Glee y sus personajes no me pertenecen.
Hoy solo será un capitulo del pasado, quise darles un poco de diversión así no nos ponemos tan serias. Me río mucho escribiendo sobre ellas de niñas, espero que ustedes también lo estén disfrutando tanto como yo.
SoLonely82: ¡Que pedazo de comentarios que dejas! Gracias por tomarte el tiempo, en serio.
Gracias a todos por tomarse el tiempo. Realmente me hacen reír con sus review. ¡Gracias!
Según como corran los días, el fin de semana estaré actualizando.
¿Ya vieron la foto de Dianna con el bebé? ¡Me enamore! Y no me aguante, tuve que hacer un manip achele jajaja… pueden verlo en mi twitter.
/heyjudeeok
Capitulo Cinco.
¿Desde cuándo había comenzado a fijarse en la suavidad de su cabello? Pues eso es fácil, desde el primer momento en que Quinn dejó peinarla, tratarla como una de sus tantas muñecas que tenía colocadas en su repisa. Amó su cabello amarillo como el sol, así como también que su pequeña amiga permitiese hacer con ella lo que quisiese. Pero todo se torno un poco confuso cuando aquel día de colegio, escuchando hablar al profesor de matemáticas un lunes, ¡Si, un lunes! ¡Qué tortura china!, se fijó en mas allá de su dorado cabello. En su perfecta y respingada nariz, en sus pequeños pero regordetes labios rosados, en sus blancas y delicadas manos. ¿Qué sucedía con ella? ¿Y porque se estaba fijando en aquellos detalles? Pero la respuesta vino más rápido que un rayo y en verdad no esperaba aquello. Definitivamente no. Todo sucedió un lunes cuando un niño nuevo entró a la sala bastante avergonzado colocándose detrás de la pollera de la señorita. A Rachel le pareció adorable y su cabello era igual al de su amiga. Los cuchicheos entre las niñas no tardaron en llegar, y ella no pudo ser menos comentándole a su mejor amiga en el mundo sobre el nuevo niño llamado Samuel.
— Oye, es parecido a ti. — dijo una sonriente Rachel.
— ¡Ewww! ¡Claro que no, tonta! Él es niño… — hizo una mueca de asco.
— Ya lo sé, pero tiene tu mismo color de cabello. — comentó comenzando a guardar sus útiles.
— Te apuesto un dólar a que si abre su bocota puede comerse el escritorio de la señorita.
— Eso es imposible, Lucy.
— ¿Apuestas o no? — estiro su brazo esperando respuesta.
Toda esa semana marcho a la perfección. Rachel como buena compañera se presentó y junto a ella estaba Quinn hablando en su nombre, presentándolos. Le pareció agradable y buen niño, nada en comparación con los tontos de sus compañeros, pero todo cambio el viernes de esa misma semana cuando las clases ya llegaban a su fin. La noticia le explotó en el rostro como si de un globo se tratase. No entendía porque el miedo había comenzando a alojarse en su diminuto cuerpo durante la semana que los vio interactuar, pero ahora lo entendía.
Un pequeño papel la distrajo de la entretenida clase, para ella, de ciencias. Un pequeño papel hecho un bollito que rodaba hasta posicionarse sobre su cuaderno abierto donde tomaba notas. Frunció su ceño e hizo el intento de tomarlo pero una mano, lo suficientemente pálida como para saber que pertenecía a Quinn, lo tomó primero. Vio como ella lo desdobló, leyó y luego tomó su lapicera rosada. ¡La rosada! La que solo utilizaba para enviarle notitas durante las clases. ¿Quién mas osaba de practicar esos pasatiempos con su mejor amiga? Fijó su mirada en el pizarrón esperando a que Quinn terminase de escribir. ¿Qué tanto escribía allí? Ella hasta sacaba un poco su lengua… ¡Oh, no! Debía de ser importante porque su amiga solo hacia ese gesto cuando era de suma concentración. La vio volver a hacer un bollito aquel papel haciéndolo volar hacia su izquierda, en el banco a su lado donde boca grande de Samuel esperaba su pronta respuesta.
¡Qué traidor! Y pensar que ella los había presentado.
El timbre al fin sonó y Rachel acomodó todas sus cosas dentro de su mochila antes de colgársela sobre sus hombros. Quinn parecía algo nerviosa pero debía ser porque aquella tarde tenia dentista. No le dio importancia, no cuando Quinn le sonrió y caminaron juntas hacia la salida. ¡Qué tonta se sentía! Solo había sido un pequeño papel y que seguramente su amiga le contaría al respecto.
— ¿Hacemos cambio? — preguntó la morena una vez que llegaron hasta sus bicicletas. Sus padres habían estado de acuerdo a la hora de permitirles usarlas para ir y regresar del colegio. En verdad había sido un alivio para ellos.
— Rach, yo, yo… — no logró terminar cuando el niño come escritorios se presentó frente a ellas.
— ¡Rachel! ¿Tú también vendrás con nosotros? —preguntó con una sonrisa en su rostro. Rache frunció su ceño mirándolo unos segundos pero sin responder fijándose luego en el rostro de su amiga. Quinn permanecía con sus ojos abiertos completamente nerviosa.
¿Desde cuándo Samuel se había unido en sus regresos a casa? ¡Pero si él ni siquiera vivía cerca!
— Pero tú no traes bicicleta. — dijo como si aquello fuese suficiente para no incluirlo en sus planes. ¡Era un niño por el amor de Dios!
— Iremos caminando. — dice Quinn llamando la atención de Rachel. ¿Estaba defendiéndolo?
— Me adelantare un poco. Te espero, Quinn…
¡Eso no podía ser cierto! ¿Te espero Quinn? ¿Y que con ella? ¿Pensaban solo dejarla atrás? ¡Ella se habían burlado de ese niño el primer día y ahora pretendía unirlo a su regreso! ¡Por favor! No había razón posible por la que Quinn no quisiese hacer cambios de bicicleta. Era su bici rosada por la cual se habían hecho mejores amigas en el mundo.
Una vez que Rachel logró quitar la mirada sobre Samuel que ya esperaba en la salida, Quinn llamó su atención montándose en la bicicleta.
— ¿En serio él vendrá con nosotras? — preguntó con su voz chillona cuando la molestia comenzaba a invadirla. Quinn lo supo.
— Si… él hoy me invitó a ver un lugar cerca de casa y le dije que era buena idea. — Comentó — Lo hablamos por papelitos.
— ¡Él tiene la boca enorme! — dijo aquello como si fuese suficiente para impedirle irse con él.
— Rach, solo estábamos bromeando. — respondió empujándose con sus pequeños pies contra el suelo. Rachel la siguió empujando su propia bicicleta sin aun montarse en ella.
— Pero Lucy… — suspiró sin saber cómo detener aquello — ¡Nosotras vamos por nuestro helado luego de clases! Hoy estará Fred y sabes bien que él nos pone extra de chocolate en la cobertura. ¡Fred! — exclama la morena dando por sentado lo obvio. ¿Cómo osaba de perderse algo así? Rachel sabia cuanto Fred las adoraba, y Quinn no se perdía sus días en la heladería por nada en el mundo.
— Hoy tengo dentista de todos modos. — levantó sus hombros restándole importancia.
— ¿Y qué hay con eso? ¡Tú sueles comer dulces hasta estando en la sala de espera, Lucy!
— Rach, es solo un helado. Podremos tomarlo mañana ¿de acuerdo? — ofreció casi llegando a la altura de Samuel.
— ¡¿Solo un helado?! — Exclamó —Son nuestros helados luego de clases. Mañana será sábado. No puedo creer que te vayas con un niño y cambies a Fred… — bufó molesta. Pero no era a Fred a quien cambiaba, sino a ella y eso le molestaba horrores.
— ¡Fred seguirá allí para mañana! — elevó su voz tomando a ambas por sorpresa. Nunca se habían gritado de esa forma.
— Pues bien, vete con ese niño boca grande — apuntó a Samuel que miraba con sus ojos abiertos — Yo me iré… me iré… — miró a su alrededor desesperada. — Con Marley… ¡Si, con ella! — la apunta viendo como se aproximaba a la salida para regresar a su casa.
— ¿Con Marley? ¿Estás loca? — Frunció su ceño viendo a Rachel como si le hubiese salido dos cabezas. — ¡Ella ni siquiera puede comer dulces porque luego le pica el trasero!
— Sabes que eso es mentira. ¡Marley! — Levantó la voz llamando la atención de su vecina.
Oh, sabia cuanto se molestaba Quinn cuando Rachel pasaba tiempo con Marley. "Pasar tiempo" era un decir ya que Quinn ni siquiera dejaba acercarse a ella luego del episodio con la bicicleta, pero con el correr de los años Marley se disculpó alegando que solo era una niña queriendo llamar su atención. Ambas se volvieron buenas vecinas y luego compañeras, pero hasta ahí llegaban los limites teniendo en cuenta que Quinn estaba al salto como un perro rabioso cuando las veía juntas.
Quinn observo a su mejor amiga caminar hasta la niña de ojos azules, frunciendo su ceño al verlas sonreírse mutuamente. Se saludaron con un beso en la mejilla y luego comenzaron a conversar como si fuese lo mas normal del mundo, hasta se rieron ¡Se rieron! ¿Cómo podía ser posible aquello? Risas, risas, risas… las mejillas sonrojadas de Rachel y más risas. Marley movió su cabeza de arriba abajo y por su bien más le valía no haber aceptado la invitación de Rachel.
— ¿Qué dijo? — preguntó Quinn cruzándose de brazos con la bicicleta entre sus piernas una vez que la morena volvió a su lado.
— Volveremos juntas y se quedara en casa a tomar la leche. — respondió triunfante. Quinn apretó su mandíbula completamente molesta. Se apartó de su bicicleta tirándola en el suelo para caminar hasta llegar a Rachel que ya se montaba en la suya.
— ¿La leche? ¿Estás loca? ¡Ella no tocara mis galletas! — exclamó molesta Quinn tomándose del manubrio para no dejarla avanzar. La morena miró sobre su hombro buscando a Marley con la mirada, quien ya se despedía de algunas de sus amigas.
— No son tus galletas y tú te irás con ese niño feo. ¡Que te importa!
— Tú solo lo haces para molestarme. Lo haces apropósito porque sabes que Marley no me cae bien.
— ¿Molestarte? Solo estoy invitando a una compañera a casa para tomar la leche y jugar videojuegos.
— ¡Oh, no! Detente ahí mismo, Rachel. — Dijo sacudiendo un poco la bicicleta de su amiga — ¿Jugaras con ella? Lo único que falta es que la llaves a nuestra casa del árbol. — quería asegurarse. ¡No podía ser cierto! ¡No en la casa del árbol! — Pero si nos reímos de ella cada vez que la vemos. — apuntó a la niña en lo lejos.
— ¡También lo hicimos con él y tú has empezado! — Exclamó Rachel tomando los dedos de Quinn para romper el agarre que mantenía contra su manubrio — Y ahora decides saltearte nuestra salida por helado gracias a él. ¡Gusta de ti! ¡Lo sé! — Esta vez Rachel apunta a Samuel — Y aceptando su invitación yéndote sola con él es como si también tú sintieras cosas por boca de trucha.
Quinn se quedó en silencio mirando detenidamente hacia los ojos chocolates de su amiga. Quería hablar, si. Decirle que solo irían a la laguna cerca de casa a buscar ranas. Solo eso. Rachel sentía como su estomago se apretujaba al ver a su amiga callada, mirando sobre su hombro al nuevo chico con el cabello como el sol y volviendo a ella.
— Tú te irás con Marley y ella ni siquiera tiene bicicleta. — murmuró por lo bajo levantando uno de sus hombro, poniendo la misma excusa que la morena.
Quinn ni siquiera se había tomado el tiempo de negar aquello. De negar lo que Rachel había dicho. ¿Sera que también sentía cosas por aquel niño? ¿Un niño? ¡Puaj!
— Ya estoy lista, Rachel. — sonrió la ojiazul mostrando su dentadura llena de alambres. ¡Ja! ¡Qué niña tonta! Pero si parecía que se había llevado puesto un alambrado, pensó Quinn. — Hola Quinn. — Tras no recibir respuesta de la rubia, se adelanto colocando su pequeña mochila en la canasta de la morena. ¡Eso no podía ser posible!
— ¿La llevaras tú? — preguntó incrédula frunciendo su ceño al ver como Marley se sentaba detrás de Rachel aferrando sus feas manos al cuerpo de su amiga.
— Ella no ha traído la suya.
— ¡Tú nunca me has llevado a mí! ¡No tienes fuerza para eso!
— Vete con boca de trucha, Quinn. — dijo antes de pedalear lejos de su amiga. No lo podía creer. La había llamado Quinn y se había ido con dientes de alambre a su casa ¡A tomar la leche y a comer sus galletas!
Aun no podía creer que Quinn se había marchado con ese niño feo. ¿Era porque no tenía el pelo rubio? O quizá su cabello era muy largo. Se miró frente al espejo escondiéndolo detrás de sus hombros. No se veía tan mal y estaría igual a Quinn si lo recortaba por los lados. Le pareció buena idea en ese momento, y momentos después lo siguió manteniendo cuando ya se encontraba encerrada en su baño. Marley no había tomado la leche en su casa muchos menos habían jugado videojuegos, Marley solo quería visitar su casa en el árbol y si Quinn se enteraba de aquello definitivamente se enojaría con ella. Le mintió al decir aquello, solo volverían juntas a casa, pero verla con aquel niño… ¡Grrr! ¡Había sido la gota que rebalsó el vaso! El pobre de Fred estaría preocupado por no verlas llegar y ya se le antojaba su helado de fresa.
Sin vacilación tomo un mechón marrón y paso la tijera sin pensárselo dos veces. Repitió la acción varias veces más tomando el largo del primer cabello cortado, pero se había entremezclado con los demás. ¡Qué lio! Pero se aseguraría de que quedara espectacular. Escuchó como la puerta de su habitación se abrió y como su padre la llamaba para tomar la merienda. Se bajó de la bacha en su solo salto alejándose del espejo. Abrió sus ojos nerviosa viendo como el piso se escondía por tanto cabello desparramado sobre el. Jamás pensó que lo tenía tan largo.
— Cielo… La leche ya esta… — su padre se quedo parado en mitad de la habitación con sus ojos abiertos, llevándose las manos al pecho — ¡Por todos los cielos, Rachel! — Exclamó tapándose los ojos — ¿Qué le has hecho a tu cabello? ¿Dónde está Quinn? — preguntó caminando hacia el baño. Esto no podía ser solo idea de su pequeña. Las travesuras allí siempre iban de a dos.
— No está. ¿A que si quedo lindo papi? — sonrió la pequeña.
— Tu padre me matara, cielo. — respondió acongojado sentándose sobre la cama. Sabia cuanta dedicación ponía su esposo Leroy en el cuidado del cabello de su pequeña estrella. — ¿Dónde fue Quinn? — preguntó frotándose su frente nervioso.
— A ninguna parte. Ella no vino conmigo. — se encogió de hombros.
— ¿Se han peleado? — habló mientras acomodaba un poco el cabello de su hija. Definitivamente Leroy los mataría.
— No. Ella me ha cambiado por un niño — se cruzó de brazos completamente indignada — Por eso me he cortado el pelo, quizá así si quiera volver conmigo. — frunció su ceño tras escuchar la risa de su papi. ¿Qué tenía aquello de gracioso? ¡Era cosa seria para ella!
— Cielo, estoy seguro que Quinn no te cambiaria por un niño. — negó con su cabeza sonriendo — Pero debes comprender que quizá ella hoy le apetecía hacer algo diferente.
— ¡Pero me tiene a mí para eso! ¡Somos las mejores amigas del mundo y ahora un niño se pondrá en el medio! Y él tiene la boca enorme papá, en serio que sí. — abrió sus ojos asintiendo con su cabeza para darle peso a sus palabras — Gusta de ella… me la robara.
— Claro que no, princesa. Nadie te robara a Quinn. Son amigas y es bueno que también compartan con otros niños o niñas. Tú hoy has regresado con Marley.
— Si, pero solo lo hice para molestar a Quinn. — levantó uno de sus hombros.
— Si son amigas no deben de hacerse daño o mentirse, pequeña. Cuando ella regrese estoy seguro que vendrá por ti. — Hiram apretó una de sus mejillas intentando animarla pero más allá de eso, Rachel sabia que ahora Quinn estaría riendo junto aquel niño.
Ella quería hacer reír a Quinn, también pelearla y que en menos de cinco minutos ambas se estuviesen riendo nuevamente. De eso se trataba cuando tenías una mejor amiga en el mundo. Hiram decidió que era mejor dejarla un poco sola, anotando mentalmente que debía de llamar a su esposo para amortiguar un poco el golpe que se daría al ver a Rachel con su nuevo corte.
— Papi, iré a visitar a Fred. — dijo la pequeña saliendo detrás de su padre, quien algo alarmado, asintió con su cabeza no sin antes asegurarse que su hija se colocara una gorra en su cabeza.
De ninguna manera iba a pasar su tarde de helados sin ellos solo porque Quinn se había ido con un niño. ¡Puaaj! Tomó su bicicleta y pedaleo lo más rápido que pudo llegando a quedarse casi sin aliento en mitad de camino. Abrió sus ojos sorprendida tras ver una cabellera conocida sentada a un lado de una conocida bicicleta roja. Se detuvo en mitad de la vereda con sus ojos bien grandes observando a su despistada amiga. ¡Madre mía! ¡Era Lucy y ahora la saludaba tímidamente con su mano! No perdió mucho más tiempo detenida allí, volviendo a pedalear frenéticamente hasta detenerse detrás de ella. Miró a Quinn, y como siempre pasaba luego de pelear, ella la esperaba con una sonrisa en su rostro.
— Hola Rach… — saludo tímidamente levantándose de su improvisado asiento sobre la vereda, estirando un poco las mangas de su remera como cuando solía ponerse nerviosa.
— ¿Qué haces aquí? ¿Dónde está Samuel? — preguntó la morena mirando hacia los lados en busca del boca de trucha.
— Él no está. Supuse que vendrías aquí de todos modos. ¿Dónde está esa niña molesta? — imitó el gesto de su amiga mirando a su alrededor.
—En su casa, supongo… — levantó uno de sus hombros restándole importancia.
— ¿Y esa gorra? — apuntó con su cabeza frunciendo su ceño.
— Nada… he tenido ganas de colocármela. — le resto importancia.
— Pero si a ti no te gusta usar gorra… quítatela.
— No.
— Si. — respondió sintiéndose desafiada. — ¡¿Qué le has hecho a tu pelo, Rachel?! — gritó una vez que logró robarle la gorra comenzando a reír.
— ¡Ya basta, Lucy! — protestó con un adorable pero desgarrador, para Quinn, puchero. La rubia detuvo cualquier broma y entendió que su amiga no estaba disfrutando aquello.
— ¿Por qué lo has hecho? — quiso saber devolviéndole su gorra.
— Quise tenerlo como Samuel así tú no te marchas de nuevo…
Quinn comenzó a reír pero se detuvo nuevamente tras ver la cara molesta de su amiga — Rach, solo hemos ido a buscar ranas. — se acercó a ella tomando la gorra y volviendo a colocársela en la cabeza. — Me gusta tu corte ¿sabes? — Sonrió — Y no quiero que Marley vaya a tomar la leche a tu casa y se coma mis galletas.
— No hemos tomado la leche… ella solo quería entrar en nuestra casa del árbol.
Quinn abrió sus ojos junto a su boca completamente sorprendida e indignada. ¡Lo sabia!
— No puedo creer que hayas llevado contigo a esa niña en tu bicicleta — dijo negando con su cabeza.
— Y yo que te hayas ido con ese niño feo… — se cruzó de brazos.
— No me gusta Samuel — reconoció mirando los pies de Rachel recordando sus palabras.
Incomprensible para Rachel en esos momentos que no entendía porque su cuerpo comenzó a sentirse más aliviado… como si se hubiese quitado un peso de encima al oír las palabras de Quinn.
— ¡Pero te has ido con él! ¿Qué hay de nuestros helados donde Fred? — señalo hacia atrás.
— Yo… no lo sé — reconoció — Santana tiene novio y todas las niñas del salón están hablando del tema y sobre los chicos… ¿Qué hay de nosotras? ¿No te gusta ningún niño? — preguntó nerviosa volviendo a estirar la manga de su remera.
— No. A mí no — levantó sus hombros restándole importancia.
— ¿Ni un poquito?
— ¡No! — Respondió sintiéndose atacada — ¿Tú sí? — Su pequeño corazón dio fuertes golpes contra su pecho pensando la posibilidad que quizá otro niño la quite de su lado.
—No… me di cuenta que ellos son muy tontos y que no es lo mismo si no es contigo —dijo haciendo sonreír a la morena. Quinn siempre sabía cómo hacerla sentir mejor y ella misma necesitaba de Rachel. ¿Qué era eso que nuevo que sentía?
— Entonces ¿Estamos bien? — quiso saber recibiendo rápidamente un abrazo de oso como solía llamarlo la rubia. Rachel se aferro a su menudo cuerpo respirando por fin con alivio. Seguían siendo mejores amigas.
— ¿Qué tal un helado de fresa? — Ofreció Quinn — He visto a Fred colocar un nuevo sabor en el cartel.
— ¿Si tú lo pides puedo probar del tuyo? — preguntó la morena una vez que ambas tomaron sus respectivas bicicletas dejándolas apoyadas contra la pared de la heladería. Fred ya sonreía desde adentro viendo a sus clientas favoritas.
Quinn pensó que era lo justo por irse con Samuel dejando a Rachel olvidada. De todos modos la dejaría tomar de su helado y de cualquier cosa que ella pidiese, no era como si aquel día fuese la primera vez que Rachel decantaba por su gusto de helado elegido… al final del día siempre terminaba comiendo el de fresa perteneciente a su amiga.
— Claro, Rach. — le sonrió tomando su mano antes de entrar en la heladería.
Fred les sonrió y las atendió como verdaderas princesas. Quinn pidió el gusto nuevo que había colocado aquel hombre y Rachel su habitual gusto a fresa. Ambas le pusieron su cobertura de chocolate y Fred no dudo en colocar un poco extra. Una vez con su enorme montaña de helado decidieron sentarse fuera en el banco perteneciente a la heladería, el día estaba casi terminando y la temperatura te permitía disfrutar del aire libre.
— Tu papá va a enojarse mucho contigo ¿sabes? — dijo Quinn pasándole la lengua a su helado haciendo referencia al nuevo corte de pelo.
— No me importa — se encogió de hombros estirando su brazo para robarle un poco con su cucharita. Quinn le sonrió sintiendo como algo dentro de ella volvía a estar en su lugar dándole paso al alivio.
— De todos modos te ves linda — le sonrió.
Rachel era linda hasta con chocolate en su rostro cuando le sonreía. Y no tendría duda de ello años después cuando cayó perdidamente enamorada de su mejor amiga en el mundo entero.
Rachel subió con una sonrisa en su rostro que casi podía sentir como le dolían sus mejillas. Aun no podía creer la conversación que había mantenido con Puck esa noche haciéndolo hablar de más sin que él se diese cuenta.
Quinn la quería. Quinn aun la quería mucho.
Llegó a la habitación de la rubia donde debía quedarse y tomó rápidamente la pequeña linterna que había sacado de su habitación. Le había prometido a Quinn que le avisaría cuando su noche acabara y ya estuviese en casa. Se acercó a la ventana comenzando a prender y apagar efusivamente su linterna, pero al parecer Quinn ya se había dormido. Suspiró y decidió dejar a un lado su insistencia y permitirle descansar, de todos modos ella también podía sentir el cansancio en su cuerpo aun más cuando cargaba algo extra con ella. Volvió a sonreír, acariciando la pequeña barriga que pronto comenzaría a crecer. Ya sentía que amaba a ese bebe sin ser realmente de ella.
Quinn apretó sus ojos en la casa de al lado. Rachel se había puesto insistente con la luz pero ahora ya más aliviada, rodo en la cama de la morena colocándose boca arriba. Debería de hablar con Rachel lo antes posible. Las cosas no podían seguir así. Tomó la manta y se cubrió hasta la nariz, inhalando el aroma de la morena.
— Solo será un helado de fresa. No seas cobarde, Quinn Fabray. — murmuró antes de volver a cerrar sus ojos tranquila al saber que Rachel ya estaba sana y salva.
