Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
PERVERSAMENTE PROHIBIDO
CAPITULO 44
Bella se instaló en el departamento de Edward, y ambos se adaptaron nuevamente a la convivencia en un tiempo récord.
Edward no lograba comprender cómo había sido capaz de vivir solo tanto tiempo.
Antes de salir para el despacho cada mañana, se sentaba con Bella a la isla de la cocina y desayunaban juntos como si lo hubieran hecho durante toda su vida.
Nunca trabajaba hasta muy tarde y cuando llegaba a casa, Bella estaba allí. Cenaban juntos, charlaban, veían televisión o escuchaban música, antes de meterse en la cama, donde se besaban, abrazaban y acariciaban, pero nunca hacían el amor.
Edward moría de deseo, pero no quería presionar a Bella, imaginando que ella aún necesitaba tiempo para confiar totalmente en él y entregarse sin reparos.
Bella moría de deseo, pero se sentía demasiado tímida para expresárselo a Edward. Esperaba que él diera el primer paso, pero después de tres semanas, aún no lo había hecho.
Ese día habían tenido una visita con el médico y habían vuelto a casa sabiendo que esperaban una niña.
Edward se veía exultante y Bella le acompañaba en su regocijo.
Tomaron una cena liviana y se ubicaron en el salón frente al televisor.
Bella, tumbada en el sofá, veía un capítulo de Desperate Housewives, mientras Edward, sentado junto a ella, releía unos documentos de un nuevo contrato, con la cabeza de su mujer sobre su regazo.
Un suave ronquido le anunció que, una vez más, Bella se había quedado dormida sin acabar el capítulo.
Sonrió dejando los documentos sobre la mesita del café y levantó a la chica para llevarla a la habitación.
La metió en la cama y volvió al salón para acabar con su lectura.
Cuando por fin se fue a la cama una hora después, Bella se despertó en cuanto él se coló bajo las mantas.
—Volví a dormirme —musitó ella somnolienta.
—Lo hiciste —reconoció él atrayéndola a sus brazos para recostarla sobre su pecho —Vuelve a dormirte ahora —musitó acariciando su vientre redondeado por las dieciocho semanas de embarazo.
—Ya no tengo sueño —dijo con timidez, sin atreverse a poner en palabras sus deseos.
Ese día había hablado con su médico sobre sexo y aquel le había dado luz verde para mantener relaciones sexuales. Había salido de la consulta decidida a hacérselo saber a su novio y actuar en consecuencia pero, llegados a ese punto, no se sentía lo suficientemente audaz como para explicarlo.
—¿No tienes sueño?
—No.
—¿Y qué quieres hacer? Tu serie ya ha acabado.
—Sí, lo imagino —reconoció sonrojándose vergonzosa.
—¿Entonces?
Bella inspiró profundamente buscando en su interior las palabras que pugnaban por salir de su boca para expresar el deseo que atormentaba su cuerpo. Mas no le resultó sencillo.
—Hoy he hablado con el médico…
—¿Sobre qué en particular, cariño? —indagó Edward con tranquilidad.
—Sobre sexo —soltó ella sobresaltando al hombre que tenía a su lado.
—¿Sobre sexo?
—Sí, él dijo que podemos hacer el amor si nos apetece —explicó sintiéndose infinitamente tímida.
La sonrisa que curvó los labios de Edward estaba llena de diversión y presunción.
—¿Si nos apetece?
—Sí.
—¿Y tú crees que nos apetece? —preguntó él sintiéndose terriblemente divertido.
—¿A ti no te apetece? —inquirió ella levantando la vista para fijarla en el rostro masculino.
—¿Y a ti? —rió él petulante.
—Yo te pregunté primero.
Edward se carcajeó y la atrajo hacia él.
—Yo llevo ansiándolo durante meses —confesó —Pero no pienso presionarte, sino que voy a esperar a que tú te sientas segura, de ti, de mí y de nosotros. Y entonces, cuando estés segura y quieras hacerlo, voy a hacerte el amor durante toda la noche —explicó contra sus labios antes de apretarse contra ellos y besarla con amor y desespero.
—A mí también me apetece —susurró Bella excitada en cuanto sus bocas se separaron.
—Entonces no tendrás que esperar más, nena. —dijo recostándola sobre el colchón para cernirse sobre ella y besarla con desespero.
Sus manos levantaron la camiseta que usaba a modo de pijama y se la quitó por la cabeza.
Se quedó embelesado mirándola. Su piel rozagante, sus pechos más plenos bajo el sujetador, su vientre redondeado.
Desabrochó el sujetador y se lo quitó para tomar los pechos entre sus manos y apretarlos con ansiedad.
Su miembro creció un poco más, ansioso por clavarse en el cuerpo de la mujer a la que tanto amaba y tanto había echado de menos.
Le hizo el amor con sus manos y con su boca y cuando la llevó al clímax, bebió la humedad de su culminación.
Para cuando, atendiendo a sus ruegos, por fin se hundió en su interior, creía haber olvidado lo exquisita que era la sensación.
—Dios —gimió manteniéndose quieto en un intento de calmarse —Pensé que no recordaría lo estrecha que eres, o lo delicioso que es estar dentro de ti, pero ahora realmente siento que por fin estoy en casa. —Bella se removió buscando calmar el ardor de su sexo ante la invasión de su miembro —Aquí es donde pertenezco —musitó bajando los labios sobre los de ella para besarla con dedicación.
—Así es como debe ser el sexo para mí —murmuró ella con deleite —Así es como quiero que sea para mí, siempre. Colmado de amor.
—Así es como será, cariño. Para siempre —prometió besando su rostro —¿Estás preparada, nena? —inquirió sintiéndose impelido a moverse.
—Por favor… —suplicó ella haciéndole enloquecer.
Se retiró casi por completo de su interior antes de volver a penetrarla profundamente. Impulsado por sus jadeos y gemidos comenzó su suave invasión, moviéndose dentro y fuera de su cuerpo y ganando terreno en cada vez, hasta que ya su miembro se encontró completamente envainado entre sus pliegues húmedos y palpitantes.
—Por favor, Edward —suplicó ansiosa —Más fuerte… más rápido…
Sus palabras fueron el detonante de las ansias de Edward y obediente incrementó su ritmo para embestirla con celeridad y urgencia. Sintió su estremecimiento en todos los músculos de su cuerpo y para cuando su sexo se aferró al de él aprisionándolo y exprimiéndolo, con un gruñido se volcó en su interior acompañando el grito silencioso que Bella soltó junto a los espasmos que el orgasmo le produjo.
Exhausto salió de su interior para no recargar su peso sobre el cuerpo de la chica y se tumbó junto a ella, reteniéndola entre sus brazos.
—Te amo —susurró contra su pelo mientras buscaba calmar el ritmo acelerado de su respiración.
—Te amo —respondió ella antes de caer dormida sobre el cuerpo desnudo de su prometido.
A medida que los días pasaban, Bella se iba sintiendo cada vez más confiada con Edward y la relación entre ambos, aunque los hijos de él aún eran un escollo que no sabía cómo sortear.
Edward intentaba acercarse a ellos pero ambos habían hecho frente común y se negaban a hablar con él, hasta tanto no pusiera fin a su relación con Bella, cosa que se negó en redondo a llevar adelante.
Esme y Carlisle, que habían conocido a Bella y estaban encantados con ella, habían intentado mediar entre Edward y sus hijos mayores, pero éstos habían continuado reticentes.
Edward sufría ante su actitud, pero no veía más solución que esperar que pasara el tiempo y recapacitaran.
A Bella no le hacía feliz ver a su prometido infeliz, por lo que él no tenía más que sonrisas y alegría para ella y su bebé.
Las amigas de Bella la veían cada vez más feliz y exultante, y eso había llevado, incluso a Jessica, a volver a aceptar a Edward sin reticencias.
Mientras tanto, el embarazo de Bella seguía adelante sin complicaciones, y en el departamento de Edward ya estaba pintada de rosa la habitación que había junto a la habitación principal.
Bella había alcanzado la semana treinta y cuatro de su embarazo, y aún le quedaba poco más de un mes para su fecha de parto.
Esa tarde, Edward estaba en el despacho inmerso en la adquisición de una empresa maderera del este de Washington, mientras en el departamento Bella guardaba en el armario del bebé las últimas prendas que había comprado y acababa de sacar de la secadora.
Bella había pedido la baja en el estudio ya que esos últimos días no se estaba sintiendo del todo bien.
Ese día en particular había sentido algunos dolores en el vientre. Cuando el timbre del departamento sonó, ella se acababa de tumbar a descansar.
Jane Cullen estaba en la puerta y verla la inquietó.
—Jane —saludó cuando la chica se coló en el departamento sin explicación —Tu padre no está aquí, hoy ha tenido que ir a la empresa —explicó intentando ignorar la arrogancia y el desparpajo de la joven.
—Lo sé. —respondió la chica altanera —He venido a verte a ti.
—¿A mí? —inquirió Bella sorprendida —De acuerdo, pasa —dijo aunque no hiciera falta la invitación —¿Puedo ofrecerte un café o un refresco?
—No es una visita social —cortó la chica con rotundidad.
Su desdén irritó a Bella, quien cruzó los brazos sobre su pecho y se negó a dejarse avasallar.
—Muy bien. Tú dirás entonces a qué has venido.
La chica se enfureció y Bella lo notó claramente en su rostro rubicundo.
—He venido porque ésta es la casa de mi padre y que tú estés aquí temporalmente no te hace la dueña de nada. Y no creas que vas a quedarte con nada que pertenezca a los Cullen.
—No pretendo ser la dueña de nada de lo que es de tu padre. Deberías saber que no tengo la menor necesidad de adueñarme de nada. Tengo mi propia casa, mi profesión y mis ingresos y no necesito quitarle nada a tu padre ni a "los Cullen" —dijo con retintín —Pero tú debes tener claro también, que este bebé —agregó señalando su vientre —también es una Cullen, y no voy a permitir que nadie le quite nada que le corresponda.
—Esa niña es una bastarda, y todavía tendrás que probar que es hija de mi padre —soltó Jane con rudeza.
—Ésa será una decisión que habrá de tomar tu padre, pero no creo que él tenga dudas sobre su paternidad. Desde luego que no tendré problema alguno en hacer las pruebas de paternidad pertinentes si tu padre así lo desea. Pero no es tu decisión sino la de él. Y déjame decirte, Jane, que con prueba o sin ella, será mejor que te acostumbres a la idea de que tendrás una hermana.
—Esa niña nunca será nuestra hermana —rugió la chica entre dientes iracunda.
—No me importa… —comenzó a decir Bella, pero un dolor atravesó su vientre, haciéndola jadear a la vez que se apoyaba contra la pared del vestíbulo.
Gracias a todos por leer, por los alertas, favoritos y los review.
Recuerden que les esperamos en el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki.
En mi perfil encuentran el link del tráiler que Emmaly Swallen hizo para este fic.
Como os imagináis a este fic le queda ya nada para terminar, sólo dos capítulos y el epílogo, así que les espero la próxima semana.
Besitos y nos leemos el lunes!
