Glee y sus personajes no me pertenecen.

¡El poder de los comentarios! ¡Mil gracias por tomarse el tiempo de hacerlo.. y a las nuevas personas que se animaron hacerlo gracias también por darle una oportunidad al fic! (Gracias "DragonAle" por el comentario sobre mis manip :) )

Aclaración: El embarazo de Quinn sucede como en la serie Glee.

¡Nos leemos pronto y me alegro que la historia los este atrapando! De eso se trata.

Twitter /heyjudeeok


Capitulo Cuatro.

Quinn estirósui pequeño brazo en busca de aquella linterna que le había obsequiado su padre cuando salieron un fin de semana de campamento. No le había encontrado mucha gracia en el momento que la obtuvo, pero un año después de conocer a Rachel, amaba aquella linterna. Rachel se había encargado de pedir una igualita luego de varios pucheros cuando sus papis se negaron a comprarle una, alegando que en la caja de herramientas había una y eso era suficiente. Rachel le puso pegatinas de estrellas por todos lados, cosa que agradecía porque brillaban en la oscuridad y era más fácil encontrarla.

Una vez que la tuvo entre sus manos se sentó en la cama y comenzó a prender y apagar reiteradas veces camino a su ventana. No tenía mucho alcance pero el suficiente para dar de lleno contra el rostro de Rachel del otro lado. También le había pedido que corriese de lugar su cama para poder comunicarse mejor. La vio removerse pero sin intensiones de despertarse, lo cual aumentó el movimiento de su dedo dando de lleno en el botón de la linterna.

Vamos Rachel, despierta.

¡Sí! Ella por fin había visto su seña. Frotándose los ojos abandonó su cama para tomar una de las latas que colgaba a un lado de su ventana y se conectaba a la suya mediante un cable. Imitó su gesto.

¿Qué sucede Quinn? — bosteza aun frotándose los ojos.

No puedo dormir. ¿Qué hacías? — preguntó sentándose en el pequeño sillón que había pegado a la ventana.

¡Dormir! — grita dentro de la lata algo frustrada — ¿Por qué no puedes dormir?

Porque no puedo dormir…

Eso es porque eres una miedosa.

¡Claro que no! — lo negó rotundamente a pesar de ser una de las mentiras más grandes. Tocó su nariz temiendo que crezca como solía decirle su madre.

¡Claro que sí! Mañana tienes que ir al dentista y eres una niña miedosa. — se burla completamente despierta. — Te has tocado la nariz. — la señala.

Puedo probártelo con cualquier cosa en el mundo que me propongas hacer y no tendré miedo. — la desafío.

Vale. Entonces tú vas primero… vamos a mi jardín.

No estaba en sus planes dar marcha atrás. Tomó su pequeña linterna y Rachel imito el gesto abandonando juntas sus respectivas casas por la ventana. Una vez que llegaron allí, Rachel tironeando de su pijama en todo el camino, Quinn observó como su amiga buscaba algo entres las plantas que habían plantado esa misma tarde. Oh… lo habían pasado a lo grande, pero la fiesta acabó cuando Leroy regresó y las encontró llenas de lodo tiradas en el suelo.

Ven… ven aquí — la llamó Rachel arrodillada en el césped.

¿Qué es? ¿Por qué estamos aquí, Rachel? — preguntó la rubia mirando hacia atrás y de un lado a otro.

¡Gusanos! — dijo una sonriente morena. — Debes comerte uno.

¡Iuj! No… no meteré eso en mi boca. — negó efusivamente.

Entonces eres una miedosa. — sentencio Rachel arrojando el gusano junto a las rosas, sacudiendo sus manos una vez que estuvo de pie nuevamente.

¡Que no lo soy!

Si lo eres por no comerte un gusano. Has dicho que cualquier cosa en el mundo que te propusiera lo harías para probar que no eres una miedosa, pero lo eres. — se cruzó de brazos triunfante.

Quinn no podía quedar bajo ningún punto de vista como una cobarde frente a su amiga y ganarse el titulo de gallina. Le daba asco meter un bicho en su boca… ¡Ewww! Rachel era la miedosa, si. Pero no ella. No podía echarse atrás en aquellos momentos.

Dame el gusano. — Quinn estiró su brazo abriendo la palma de su mano.

¿Eh? — la morena abrió los ojos completamente asombrada.

¡Que me des el gusano! Me lo comeré entero. — claro que no se lo comería. Solo estaba ganando un poco de tiempo para idear un plan pero sin quedar como cobarde frente a Rachel. Fue ver a su amiga arrodillada nuevamente en busca de ese asqueroso gusano cuando oyó algo a su derecha. Miró pero allí solo se encontraba la casa del árbol junto a las bicicletas que habían dejado tiradas en la tarde. Frunció su ceño volviendo la vista a Rachel, quien aun no podía encontrar la próxima víctima.

Rachel… — susurró Quinn tras oír nuevamente ruidos y ver como la puerta de la pequeña casita permanecía abierta — Rach, Rach… hay algo allí. — Balbuceó — Oí ruidos.

¿Ruidos? — saltó como un resorte llegando hasta Quinn — Tú solo me estas metiendo miedo para no comerte ese gusano, pero no….

Shhh… — la calló Quinn poniendo la pequeña manito en su boca — ¿Has oído? — La morena asintió con sus ojos completamente abiertos, llenos de miedo.

¡Corre, Quinn! ¡Corre! — Gritó la morena dejando completamente atrás a su amiga rubia. Quinn abrió sus ojos alarmada comenzando a correr detrás de la morena sintiendo como algo detrás de ella las corría.

¡Me comerá, Rachel! — lloriqueo siguiendo los pasos de su amiga pudiendo ver solo parte de sus pies y por momentos su espalda por los saltos que daba camino a su casa y la luz de la linterna moviéndose de un lado a otro. Podía sentirlo, su hora de muerte se aproximaba.

¡Toma mi mano! — Gritó la morena una vez que logró subir a su ventana — ¡Vamos Quinn!

¡No me dejes aquí fuera! — sollozó manoteando desesperada el brazo que su amiga le tendía.

¡Oh, por Dios… allí viene! — Quinn podía ver como los ojos de la morena se ensanchaban tironeando de su pijama para ayudarla a entrar.

Rachel con su respiración agitada cerró rápidamente la ventana colocándole seguro mientras Quinn ya se encontraba en la cama de su amiga completamente escondida debajo de las sabanas. Rachel podía escuchar cómo se sorbía la nariz intentando calmar su llanto. Se acercó a ella con una sonrisa de oreja a oreja pero aun intentando recuperar el aliento. Quinn no podía verla.

Quinn… sal de ahí — pidió subiéndose a la cama — Ya estamos a salvo.

Yo, yo… — sollozó limpiando su nariz con la manga de su pijama — Esa cosa alcanzó a tironear mi pantalón y pensé que me comería allí fuera.

No. Cometa no come niñas miedosas. — dijo sonriendo por el hecho de ver a su amiga en ese estado. El plan le había salido a la perfección.

¿Cometa? — Quinn se deshizo de las sabanas que la tapaban utilizándolas de capa protectora.

Si, Quinn. Era Cometa, el perro de la señora Stevenson. — Río a carcajadas tras ver la cara de Quinn, tomando rápidamente la cámara que le había obsequiado su padre para sacarle una instantánea a su amiga. — ¡Di whisky, gallina! — el flash salió haciendo reaccionar a Quinn.

¡Tú lo has hecho a propósito! — gritó antes de abalanzarse sobre la morena tomándola por sorpresa con aquellas cosquillas de la muerte, como solía llamarlas. La dejaban sin respiración.

Hiram entró en la habitación llevándose la sorpresa de encontrarlas jugando sobre la cama completamente despiertas. Se alivió al saber que los gritos eran solo por cosquillas y les pidió que volviesen a dormir. Rachel pidió permiso para que Quinn pudiese quedarse recibiendo la aprobación inmediata tras algunas caritas de tristeza. Si, Rachel conseguía lo que quería con aquellas caras.

Descansen. — dijo su papi una vez que las acomodó a ambas en la cama dejándoles un beso a cada una.

Solo para que sepas que lo que ocurrió esta noche no tiene validez.

No lo sé. Yo no fui la que lloró debajo de las sabanas — rió por lo bajo acomodándose de medio lado para observar a su amiga.

Eso fue trampa. No cuenta.

¿Entonces no eres miedosa? — preguntó la morena tirando la sabana hasta cubrir sus orejas.

No. Claro que no. — aseguró poniéndose de lado también.

Vale, mejor. Porque debajo de mi cama viven monstruos y me asegurare que primero vengan por ti — dijo sin problemas la morena acomodándose cerca de su amiga — Buenas noches, Lucy. — susurró.

Definitivamente aquella noche no cerró un ojo.


— ¿En qué piensas? — su voz me despertó de aquel momentáneo pero real sueño.

— En nada. — Me encojo de hombros — Tú siempre consigues lo que quieres. — digo luego de quedarnos un momento en silencio dentro de su habitación. Rachel aun buscaba un poco de información en internet respecto a lo que nos sucede y yo… yo simplemente la observaba.

Rachel era de esas personas que podía conseguir lo que quisiera. Todo. Y cuando digo todo, es todo. Cuando era pequeña solía pensar que ella tenía una especie de poder sobre mí para hacerme hacer cosas que ni siquiera quería hacer, como comer aquel gusano. Pero luego… luego me di cuenta con el correr del tiempo estando a su lado, que haría cualquier cosa por ella y aun no podía entender que había pasado conmigo aquellos años donde la aleje de mi lado. Siempre pensé que querer apropiarme de su bicicleta rosada el primer día que la conocí y luego cerrando un negocio de niñas con aquel apretón de mano, fue una de las mejores promesas que hice en mi vida. Pertenecer a la vida de Rachel Berry. La misma Rachel que me obsequio mi primer cámara en mi decimo cumpleaños y que aún conservaba dentro de su caja. La misma Rachel que aun comía primero el relleno de la galletita, o la que comía una papa frita imitando ser un conejo devorando su zanahoria. Si, eran bastante idiotas de niñas en la intimidad pero era lo que la hacía única en su vida. Fue como la morena logró hacerse querer a pesar de que la bicicleta rosada había dejado de funcionar luego de unos años. Pasaron de dormir los fines de semanas una en la casa de la otra, viendo películas y comiendo golosinas, a viajar juntas en vacaciones con sus familias y hasta hablar sobre su primer beso con un chico. Oh… ni siquiera quería recordar aquello. Rachel había estado ofendida durante una semana por besar al baboso de Finn Hudson sin contarle nada.

¿Qué les había sucedido?

— ¿Quinn? — pestañe cayendo en la cuenta que mi vista se había quedado congelada en uno de los dibujos que colgaban cerca del librero. Dos niñas tiradas en el césped viendo el cielo. Sus piernas y brazos eran completamente largas, llegando casi a los bordes de la hoja. Ella aun conservaba mi dibujo. — ¿Me oyes?

— Si, si… yo… — negué con mi cabeza recobrando la compostura — ¿Qué pasó?

— Eso me pregunto yo — me sonríe sentada frente a la laptop — Tengo un poco de hambre, bajare a la cocina ¿de acuerdo?

— Déjame ir a mí. ¿Tienes algún antojo? ¿Quieres que prepare algo en especial? — me sonríe negando con su cabeza.

— Pero yo conozco mi cocina y tardare menos. Tú espérame aquí. — Pasa a mi lado tomando mi muñeca — De todos modos no tenemos mucho más tiempo. Puck debe estar por llegar.

— ¿Dónde irán? — frunzo mi ceño.

— No lo sé — levanta uno de sus hombros — Me ha dicho que vendría por mi cuando terminara de limpiar una de las piscinas.

— Siempre puedes cancelar. Aun tenemos que terminar el trabajo de biología.

— Quinn, no le cancelare a Puck.

— ¿Por qué no? — me cruzo de brazos intentando no mostrarme molesta. Ella toma asiento en su cama olvidándose completamente el tema de la comida — Te gusta ¿Es eso? Ya dímelo de una vez y cerrado el asunto. Te gusta ¿cierto?

— ¡Claro que no! — Chilla haciendo una mueca con su boca — Es el padre de tu… ya sabes. No comiences con tus paranoias.

— Si, lo sé. No hace falta que me lo recuerdes. De todas formas tú estás con el baboso de Hudson. — Ella ni siquiera se molesta en responderme y eso me molesta considerablemente. ¿Qué le veía a ese tipo?

— Quinn, no puedes andar todo el tiempo vistiendo ese pijama. — cambia de tema perdiéndose dentro del baño. Ya habíamos tenido la charla sobre mi embarazo y cuando fue que sucedió. Ambas habíamos buscado información sobre los cuidados que debíamos tener, es decir Rachel, y los pasos a seguir. Para mañana ya tenía pactado turno con mi médico y de solo pensarlo me ponía nerviosa. Toda esta situación se nos estaba saliendo de las manos y no sabíamos como revertirlo. Me asegure de que prometiera no decirle nada aun a mis padres y ella accedió a regañadientes. De solo pensar el grito que pegaría mi padre me helaba la sangre.

— Deja mi pijama en paz.

— ¡Pues es feo! — comentó burlonamente escuchando su risa.

— ¡Tú eres la fea! — La apunte con mi dedo una vez que se asomo por la puerta desprendiendo una sonrisa de su rostro — ¡Olvida lo que dije! — digo rápidamente dándome cuenta que hacía referencia a mi propio cuerpo.

— Ya quítatelo y vísteme con algo más decente ¿no?

— No. Es cómodo y suave. No tengo nada que hacer el día de hoy, asique es una excelente idea pasearme en pijama de aquí para allá. En cambio tú… — no logre terminar mi sentencia teniendo en cuenta que había hecho un maldito buen trabajo el día de hoy.

— ¿No te gusta? — pregunta una vez que sale del baño y se coloca frente a su espejo alisando un poco el vestido. — ¿Lo recuerdas?

— Claro, claro que si… — murmuro viendo su espalda un poco descubierta por aquel vestido azul decorado con algunas flores en blanco. Rachel me había obsequiado aquel vestido pero se lo devolví el día que nos peleamos…con todas las cosas que me recordaban a ella. ¡Qué dramática, madre mía! — No sabía que aun lo tenías.

— Hay muchas cosas que no sabes de mi, Lucy. — mencionó mi nombre de pila quitándome el aliento, apretujando un poquito más mi corazón. — Lo, lo siento…

— Esta bien… — la tranquilizo con una sonrisa. Las cosas entre nosotras habían vuelto a su carril a la fuerza gracias a esta rara situación de cambio de cuerpos.

— Ese debe de ser Puck… — dijo acercándose a la ventana tras oír la bocina de su coche — Supongo que nos veremos en unas horas. — Solo asiento con mi cabeza viendo como primero pasa sus piernas sentándose en la ventana para luego saltar fuera — ¿Estarás despierta?

— Lo intentare.

— De acuerdo… he tomado mi linterna porque no sé si aun tienes la tuya. — Dijo esbozando la última sonrisa — Nos vemos luego. — saludó con su mano y yo me quede con las ganas de decirle lo preciosa que se veía en aquel vestido azul. Si, era mi cuerpo pero saber que ella estaba en el… cambiaba las cosas.

Suspire.

— Ya deja de hacer el idiota, Quinn. — negué con mi cabeza levantándome de mi asiento para recorrer un poco la habitación de Rachel. El día aun no había acabado y los padres de Rachel debían asistir a una cena de trabajo.

Camine hasta posicionarme frente a mi dibujo algo escondido a un lado de los libros. En aquel librero habían portarretratos. Rachel con sus padres. Rachel en Glee club. Rachel sonriente mostrando entre sus dedos un pequeño y blanco diente junto a una sonrisa de fondo con la ausencia del mismo. Rachel con su vecina… conmigo. Abrazadas, ambas mirando hacia la cámara con nuestros cascos puestos una tarde donde Rachel logró andar sin ayuda de las ruedas auxiliares. Aquel día festejamos con helado de fresa, su favorito.

Suspire.

Había perdido mucho en estos años.

El timbre sonó provocando que mi corazón comenzara a bombear rápidamente. ¿Sería Rachel que había cancelado la salida con Puck? Y no estaba celosa. ¡No, para nada! Sabía que las intensiones de Puck eran puramente de padre queriendo pasar tiempo juntos, pero de todos modos era Rachel quien estaba en mi cuerpo y no hacía falta decir más.

Corrí escaleras abajo llegando casi sin aliento a la puerta.

— ¿Quién es? — pregunte un poco agitada.

— Finn — respondió en tono alegre provocando que mis celos desbordaran mi cuerpo.

— ¡Vete! — grite antes de caminar hacia la sala para encender la televisión. El timbre volvió a sonar una y otra vez. Subí el volumen de la tele logrando que su intento de verme desistiera. El timbre ceso sin embargo Finn se presentó frente a la ventana comenzando a golpearla para llamar mi atención. — ¡Ya vete! — grite frunciendo mi ceño mirando hacia su dirección.

— Rachel, abre la puerta.

— ¡Que no! ¡Vete! — volvió a golpear la ventana. Largando un grito de frustración camine furiosa hasta la entrada para quitarle la traba, abrir al fin la puerta y darle una patada en su trasero que tanto merecía. — ¿Qué quieres?

— ¿Por qué me gritas? — Solo levanto mi ceja observándolo en silencio — Eh… bueno, solo quería, quería saber cómo te encuentras. Hoy no nos hemos visto y Kurt me ha comentado que te vio junto a Quinn.

— ¿Qué hay con eso? — pregunto cruzándome de brazos.

— Creí que… — lo veo dudar antes de meter su mano dentro de su abrigo para sacar unos Dvd — He traído unas películas ¿Qué dices?

— ¿Disculpa? — Vuelvo a levantar mi ceja estirando mi brazo para apoyarlo en el marco de la puerta interrumpiendo su paso — Estoy sola. No entraras.

— Por eso he venido… — balbucea nervioso — En la feria me has dicho que hoy podríamos ver unas películas, que tus padres no estarían.

— Detente ahí monte Everest — pongo mi mano en su pecho — Ni de coña entraras aquí a "mirar" una película — imito las comillas con mis dedos. Sabía perfectamente sus intenciones y el juego que los hombres utilizaban con la excusa de ver solo una película — Y déjame decirte algo más. Tú y yo hemos terminado. — digo firmemente pensando en que Rachel me matara cuando se entere que he terminado su relación con el baboso de Finn.

— ¿Cómo dices? — pone su habitual cara de niño con gases no comprendiendo una palabra de lo que digo.

— Lo que oyes. No más Finn y Rachel. Ahora vete. — hago el intento de cerrar la puerta pero el pone su pie deteniendo mi acción.

— ¿Te has golpeado con algo, Rach? — me sonríe y creo estar volviéndome loca. Rachel acaba de dejarlo, es decir yo, ¡Da igual! y el tipo sigue como si nada. Sonriente y tomándome el pelo. ¿Acaso es idiota? ¡Despierta, cabrón! ¡Te acaba de dejar Rachel Berry! ¡Yo estaría ahogándome con mis propias lagrimas mientras escucho una y otra vez "Everybody hurts" tirada en mi cama! Quizá pasar tanto tiempo con Rachel me mimetizaba.

— ¿Eres tonto? Acabo de dejarte. No me he golpeado con nada.

— No puedes dejarme — sigue sonriendo. — En serio ¿te encuentras bien?

— Claro que puedo dejarte. Tú eres el novio de Rachel.

— ¿Por qué hablas en tercera persona? — Ríe.

— ¿Qué es tan gracioso, baboso? — golpeo el piso con uno de mis pies. Puro estilo berrinche Rachel. El vuelve a reír.

— Que te has tomado muy en serio el papel de novia, Rach. Ya déjame entrar a ver la peli… — niega con su cabeza pasando a mi lado dirigiéndose a la sala dejándome completamente en shock.

— Espera… ¿De qué hablas?

— Casi me lo creo. — sonríe quitándose el abrigo.

— Créelo porque estoy terminando contigo. No quiero volver a verte.

— Rachel ¿Cómo puedes terminar conmigo si no somos nada? — Toma asiento en el sofá — ¿De terror o comedia? — pregunta mostrando las películas que ha traído.

Me quedo en silencio comenzando a llamar su atención. ¿Qué demonios estaba pasando aquí?

— ¿No somos nada? — pregunto aun con mi ceño fruncido cerrando la puerta para acercarme hasta él. Niega con su cabeza.

— ¿Estás bien?

— Pero, pero tú has besado a Rachel en la fiesta de Puck, me has besado — digo rápidamente corrigiéndome — Y tomas mi mano en los pasillos de McKinley.

— Oye, pensé que solo seria actuación — se levanta de su asiento tomándome desprevenida con sus palabras. — Es lo que acordamos.

— ¿Cómo, como dices?

—Darle celos a Quinn. De eso se trataba ¿no?

Definitivamente, Rachel tenía el poder de conseguir todo lo que ella quisiera.