lo harás, ¿no?

—No lo sé, Alice. No sé si es lo mejor para mí ahora mismo.

—¿No crees que volver con Edward sea lo mejor para ti ahora mismo? —indagó Alice mirándola sorprendida.

Esos últimos días había reflexionado mucho, y ya no estaba segura de qué sería lo mejor.

No había nada que le pudiera garantizar que, de volver con Edward, él nunca se arrepintiese o decidiese nuevamente cumplir los caprichos de sus hijos y abandonarla una vez más.

Y si eso sucediese, ella no sabía cómo sería capaz de afrontarlo.

En ese momento su hijo era su prioridad, su única preocupación, y si bien estaba segura de que le daría a Edward la oportunidad de ser su padre, no estaba segura de que fuese lo mejor para ella ilusionarse con recuperar la relación que habían tenido.

—No lo sé. Estoy esperando un bebé, Alice, lo más importante ahora mismo es cuidar de él. No sé si volver con Edward ahora mismo, con todo el estrés que ello me implicaría, sería lo más recomendable para mí. —suspiró acariciando su vientre plano.

—Entiendo lo que dices —aceptó Alice —y creo que en cierta forma concuerdo contigo, pero también sé que amas a Edward y te haría feliz formar una familia con él, así que creo que deberías reconsiderarlo.

—Tal vez lo haga —reconoció —O tal vez no. No lo sé. De momento, solo quiero ocuparme de mí y de mi bebé.

—Me parece lo mejor.

—Y gracias a él me voy al centro comercial —dijo con una sonrisa despreocupada —Necesito ropa nueva.

Ésas últimas fueron las palabras mágicas que hicieron a Alice saltar del sofá.

Los viernes, el bufete no trabajaba por las tardes, por lo que Bella llegaba temprano a casa, y de ese modo el centro comercial estaba prácticamente vacío a esas horas.

Pasar una tarde de compras con su amiga, era la actividad ideal para despejar su mente de todas las preocupaciones que últimamente la llenaban.

Alice detuvo el coche en el cajero automático durante unos minutos.

Cuando intentó reincorporarse al tránsito, un deportivo rojo cruzó a toda velocidad la calle a fin de pasar el semáforo en ámbar, antes de que se volviera rojo.

Alice no llegó a verlo y el coche golpeó de lleno la puerta del acompañante sacudiendo al pequeño MiniCooper, haciendo a las chicas rebotar contra las paredes del coche.


Bueno, después de un tiempo he vuelto con este fic.

Antes que nada debo agradecer la paciencia y los buenos deseos de todos aquellos que se mostraron comprensivos con la difícil situación que me tocó vivir y que me afectó a la hora de escribir este fic.

No quería tampoco volver hasta tanto no estuviera segura de que podría terminarlo, por ello lo hago ahora que el fic ya está acabado.

Gracias a eso también, es que publicaré a menudo para compensarles la larga espera.

Estaré subiendo Lunes y Jueves y los Martes seguiremos con TOCANDO FONDO.

Les recuerdo que en el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay adelantos, imágenes, encuestas, etc, sobre todas mis historias.

En mi perfil encuentran el link del tráiler que Emmaly Swallen hizo para este fic.

Por último y una vez más, quiero agradecer a todas aquellas personas que supieron aceptar mis decisiones respecto a la historia, que se mostraron comprensivas con mi situación y que me dejaron sus buenos deseos y sus palabras de apoyo, y se interesaron por mí.

Puede que no les contestara a todos, pero os agradezco mucho a todos y cada uno por vuestro cariño. Es totalmente recíproco.

Para todas aquellas personas que estaban seguras de que nunca acabaría la historia y solo buscaba dar excusas, para quienes se ofendieron, que se sintieron indignadas, y aprovecharon el momento para ser intransigentes, insultantes, groseras y maleducadas, pueden irse a tomar por saco.

Besitos y a leer!