Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
PERVERSAMENTE PROHIBIDO
CAPITULO 43
Edward entró a su despacho después de haber pasado varias semanas sin ir por allí y se enfrascó en los documentos que tenía pendientes.
Llevaba un par de horas por allí cuando Jane entró.
—Papá.
—Hola, cariño —le saludó levantando la mirada de los balances contables que estaba leyendo.
—¿Cómo estás? —preguntó la chica acercándose a él para besar su mejilla antes de sentarse frente a él.
—Bien, cariño. Tapado de trabajo.
—Lo imagino. Te has tomado muchos días de vacaciones.
—No eran vacaciones —le contestó con fingida indignación —Estuve trabajando desde casa.
—Ya me imagino que sí —se burló la joven, haciéndole sonreír.
—Believe it or not —comentó burlón.
—¿Y puedo preguntar a qué se debía que trabajaras desde casa? —inquirió su hija y Edward supo que ése era el momento exacto en que comenzaría la nueva tormenta.
En esas semanas había hablado con sus hijos pero nunca habían tocado el tema de su ausencia en la oficina ni, desde luego, ningún tema que incluyera a Bella.
Se recostó en su asiento mirando a su hija pensativo.
Era una pena que su diálogo ameno fuera a estropearse por la intransigencia que rodeaba a sus hijos cuando de su relación con Bella se trataba. Desearía que no fuese así pero no sabía cómo evitarlo y, realmente, no pensaba hacer nada que pudiera afectar su relación con la madre de su nuevo hijo, la mujer que amaba.
Intentó buscar la mejor forma de comenzar, pero no la encontró, así que decidió ser todo lo directo que fuera posible.
—Bella y yo hemos vuelto —soltó de una vez sin alejar la vista del rostro de su hija.
—¿Qué? —exclamó la chica sonrojándose indignada.
—Sí, hemos vuelto, y antes de que digas nada, no voy a volver a perderla, sin importar si a ti o a tu hermano os gusta o no la idea.
—No lo entiendo, ¿cómo has podido volver con ella?
—No sé cómo he podido vivir alejado de ella todo este tiempo —corrigió —Amo a esa mujer, Jane, y me haría muy feliz que mis hijos la aceptaran.
—No puedes decir eso —gruñó Jane —Esa mujer es una trepadora y una…
—Basta, Jane —le cortó con rotundidad —No voy a permitir que hables así de ella, de la misma forma que no acepto que nadie hable mal de ti. Es la mujer que amo, me ama, y no pienso romper mi relación con ella.
—¡Prefieres romper tu relación con tus hijos! —rugió la chica furiosa.
—Desde luego que no, pero Bella no intenta interponerse entre mis hijos y yo.
—No lo puedo creer. Alec se pondrá furioso.
—Alec puede ponerse como quiera. Él ha hecho su vida, tiene novia, sigue adelante. Tú, igual. Así que yo también seguiré adelante con mi vida. Tú y tu hermano siempre seréis parte de mi vida, y lo más importante. Siempre seréis bienvenidos en mi casa, y siempre estaré para vosotros para cualquier cosa que necesitéis, pero tendréis que aceptar que Bella es parte de mi vida y eso no va a cambiar. Será más sencillo para todos si lo aceptáis de una vez por todas.
—Me niego a aceptar que mi padre sale con una mujer que podría ser su hija —batalló molesta.
Jane se levantó con un gesto altivo y se dispuso a marchar cuando Edward la detuvo.
—Jane —le llamó —Hay algo más.
—¿Qué? —rugió ella volteándose a verle.
—Bella está embarazada —soltó de una vez y la vio palidecer.
Jane volvió hasta él y se apoyó sobre el escritorio mirándole con ojos desorbitados.
—¿Que qué?
—Bella está embarazada —repitió sin dejarse intimidar —Va a tener un bebé y es mío. Ella y yo vamos a tener un hijo, lo que significa que Alec y tú tendréis un hermano menor —explicó sonriendo consciente de que su hija se enfurecería aún más, pero sin poder evitarlo.
—¿Vas a tener un hijo con esa mujer? —gruñó
—Sí.
—¿Cómo has podido hacerlo? ¿Cómo has podido ser tan descuidado? Y esa zorra, seguro se ha embarazado a propósito para echarte el lazo y tú, el muy ingenuo, has caído en su trampa.
—No es lo que ha sucedido, pero sé que tú pensarás lo que quieras.
—Desde luego que es así, no podía ser de otra forma. Es lo que hacen todas las mujeres que quieren atrapar a un hombre, se embarazan sin que ellos lo sepan.
—Eso me recuerda que tu madre se embarazó sin que yo lo supiera, cuando ella y yo estábamos en el instituto, ¿crees que lo hizo porque quería atraparme? —espetó con un sarcasmo tan evidente que Jane acabó sonrojándose al sentirse atrapada por sus propias palabras.
—No te atrevas a insultar a mi madre.
—No lo hago. Tú lo has hecho al hablar así de las mujeres que resultan embarazadas por sus parejas, pero sería bueno que tú no te atrevieras a insultar a la madre de mi hijo.
—Esto no va a quedar así —rezongó la chica antes de salir del despacho con violencia.
Suspiró sintiéndose exhausto y, recostándose en su asiento, se dispuso a esperar la llegada de Alec que, intuyó, no tardaría.
No se equivocó. Veinte minutos después Alec entró a su despacho seguido de una Jane altanera.
—Dime que no es cierto lo que me ha dicho Jane —exigió entre dientes apoyándose sobre el escritorio.
—Si te refieres a que he vuelto con Bella y que ella y yo vamos a tener un bebé, entonces sí es cierto, si hablas de otra cosa deberás explicarme de qué se trata —respondió con indolencia.
—¡No lo puedo creer! —gruñó el joven —¡Has embarazado a una zorra que podría ser tu hija! ¿Estás seguro de que es tuyo, al menos?
—No voy a dignificar esa pregunta con una respuesta —contestó sintiéndose malhumorado.
—No tienes ni idea de con quién te estás metiendo. Pero hasta ahora hubiera podido entenderlo, una chica joven, guapa, interesada en ti, un tipo viviendo la crisis de los cuarenta —dijo el chico condescendiente ganándose una sonrisa sarcástica de su padre —entiendo que te hiciera sentir joven, pero ¿un hijo? ¿En qué estabas pensando? Un hijo es para toda la vida.
—Lo sé —suspiró —Créeme que lo sé. Pero déjame corregirte en algo, Alec, esto no va de que Bella me haga sentir joven, sino que me hace sentir vivo. Me hace sentir amado, me hace sentir necesitado, importante, correspondido… Bella me hace sentir feliz —sentenció —Y esa es la única razón importante por la que no voy a perderla. Porque quiero, deseo y necesito ser feliz.
Alec le observó serio dispuesto a comenzar una nueva discusión, pero finalmente desistió.
Vistió su rostro con una mueca arrogante y displicente irguiéndose sobre sus pies.
—Al menos asegúrate de que el bastardo es tuyo, antes de incluirlo en tu testamento. No permitiremos que nos robe lo que es nuestro por derecho propio. —soltó con rudeza antes de girarse y abandonar el despacho con altivez, seguido por su hermana.
Le resultaba frustrante todo lo que le tocaba luchar contra sus hijos para que aceptaran su felicidad. Pero no estaba dispuesto a volver a dejar a Bella por ellos.
El tiempo que habían pasado separados, había estado sumido en la tristeza y la desazón. Se había volcado en el trabajo como hacía cada vez que su vida personal se veía trastocada, pero esa vez, nada le había hecho sentir completo.
El trabajo le había resultado monótono y aburrido. Los acuerdos conseguidos no habían sido en absoluto estimulantes y después de las primeras semanas, su vida se había convertido en un simple seguir adelante.
Pero desde que Bella había vuelto a su vida hacía tres semanas, y había vuelto además con el maravilloso regalo que llevaba en su vientre, no había dejado de sentirse vivo ni un instante.
Nuevamente en su lavabo negro y austero habían vuelto a aparecer el neceser rosa de Hello Kitty, la botella de Eau d'Issey, y el hidratante de Lançòme.
En el cajón de sus bóxer negros y blancos, destacaban las braguitas y sujetadores rojos, azules o amarillos.
En la alacena de la cocina, junto a la caja de cereales Kellog's classics había siempre una de Froot Loops que compraba para Bella.
Era indudable que Bella llenaba su vida de color, incluso en su cocina.
Sonrió al pensar en ella y le llamó.
—Hola —saludó la chica después del tercer tono.
—Hola, nena ¿Qué haces? ¿Sigues en tu casa?
—Sí. Estoy acabando de empacar lo más indispensable.
—Perfecto. Llámame cuando quieras que vaya a recogerte.
—De acuerdo.
—Y por favor no cargues tú las maletas.
—No lo haré —aceptó sonriente —Si fuera necesario, las chicas lo harán por mí.
—De acuerdo. Por cierto, ¿cómo se han tomado que vayas a instalarte conmigo?
—Bien. Están dispuestas a aceptarlo si es lo que me hace feliz.
—¿Es lo que te hace feliz?
—Creo que sí —rió —pero también me han dicho que irán a por ti si me lastimas a mí o al bebé.
—Cuento con ello —reconoció divertido —Me habría decepcionado que Jessica no lo hubiese mencionado.
—No sería ella si no lo hubiera hecho. ¿Y tú cómo estás? ¿Mucho trabajo en el despacho?
—Bastante.
—No debiste tomarte todos esos días.
—Estuve en el único sitio en el que tenía que estar. Contigo y con mi hijo.
—¿Has visto a tus hijos? —inquirió Bella temerosa.
Hubiera preferido no tener que contestarle pero no quería comenzar esta nueva etapa con mentiras que acabarían dañando su relación.
—Sí.
—¿Has hablado con ellos?
—Sí. Les he explicado que volvemos a estar juntos y que vamos a tener un bebé.
—¿Cómo se lo han tomado? —preguntó aunque sabía la respuesta antes de formular la pregunta.
—No serían ellos si no se hubieran quejado al saber que tendrán un hermano.
—Nunca lo aceptarán —gimió Bella apenada.
—Bella, te prohíbo tajantemente volver a preocuparte por Alec o Jane. Tendrán que aceptarlo tarde o temprano o aprenderemos a vivir sin ello. Nada va a separarme de ti y de nuestro hijo. Tú y yo estamos creando nuestra familia, mis hijos están invitados si quieren formar parte de ella, pero si no lo desean, eso no interferirá en lo nuestro. ¿De acuerdo?
—De acuerdo —aceptó a regañadientes
—¿Lo prometes?
—Lo prometo.
—No te preocupes por nada, cielo, salvo de guardar tu ropa en una maleta. —sonrió —Te recogeré pronto.
—Te esperaré.
Gracias a todos por leer, por los alertas, favoritos y los review.
Recuerden que les esperamos en el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki.
En mi perfil encuentran el link del tráiler que Emmaly Swallen hizo para este fic.
Besitos y nos leemos el jueves!
