Glee y sus personajes no me pertenecen.
Mucha universidad y mi brazo que no ayuda. Pido disculpas por la demora y si esperaban un poco más en el capitulo.
¡Nos leemos pronto!
/heyjudeeok
Capitulo Siete.
— Lucy…
La interrumpo terminando de apoyar mi cuerpo sobre ella dejándola sin aliento, tomándola por sorpresa. Hice lo que había querido hacer desde el momento en que comencé a verla con otros ojos, otra mirada, otros deseos. Me aferre a su cuello introduciendo mis dedos en su, ahora, corta melena. Me encantaba el modo en que se excitaba con tan solo un roce mío en su cuerpo, y yo me sentía como si fuese a enloquecer si tenía que esperar más tiempo por un beso de ella. Me acerque a su boca sin dejar que piense en aquello mucho más. Sus labios junto a los míos eran perfectos. Tal y como nos había imaginado desde un primer momento cerré mis ojos apretadamente al sentir su aliento. Abrió su boca de inmediato y le succione la lengua entendiendo a la perfección que aquello le gustaba, y ahora sabía que ella esperaba que tomara las riendas de la situación. En esos momentos mi mente divagaba y me golpeaba constantemente el pensamiento de querer chupar cualquier otro sitio de su cuerpo con las mismas ganas.
Pasó las manos por mi espalda y yo gemí en sus labios tras sentir el empuje de su cuerpo contra el mío tras elevar las caderas. Con una pierna a cada lado de mi cuerpo, la abrace dejando su nariz en mi cuello, sintiendo como se impregnaba de mi olor. Sentí sus labios húmedos emprendiendo un nuevo camino hacia mi boca. No demore mucho mas nuestro encuentro aun meciéndome sobre su cuerpo, profundizando aun más el beso. Le lamí lo que pude dentro de la boca, saboree su labio inferior con mis dientes y uní toda la extensión de mi lengua con la suya.
Pero no todo lo bueno tiende a durar mucho, o al menos mi mente me jugó en contra. Me aparte de su boca apoyando la frente en su pecho buscando aliento tras nuestro desenfrenado beso. Solo podía sentir como se aferró a mis hombros y levante mi vista plantando mi nariz en su mentón.
— Yo… no, no puedo, Rachel — balbucee intentando recuperar el aliento.
— Shh… — tocó mis labios acariciándolos suavemente, pidiendo silencio. Con los ojos completamente brillosos de un color verde oscuro observó mis gestos por unos segundos en silencio, donde solo podíamos oír nuestras respiraciones agitadas — Quiero que me beses y no te detengas, Lucy. — dijo susurrando contra mi labio una vez que logró atraparlo. — No te detengas.
— Rach… tú tienes mi cuerpo y yo… — balbucee contra su labio.
— Lo sé, es raro pero te deseo, Lucy. — Lloriqueó comenzando a dejar cortos besos sobre mi boca, aferrando sus manos a mi nuca para impedir mi huida — Te deseo.
— Yo, yo también — logre decir — Pero no así… — suspire sintiendo la liberación de sus manos.
— De acuerdo — respondió fría.
— No quiero que te enojes, debes entender que es extraño ten… — me interrumpió arrastrándose lejos de mí, comenzando acomodar su ropa — ¿Rachel? — frunzo mi ceño.
— ¡Bien! — Dice sin mirarme alisando la falda del traje de porristas de mala gana — Ya es la hora de la cena de todos modos. Nos vemos mañana en clases. — sin más abandonó la casa dejándome completamente en shock. Si, debería de ir tras de ella, pero conociéndonos lo suficiente eso no llevara a buen puerto.
Suspiro tomando asiento en el desprolijo colchón, apoyando mi espalda en la pared de madera sintiéndome mojada y maldiciendo el hecho de que esta mierda me este pasando ahora mismo. Tener a Rachel y no poder estar con ella. Mañana mismo iríamos en busca de esa mugrosa feria para localizar a esa loca mujer y de una buena vez arreglar este asunto.
Me removí incomoda en mi asiento tras sentir como aun mi intimidad palpitaba. ¿Por qué Rachel no se sentía extraña tocando su propio cuerpo? Cerré mis ojos tirando mi cabeza hacia atrás, pegándome suave pero reiteradas veces contra la pared. Debía de encontrar una solución a esto rápido, pero lo más cercano que tenia ahora era un extensa y relajante ducha. Abrí mis ojos y mire hacia mí ahora, nuevo y caliente cuerpo. Si. Sería una ducha interesante.
— Buenos días, Quinnie — saludó alegre Judy una vez que me vio aparecer en la cocina con mi cotidiano traje de porristas. — Juro que aun no logro adaptarme al hecho que estés levantándote tan temprano, pero no me quejare de eso. Es grandioso, hija — me sonríe dejando un plato de tocino con huevos bajo mis narices. Hice una mueca de horror y ella rápidamente capto mi disgusto. Por dios santo, Quinn podía ser una criminal de pollitos y cerdos a la hora de su comida. — ¿No quieres? — frunció su ceño y yo levante mi vista viendo como la preocupación comenzaba a tomar su cuerpo.
— No, es decir… si. Se ve delicioso, gracias — Sonrió algo aturdida. Si, supongo que Quinn nunca se había tomado la molestia de ser tan amable con su propia madre agradeciéndole por el desayuno. Pero más aturdida me encontraba yo al sentir un deseo descontrolable queriendo comer aquellos alimentos. Pinche con mi tenedor un poco de tocino y lo lleve hasta mi boca con mi mano algo temblorosa. — ¡Oh. Dios. Mío! — Gemí tapándome la boca llamando la atención de Judy — ¡Esto está realmente delicioso! — chille volviendo a pinchar tocino con un poco de huevo en el. Judy negó con su cabeza y una enorme sonrisa uniéndose a la mesa donde estaba sentada para comenzar con su desayuno.
— ¡Buenos días, mujercitas! — saludó un alegre Russel y mi cuerpo tembló como cuando era niña. Él solía intimidarme lo suficiente. — ¿Qué son esos modales? — frunce su ceño hacia mi tomando asiento. Me atraganto nerviosa pero su risa detiene un poco mis nervios — No me puedo imaginar cómo te las arreglaras en New Heaven para sobrevivir sin los desayunos de tu madre. — niega con su cabeza llamando completamente mi atención. ¿New Heaven?
— ¿New Heaven? — balbucee. De repente la comida me había comenzado a caer mal y mi vientre misteriosamente sentía como se endurecía.
— Claro — toma un trago de su café sin inmutarse de mi estado — Aunque déjame decirte algo, cariño —Le dio una mordida a su tostada — He hablado con algunos colegas y me han hablado muy bien de Europa. Quizá con un poco de suerte y buenos contactos logre hacerte entrar en una buena universidad allí.
Abrí mis ojos completamente mareada y con ganas de vomitar. ¿Quinn se iría a Europa? ¿Por qué demonios se iría tan lejos? Mi corazón comenzó a martillear desesperado de tan solo pensar en la idea de tener a Quinn lejos. No ahora que por fin al parecer habíamos dado un maldito paso hacia delante entre nosotras.
— Querido, ya tendrán tiempo para hablar de esas cosas. — me rescata Judy.
— ¿New Heaven? — volví a preguntar pero esta vez hablando conmigo misma. Aun no podía creer aquello.
— ¿Qué sucede contigo hoy? — Me sonríe Russel — Ya te han aceptado en Yale, ¿o será que recién hoy comienzas a caer en la realidad? — se burla. ¿Cuándo demonios pensaba contármelo?
— ¿Me, me han aceptado? ¿Estudiare medicina en Yale? — pregunte con mis ojos completamente abiertos sin poder creérmelo.
— ¿Medicina? — Frunce su ceño — ¿De qué hablas?
— Pues, es lo que estudiare ¿no? — pregunto dudosa.
— No, claro que no. ¡Por supuesto que no! Estudiaras derecho como tu padre.
— ¿Eh? ¿De qué hablas? — Aparto el plato de mi lado sintiendo esta vez mas ganas de vomitar — Quinn no quiere estudiar derecho… — balbuceo — No quiero estudiar eso — me corrijo tras ver el rostro de Russel.
Nos toma por sorpresa cuando golpea el diario contra la mesa en un gesto de enfado — ¿Cómo que no quieres estudiar medicina? ¡Tú me has dicho que es lo que querías, Quinn!
— ¡Jamás pude haber dicho una cosa así! — respondí segura pensando en Quinn y sus verdaderos deseos. No me extrañaba si ella asintió frente a lo que demandaba su padre.
— ¡Pues ya has sido aceptada! Caso cerrado.
— No estudiare derecho, a Quinn le gusta medicina.
— ¡Ya deja de hablar en tercera persona! — grita recibiendo rápidamente la reprimenda por parte de Judy pidiendo que se tranquilizara.
Sin poder soportarlo mucho más, decido levantarme de mi asiento para tomar mis cosas y marcharme de allí. De ninguna forma posible permitiría que Quinn aceptara estudiar aquello sin en verdad no lo quería. Russel seguiría siendo Russel sea cual sea la decisión de Quinn.
Salí hecha una furia, deteniéndome en medio del jardín una vez que baje del porche. Las ganas de vomitar volvían esta vez teniendo éxito. Mi cabeza dolía y mi estomago aun se mantenía duro.
Quinn de todos modos se apartaría de mí.
— ¿Se encuentra Rachel? — Sonreí como niña escondiendo el hecho de llevar golosinas dentro de mi abrigo. Rachel había pasado el fin de semana completo en un campo dejándome botada aquí.
— ¿No es un poco tarde, cariño? — me sonrió un cansado Leroy mirando su reloj. La verdad era que si, era tarde y mis padres ni siquiera sabían que estaba parada aquí fuera buscando a mi vecina.
— Si, pero mi mami me ha dejado venir. ¿Se encuentra Rachel? — insistí provocando su risa.
— ¿Quién ha tocado el timbre a esta hora, cielo? — Pregunta el otro papi de Rachel acercándose hacia nosotros — ¡Oh, Lucy! Rach está en su habitación.
Sonreí extremadamente alegre pasando entre medio de sus cuerpos para correr escaleras arriba. Podía oír sus gritos sobre tener cuidado y uno de ellos diciendo que era demasiado tarde para recibir visitas estando Rachel castigada. ¿Castigada? Fruncí me ceño pero me tranquilice tras abrir la puerta y verla acostada en su cama leyendo un enorme libro. Mis ojos brillaron de ansiedad. Me gustaba cuando Rachel me leía cuentos imitando los sonidos, aunque debía ser honesta… debía de trabajar un poco mas con el tema del león.
— ¡Rach! — salude enérgicamente saltando sobre su cama
— ¡Ouch! — lloriqueo una vez que me trepe en su cuerpo y me acosté sobre ella baboseando una de sus mejillas. Ella odiaba mis besos babosos.
— ¿Qué sucede? ¿Estás bien? — pregunte alarmada viendo como se apartaba de mi colocándose de lado para tomar su estomago.
— No, Lucy… — dijo haciendo un tierno puchero con sus labios.
— ¡Oh, no caeré en esa! — comencé a reír pero me detuve de inmediato cuando ella cerró sus ojos apretándolos fuertemente. — Oh oh… ¿Qué has hecho? ¿Por qué estas castigada?
— ¿Cómo sabes que estoy castigada? — gimoteó acurrucándose a mi lado.
— Uno de tus padres lo ha gritado mientras subía hasta aquí. ¿Crees que podre quedarme esta noche? — pregunte resignada a quizá pasar una noche más lejos de mi amiga.
— Cuando te vayas y todos se acuesten bajare para dejar abierta la puerta trasera.
— De acuerdo — le sonreí satisfecha. Luego de quedarnos unos segundos en silencio pensando que ella se había dormido intente despertarla — ¿Rach?
— Hmmm…. — respondió casi dormida.
— ¿Qué tienes? — pregunte tras oír como su estomago sonaba y ella parecía apretarse aun mas contra mí.
— Mucho helado de fresa y chocolates. — Lloriqueó — Papá me ha castigado por comérmelo todo yo sola.
— Que mal… ni siquiera me has traído un poco.
— Claro que sí. Logre sacar un poco a tiempo para traerte a ti.
— ¿Helado también? — pregunte dudosa.
— Sip.
— Pero yo no llego hasta arriba de tu heladera, Rach. Es muy alta. — me quejo pensando que quizá podría tener un poco de helado antes de dormir.
— Tonta, lo tengo en mi mochila.
— ¡Tonta tú… eso debe estar todo derretido!
— Ups… — comencé a reír tras ver su cara de preocupación — Definitivamente mi padre me tendrá castigada hasta que sea vieja.
— Te he traído algo — digo metiendo mi mano dentro de los bolsillos internos en mi abrigo — Mi papá llego de viaje y me trajo chocolates — le sonreí pero ella en respuesta hizo una mueca de asco. Vaya… en verdad debe estar mal. Decidí no sacarlo ahora mismo, se lo dejaría antes de irme — Y yo te compre ositos — dude pero esta vez recibí una enorme sonrisa.
— Papi no me dejara comerlos. Me duele mucho la panza, Lucy. — lloriquea.
— Pero tienes que comer más dulces así el dolor se pasa.
— ¿En serio? — frunce su ceño.
— ¡Joo! ¡Claro que si, Rach! — Señalo lo obvio — Cuando fui a casa de Puck he escuchado a su hermano mayor decir que la resaca por el alcohol que bebió se le quitaría solo con mas alcohol.
— ¿Cuándo fuiste a casa de Puck? Eso es estúpido. — gruñe.
Levante mis hombros — Come… — le ofrecí las golosinas y ella gustosa devoró uno de mis ositos. — Sabes… cuando sea grande seré doctora y cuidare de ti cada vez que te pongas enferma.
— ¿Cuidaras de mi, Lucy? — me sonrió mordisqueando el osito de goma.
— Claro que si, boba. Y a tus hijos también. Tú podrás poner tu consultorio al lado del mío así podremos vernos todo el tiempo.
— Ya no sé si quiero ser doctora de animales.
— ¿Por qué no? — fruncí mi ceño. Rachel era muy buena con los animales.
— Este fin de semana estuve en un campo y allí tienen una granja — asentí con mi cabeza — He visto donde meten la mano.
— ¿Dónde la meten?
— ¡El los traseros de los animales!
— ¡Ewww! ¡No! ¡Eso no es posible!
— ¡Lo juro por los ositos que estoy comiendo ahora que si lo es!
— ¡Qué asco! — grito escandalizada llamando la atención de sus padres que llegan de inmediato a la habitación. Rachel tuvo que esconder las evidencias debajo de su acolchado.
— Ya es un poco tarde, cariño. — Dice uno de ellos — Mañana se verán en el colegio. Es hora de dormir.
— Claro. Adios, Rach — agito mi mano y luego tironeo una de mis orejas hacia abajo. Ella me sonríe en complicidad dejándome en claro que dejara abierta la puerta trasera para poder dormir juntas.
— ¿Ya te marchas? — pongo mis ojos en blanco. Finn había estado toda la mañana pegado a mi culo, no exagero.
— Seh. — respondo sin prestarle mucha atención. — ¿Has visto a Rachel?
— Eh… si. La estoy viendo ahora mismo.
— ¿Dónde? — miro a mi alrededor buscando una pista de la morena que ha pasado olímpicamente de mi toda la mañana.
— Aquí, frente a mí. ¿Tú eres Rachel, cierto?
Casi me atraganto con mi saliva al darme cuenta de mi error, pero rápidamente me compongo comenzando a reír como loca desquiciada. Él solo me observa curioso.
— Solo bromeaba — vuelvo a retomar mi paso hacia afuera — ¿Sabes algo de Quinn?
— Mmm, no. Solo que se unió al Glee club — casi lo festeja dejándome sin aliento.
— ¡¿Qué ella hizo qué?! — Grito sorprendida — ¿Qué demonios dices?
— Si, ella se unió. Eso es genial ¿no? Tener a Quinn dentro del grupo atraerá a más gente y podremos competir sin preocuparnos.
— Oh, no. Pateare su culo fuera de ese club. Ella no puede unirse. Definitivamente no. — respondo pensando en la popularidad que perderé. No habíamos acordado nada de esto con ella.
— Pues, a mi me parece buena idea — se encoje de hombros aferrándose a la tira de su mochila. — Quinn…
— ¿Qué…? — la pregunta queda ahogada en mi boca una vez que siento como unos asquerosos labios babosos chocan contra mi boca. La enorme pila de carne humana me apretujaba contra su cuerpo.
— ¡Pero qué demonios…! — Exclamo una vez que logro escaparme de su agarre — ¿Estas de mente o que mierda sucede contigo?
Abre sus ojos completamente en shock — Yo, yo… yo pensé…
— Tú, tú… — le hago burla completamente enfadada — Tú no piensas.
— Quinn… — balbucea
— Si, Quinn, tonto. ¿Qué quieres?
— No. Quinn… — señala detrás de mi espalda — Creo que esta vez ha funcionado, Rachel. ¿Por qué te enojas conmigo?
Siento rápidamente como una corriente fría atraviesa mi cuerpo. Cierro mis ojos sin querer girar en mi lugar para ver que Rachel realmente se aleja con mi cuerpo tras ver el beso con Finn.
— ¡Joder! — bufo cansada viendo sobre mi hombro como ella se aleja.
Maldigo por quinta vez cuando logro llegar hasta casa. Rachel no atendía su móvil mucho menos respondía mis mensajes para saber dónde demonios se encontraba. Busque en la casa del árbol, por supuesto, pero ella sabía que yo iría ahí por ella. Golpee la puerta perteneciente a mi casa sintiendo como mi mano dolía, pero nadie contestaba. Claro. Mi padre estaba en el trabajo y mi madre seguramente había salido en busca de víveres. Volví a maldecir por no tener la llave encima, tomando la decisión de rodear la casa para lanzar algunas piedras hacia mi ventana. No hizo falta corroborar que ella estaba allí dentro, la luz de mi habitación la delataba tomando la decisión de escalar cuesta arriba sobre la enredadera.
— Rach… Rach, ábreme la ventana por favor. — Golpee el vidrio casi sin respiración tomándola por sorpresa acostada en mi cama.
— ¡Vete a la mierda, Quinn! — grito lanzando uno de mis almohadones.
— Te ves muy tierna maldiciendo ¿sabes? — Vuelvo a golpear la ventana — Vamos, ábreme por favor.
— Que te jodan.
— ¿Quieres cargar con mi muerte cuando caiga de aquí, Rach? Vamos, ábreme.
— ¡Vete, Quinn! — volvió a gritar utilizando mi segundo nombre. Oh oh, nada de eso pintaba bien si Rachel me llamaba Quinn.
— ¡Joder, Rachel… me caigo! — grito fingiendo a la perfección logrando que ella se asuste saltando fuera de mi cama para ir en mi rescate. Sí, soy mala persona por jugar con algo así, pero sabía que Rachel no me dejaría caer. Solo esta enfada así como yo también lo estaría si alguien más osara a tocarla.
— ¡Siempre caigo… siempre me mientes! — chilla completamente enfada una vez que logro escabullirme por la ventana. Mierda, que mala me veo en ese estado. Mi rostro estaba completamente rojo de la furia.
— ¿Yo miento? ¿Qué hay de ti? — la apunto cansada de siempre la misma mierda.
— Yo no te he mentido nunca.
— ¿No, Rachel? ¿Juras que no lo has hecho? — su ceño se suaviza un poco entendiendo que tengo algo más bajo mi manga — ¿Qué tal Finn Hudson?
— Vaya, pero si veo que te ha encantado el beso que necesitas escalar hasta aquí para contarme. Dime, vamos… — se sienta en la cama cruzándose de brazos — ¿Qué tal besa?
— Pues dímelo tú, que te la pasas colgada de su brazo solo para darme celos… — dejo caer tomándola de sorpresa. Niega con su cabeza suavemente pero no lo suficiente para convencerme de aquello. — Se toda la verdad, Rachel — digo acercándome hacia ella. Sus brazos ya no están cruzados y sus ojos han cambiado el brillo. — Dime, dime porque lo has hecho.
Niega con su cabeza aguantando las ganas de llorar. No lo pienso mucho más. Mis abrazos la arropan rápidamente sintiendo como mi pecho se comprime por verla en ese estado. Si. Debería de estar furiosa con ella por mentirme y hacerme daño sin darse cuenta, pero es Rachel. ¡Mi Rachel, joder! No puedo estar enfadada con ella, ya no.
— Lucy, yo… yo — balbucea escondida en mi cuello.
— ¿Me quieres? — pregunto sin poder evitar que aquella pregunta abandone mis pensamientos y boca — ¿Me quieres, Rachel? — vuelvo a preguntar tras ver su rostro derramando algunas lagrimas. Ella asiente en silencio — Dilo, por favor.
— Si, te quiero Lucy. — responde con un poco de hipo. Yo sonrío limpiando algunas de sus lágrimas.
— No vuelvas hacerlo, ¿de acuerdo? Tú siempre me has tenido, pero somos bastante cabezotas como para darnos cuenta por si solas. — admito.
— Lo siento, yo realmente no pensé… — me asegura.
— Bueno, para no pensarlo lo has hecho bastante bien. No te imaginas como moría de celos cada vez que te veía con Finn en el instituto. — confieso.
— ¿En serio? — pregunta avergonzada, yo asiento con una enorme sonrisa. Mi corazón comenzaba a sentirse más aliviado — ¿Por qué no me has dicho que quieres estudiar derecho? — me toma por sorpresa.
— ¿De qué hablas? — me suelto del agarre en nuestras manos.
— Hoy tu padre habló sobre Yale y… — la interrumpo.
— No sigas, Rachel. — me alejo de ella.
— No, dime porque no estudiaras medicina. ¿No quieres ser doctora?
— Ya no — digo apretando mi mandíbula.
— ¡Y una mierda! — grita tomándome del brazo para impedir mi huida. En verdad se veía tierna maldiciendo. — Tú no quieres eso, lo sé. ¿Por qué lo haces?
— ¿Qué más da, Rachel? — Me zafo de su agarre — Ni siquiera me atrevo a decirle a mi padre que no quiero eso. Él no me escuchara… sabes como es.
— Pues, yo le he dicho que no voy a estudiar eso.
— ¡¿Qué dices?! — abro mis ojos completamente sin aire.
— Lo que oyes. No dejare que cometas un error si tu corazón está en la medicina. Si tú no lo enfrentas, lo hare yo.
Tome aire mirándola a los ojos. Mi pecho dolía y las ganas de llorar se hicieron presentes. Sentía que era la única persona que realmente se preocupaba por mí y yo había arruinado todo tiempo atrás por mi maldita inseguridad y orgullo. Estire mi brazo tomando el suyo para empujarla contra mi cuerpo. Demonios, quería a Rachel con locura.
— Estas loca… — susurre contra su pelo queriendo reír y llorar a la vez. Sus brazos atraparon mi cintura aumentando mis ganas de besarla. — Dios, muero por besarte de nuevo. — confieso.
— Hazlo — responde sintiendo rápidamente sus labios en suaves y cortos besos, sintiendo su sonrisa — ¿Qué tan lindo es New Heaven?
— ¿New Heaven? — frunzo mi ceño aun teniéndola entre mis brazos. Ella solo mantiene su sonrisa asintiendo — Pues, no lo sé… solo he visto fotos de la universidad en internet. ¿Por qué?
— Solo espero que haya una buena cafetería con buen café. No podre vivir sin el mucho tiempo.
— No entiendo… — murmuro.
— Tú perteneces allí, puede verlo en tus ojos cada vez que hablabas sobre ser doctora. Y si New Heaven será tu lugar, yo quiero estar en el.
— Pero… — balbuceo completamente sorprendida. ¿Rachel pensaba ir conmigo? — No puedes ir allí. Tú quieres estudiar arte dramático y Nueva York es tu sueño, Rach.
— Si, pero quiero más estar a tu lado.
— ¿Qué dices? — intento volver a separarme de ella pero no me lo permite apretándome contra su cuerpo.
Me abraza y a continuación susurra en mi oído — No te dejare escapar tan fácilmente esta vez, Lucy.
— Las cosas cambiaran para mí cuando mis padres se enteren que estoy embarazada.
— Pero no cambiaran entre tú y yo. No lo permitiré — me besa la mejilla — Y Puck nos apoyara, lo sé. — me mueve jugando conmigo, intentando sacarme una sonrisa. — Vamos, regálame una sonrisa.
— ¿Qué haría sin ti, Rach? — Acaricio su melena corta — Dime… ¿Cómo podría decirte que no?
— Haz el intento — susurra sobre mis labios caminando hacia atrás, acortando la distancia a mi cama — Pero no te aseguro que tendrás éxito — murmura antes de empujarme contra su cuerpo una vez que nos acostamos.
— Por cierto, ¿Cómo es eso que me has hecho entrar en Glee club? — murmuro sobre sus labios.
— Shhh… Menos palabras y mas acción — Mordió mi labio inferior reclamando mi boca para luego unirnos y terminar lo que habíamos comenzado en la casa del árbol.
