Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

PERVERSAMENTE PROHIBIDO

CAPITULO 46

—Edward —gimoteó Bella cuando vio entrar a Edward a la habitación en la que la habían instalado.

—Bella, cielo, ¿cómo estás? —preguntó él acercándose presuroso y tomando su mano entre las de él.

—Bien. Los médicos dicen que todo está bien, pero me asusté muchísimo —explicó apenada.

—Lo sé, cariño, Jane me lo dijo.

—¿Cómo está, Jane? —preguntó preocupada —Creo que ella también se asustó bastante.

—Lo hizo, sí. Está muy apenada, me pidió que te dijera que espera que todo vaya bien y que lamenta lo que sucedió.

—Lo sé —sonrió Bella —Vi su cara en la ambulancia. Creo que tal vez en algún momento pueda aceptar si no a mí, al menos al bebé.

—Ya lo ha hecho —le confirmó Edward sintiéndose realmente aliviado —Se asustó bastante, le preocupaba que le pudiera pasar algo al bebé. Me dijo que no es verdad que no fuera a aceptar a su hermana.

—¿De verdad dijo eso?

—Sí, cariño.

—¿Le llamó su hermana? —preguntó Bella con interés y la mirada húmeda.

—Sí, cielo —aseguró él volcándose sobre ella para besar sus labios —Te dije que al final lo aceptaría.

—Lo dijiste —reconoció rodeando su cuello con los brazos y atrayéndolo hacia ella sintiéndose realmente feliz.

Cuando por fin la trasladaron a una habitación, Edward fue en busca de su hija mayor.

Jane se mostró avergonzada cuando se enfrentó a Bella, quien tumbada en su cama le sonrió con afabilidad.

—¿Cómo estás, Bella? —preguntó la joven sintiéndose incómoda.

—Bien, los médicos han dicho que el bebé está bien —le aseguró —Y sin dudas te debo las gracias. —dijo Bella sorprendiéndole —No sé qué habría hecho si tú no hubieses estado allí y no hubieses llamado al hospital con tanta celeridad.

—Qué va —se lamentó Jane —Si yo no te hubiese alterado probablemente nada de esto hubiera sucedido.

—No, Jane, no te culpes por nada. Yo llevaba toda la mañana con molestias, no parecía que fuese nada, pero aparentemente sí lo era. —le explicó intentando calmar la culpa que la chica sentía.

—Pero si yo…

—Basta —le cortó estirando su mano hacia ella —No te culpes por nada, todo estará bien.

Jane se acercó, le dio la mano a Bella y no pudo mantener a raya el llanto.

—Lo siento tanto, Bella —sollozó —Yo me he portado siempre como una perra contigo y tú no has hecho nada más que enamorarte de mi padre.

—No, Jane, no te preocupes…

—Cuando pensé que le pudiera pasar algo al bebé… —lloriqueó la joven —Mi padre se moriría si le sucediese algo al bebé… yo nunca me lo perdonaría…

Edward se acercó a su hija y la abrazó por detrás haciéndola recostarse contra él.

—Nada va a pasarle al bebé —le tranquilizó su padre.

—Pero va a adelantarse el parto...

—Pero los médicos han dicho que no hay nada de qué preocuparse. Aunque el bebé naciera ahora, todo estará bien, no corre peligro —murmuró Edward con calma.

Alice, Angela y Jessica eligieron ese momento para entrar en la sala, y de allí en más, el ambiente se relajó aunque las chicas intentaran disimular las miradas recelosas que la hija de Edward les inspiraba.

Elizabeth Marie Cullen nació al día siguiente, a las treinta y cuatro semanas de gestación, bajo la mirada de su padre que mantenía su mano entrelazada con la de su madre.

Su peso apenas alcanzó los dos kilos pero su salud era buena y los médicos no encontraron razón para preocuparse. No obstante, las siguientes dos semanas después de su nacimiento, las pasó en la incubadora del sector de neonatos del hospital universitario de Washington.

Sus padres no se alejaron de ella, y recibió constantes visitas de sus abuelos, tíos y tías, e incluso su hermana mayor.

Cuando cumplió su segunda semana de vida, los médicos le permitieron irse a casa.

La pequeña bebé llegó a casa en brazos de su padre, quien la acunaba con orgullo entre sus enormes manos.

—Es tan pequeñita —murmuró Bella en cuanto Edward la dejó en la cuna rosa.

—No mucho más que Jane o Alec —le calmó su prometido rodeándola con sus brazos.

—¿De verdad? —preguntó esperanzada.

—Claro que sí. Al ser gemelos era lo esperado que fueran pequeños al nacer, pero ganaron peso rápidamente y no tuvieron ninguna complicación. Lizzie es prematura, así que es natural que sea pequeñita, pero puedes estar segura de que todo estará bien.

—¿Lo prometes? —pidió sabiendo que no había nada que él pudiera hacer, pero segura de que estaría dispuesto a hacer cualquier cosa que garantizase la integridad de su hija.

Edward sonrió indulgente estrechándola contra su cuerpo.

—Lo prometo —aseguró antes de llevársela llevarla a la cama obligándola a descansar —Ahora descansa mientras yo preparo algo para comer.

Lizzie cogió el peso esperado y en solo dos semanas, Edward volvió al despacho.

Después de recibir las felicitaciones y buenos deseos de sus empleados, se sentó frente a su escritorio, dispuesto a decidir su siguiente movimiento.

Lizzie había cumplido su primer mes de vida. Los Cullen casi al completo la habían visitado con asiduidad y formaban parte de su vida, como la familia que eran.

Pero Alec aún no había conocido a su hermana menor, y Edward no era feliz con su actitud.

—¿Sí? —Alec contestó al teléfono de su escritorio al segundo timbrazo.

—Alec, soy yo.

—Hola —respondió su hijo con frialdad.

—¿Puedes venir a mi despacho, por favor?

—Eres el jefe —respondió el joven con desdén —Tú mandas —agregó displicente antes de cortar la comunicación.

Solo un par de minutos después, el joven entró al despacho de su padre y se sentó frente a él mirándolo con un gesto sarcástico.

—Parece que se te han acabado las vacaciones, finalmente, ¿no? — dijo mirándolo con una sonrisa irónica —Es increíble cuánto tiempo libre puede tomarse el jefe, ¿eh?

Edward observó a su hijo sintiéndose apenado ante la actitud desdeñosa de su hijo. Alec le observaba repantigado en la silla frente a él.

Edward se recostó a su vez en su asiento.

—Sabes exactamente la razón por la que he estado fuera estas semanas.

—Ilumíname —pidió el chico sonriente.

—Ayer cumplió su primer mes de vida tu nueva hermana, Elizabeth.

—Me imagino que te refieres a la bastarda que dio a luz Bella Swan. —replicó el joven con desprecio.

Edward contó hasta diez mientras respiraba profundamente, antes de hablar.

—Me refiero a mi nueva hija. Mía y de Bella. Mi hija y tu hermana. —Alec frunció los labios sin contestar —Creo que no tienes interés en conocerle.

—En absoluto.

—De acuerdo —aceptó —No voy a obligarte a hacerlo.

—No lo lograrías ni aunque quisieras.

—No, no es lo que quiero. Amo a esa niña, Alec. Tanto como amo a cada uno de mis hijos. Pero Lizzie es apenas un bebé y me necesita. Necesita que le cuide y le proteja y no voy a permitir que tú le hagas sentir tu desprecio, ni a ella ni a su madre.

—No lograrás que me arrodille frente a ellas. No seré como Jane, yo no. Ni siquiera lo intentes.

—Te guste o no, Alec, Bella y Lizzie son mi familia ahora. Jane ha decidido formar parte de esta familia y yo desearía que tú lo hicieras también. —explicó —Bella es mi prometida pero voy a pedirle que sea mi esposa.

—¿A dónde coño quieres llegar?

—Quisiera que me acompañaras ese día.

—Ni lo sueñes —rugió el chico furioso.

—Bien —aceptó Edward apenado —Tristemente, temía que ésta fuera tu reacción. Por eso mismo, tengo algo que ofrecerte.

—¿Qué vas a ofrecerme? ¿A tu mujer, quizás? —comentó burlón —Al fin y al cabo yo la tuve primero...

Edward fingió no escucharle, ya que su otra opción sería darle un puñetazo a su hijo.

—Hay un puesto vacante en la oficina de Buenos Aires —explicó llamando la atención de su hijo.

—¿Qué?

—He pensado que podrías ocupar ese puesto.

Indignado y molesto se puso en pie para enfrentar a su padre.

—¿Me estás enviando a vivir a Buenos Aires? —Alec inquirió entre dientes apoyando sus manos sobre el escritorio para inclinarse sobre Edward.

—Te estoy ofreciendo un puesto de trabajo en un lugar donde no tendrás que enfrentar al resto de mi familia, de esa forma que tanto te incomoda y donde ellos tampoco se sentirán incomodados por ti.

—Me estás quitando de en medio.

Edward se llevó las manos a la cabeza con agotamiento.

—No quiero perderte, Alec, en absoluto. Eres mi hijo y te amo. Te lo he repetido una y mil veces. Pero tengo una hija de un mes a la que tengo que cuidar y proteger. Quiero que seas parte de su familia, y mi casa está abierta para ti, pero creo que tal vez lo mejor sea que tomemos distancia. Tal vez así, con la distancia, puedas tener otra perspectiva y acabes aceptando mi nueva vida.

—O sea que lo más sencillo es deshacerse de Alec, ¿verdad? ¿Y se supone que no puedo volver a menos que acepte a tu mujer?

—Puedes volver cuando lo desees. De hecho ni siquiera tienes que aceptar ir. Pero pensé que tal vez te gustaría la idea de vivir un tiempo en otro ambiente, qué sé yo, conocer escenarios y gente diferentes. Además —agregó con una sonrisa —estoy seguro de que las chicas de allí te encantarán.

Alec se irguió frente a su padre y le observó desde su altura.

—De acuerdo —aceptó después de un largo silencio —Me iré a vivir a Buenos Aires, al menos hasta tanto vea si me gusta estar allí. Pero espero que te quede claro que si eso no es lo que tú insinúas, volveré a mi casa aunque haya perdido mi trabajo.

—No perderás tu trabajo y podrás volver cuando lo desees. —aseguró Edward con sinceridad.

—Bien —sentenció el chico volteándose hacia la puerta —Te haré saber cuándo me marcharé.

En cuanto Alec abandonó el despacho, Edward suspiró.

No deseaba alejarse de su hijo, pero estaba seguro de que eso sería lo mejor para todos. Con la distancia, y viviendo por su cuenta, Alec se vería obligado a madurar y con el tiempo, seguramente acabaría aceptando las decisiones de su padre.

Sintiendo que todo estaba por fin en orden, se marchó a casa, dispuesto a encajar la última pieza de su rompecabezas.

Bella, entre las paredes con decoración infantil, acunaba a su hija después de alimentarla. La nana que cantaba con voz suave era un arrullo que encantaba a Edward cada vez que lo escuchaba.

Se detuvo bajo el marco de la puerta y se recostó para observar a las mujeres de su vida en su íntimo momento.

Sintiendo su presencia, Bella levantó la vista hacia él.

—Hola —murmuró sonriente estirando su mano hacia él quien se acercó a ella para arrodillarse a sus pies.

—Hola, nena —respondió contra sus labios antes de posar su boca sobre la pequeña cabecita de su hija dormida.

—¿Cómo te ha ido?

—Bien. Un poco cansado pero bien.

—¿Viste a Alec? —preguntó Bella con la preocupación que siempre sentía al pensar en el hermano de su hija.

—Sí —reconoció acariciando la diminuta manito de se pequeña. —Ha decidido aceptar el puesto en Buenos Aires.

Comprensiva Bella enredó los dedos en los cabellos de su prometido.

—¿Estás seguro de que es lo que quieres, Edward?

—Sí —aseguró cogiendo la mano de la joven entre las suyas —Pero hay algo que deseo aún más.

—¿Qué cosa?

—Y depende completamente de ti.

Bella le observó extrañada.

—¿Qué es, Edward?

—Cásate conmigo, Bella.


Y finalmente y contra todo pronóstico (de algunas personas) esta historia está terminada y éste es el último capítulo. Espero que les gustara el capi y el fic.

Agradezco a todos por leer, por los alertas, los favoritos, los reviews y desde luego por la comprensión y los buenos deseos.

La próxima semana habrá un epílogo así que no se lo pierdan.

Recuerden que les esperamos en el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki.

En mi perfil encuentran el link del tráiler que Emmaly Swallen hizo para este fic.

Besitos y nos leemos!

Por último aprovecho para contestar unas últimas consultas:

De momento seguiré subiendo Tocando Fondo los días martes, si en algún momento puedo adelantar capítulos, entonces tal vez actualice más a menudo, pero de momento las actualizaciones continúan igual.

Tengo algunos proyectos en mente y otros en proceso pero de momento no voy a comenzar a publicar, porque quiero subirlos cuando los tenga acabados para evitar demoras y molestias para todos.

A-CiprianoCullen: Nunca me he planteado escribir sobre parejas diferentes que la de Edward y Bella. Escribo sobre ellos porque siempre fueron mi pareja favorita de Crepúsculo. En caso de escribir sobre otra pareja, podría ser sobre Carlisle y Esme, porque también me gustan pero no creo que subiera de Alice y Jasper, especialmente porque está lejos de ser un personaje que me guste. De hecho es de los que menos me gusta de la Saga.

Ahora sí, besitos a todos y hasta otra.