Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

PERVERSAMENTE PROHIBIDO

CAPITULO 45

—¡Oh, Dios! —gimió Bella encorvándose mientras presionaba su vientre con la mano.

Frente a ella, Jane la observó palideciendo.

—¿Qué tienes? —preguntó temerosa acercándose a la mujer de su padre.

—Me duele —susurró Bella.

—Ven a sentarte —sugirió Jane, tomándola del brazo con suavidad y ofreciéndole su apoyo para acompañarla hasta el sofá del salón.

—No puedo —sollozó Bella y las lágrimas corrieron por su rostro.

—Tranquila, déjame ayudarte a sentarte para que pueda llamar a un médico.

—¡Oh, no! —jadeó Bella cuando sintió correr por sus piernas la tibia humedad que escapaba de su cuerpo —He roto aguas…

—Dios mío —gimió Jane a su lado, sintiéndose cada vez más asustada —Oh, por Dios, Bella, ¿qué quieres que haga? —rogó, sintiendo las lágrimas invadirla también.

—Llama al hospital, por favor —pidió Bella, caminando lentamente hasta el sofá recostada en el cuerpo de la hermana de su hija.

Con celeridad, Jane llamó al hospital, y antes de darse cuenta alguna de ellas, se encontraron ubicadas en la parte trasera de una ambulancia con destino al hospital universitario de Seattle.

Mientras los paramédicos le tomaban las constantes, Bella, asustada, apretaba la mano de la joven rubia que le sostenía sentada a su lado.

—Todo estará bien, Bella —prometió Jane, intentando infundirle una calma que ella misma no sentía.

—¿Podrás avisarle a tu padre? —pidió Bella, temerosa de la respuesta de la chica.

—Tú no te preocupes por nada, yo le llamaré —prometió en cuanto bajaron de la ambulancia y Bella fue conducida al interior del hospital.

Nerviosa y terriblemente asustada, Jane se dejó caer sobre las butacas de la sala de espera.

Aún no lograba comprender lo que había sucedido en el departamento de su padre, pero menos aún podía explicar la magnitud del miedo que sintió al ver a esa chica doblarse sobre sí misma presa del dolor.

Nunca había sentido a ese bebé nonato como parte de su familia, pero el temor que había visto en los ojos de Bella, el temor de que algo malo le pudiese suceder a esa niña, la había espantado.

De algún lugar que no podía entender, ella misma había imaginado el sufrimiento que podría suponerle a Bella, a su padre, sus abuelos e incluso a ella misma, que la pequeña Lizzie, como ya todos llamaban a quien sería su hermanita, pudiese sufrir algún problema.

Tal vez era por imaginar el dolor de su padre, o quizás se debía a una solidaridad femenina para con la pareja de éste, pero no quería ni siquiera pensar en que Bella pudiera perder al bebé.

Fue en ese momento que como si un rayo la hubiera tocado, su cuerpo se estremeció y tuvo que reconocer, que no podría más que amar a su pequeña hermanita y nunca se perdonaría si algo malo le sucediese.

Intentando mantener a raya su llanto, marcó el número de su padre.

El teléfono de Edward sonó sobre el escritorio.

Tanteando los papeles que estaba analizando lo encontró para verificar que quien llamaba era su hija.

No tenía ganas de discutir con Jane, pero nunca dejaba de contestarle al teléfono.

—Jane —le saludó con un tono apático.

—¿Papá? —la voz quebrada y sollozante de su hija le preocupó.

—¿Jane? Jane, cariño, ¿qué sucede?

—Oh, papá… —lloró la joven.

—Jane, por Dios, nena, ¿dónde estás? ¿qué sucede?

—Ay, papá, es Bella… —gimió la joven y sus palabras golpearon a Edward como un mazazo.

De un salto se puso en pie sin saber qué pensar.

—¿Qué sucede, Jane? —inquirió sintiéndose nervioso y furioso —¿Qué sucede con Bella?

—Se ha puesto de parto —le informó la chica alterada.

—¿¡Qué!? ¿Cómo es posible? Aún le falta más de un mes. ¿Dónde está Bella, Jane? —preguntó disponiéndose a salir de su despacho.

—Estamos en el Hospital Universitario —dijo sollozante —Pero la han ingresado y no me dicen nada…

—Tranquila, Jane, ahora mismo estoy saliendo. Llegaré en veinte minutos —dijo cortando la comunicación mientras subía al Volvo.

Condujo como un loco y llegó al hospital en quince minutos.

En uno de los asientos de la sala de espera se encontró con su hija.

—¡Jane! —La chica se levantó de un salto y se lanzó en sus brazos.

—¡Papá! —lloriqueó ella.

—¿Qué sucedió? ¿Dónde está Bella?

—Rompió aguas y le traje de urgencia —explicó ella con los ojos rojos por el llanto —La ingresaron hace unos treinta minutos pero no me han dicho nada.

—De acuerdo, tranquila, nena —intentó calmarla acariciando sus brazos —Voy a preguntar por Bella, ¿de acuerdo? Tú espérame aquí.

—Sí —aceptó la chica —Papá… —le detuvo cuando él se alejaba rumbo al mostrador de admisiones.

—Dime.

—Lo siento, papá. Yo no pensé que podría ponerse nerviosa y adelantarse el parto —sollozó —Yo no quiero que le pase nada al bebé —gimió —Es mi hermana —agregó escondiendo su rostro entre las manos.

—Hey, nena —dijo él acercándose a ella nuevamente y estrechándola entre sus brazos —Calma, cariño, todo saldrá bien —prometió aunque en su interior temblaba por las noticias que podría recibir sobre su mujer.

—No puede perder al bebé…

—No lo hará, cariño. Estarán bien, nena, ya verás. —intentó calmarla —Iré a ver qué me dicen, ¿sí?

—Sí.

—Espérame aquí, cielo —dijo besando la frente de su hija antes de alejarse.

Cuando preguntó por Bella le dieron un primer informe.

Había ingresado con rotura de bolsa, y estaban realizándole los controles necesarios para determinar si era necesario provocarle el parto o aún podían esperar algunos días más.

Le dejarían pasar en cuanto la trajeran de regreso.

Se sentó junto a su hija para esperar que le permitieran ver a Bella.

—¿Qué fue lo que sucedió, Jane? ¿Qué hacíais tú y Bella juntas? —inquirió extrañado.

Jane volvió a soltar el llanto y su padre la rodeó con su brazo y la atrajo hacia él.

—Yo no quería hacerle daño —sollozó la chica —Ni a ella ni al bebé… Te prometo que no quería hacerles daño…

—Lo sé, nena, lo sé. —afirmó aunque no estaba seguro de sus palabras —Pero explícame lo que sucedió.

—Fui a tu departamento. Quería decirle a Bella que tenía que irse, que tenía que dejarte y que el bebé nunca sería nuestra hermana… —lloró —pero nada más entrar Bella sintió un dolor en el vientre y sus piernas se mojaron… ella se asustó mucho… yo también pero no quise que ella lo notara, así que llamé a una ambulancia y vinimos al hospital…

—Bien hecho, cariño…

—No sabía qué hacer.

—Hiciste bien, cielo. Estoy seguro de que el haber llegado tan pronto habrá ayudado para que todo vaya bien.

—Yo no quiero que pierda la niña —gimoteó avergonzada contra el pecho de su padre.

—Lo sé, cariño.

—Sé que mi intención era decirle que nunca aceptaríamos al bebé, pero no es verdad.

—¿Por qué, Jane? ¿Por qué no te gusta Bella? —preguntó sintiéndose exhausto.

—Porque tú la amas…

—Ay, nena, eso no significa que te ame menos a ti, o a tu hermano…

—Lo sé, pero tú la amas y ella es todo lo que tú desearías que yo fuera. Es seria, responsable. A mi edad es una abogada brillante con una carrera brillante y yo no soy nada de eso… Y además ahora va a darte una hija… Y sé que este embarazo a ti te ha hecho mucho más feliz de lo que te hizo el embarazo de mi madre.

—Dios, Jane —suspiró —Es verdad que el embarazo de tu madre no sucedió en el mejor momento, ya que tanto ella como yo éramos unos adolescentes que no tenían ni idea de nada, y teníamos muchos planes que debimos hacer a un lado, pero no ha habido ni un solo día desde entonces en que me haya arrepentido de vuestro nacimiento. Te amo, Jane, a ti y a tu hermano, y sin importar que fuera un crío cuando nacisteis, sois lo mejor que me ha pasado en la vida y no os cambiaría por nada del mundo. Es verdad que este bebé me encuentra siendo un adulto y creo que tendré más tiempo para dedicarle ya que la empresa no me insume tanto tiempo como antaño, pero puedes estar segura de que no la amo más de lo que os amo a vosotros. Desde luego que ahora me volcaré en ella, pero porque es un bebé, pequeña e indefensa y me necesita. Necesita que le cuide y le proteja, pero aún así, siempre estaré para vosotros y lo que sea que necesitéis. —aseguró asiendo la mano de su hija y acercándola a sus labios —Jane, me haría el hombre más feliz del mundo saber que esta niña tiene a sus hermanos junto a ella. Saber que puedo confiar en que vosotros la cuidaréis y os ocuparéis de que sea feliz si nos sucediese algo a mí o a Bella.

—Si dejaras un bebé a mi cargo, seguramente le arruinaría la vida. La convertiría en una niña mimada y caprichosa, tal como yo lo soy.

Edward atrajo a la chica hacia él para apretarla en un abrazo.

—Pues entonces deberás dejar a un lado los caprichos y convertirte en una mujer responsable para que tu hermana pueda tomar ejemplo de ti.

—Ya, ni tú crees que yo sea capaz de hacerlo.

—Te equivocas, Jane, yo sí sé que eres capaz, solo tienes que proponértelo. Jane, tienes veinticinco años, no pasará mucho tiempo antes de que quieras tener tus propios hijos. ¿Qué ejemplo te gustaría que tuvieran?

Jane se quedó pensativa y antes de tener una respuesta para su padre, un médico les interrumpió.

—¿Familiares de Isabella Swan?

—Nosotros —dijo Edward levantándose de un salto —Soy su prometido y ella es mi hija.

—Bien. La señorita Swan se encuentra estable y el bebé también. Intentaremos retrasar el parto tanto como sea posible, pero sin dejar de monitorear tanto a la madre como a la hija. Ante el menor indicio de complicaciones o sufrimiento fetal, provocaremos el parto. Estamos confiados en que todo estará bien. La niña está en perfecto estado y en caso de nacer en este momento, ni su vida ni su salud están comprometidas. —explicó y Edward por fin soltó el aire que retenía.

—Gracias a Dios —suspiró —¿Puedo verla?

—Sí, una sola persona de momento, aunque en breve la trasladaremos a una sala donde podréis entrar ambos —explicó el galeno.

—Esperaré aquí, papá —dijo Jane separándose de él.

—¿Estás segura? Puedes ir a casa si lo prefieres y te llamaré cuando tenga alguna novedad.

—No, esperaré aquí, si no te molesta. Quisiera ver a Bella antes de irme.

—De acuerdo, cariño —dijo Edward besando su frente antes de seguir al médico hacia el interior.

—Dile a Bella que realmente espero que todo esté bien, y que yo no quería hacerles daño…

—No te preocupes, cariño. Bella lo sabe —aseguró besando a su hija antes de salir tras el médico rumbo al interior del hospital.


Gracias a todos por leer, por los alertas, favoritos y los review.

Recuerden que les esperamos en el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki.

En mi perfil encuentran el link del tráiler que Emmaly Swallen hizo para este fic.

Bueno, este es el penúltimo capi de este fic, espero que lo disfrutéis.

Besitos y nos leemos el jueves!