Glee y sus personajes no me pertenecen.
Siento la demora... Quiero reviews! :D
Mi twitter: /heyjudeeok
Capitulo Ocho
Si hubiese podido borrarla de mis pensamientos en el campamento a los trece o reprimir el deseo que sentía por ella ahora mismo no estaría queriendo besarla hasta hartarme mientras duerme. Sus ojos se mueve debajo de sus parpados cerrados y la desviación de mi tabique la delata en la tranquila respiración. Recuerdo cada día en que por fin había conseguido olvidarla durante un día completo, pero ella se encargaba de burlarse de mi incapacidad para ello, tomándome con la guardia baja en todo momento. Cualquier cosa me la recordaba. Desde una estúpida película en la televisión hasta una canción sin sentido pero valiosa para mi, y debo destacar que el ipod y ahora el suyo, me acompañan donde sea que vaya. Allí dentro guardaba una carpeta especial que decía "Rachel" donde tenía un infinito repertorio de las canciones que solía practicar en su habitación. ¿Acosadora? No. ¿Masoquista? Un poco. ¿Enamorada? Si. Completamente eso es un sí.
Habían pasado dos semanas desde que ambas nos permitimos estar juntas. Dos semanas soñadas a pesar de mis celos incesantes dándome cuenta que las inseguridades aun convivían conmigo, que por ser Quinn perra Fabray eso solo había ocultado un poco más el hecho. Pero Rachel… ella sabía como calmarme. Ella inyectaba en mi seguridad con solo su presencia a mi lado. ¿Qué tan loco podía sonar eso? Como si fuese mi otra mitad, lo que me complementa.
— ¿Lucy? — Susurró con la voz adormilada — ¿Qué hora es?
Sonreí sintiendo como mi corazón se ensanchaba un poco mas de amor por ella. Gire mi cuello mirando sobre mi hombro. — Hmmm… las seis. — respondí observándola un poco más. Había cerrado sus ojos y no sabía si me había escuchado. Supuse que si tras verla unos segundos más volviendo a escuchar su respiración serena mientras me acomodaba de costado, recostando mi cabeza cerca de la suya. Su respiración pegaba directo contra mi rostro.
Abrió los ojos — ¡Lucy! — jugueteo con la voz y una sonrisa. — Feliz cumpleaños, Lucy. — susurró acurrucándose contra mi cuello.
— ¿Puedes darme mi beso de regalo ya? — murmuro contra su pelo.
— Aliento matutino — se tapa la boca para responderme pero yo se la tomo y la aparto sin pensármelo.
— No me importa. Quiero mi regalo y he estado por horas esperando a que despiertes.
— ¿En serio? — se muerde el labio y comprendo que he sonado lo bastante cursi como para derretir sus bragas.
— ¿Me lo darás, Rach?
— Pues, tengo un regalo para ti que incluye el beso si tu quieres. — Se aclara la garganta para continuar — Solo tú decides si lo quieres ahora o en lo que va del día.
— ¿Ahora? — respondo dudosa observando cómo sus mejillas se han ruborizado.
— Si tú lo quieres, si.
— Si. — Asiento abriendo rápidamente mis ojos cuando veo a Rachel desaparecer debajo de las sabanas — ¿Qué, que haces… R-Rach? — balbuceo sintiendo como sus manos comienzan a desabrochar mi pijama.
— ¿Tú qué crees? — asoma solo su cabeza cerca de mis pechos.
— Espera… — le impido su huida — Te amo, Rach — digo sin poder aguantarlo mucho tiempo más. Ella se queda en su lugar, con sus ojos abiertos y sus manos quietas. Observándome y despertando nuevamente la inseguridad en mí. ¿Lo había arruinado todo?
— Yo también, Lucy — se sorbe la nariz antes de subir hasta mi rostro y dejarme un mojado beso. — También te amo — vuelve a repetir dejando cortos besos sobre mis labios completamente emocionada — Y te lo demostrare con tu regalo — me sonríe volviendo a cubrirse con las sabanas.
— Oye, oye… — balbuceo sintiendo sus labios contra mi abdomen — ¿Puedo, puedo repetir por ser mi cumpleaños? — pregunto mordiéndome el labio para acallar el gemido que contenía por simplemente verla en esa posición sobre mi cuerpo.
— Este regalo no tiene límites. Puedes usarlo durante todo el día — me sonríe levantando ambas cejas — Ahora déjame comenzar, Lucy.
— Oh. Dios. Mío — gimo segundos después aferrándome a las sabanas. Deseaba que todos los malditos días fuesen mi cumpleaños.
— Espera… ¿Qué? — volví a preguntar con mi ceño aun fruncido. Tenía que ser una jodida broma.
— Lucy… — murmuro Rachel frente al espejo acomodando uno de mis vestidos en su cuerpo para que la panza no se notase. Mis ojos seguían clavados en ella aun sin comprender de qué iba todo aquello.
— ¡Sobre mi cadáver tendrás una cita con ese tipo! — eleve la voz.
Molesta, enfadada, disgustada… si, todos son sinónimos pero en esos momentos no había palabra para describir lo enojada que estaba. No con Rachel… bueno, quizá un poco pero más con mis padres quienes solían meterme citas por los ojos constantemente. Rachel suspiró. Yo sabía que ella no quería tener dicha cena, pero poco y nada podía hacer frente a la insistencia de mi padre. Eso ya lo sabía. Solíamos pasar el día entero juntas y ya no era un secreto para el resto de los habitantes de Lima. Rachel y Quinn juntas, como amigas por supuesto. Esa misma mañana Judith se había encargado de despertar a su hija llevándose con la sorpresa de encontrarse a Rachel dentro de la habitación. Era de esperarse luego de verme durante semanas compartiendo cosas juntas, vagando de aquí para allí dentro de mi casa, y se alegraba, por supuesto que lo hacía. Siempre pensó que Rachel Berry era buena influencia para la pequeña Lucy.
— No. No. ¿Dónde piensas que vas? — me interpuse en su camino hacia la salida de mi habitación. Me negaba rotundamente a lanzarla a los brazos de Samuel Evans.
— Lucy, hoy es el día de tu cumpleaños y tu padre ha decidido agasajarte con una agradable cena. No puedo decirle simplemente que no frente a la invitación de Samuel. ¿Crees que a mí me ha hecho gracia enterarme que boca de trucha sigue rondándote? — Vuelve hablarme pacientemente cruzándose de brazos.
— ¡Exactamente por eso puedes decir no! ¡Pasar de él y de esta apestosa cena! — la tomo de los hombros como si aquello me ayudara para hacerla entrar en razón.
— No hare eso. — Niega con su cabeza — Han invitado a mis padres también. Quiero verlos, los extraño Lucy.
— Si los extrañas podemos ir a tu casa cuando tú quieras. Lo sabes. — vuelve a negarme con la cabeza y yo creo estar perdiendo toda la poca cordura que me queda para el momento. Exhalo desalojando todo el aire de mi cuerpo a través de la boca. — Veamos… — me tomo unos segundos antes de continuar — Se que mi padre suele ser bastante… intenso, pero si bajas y le dices que no quieres que Samuel venga lo entenderá.
— Él me preguntara el porqué.
— ¡Simplemente porque no te apetece! —Tomo su rostro — Bajas y dices que no te apetece que Samuel se una a nuestra cena. — Rachel solo se encoje de hombros — ¡Esta bien! ¡Qué más da! Baja y ten una cita con él, joder. Que yo los mirare desde la punta de la mesa mientras coquetean frente a mis narices. — ¡Estoy completamente enfadada con Rachel! ¡Maldita cena, maldito cumpleaños! — ¡Vamos! ¿Qué te detiene? Ve, llénalo de besos en su enorme boca y tengan muchos hijos. — escupo molesta sentándome en mi cama.
— ¿Te escuchas, Lucy? ¿Tener hijos con él? Ya estoy, estas embarazada. A penas logro conseguir que tu barriga se oculte y ¿dices eso? — toma asiento a mi lado.
— ¿Me estás diciendo gorda de nuevo, Berry? — Frunzo mi ceño hacia ella — ¿Es eso, cierto? Sabes que estoy gorda por eso quieres que Samuel se fije un poco en mi. ¡Dilo! ¡Di que estoy gorda de una jodida vez! — protesto levantándome de la cama pero deteniéndome en mi huida una vez que escucho su risa — ¿Qué te parece tan gracioso?
— Nada, cielo. Pero la paranoia en ti aun no ha cambiado.
— ¡Haz lo que quieras! ¡No pienso quedarme a cenar! — camino completamente enojada hacia la puerta pero sus brazos mi impiden tomar la perilla para completar mi huida.
— Sabes que eso no es cierto. — siento como apoya su mentón en mi hombro derecho — Sabes que no hare lo que quiera y que te importa demasiado como para pasar de la cena. Pero también sabes que no tenemos motivos para decirle a tu padre que no puedes conocer a alguien más, Lucy. Solo será una cena.
— Tengo un motivo suficientemente grande como para no permitir que ese tipo ponga sus manos sobre ti. ¿Qué tal si fuese al revés? — Me giro en mi lugar enfrentándola — ¿Qué harías tú, Rachel?
— Encerrarte en mi habitación — se encoje de hombros sonriente. — ¡Ni se te ocurra! — me apunta con su dedo adelantándose a mis pensamientos.
— En realidad estaba pensando en contarles. — Abre los ojos y yo asiento en silencio — Vamos, Rach. Aprovechemos mi cumpleaños y esta cena para decirles que estamos juntas y que nos queremos. — Tome sus manos — ¿Qué nos detiene realmente?
Por su mirada comprendí que la tome completamente por sorpresa. Estaba asustada, súper cagada como yo de solo pensar en aquello pero también sabíamos que no podríamos ocultar mucho tiempo más el hecho de querernos como lo hacíamos.
— No. — Negó con su cabeza — Tú padre jamás lo entendería.
— Me da igual mi padre. — le asegure.
— No estamos preparadas para dar ese paso, Lucy.
— Entonces dime ¿Cuándo? ¿Cuándo dejemos Lima? ¿Crees que por estar lejos de aquí podremos ser felices? ¿Qué tal en los días festivos cuando regresemos y solo queramos estar juntas? No podremos solo por el hecho de seguir ocultando todo esto.
— No quiero que cambien las cosas entre nosotras y si tu padre lo sabe sé que cambiaran.
— ¿Cómo lo sabes?
— Solo lo sé. — Se aleja de mi — Él se enojara conmigo y me alejara de ti. Dirá que mis padres han influenciado en nosotras y que yo he terminado de convertirte. — me responde nerviosa.
— ¿Convertirme en qué? — Niego con mi cabeza — ¿Qué más da? Me da igual lo que él piense, y yo no estaría tan segura de eso. Mis padres realmente han hecho una buena amistad con los tuyos ¿sabes? Y si se enoja, con el tiempo se le pasara pero lo nuestro no, Rach. Lo nuestro no pasara nunca.
— No les contaremos, Quinn. — respondió con firmeza y comprendí que no podía presionar mucho mas.
— Lo que digas. — Suspire rendida — Pon bien la dirección en tu tarjeta de invitación. Recuerda que soy tu "vecina" y seré buena a la hora de sostener la cola de tu vestido en tu casamiento. — respondí dando por terminada la pelea abandonando mi habitación hecha una bomba de tiempo a punto de estallar.
Con tan solo bajar por las escaleras comprendí que mis padres tenían todo planeado a la perfección. Luego de quedarme casi quince minutos apoyada en la puerta de mi habitación reprimiendo mis locas ganas por volver a entrar y devorar a Rachel con besos para calmar mis celos, decidí que lo mejor era enfrentar aquello de una maldita vez. Las risas de los padres de Rachel sonaban por toda la sala cuando me encontré con mi madre en mitad de camino.
— Oh, cariño… ¿Has podido apresurar las cosas allí arriba? — me pregunta con un brillo especial en sus ojos. — Samuel ya ha llegado y la comida esta lista.
Inhalo reteniendo el aire lo más posible dentro de mis pulmones para no saltar sobre boca de trucha y quitarle a golpes las ganas que tenia de molestar. Ahora entendía completamente cuando Rachel moría de celos cuando éramos niñas.
— Si. Ella ya baja — le sonreí ocultando mi malestar.
— Perfecto. Puedes ir pasando al comedor, tus padres ya han tomado asiento.
Solo asiento apurando mi paso una vez que escucho como la puerta de mi habitación se abría. Rachel no tardaría en unirse a nosotros. En el comedor estaban todos sentados siendo obligada por la mirada de Leroy a saludar a Samuel. Joder. Aquello se sentía como si estuviese firmando el contrato para que ese estúpido la arrebatase de mis brazos.
Rachel apareció luciendo uno de mis vestidos llamando la atención de todos nosotros, en especial de Samuel. Ella saludó a todos cordialmente y se sentó frente a mí, a un lado de su "cita". Su asiento ya estaba señalado pero el mío no, por supuesto que tendría mi vista clavada en ella durante toda la cena, asegurándome que boca de trucha mantuviera sus garras alejadas.
— He oído que te quedaras aquí, en Lima para hacerte cargo del equipo de futbol el año siguiente. — comentó mi padre intentando sacar algún tema en la mesa, cortando un poco la tensión creada gracias a nosotras luego de comenzar a comer.
Samuel respondió de inmediato comentándole los planes a futuros que tenía en Lima. Suspire con un poco de alivio al pensar que no estaría rondando cerca mucho tiempo. Solo debía esperar hasta fin de año para marcharnos de aquí y asunto resuelto.
— Hija ¿te encuentras bien? — Hiram toca mi brazo sacándome de mi laguna mental.
— ¿No te ha gustado la comida? — me pregunta Judy preocupada. La verdad era que ni siquiera tenía ganas de comer — Quinnie me ha ayudado a preparar tu planto. Ni siquiera sabía que podía cocinar platos vegetarianos.
— Si, me ha gustado — respondo pinchando un poco de mi tarta de verduras, alternando la vista en Rachel y Samuel.
— ¿Cómo les ha ido en el ensayo de su dueto? — preguntó Russel. — Tienes muy buena voz, Rachel.
— Gracias — respondo sabiendo aquello de sobra. La voz de Rach era sorprendente. — Nos va bien.
— ¿Bien?
— Si, bien. — fueron las últimas palabras que dije antes de que toda la atención se enfocara en la vida y futuro de Samuel. Hasta los padres de Rachel parecían ansiosos de juntarlos. Bueno… a Samuel y a mí, no a Rachel y Samuel. ¡Joder! La situación ya comenzaba a enfermarme.
— ¿Crees que podrás visitar a Quinnie en New Heaven? — Habló mi madre — Ella ha conseguido entrar en la universidad de Yale, de todos modos vendrá en navidad o días festivos. De solo imaginarlos juntos…
— De ninguna manera.
Interrumpí en el momento donde Samuel toma la mano de Rachel, es decir la mía, dejando la mesa en completo silencio. De más esta decir que los pares de ojos se enfocaron en mí. Mi mirada estaba clavada en la de Rachel mientras ella negaba imperceptiblemente con su cabeza.
— Cariño… — escuche la voz de Leroy junto a su risa — Eso no es gracioso. Ya deja de comportarte extraña. — susurró con sus dientes apretados.
— Samuel no irá a New Heaven, mucho menos tendrá citas con ella. — dije con firmeza y con la voz lo suficientemente alta como para que quedara en claro.
El silencio volvía a reinar en el comedor y ya todos habían decido bajar sus tenedores con comida pinchada en él para prestar atención a la conversación que pronto se daría gracias a mi. Oh sí, ya podía oír los gritos de mi padre.
— ¿Por qué Samuel no podría tener citas con mi hija, Rachel? — preguntó Judy sin perder la sonrisa en ningún momento. No, mamá. No estoy bromeado.
— Ella solo está siendo graciosa — ríe Leroy dejando una de sus manos sobre mi hombro, apretándolo suave pero firme. — Sabemos que las niñas suelen jugarse bromas pesadas ¿no? — miró a su esposo pero él solo levanto sus hombros.
— Quizá Quinn no quiera salir con Samuel. Sin ofender, chico… — dijo lo ultimo dirigiéndose directamente a Samuel.
— Pero eso es algo que solo Quinn puede decidir — dijo tranquilamente Russel.
— Ya… pero no lo hará. Ella no saldrá con él — lo apunto con mi tenedor.
— Rachel, cariño… no puedes decidir sobre la vida de mi hija — respondió mi madre.
— Solo son niñas, están jugando con nosotros — volvió hablar mi padre tomando un poco de su vino.
— ¡Que no, joder! ¡Que la amo! ¡Yo la amo y está embarazada! — grite escuchando a continuación como mi padre escupía su vino y la sala volvía a quedarse en silencio.
