Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
PERVERSAMENTE PROHIBIDO
CAPITULO 42
—¿Quieres casarte conmigo? —insistió Edward ante la mirada atónita de la joven.
—¿Quieres casarte conmigo? —preguntó ella en murmullos sin quitar la vista de la exquisita sortija que Edward había puesto frente a ella.
—Sí, desde luego que sí. Te amo y quiero compartir contigo lo que me queda de vida. Quiero que estemos juntos para recibir a este bebé y quizás más adelante podamos tener más. Quiero dormir contigo el resto de mi vida. Quiero que me esperes en casa cada día y volver allí sabiendo que allí estarás. Quiero tenerte en mi cama cada noche y despertar a tu lado cada mañana. Quiero un futuro contigo, quiero una vida contigo. Quiero hacerte feliz porque sé que tú me harás feliz a mí. Quiero amarte y que me ames y que me permitas demostrártelo cada día de nuestras vidas. ¿Qué dices, nena? —preguntó con una sonrisa ansiosa a la vez que sacaba el anillo de su cajita y lo acercaba al dedo de la chica —¿Vas a casarte conmigo? —agregó sabiéndose ganador.
Tal vez fue por su confianza que la respuesta de Bella le congeló.
—No —respondió ella dejando por fin correr las lágrimas que anegaban sus ojos —No voy a casarme contigo —agregó sorprendiéndolo a la vez que cerraba su mano en un puño.
—¿Qué? —inquirió Edward anonadado —¿Qué dices? ¿No quieres casarte conmigo?
—No.
—¿Por qué no? ¿No me amas?
—Como nunca he amado a nadie —aseguró confundiéndolo aún más si era posible.
—¿Entonces?
—No quiero ser Chelsea. No quiero que te veas envuelto en un matrimonio no deseado solo porque vamos a tener un bebé.
—¿Qué tontería estás diciendo? Tú no eres Chelsea ni yo soy el hombre que era cuando me casé con ella y lo que tú y yo tenemos, desde luego que no se parece en absoluto a lo que Chelsea y yo teníamos.
—No quiero que acabes odiándome como lo hiciste con ella, solo por ser responsable de tu hijo. No podría vivir con ello —sollozó sin poder contener las lágrimas que eran la prueba física de la ruptura de su corazón.
Edward suspiró reconociendo que sería más difícil de lo que pensaba convencerla de que no era por el bebé que le pedía matrimonio.
—Dios, Bella, entiendo que no te resulte sencillo confiar en mí, pero te suplico que lo hagas, confía en mí, cielo. Tú sabes lo que siento respecto a mi matrimonio con Chelsea y a la forma en que ella y yo afrontamos la paternidad veinticinco años atrás. Sabes que siempre he pensado que hubiese sido mejor para mis hijos que no nos hubiésemos casado, que hubiese sido mejor para ellos tener a sus padres separados pero respetándose que de la forma que lo hicimos nosotros. ¿Crees que le haría eso a nuestro hijo? Ya he pasado por esa experiencia, Bella, y sé que fue un error. ¿Crees que volvería a cometerlo? —dijo sintiéndose exasperado.
Bella le observaba especulativa. Todo lo que Edward decía sonaba coherente y totalmente sincero, pero los miedos que ella albergaba le hacían difícil poder confiar en él aunque su corazón lo deseaba por encima de todo.
—Venga, nena, dime que sí —suplicó dedicándole su sonrisa más compradora.
—No sé…
—Vamos —insistió —No tenemos que poner una fecha si no quieres, de hecho podemos esperar que nazca el bebé, o más incluso si es lo que deseas, pero al menos acepta mi anillo y con él acepta mi compromiso de hacerte feliz, de amarte por sobre todas las cosas y protegerte de cualquier cosa o persona que pudiera hacerte daño. Te amo, Bella. Tú sabes que yo no creía en el amor y no quería enamorarme, de hecho ni siquiera pensaba que pudiera existir la posibilidad. Pero te amo, te amo y no puedo perderte. Cásate conmigo —rogó una vez más.
—No quiero casarme contigo —susurró llorosa —No ahora.
Edward bufó frustrado antes de insistir.
—De acuerdo, pero al menos acepta mi anillo como símbolo de mi compromiso, de mi amor por ti. Y en tus manos quedará decidir el momento en el que ir más allá. Acéptame, Bella —suplicó.
Bella se estremeció debatiéndose entre el anhelo y la prudencia, pero la sinceridad que escuchó en las palabras de Edward le decían que debía darse el gusto de soñar. De soñar y creer que realmente tenían una oportunidad de hacer algo grande juntos y que sería una idiota si se negaba a ello.
Abrió la mano que tenía apretada en un puño y la puso frente a Edward.
Con lágrimas rodando por su rostro musitó un débil "Sí" y Edward por fin soltó el aire que llevaba retenido y sonrió mientras le deslizaba por su dedo el fino anillo.
—No vas a arrepentirte nunca, mi amor —prometió rodeándola con sus brazos y atrayéndola hacia él para besarla con desespero y toda la necesidad y amor que venía reprimiendo las últimas semanas. —¿Eso significa que vendrás a casa conmigo? —murmuró contra sus labios al separarse de ella.
—Supongo que podemos intentarlo —aceptó Bella —Pero aún me preocupan tus hijos…
—No te preocupes por ellos, yo me encargaré.
—Eso dijiste antes y la solución fue echarme de tu vida —sollozó Bella recelosa.
—Ya lograré que me perdones por ello e incluso que lo olvides. —aseguró —Pero confía en mí esta vez, Bella. No dejaré que interfieran en nuestra relación. No me importa lo que tenga que hacer.
Ese día volvieron al departamento de Edward. Al día siguiente, a pesar de las constantes quejas de Edward, Bella fue sola a su casa, para preparar su mudanza y hablar con sus amigas.
—Bells, ¿cómo estás? —la saludó Alice dándole un cálido abrazo en cuanto Bella entró en la casa. —¿Has venido sola?
—Sí.
—¿Y Edward te lo ha permitido?
—Sí. Mi médico me ha levantado el reposo, así que no había problema alguno, además quería hablar con vosotras y soy consciente de la animadversión que siente Jess por Edward, por lo que preferí que no estuviera. De cualquier forma Edward vendrá a recogerme en cuanto le llame.
—¿O sea que volverás a su departamento?
—Sí.
—¡Bella! —gritó Jessica al verla mientras corriendo bajaba las escaleras —Bella, cariño ¿cómo estás? —preguntó abrazándola también.
—Bien. Mucho mejor.
—¿Y nuestro bebé? —inquirió la chica apoyando sus manos sobre el vientre de Bella que poco a poco comenzaba a curvarse.
—Muy bien.
—¿Y Edward? —Jessica no pudo evitar el desagrado que se filtró en su voz al preguntar por el novio de su amiga.
—Bien. Ha ido al despacho, pero vendrá a recogerme más tarde.
—Odio a ese tipo —gruñó Jessica acompañando a Bella hasta el salón antes de dirigirse a la cocina para coger refrescos para todas.
Angela, que acababa de salir de la ducha, se les unió en el salón mientras Alice se dedicaba a desgranar para Bella todos los detalles de su incipiente relación con Jasper Whitlock, el amigo de Ben con el que salía desde hacía varias semanas.
Durante un par de horas la conversación viajó entre Jasper, Ben y Mike, hasta Bella y su trabajo, antes de llegar a sus planes futuros.
—Entonces, ¿cómo van las cosas entre tú y Edward? —preguntó Angela ganándose un bufido exasperado de parte de Jessica.
—Bien —reconoció —Creo que mejor de lo que pensé.
—¿Vas a instalarte en su casa?
—Sí. Me lo pidió.
—¿Te pidió que te quedes en su casa? ¿Hasta cuándo? ¿Hasta que nazca el bebé? ¿Hasta que sus hijos le exijan que te de una patada? —inquirió Jessica molesta.
—Para siempre —dijo por fin —Me pidió que me case con él —agregó enseñando el diamante que había estado escondiendo en el interior de su mano.
—¿Qué? —gritaron sus amigas a la vez con diversos grados de agitación.
Alice saltó de se lugar para sentarse junto a Bella y coger su mano admirando el perfecto brillante.
—Oh, Bells, es bellísimo.
—Lo es —aceptó encantada
—¿Le dijiste que sí? —rugió Jessica. —¿Así, sin más?
—En realidad le he dicho que no quiero casarme con él de momento. Prefiero esperar a que nazca el bebé, saber cómo se lo toman sus hijos, y ver, en función de todo ello, qué decisiones toma él respecto a nosotros.
—No confías ciegamente en él —aventuró Angela.
—Sería una tonta si lo hiciera. Aún tiene que ganarse mi confianza, la que perdió cuando me dio la patada. No quiero volver a sufrir por lo que prefiero ser prudente.
—Me parece lo más inteligente.
—Gracias, Angie.
Bella miró a Jessica que se mantenía silenciosa y alejada en su asiento.
—¿No vas a decir nada, Jess?
—No me gusta ese hombre —reconoció la chica.
—Lo sé.
—No me gusta, porque te hizo mucho daño, y sé que si pidieras mi opinión te diría que le dieras una patada en sus partes nobles y que se vaya al diablo.
—Lo sé.
—Pero también sé que solo quiero verte feliz, y que sé que eres una mujer inteligente y que si tú crees que él te hará feliz, entonces yo apoyaré tu decisión.
—Gracias, Jess —sonrió levantándose de su lugar para ir a sentarse con su amiga y rodearla con sus brazos.
—Pero recuérdale que yo siempre estaré para defenderte y que si vuelve a hacerte daño, él o alguno de sus malcriados retoños, yo misma me ensañaré con su dote y no le quedarán ganas de seguir pasándose de listo.
—Se lo recordaré.
—Y dile que si te lastima una sola vez más, patearé su trasero cuarentón.
—Se lo diré.
—Dicho esto —agregó Jessica abrazándola con cariño —Te deseo toda la felicidad del mundo, Bella. Y si finalmente hay boda, espero que no se te ocurra vestirnos de rosa o lavanda porque, definitivamente, esos colores no me pegan.
—Lo tendré en cuenta —aceptó riendo complacida.
Gracias a todos por los reviews, por los alertas, favoritos y por leer.
Les recuerdo el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki.
En mi perfil encuentran el link del tráiler que Emmaly Swallen hizo para este fic.
Besitos y nos leemos el lunes!
