Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
PERVERSAMENTE PROHIBIDO
CAPITULO 39
Cuando Bella abrió los ojos estaba tumbada sobre la camilla de una ambulancia. Dos hombres vestidos con el uniforme de la emergencia médica se cernían sobre ella, tomándole las constantes.
—¿Dónde estoy? —preguntó con la voz como un graznido.
—¡Bella! —la voz de Alice la sobresaltó por lo inesperada —¿Cómo estás, cariño? —preguntó su amiga poniéndose ante sus ojos.
—¿Qué sucedió? —preguntó extrañada al ver a su amiga con un collarín blanco y los cabellos revueltos.
En su frente un apósito y una marca rosada que parecía estar amoratándose sobre su pómulo izquierdo.
—Un idiota se saltó el semáforo y nos dio de lleno. Ahora vamos al hospital.
—¿Cómo se siente, señorita? —le interrumpió uno de los médicos dirigiéndose a Bella.
—No sé —dudó —Extraña.
—¿Dónde le duele?
—No sé… la cabeza, el hombro, el pecho…
—Se ha dado un golpe en la cabeza, pero no es grave y la sujeción del cinturón de seguridad puede haberla magullado un poco. Pero no creemos que haya nada para inquietarse.
—¿Entonces por qué es necesario ir al hospital? —inquirió recelosa y su recelo aumentó al ver crisparse el rostro de su amiga.
Fue entonces que cayó en la cuenta de que tal vez su estado fuera más grave de lo que le explicaban.
Con los ojos llorosos llevó sus manos al vientre plano.
—El bebé… —musitó.
—No pensamos que haya ningún problema —explicó uno de los médicos —pero creemos que lo más conveniente es llevarla al hospital para que le realicen un reconocimiento.
—¿Pero el bebé está bien? —insistió
—Vamos a asegurarnos de que así sea —explicó el médico sin calmarla ni un ápice.
Cuando llegaron al hospital, Angela y Jessica ya estaban allí. Alice las había llamado nada más subir a la ambulancia y allí estaban esperándoles.
A pesar de su reticencia, Alice entró en urgencias en una silla de ruedas, mientras que Bella lo hacía en la misma camilla de la ambulancia.
La monitorizaron, revisaron y controlaron distintos médicos, incluido su propio ginecólogo, y todos llegaron a la conclusión de que el bebé estaba en perfecto estado, a pesar del leve sangrado que Bella había presentado.
No obstante eso, y para evitar futuras complicaciones, después de decidir dejarla esa noche en observación, su médico le prescribió unas semanas, o tal vez un mes de reposo.
Cuando le designaron una habitación, Alice, Angela y Jessica se reunieron con ella.
—¿Cómo te sientes, cariño? —preguntó Jessica recostándose en la cama.
—Físicamente, bien, pero anímicamente no tanto.
—No tienes de qué preocuparte, Bells —dijo Angela sentándose en la butaca junto a la cama —El bebé está bien y tú también.
—Lo sé, pero ahora mismo tener que hacer reposo… —gimió —Tengo mucho trabajo en el bufete.
—No te preocupes por eso. Hablaremos con tus jefes, seguramente podrán darte unos días o enviarte los dossiers para que trabajes desde casa.
—Sí, pero tengo que hacer reposo —se quejó lastimera —No podré siquiera salir de la cama.
—Contrataremos una enfermera para que esté contigo cuando nosotras no estemos —sugirió Jessica.
—No puedo, Jessica —se lamentó —Mis finanzas no están ahora mismo como para contratar una enfermera a domicilio.
—Eso no será problema. Lo pagaremos entre todas —aseguró su amiga, aunque todas sabían que, con sus préstamos estudiantiles, ninguna tenía grandes ahorros.
Y Bella también lo sabía, por lo que no pudo evitar un mohín.
—Gracias, Jess, pero sé que ninguna de nosotras podemos permitírnoslo.
—Lo importante ahora es el bebé, Bella, ya encontraremos la forma de pagar una enfermera…
—Tal vez el padre del niño podría hacerlo —aventuró Alice ganándose unas miradas molestas de parte de Bella y Jessica.
—Ese cabrón no tiene nada que hacer aquí. —gruñó Jessica entre dientes.
—Ese cabrón es el padre del niño —corrigió Alice incómoda.
—Y sin dudas tiene los medios necesarios para cuidar del niño y de su madre —apoyó Angela, aun sabiendo que Bella no quería tener que deberle nada a su ex novio.
—No voy a pedirle nada a Edward. —aseguró Bella —No quiero que tenga ninguna obligación para conmigo o con el bebé.
—En algún momento tendrás que contarle que va a ser padre.
—No ahora, Angie. No cuando estaría obligado a mantenerse cerca. Quiero que esté junto al bebé porque es su deseo y no porque es un ser humano solidario, que se siente obligado a cuidar de él.
—Pero, Bella…
Bella levantó la mano deteniendo los argumentos que pugnaban por salir de la boca de su amiga.
—Ya está dicho, Angela. No voy a hablar con Edward sobre esto ahora mismo —sentenció y dio la conversación por acabada.
Aunque para Alice, esa conversación no estaba acabada ni mucho menos, y sin pensarlo dos veces, abandonó la habitación muñida de su teléfono móvil.
Edward estaba enfrascado en los documentos de la OPA a Seattle Woods, cuando el teléfono interno repicó en su despacho.
—¿Sí? —respondió aún concentrado en sus papeles.
—Edward tengo a una tal Alice Brandon al teléfono —le comunicó Zafrina.
—¿Alice Brandon? —preguntó extrañado.
—Sí. Dijo que era personal pero urgente, ¿quieres que le diga que le llamarás?
—No, pásamela —pidió sintiéndose más confundido.
Alice, la amiga de Bella, no era con la que peor se llevaba y no era quien se había presentado en su despacho de Cullen Holdings, para insultarle por herir a Bella cuando la había dejado, pero sabía bien que no era santo de la devoción de la chica.
De ninguna de ellas en realidad.
—Buenas tardes, Alice —saludó con formalidad cuando su secretaria le comunicó.
—Buenas tardes, Edward—respondió la chica con dureza.
—¿Qué puedo hacer por ti? —preguntó prohibiéndose a sí mismo preguntar por Bella.
Estaba seguro de su decisión de volver con ella y sabía que haría todo para recuperarla y que Bella le perdonara sus estupideces de las últimas semanas, pero no quería a nadie metido en medio de ellos y no estaba seguro de poder contar con esas chicas como aliadas por su causa.
—Sé que Bella se enfurecerá conmigo cuando sepa que he sido yo quien te lo ha dicho, pero creo que tú eres el más indicado para ayudarla.
—¿Puedo saber de qué estás hablando? —indagó confundido —¿Qué le pasa a Bella?
—Bella ha tenido un accidente y está ingresada en el hospital.
—¿¡Qué!? —gritó levantándose de su asiento —¿Cómo ha sido? ¿Qué ha pasado? ¿Cómo está Bella?
—Íbamos al centro comercial, yo conducía mi coche nuevo y un idiota se saltó el semáforo y nos dio de lleno. El coche quedó bastante mal —explicó Alice yéndose de tema como sólo ella sabía hacerlo —pero tendrá que pagarme una fortuna porque fue su culpa...
—Alice, céntrate, por favor —ordenó —¿Cómo está Bella? ¿Cómo estáis?
—Oh, bien, yo estoy bien, sólo he sufrido unas pocas contusiones y rasguños y tengo un moretón enorme en el rostro, que aún no sé cómo voy a cubrir...
—¿Cómo está Bella? —volvió a interrumpirla —¿Dónde está? —dijo cogiendo su americana del respaldo de su asiento.
—Está en el hospital universitario. No ha sido grave pero quieren que pase aquí la noche y probablemente tendrá que hacer reposo de aquí en más.
—¿Qué quiere decir de aquí en más? ¿Por qué tiene que hacer reposo? ¿Cuánto tiempo?
—Tal vez por el tiempo que le queda, ya sabes, quizás menos, solo un par de semanas o meses. Ha tenido unas pequeñas hemorragias...
—Dios, Alice —gritó —Explícate ¿qué quieres decir con el tiempo que le queda?
—Ah, cierto, no lo sabes aún...
—¿Qué cosa, Alice?
—Bueno, que conste que yo no estaba de acuerdo con que te lo ocultara, pero ya sabes, ella dijo...
—¡Alice! —gruñó.
—Oh, sí, lo siento. Bella está embarazada —soltó por fin y Edward se dejó caer sobre su asiento.
—¿Qué? —gimió.
—Sí, Bella está embarazada y tú eres el padre. Pensaba decírtelo el día que la dejaste.
—Dios mío —gimió sintiéndose conmocionado —No me lo dijo...
—Tú la dejaste. Le dijiste que lo vuestro había sido un error sin importancia y ella no quiso que pensaras que era como tu ex mujer, la madre de tus malcriados hijos.
—Dios, no lo puedo creer. ¿Cómo está Bella? ¿Y el bebé?
—Bien, ambos están bien pero el médico dice que el embarazo podría volverse riesgoso por el sangrado que ha tenido. Solo quieren que se mantenga tranquila.
—Dios, no puede ser. Dime dónde está. Voy para allí.
—Ya te he dicho. En el hospital universitario.
—Ok, salgo hacia allí —dijo cortando la llamada y abandonó la empresa diciéndole a su secretaria que cancelara sus citas.
Hizo el viaje hasta el hospital a velocidad récord y nada más entrar vio a Alice esperándole acompañada por Jessica.
—Alice, ¿dónde está Bella? —indagó con impaciencia.
—Tú, maldito cabrón, no tienes nada que hacer aquí —le espetó Jessica furiosa.
Edward la ignoró y fijó su mirada en Alice.
—Alice...
—No puedes alterar a Bella, pero ella necesitará alguien que pueda estar con ella a tiempo completo y, ya sabes, nuestras finanzas no son tan buenas como las tuyas, así que creímos que tú podrías ocuparte de pagarle una enfermera a tiempo completo...
—No, Alice —discutió Jessica —Nosotras nos ocuparemos. Este tipo es un cabrón, no dejaremos que nos quite al bebé...
—Yo me ocuparé de todo, Alice —aseguró ignorando la rabieta de la otra chica —Dime dónde está Bella.
—Ven, te acompañaré, pero intenta no alterarla.
—Alice, no... —gruñó Jessica.
—Basta ya, Jessica —le regañó Alice y guió a Edward hasta la habitación de Bella.
Bella estaba en la cama con algunos cables y tubos conectados a su cuerpo. Angela estaba sentada a su lado charlando animada.
Si bien su rostro estaba demacrado y tenía un importante moretón en la frente, su semblante estaba tranquilo.
Se envaró al verle entrar.
—Edward —musitó.
—Bella, cielo, ¿cómo estás? —preguntó acercándose a ella con rapidez.
—¿Qué haces aquí? —dijo ella retirando su mano de entre las de él.
—Alice me llamó —explicó y la morena se sonrojó cuando su amiga clavó la vista en ella con dureza.
—Alice...
—Tenía que saberlo —se excusó la joven
—No tenía por qué. No tiene nada que hacer aquí —gruñó Bella
—Calma, Bella —intentó sosegarla Edward —Tranquila, cielo.
—Tienes que irte, Edward.
—No voy a irme —sonrió él con su típica arrogancia —Nunca más.
—Quiero que te vayas —gruñó la joven.
—Cálmate, Bella —sugirió Angela —Piensa en el bebé —dijo y Bella se estremeció.
Desvió la vista fijándola en el padre de su hijo que sonrió con ternura.
—Alice ya me lo ha dicho —confesó poniendo la mano sobre el vientre apenas redondeado de la chica —¿Cómo está el bebé?
—Bien —reconoció, señalando el cable que rodeaba su vientre conectándolo a un monitor —le tienen monitorizado y su corazón late fuerte y a buen ritmo.
Angela dejó su asiento y en silencio abandonó la habitación llevándose con ella a sus dos amigas.
Gracias a todos por los reviews, por los alertas, favoritos y por leer.
Gracias también a todos por las muestras de cariño que me ofrecieron desde el pasado jueves.
Recuerdo a todos que yo hago esto porque quiero y por placer, nadie me paga nada por ello, así que sólo es un regalo que hago, regalo de mi tiempo de mis ideas y de mi esfuerzo y trabajo. No pido que me lo agradezcan, pero desde luego no pueden esperar que acepte con sonrisas que me reclamen algo, que me exijan más actualizaciones, mejores tramas o lo que sea, y menos aun que lo hagan personas que ni se toman la molestia de dejarme un review diciendo Gracias Kiki por la molestia.
Es un regalo, si no te gusta, no lo abras.
Y una última cosita, y esto es un consejo de madre, no avergoncéis a vuestros padres insultando o con esos lenguajes soeces, porque solo dais a entender que no os han sabido educar, y es triste que dejéis en evidencia a vuestros padres y maestros.
Sin más, besitos a todos y nos leemos el jueves.
Les recuerdo el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki.
En mi perfil encuentran el link del tráiler que Emmaly Swallen hizo para este fic.
