Glee y sus personajes no me pertecenen.
Yo dije que nada de drama en este fic, y es promesa que mantendré.
¡Gracias por sus comentarios apoyando la historia!
Twitter /heyjudeeok
Capitulo Nueve.
Mis ojos vagaban nerviosos alrededor de la mesa, en cada una de las personas que compartíamos aquella cena por el cumpleaños de Quinn. Todo parecía un jodido sueño, donde las cabezas comenzarían a rodar por el piso en cuestión de segundos. Definitivamente mi cabeza rodaría cuando Russel colocara sus manos en mi cuello.
— ¡Dime que Rachel solo esta bromeando! ¿Embarazada? — Mi padre Hiram hizo el intento de tranquilizar las aguas, pero Russel parecía mirarme como si dos cabezas me hubiesen salido. Judith solo tapaba su boca negando con su cabeza.
— Si. — respondí en voz baja escuchando a continuación la de Quinn encima de la mía.
— Y yo la quiero. La quiero y estaremos juntas pase lo que pase. — dijo con voz clara completamente segura de lo que decía.
— ¿Embarazada? ¡No puede ser! — volvió a decir Russel golpeando la mesa antes de tomarse la cabeza con ambas manos mientras negaba. — No puede ser… — Judith acariciaba su espalda dándole consuelo. ¿Es que nadie había notado el hecho de que salimos del armario al mismo tiempo? — ¿Quién es el padre? — me quede en silencio observando a Quinn mientras su rostro se empapaba de lagrimas siendo consolada por mi padre Hiram. — Quinn te estoy hablando ¿Es Samuel?
Pestañeo recordando que él se dirigía hacia mi — No. Es Noah Puckerman.
— ¿Puckerman? ¿El que tiene ese corte de pelo extraño y ha estado detenido varias veces? ¡Te he criado bien, Quinn! ¿Embarazada? Mi bebe embarazada, esto no puede ser — Mi corazón se estrujo y sabía que el de Quinn estaba en el mismo estado. Russel no me había gritado en ningún momento. Él permanecía dentro de sus cabales pero claramente afectado. Judith constantemente estaba encima de él acariciando su espalda. — Rachel… — pronunció mi nombre con su voz rasposa — ¿Quieres a Quinn? ¿Cómo es eso que quieres a mi hija? — preguntó completamente confuso.
— ¡No puedes querer a Quinn! Pero si se conocen de pequeñas por el amor de Dios — exclama Judith haciendo una y otra vez la señal de la cruz. — ¡Son mujeres! — Mira de inmediato a mis padres — Digan algo por favor. — y aquello me pareció extraño teniendo en cuenta que mis padres son homosexuales.
Mis ojos miraron nuevamente a Quinn. Su rostro empapado en lagrimas pero fijando su vista entre Samuel y yo. Recién ahora caía en la cuenta de que el pobre estaba sentado todavía aquí.
— Estas a tiempo a salir corriendo. ¡Ve! — susurre dándole vía libre para abandonar la cena.
No era una mala idea. No después de ver el estado en el que se encontraba Quinn y mis inmensas ganas de estrecharla entre mis brazos, golpearla por ponernos en esta situación pero abrazarla y besarla al fin. La admiraba, sí que lo hacía. Tuvo el valor que yo no para enfrentar a su padre y defender lo nuestro y por supuesto lo suyo también. Ya no viviríamos mas de mentiras. Mis oídos dejaron de enfocarse en la conversación en cuanto mis padres entraron en ella. Confiaba en que sabrían como solucionar esto sin que nadie salga lastimado. Ellos sabían a la perfección quien era Quinn como persona y a mí me habían criado. Sé que nos apoyaban.
Nadie se fijaba en nosotras. La discusión ya había tomado dos bandos. Hiram junto a Russel y Judith junto a Leroy. ¿Qué tan extraño podía ser aquello? Tironee mi oreja dos veces hacia abajo recibiendo el mismo gesto a la vez que se sorbía la nariz. Nadie nos vio abandonar la mesa, mucho menos cuando nos escapamos hacia nuestra casa del árbol.
— Ey ¿Cómo te encuentras? — pregunte una vez que logramos acomodarnos sobre el colchón de mi pequeña casa.
— ¿Me crees si te digo que no lo sé? — responde sacando una botella dentro de su abrigo.
— ¿Qué haces con eso? — fruncí mi ceño tras ver que era una bebida alcohólica. — No beberás ¿cierto?
— ¿Qué más da? Necesito bajar la adrenalina que corre por mi cuerpo. — me aseguró destapando la botella. ¿Qué podía decirle? De todos modos no pensaba pasar la noche lejos de ella hoy. — No estaba en mis planes soltarlo así… lo siento — dice luego de darle el primer sorbo acomodándose sobre mi pecho. La noche estaba fría. Rodee su cuerpo con mis brazos estrechándola aun más cerca de mi cuerpo. — Puedes golpearme si quieres, pero no en la nariz.
— No lo sientas, pero al menos podrías haberme avisado que tirarías semejante bomba ¿no crees? — muevo su cuerpo buscando robarle una sonrisa. — Lucy… — llamo su atención luego de verla beber, besando su cabello.
— Dime… — responde con su voz rasposa debido al alcohol.
— ¿Crees que tu madre se dará cuenta que lo hemos estado haciendo en la cocina ahora que saben lo nuestro? — Pregunte aun recordando los días en la semana que he correteado a Quinn por la casa — Yo aun no he logrado encontrar tu braga.
Rápidamente escuche la voz de Quinn — ¡Me habías dicho que la habías encontrado! ¿Te imaginas?
— Definitivamente a tu madre le dará algo. ¿Puedes oír los gritos desde aquí? — Asintió tomando una de mis manos para besarla.
— Espero que tus padres nos den una mano allí dentro…
— Si, ellos serán de ayuda. Tú padre no ha reaccionado como pensábamos. ¿Qué pasa si en la noche me sube al tren y me envía lejos? A casa de algunas de tus tías… — exclamo alarmada.
— No, Rach… él no haría algo así. Es mi padre después de todo, lo conozco. Solo… tenemos que dejar que pase el tiempo. Nadie me separara de ti o de mi hijo ¿de acuerdo? — me tranquilizó Quinn volviendo a besar mi mano — Aunque me gustaría ver como sobrevives en casa de mi Tía Clara. Ella tiene un campo y te hace cazar tu propia comida.
— ¡Ni de coña! — Exclamo alarmada recibiendo la risa de Quinn — Tú no me dejarías ir ¿cierto? — Solo niega con su cabeza inclinándola hacia atrás pidiendo un beso mío. No tardo en unir mis labios a los de ella.
— Te quiero ¿sabes? — Dijo estirando su mano libre para acariciar mi mejilla — No dejare que nada les pase. Todo irá bien, lo prometo.
— Ya… deja el alcohol que comienzas a ponerte demasiado cariñosa. — bromeo.
— ¿Me estas llamando borracha, Berry? — frunce su ceño.
— No tienes un pasado muy alentador.
— ¡Nunca me has visto borracha! — chilla a la defensiva.
— Lucy… ¿Acaso tengo que recordarte las veces que has venido hasta mi habitación? — pregunto divertida.
— ¡Mientes! Son puras calumnias e injurias.
— Lucy… — advierto — Aun puedo recordar la última vez que has venido a despertarme borracha, ni hablar de la primera vez que has probado alcohol…
—¡Daaachel! R-rrrrachel —gritó Quinn una vez que logró llegar hasta la ventana perteneciente a la casa vecina — ¡Vaaaamos, sal! No seas tímida — arrastró sus palabras intentando sostenerse de la cerca pero el piso parecía no querer quedarse quieto. — Sal, sal, sal… — canturreó — Me han dicho que tengo que darte una serenata…— miró a su alrededor frunciendo su ceño — ¿Dónde demonios he dejado mi guitarra? — Susurró confusa rascando su cabeza —¡Daaachel! ¿Puedes prestarme tu guitarra? No sé donde se ha ido la mía — gritó llevando ambas manos hacia su boca logrando un cono perfecto para que el sonido de su voz saliese con más potencia. — Rrrrrrrach…
— ¿Quinn? ¿Qué haces aquí fuera? — preguntó la voz de Hiram alumbrando con una linterna hacia el cuerpo de una tambaleante rubia desde el porche trasero.
— ¿Papá? — balbuceó confundida.
— No, cielo… Hiram. ¿Qué haces aquí? — caminó el hombre cerrando su bata por el frio.
— Quinn, entra de una vez a casa. — Habló Leroy desde su ventana. Quinn levantó su cabeza sintiendo repentinamente como todo a su alrededor se movía.
— Ahí viene de nuevo, ahí viene de nuevo… — exclamó la rubia abriendo sus brazos para hacer equilibrio y detener el mareo junto a las nauseas.
— ¿Por qué has bebido? Vamos dentro, cariño. — Hiram tironeó de su brazo.
— No, no, no… debo cantarle una serenata a Rrrrachel — señaló hacia la ventana.
— Mi hija no está, cariño. Y de todos modos su ventana está del otro lado de la casa — sonrió consiguiendo al fin llevar con él a la pequeña rubia tambaleante. "De la que nos hemos salvado" pensó en hombre camino a su casa.
— ¿Cómo que ella no está? ¿Dónde está? — Balbuceó — Tengo una serenata para Rrrrachel — marcó lo obvio con sus brazos. — ¿Por que ella no está?
— Tómalo con calma — sonrió comprensivo — Ha ido a casa de Marley a mirar unas películas y creo que la invitó a dormir.
— ¡¿Marley?! — Frunció su ceño — ¿Cómo pudo haberla dejado ir donde Marley? — preguntó ofuscada. ¡Eso no podía ser posible!
— Ella ya es grande para decidir ir donde le apetezca, Quinn. — comentó con gracia. — Ahora dime ¿De dónde vienes en este estado?
— De, de la casa de P-puck — dijo entrecortado por el hipo. — ¿Tiene una guitarra para prestarme? La mía no sé donde se ha ido.
— ¿Para qué quieres una guitarra a estas horas?
— ¡Para darle la serenata a su hija! — exclamó apuntando lo obvio. Como podía ser que luego de cinco minutos siguiera preguntando lo mismo. En la mañana se aseguraría de darle la pastilla que tomaba su abuela para la memoria. — ¿Y cuándo, cuando volverá Rrrachel? — preguntó nuevamente arrastrando las palabras con hipo. Luego se quejaba de la gente olvidadiza.
— Cariño… te preparare un poco de café. No puedes volver así a tu casa.
— Quiero dormir con Rrraachel — pronunció el nombre con dificultad. Las "R" le estaban jodiendo la noche. ¿Qué dirían después de ella?
— Rachel no está — volvió a repetir con paciencia pero ya con un poco de pesadez — Y no… — se adelantó a decir cuando vio como la boca de Quinn se abría — No tengo una guitarra.
Quinn abrió y cerró su boca como un pez a falta de oxigeno tras palabras de Leroy, cruzándose de brazos y frunciendo su ceño una vez que el hombre comenzó a preparar café, pero el malestar le duro un abrir y cerrar de ojos tras ver como su diosa morena atravesaba el umbral de la cocina.
— ¡Quinn! — gritó a pulmón la morena cuando vio como su vecina hacia el intento de ir hasta ella pero olvidando el pequeño detalle de estar sentada sobre un taburete.
— Oigan… creo que me he caído — balbuceó Quinn sintiendo un fuerte dolor en su cabeza.
— Oh por Dios, oh por Dios… — corrió hasta llegar a ella tapando su boca — ¿Qué haces aquí? Papá ¿puedes ayudarme? — habló arrodillada.
— Rrrrachel — susurró sonriente Quinn estirando su brazo para acariciar una de sus mejillas fallando en su dirección estrellándose con uno de sus pechos — ¡Ups! ¿Me prestas tu guitarra? Quiero darte una serenata — habló con dificultad provocando en Rachel tapar su nariz por el olor proveniente de su boca.
— ¿Estas borracha? — Dijo con voz graciosa por tapar su nariz provocando la risa en la rubia — ¿Qué te parece gracioso a ti? ¿Por qué estas borracha?
— Porrrque… déjame decirte una cosa — la apuntó con su dedo desde el piso — el amor apesta y… — se quedó unos segundos en silencio — no recuerdo que mas, pero eso… apesta. ¡Ah! Y quiero darte una serenata.
— Vamos, ayúdame a levantarte. — pidió una Rachel cansada intentando mover su cuerpo. Su padre Hiram de inmediato se puso mano a la obra logrando volver a sentar a Quinn en el taburete. — Judith te matara cuando te vea llegar en este estado.
— ¿Puedo dormir contigo, Rrrach? — Hizo puchero con su boca — ¿Porrr favorrr?
— No lo sé, Quinn… — suspiró mirando hacia su padre quien hizo una seña de aprobación. Miró nuevamente hacia su vecina que ya la esperaba con una enorme sonrisa — De acuerdo… — dijo rendida. Ella tampoco tenía fuerzas para decirle que no, mucho menos desaprovechar la oportunidad de dormir con Quinn, pero de solo pensar que la rubia se arrepentiría la mañana siguiente, detenía sus ilusiones.
— ¡Nada de serenatas! — afirmó Hiram una vez que lograron subir hasta la habitación de la morena, dejando a Quinn sentada sobre la cama.
— ¡Jo! ¿Qué hare con mi canción para ti ahora? — se cruzó de brazos molesta
— ¿Una canción para mí?
— Claro… la pensé camino hacia aquí. ¡Woow! — balbuceó Quinn comenzando a reír tras hacer el intento de pararse.
— Quinn… lo mejor será que te quedes quieta ahí ¿de acuerdo? — habló Rachel sacando una manta extra de su armario.
— Pero mi serenataaaa — balbuceo cambiando su estado anímico completamente comenzando a lloriquear o eso le pareció a la morena.
— Tú no bebes ¿Qué sucede contigo? ¿Estás loca?
La risa de Quinn volvió a invadir la habitación sintiendo como todo comenzaba a ir en cámara lenta en cada pestañar.
— Tú eres mi ángel ¿cierto? — preguntó Quinn estirando sus brazos para agarrar a Rachel cuando esta se acerco a buscar su pijama debajo de la almohada.
— Quinn, ya para. — intenta sonar enojada pero una sonrisa escapa de su boca.
— Siempre me estafan ¿Dónde has dejado tus alas? —Balbuceó queriendo tocar su espalda — ¿Dónde están?
— ¡Ya para! — Rió tras sentir como sus dedos no se quedaban quietos y le provocaban cosquillas — Acuéstate, vamos. Apenas puedes mantenerte sentada en la cama.
— No, ven conmigo. — arrastró sus palabras tomando su mano jalándola sobre su cuerpo.
— Quinn, no voy a dormir aquí contigo. — dijo nerviosa sintiendo el olor a alcohol proveniente de la boca de su vecina.
— ¿Por qué no Ángel? — el pestañar de la rubia se volvía cada vez más lento, como si sus parpados pesaran.
— Deja de llamarme así, y yo dormiré en el sofá. Solo devuélveme mi pijama.
— Duerme conmigo, Rrrach… ¿por favor?
— Oh, no… no funcionara de nuevo eso conmigo. Ya quita esa cara.
— No tengo otra… — bromeó sintiendo repentinas y locas ganas de besar nuevamente los labios de su amiga.
— Quinn, aleja tu cara… — pidió Rachel colocando su mano en la boca de Quinn sintiendo la lengua en la palma de su mano — ¡Eres asquerosa! Eso es jugar sucio. — hizo una mueca con su boca limpiando la baba en su mano.
— ¿Recuerdas cuando me molestabas por mis pequeños melones? —Susurró en tono juguetón — ¿Quieres ver cuánto me han crecido ahora? — levantó sus cejas reiteradas veces en forma sugestiva.
— Mañana te vas arrepentir de esto —dijo Rachel dando el ultimo manotazo de ahogado para rechazar a Quinn y sus divertidas insinuaciones.
— Jamás me arrepentiré de tener mi primera vez contigo…— murmuró bajando las defensas de Rachel.
— Lucy… no puedes querer que tu primera vez sea conmigo, así… borracha. ¿Cómo puedes pensar que me aprovechare de ti? — negó con su cabeza alejando las manos que se habían posado sobre su trasero. Escuchando la protesta por parte de la rubia, logró alejarse de la cama — ¿Crees que quiero tener mi primera vez así también? ¿Con alguien que ni siquiera me recordara al día siguiente?
— Pero entonces… ¿Puedo dormir contigo? — preguntó una rendida Quinn siendo vencida por el sueño.
Rachel comprendió que mas allá de estar molesta por verla en ese estado, no podía enojarse con ella. Daba gracias mentalmente por la decisión que tomó en ir hasta su casa, de lo contrario ni siquiera quería imaginar cómo aprovecharía otra persona de la situación en su lugar.
— De acuerdo… — accedió la morena largando un largo suspiro. — Solo dormir. — se aseguró acostándose a un lado de Quinn, observando el techo sintiendo la mirada abrasadora de su amiga.
— Bueno… ¿Y qué hacemos entonces? — preguntó acomodando su cabeza en el cuello de la morena.
— D-dormir… supongo — respondió nerviosa.
— No quiero dormir… — lloriqueó pero Rachel sabia que eso era mentira. Su voz sonaba cansada y casi podía sentir su respiración tranquila. — ¿Qué tal si te doy una serenata? — volvió a preguntar dibujando una sonrisa en el rostro de Rachel.
— Bueno… pero no grites mucho — accedió.
— No, ahora no quiero… — balbuceó acomodándose más cerca de su cuerpo — No me acuerdo la letra — rió desganada.
—Descansa, Lucy… — suspiró Rachel guardando en su memoria cada trocito de esa noche. Luego de un año sin tener contacto con Quinn, parecía irreal tenerla a su lado como en los viejos tiempos.
— Tú también… — deseó pasando su brazo sobre el vientre de su amiga para asegurarla en su lugar — Oye Raaach…
— ¿Hmmm?
— No vuelvas a ir a la casa de Marley… ella es tonta.
