Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

PERVERSAMENTE PROHIBIDO

CAPITULO 40

Edward se sentó en la butaca que Angela había dejado libre.

El amor que se reflejaba en su cara mientras miraba a Bella, la desestabilizaba, por lo que alejó su mirada de él para fijarla en la pared más alejada.

—¿Cómo te sientes? —preguntó él en voz muy baja.

—Bien —respondió concisa y recelosa.

—¿Y cómo estás llevando el embarazo? —inquirió sintiendo una extraña mezcla de tristeza y alegría ante la noticia de su paternidad, la cual aún no lograba asimilar.

—Bien —espetó ella molesta.

Edward tomó la mano de ella entre las suyas, reteniéndola con firmeza cuando ella quiso retirarla.

—Bella, cariño… —le llamó obligándola a volver la vista hacia él —Hey, nena…

Acercó la mano de ella a sus labios y la besó antes de apoyar su rostro sobre la palma abierta de la chica.

Inspiró profundamente absorbiendo el perfume de la piel de la mujer que tanto amaba, mientras el cuerpo de ella se estremecía por la dulzura de sus gestos.

Bella quería mantenerse firme y fría ante ese hombre al que adoraba, pero no era capaz de separar sus sentimientos y todo el amor que le embargaba cada vez que lo tenía cerca, superaba con creces el dolor que le había supuesto su abandono.

—¿Por qué no me lo dijiste? —preguntó abriendo los ojos para mirarla con dolor —¿No crees que merecía saberlo?

—Tú me echaste de tu vida. Nos echaste —sentenció.

—Lo sé —reconoció —y nunca será suficiente mi arrepentimiento. Pero quiero recuperarte, lo sabes. Te amo y quiero recuperarte. A ti y a nuestro bebé. —agregó sonriendo exultante ante la mención de su nuevo hijo.

—¿No estás molesto porque esté embarazada? —indagó entre susurros temerosa de conocer los sentimientos de Edward.

Por mucho que hubiese querido pensar que podía aceptar cualquier reacción de parte de él, no estaba preparada para escucharle renegar de su hijo.

No era consciente de la felicidad que embargaba al hombre, que unas horas antes, hubiera asegurado no desear volver a pasar por la paternidad.

—Claro que no, ¿por qué lo piensas?

—Siempre has dicho que no querías tener más hijos. Que estabas preparado para ser abuelo, no padre nuevamente.

—Supongo que teniendo dos hijos de veinticinco y sin pareja, era más sencillo que me hicieran abuelo antes que padre, pero eso no significa que no ame la idea de ser el padre de tu hijo.

—No quiero que te sientas obligado a nada. No quiero ser como Chelsea. No quiero que acabes odiándome.

—Por Dios, Bella, ¿cómo puedes decir algo así? Tú no eres como Chelsea. No eres una adolescente convirtiéndome en padre cuando aún no me he convertido siquiera en un adulto.

—No quería que te enterases de esta forma, porque no quiero que te sientas obligado de ninguna forma a hacerte cargo del bebé.

—Nena, ¿crees que no quiero hacerme cargo del bebé?

—No quiero que sea una obligación. No quiero que sientas ninguna obligación hacia él o hacia mí.

—Ocuparme del bebé no es una carga, Bella, pero sé que tengo obligaciones con respecto a él. Y a ti.

—No —negó ella contundente —No tienes ninguna responsabilidad para conmigo. Yo no voy a ocuparme del bebé porque sea mi obligación o mi responsabilidad sino porque quiero hacerlo por sobre todas las cosas. Porque lo amo. Completamente.

—Sé que no vas a creerme, porque reconozco que en tan poco tiempo tal vez aún no me haya hecho completamente la idea de que voy a volver a ser padre —dijo Edward y la sonrisa orgullosa que se filtró en su voz hizo a Bella estremecerse —, pero no imagino nada mejor que tener un hijo contigo. Sólo pensar en un pequeño bebé que se parezca a ti, que crezca en tu vientre, mame de tus pechos… No imagino ningún otro lugar donde desease estar ahora mismo que no fuese con vosotros.

Las palabras de Edward le endulzaban el alma, pero el temor que sentía, las dudas, no le hacían fácil confiar en él.

Cientos de veces Edward le había explicado lo que había sentido cuando su novia del instituto se había quedado embarazada. Lo difícil que había resultado tener dos niños cuando tenía veinte años. Y sabía que no sería fácil ahora tener un nuevo bebé, cuando podía dedicar su vida a disfrutar y divertirse sabiendo que sus hijos ya eran suficientemente adultos como para ocuparse de sí mismos.

Y por si eso fuera poco, sus hijos mayores odiaban a la mujer que se estaba convirtiendo en la madre de su hermano. Sus hijos, a los que Edward siempre había concedido todos y cada uno de sus caprichos.

—¿Y qué crees que dirán tus hijos cuando lo sepan? —indagó ella después de un momento.

Edward suspiró sintiéndose agotado.

—No voy a mentirte, Bella. Sé que no será fácil, es más, seguramente será bastante difícil, pero no me importa. No voy a luchar contra ellos pero te puedo jurar que este niño no es menos importante para mí que Alec o Jane. Incluso tal vez lo sea más, por ser pequeño y frágil. Sé que a mis hijos les costará aceptarlo, pero tendrán que hacerlo o salir de mi vida. Ésas serán sus opciones porque no voy a abandonar a nuestro bebé. Y no voy a abandonarte a ti.

—No voy a volver contigo y eso no está en discusión —aseguró Bella mostrándose intransigente.

Edward sonrió divertido ante la actitud rebelde y beligerante de la mujer que amaba, aunque ni por un instante dudó quién sería el vencedor de esa contienda.

—Voy a quedarme contigo mientras tengas que hacer reposo, y eso no está en discusión.

—Permitiré que pagues una enfermera.

—No voy a pagar una enfermera. Yo seré tu enfermera.

—No puedes hacerlo. Tú te pasas el día entero en la empresa.

—Pues eso cambiará. Estoy seguro de que Emmett lo comprenderá después de lo que él mismo y Rose han vivido.

—No puedes quedarte conmigo —discutió —No hay habitaciones disponibles en mi casa y no sería cómodo para mis amigas que ocupes el sofá.

—Pues entonces tú deberás trasladarte a mi casa. Tengo habitaciones disponibles, empezando por la mía.

—No puedo instalarme en tu departamento —discutió enérgica.

—Sería lo más inteligente y lo más conveniente para todos. No tendríamos porqué incomodar a tus amigas, pero si tú prefieres que nos quedemos en tu casa, entonces lo haremos así.

—Yo me quedo en mi casa, tú en la tuya. —sentenció ella.

—Yo me quedaré contigo y nuestro bebé. —le refutó él categórico —Tú puedes elegir el lugar.

—Ya he dicho…

—No discutas más —le cortó acercándose a ella para posar sus labios sobre los de ella y besarla con ternura —Nadie, ni tú misma, va a alejarme de mi hijo, ni siquiera antes de nacer —susurró Edward contra sus labios en cuanto el beso la tuvo desestabilizada. —Ahora intenta descansar. Estaré aquí cuando despiertes.

Cuando despertó, el sol entraba con fuerza por las ventanas. De pie frente a estas, Edward hablaba por teléfono en voz baja mientras bebía un café de máquina.

Se quedó observándolo embelesada intentando calmar sus turbulentos sentimientos antes de que él se volteara y la viera despierta y atontada por su presencia.

Se sentía tan confundida. Edward le ofrecía todo lo que deseaba, vivir con él ese momento, compartir con él su embarazo, el nacimiento de su hijo; criarlo, cuidarlo, educarlo y amarlo juntos. Tal como debería ser para todos los niños.

Vivir al cuidado de sus padres. Ambos, padre y madre. No siempre era posible, pero Edward le estaba dando a ella la oportunidad de elegir eso para su hijo.

¿Cómo podría renunciar a eso y privarle a su hijo de vivir y conocer a su padre? Privarle de recibir todo el amor, la protección de su padre.

A pesar de todo lo que Edward pudiera pensar o decir sobre la forma en que había criado y educado a sus hijos, ella sabía que era un buen padre. Un padre amoroso y abnegado. Un hombre dispuesto a resignar su vida y sus planes para dedicarse por entero a sus hijos. Había cometido errores, desde luego, pero a sus hijos nunca les había cabido la menor duda del amor que su padre les profesaba, y no había piedra tan fundamental e importante en la moral y autoestima de una persona, que no fuera el saberse amada y merecedora de ese amor.

Y Edward había hecho eso por los gemelos y ahora le estaba ofreciendo a Bella hacer lo mismo por su hijo.

¿Cómo podría ella rechazarlo?

Pero sí no lo rechazaba, ¿Cómo podría mantener separados sus sentimientos, si sabía que en cualquier momento podría volver a dejarla y partirle el corazón?

Se encontraba frente a un terrible dilema. Aceptar el amor de Edward por su hijo pero mostrarse cauta ante el amor de Edward por ella.

Era muy difícil teniendo en cuenta que en ese mismo momento, ella y su hijo ocupaban el mismo cuerpo de forma indivisible.

Estaba tan sumida en sus pensamientos que apenas captó la mirada de completa devoción que Edward le dedicó en cuanto se volteó y la encontró despierta.

—Hablamos más tarde, Emmett —dijo al teléfono antes de cortar la comunicación y acercarse a la cama —Buenos días, preciosa —susurró inclinándose hacia ella y besando suavemente sus labios —¿Cómo te encuentras?

—Bien. —aseguró despejando de su mente los confusos sentimientos —¿Te quedaste aquí toda la noche?

—Sí, dormí en la butaca —explicó con una sonrisa satisfecha.

—No debiste hacerlo. Imagino que habrás dormido completamente incómodo.

—Saber que tú y mi bebé dormís a mi lado compensa cualquier incomodidad. —aseguró acariciando su vientre casi plano.

Bella cerró los ojos sintiéndose confundida.

—Esto no va a funcionar…

—¿Qué cosa? —murmuró Edward en respuesta mientras deslizaba sus labios por el rostro de la chica.

—Esto, tú y yo… —gimió Bella abriendo los ojos para mirarle.

—Hey, nena… —Edward vio en su mirada la confusión y la pena que la embargaba y se sintió culpable por haber sido el causante de aquellas enormes dudas que la atormentaban —Cariño, desde luego que funcionará, Bella, porque no hay en el mundo nada más natural que tú y yo juntos… Te amo, Bella, te amo y tú a mí, y ahora tú y yo tenemos un bebé para amar. Un bebé que es la continuación natural de tú y yo. Sólo nuestro bebé será más perfecto que tú y yo juntos, nena.

—No funcionará —reafirmó y sus ojos se vieron desbordados por tibias lágrimas —Alec y Jane nunca lo aceptarán. Son tus hijos. Te hará infeliz perder a tus hijos…

—Tú compensarás todo, Bella. Tú y nuestro pequeño compensaréis cualquier cosa.

—¡Son tus hijos! —gimió —Tú lo dijiste, nada hay para ti más importante que tus hijos.

—Este bebé —dijo presionando su mano contra el vientre de ella —también es mi hijo, Bella. Y ahora mismo él me necesita mucho más que Alec o Jane. Hice todo por mis hijos, Bella, les di todo cuanto pudieron necesitar e incluso les di muchas cosas innecesarias. Ya no me necesitan, y aun así, si en algún momento lo vuelven a hacer, estaré allí para ellos. Siempre. Pero sus caprichos no son necesarios así que no voy a consentirlos. Y menos aún voy a quitarle nada a este pequeñín por los caprichos de sus hermanos mayores. Y en cuanto a ti, eres la madre de mi hijo, pero más allá, eres mucho más que eso. Eres la mujer que amo, la mujer que me hace feliz, y no estoy dispuesto a perderte, a perder mi felicidad por los caprichos de mis hijos.

—No quiero que algún día te arrepientas de esta decisión.

—Nunca me arrepentiré de luchar por mi felicidad, Bella. Puedes estar segura de ello. Te amo, Bella, y quiero estar contigo. Nunca podré resarcirte del dolor que te causé, pero igual trabajaré cada día para ello.

—¿Estás seguro de esto, Edward?

—Más que de cualquier otra cosa —aseveró y la sinceridad que Bella vislumbró en él le infundió una paz que hacía semanas no sentía.

Solo entonces sintió que podría confiar en él. Solo entonces se decidió a luchar por su felicidad.

La suya. La de su hijo.

Y la de su hombre.


Gracias a todos por los reviews, por los alertas, favoritos y por leer.

Les recuerdo el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki.

En mi perfil encuentran el link del tráiler que Emmaly Swallen hizo para este fic.

Besitos y nos leemos el lunes!