Glee y sus personajes no me pertenece.

Muchas gracias a las personas que dejan siempre comentarios en todos los caps y les doy la bienvenida a quienes se unieron al fic! Muchas gracias por el apoyo.

¿Marley? Quizás pronto…

Mi twitter /heyjudeeok


Capitulo Diez.

A fin de cuentas nuestras familias comenzaron a aceptarlo con el correr de los días. Cuando digo nuestras familias, solo me refiero curiosamente a Leroy y mi madre Judy. Con Rachel aun esperábamos el momento en que mi padre comenzaría a lanzar groserías al aire respecto a mi embarazo y nuestra relación, pero ya había pasado casi dos meses desde aquella cena. Por un lado sabía que ellos no podrían echarnos a la calle, es decir a Rachel por estar embarazada en mi cuerpo teniendo que hacerle un lugar aquí, en su propia casa. Ellos me habían criado, y aun tenía esperanzas a pesar de todo que no me dejarían sola, pero mis pensamientos se dieron vuelta cuando Russel fue quien me apoyó y mi madre aun seguía persignándose cada vez que pensaba en el asunto o me veía cerca de mi vecina. En el instituto Rachel volvió a ser el blanco perfecto en mi cuerpo cuando se corrió la voz que mi abultada panza no era producto de un abundante desayuno. Y ahora que lo pensaba en frio, habíamos tomado una buena decisión a la hora de seguir manteniendo nuestra relación en secreto. ¿Qué más daba? Nosotras no éramos felices gracias a ellos… mientras nuestra confianza siguiera fuerte, nadie podría contra nosotras.

Respecto a su futuro, su padre esta vez si había metido sus narices. Luego de la cena, al día siguiente pensaron que sería buena idea tener un desayuno en conjunto para anunciar las nuevas noticias. La cosa se nos volvió un poco en contra cuando aseguraron que yo me quedaría en Ohio para colaborar en la crianza de mi bebé. Me quede en silencio frente a ello, porque sabía que sería motivo suficiente para empujar a Rachel lejos de este pueblo en busca de su sueño. Ella quería ser famosa, triunfar en los escenarios y dedicarme premios… o al menos eso habíamos ensayado de pequeñas. ¿Qué derecho tenia de impedirle cumplir su sueño? ¿Por estar embaraza? De ninguna manera. Esa mañana quiso asesinarme con su mirada tras no imponerme en la idea de nuestros padres teniendo en cuenta que tengo su cuerpo y ella poco podía opinar dentro del mío. Lo intentó… diablos, sí que lo hizo pero Judy nuevamente acallaba sus protestas sobre mantenernos distanciadas durante sus años de estudio. Esa mañana se mordió la lengua pero yo no me salve de su lengua afilada cuando nos marchamos hacia el instituto alegando que la próxima vez que no hablara en su nombre me dejaría una semana sin encuentros en nuestra casita del árbol. Y todos sabemos que yo no me pondría en peligro de esa manera. Malditamente no me quedaría sin mis encuentros a solas con ella.

— Sabes… me gustaba más cuando quería ser probadora de montañas rusas. — comentó recostándose sobre el césped dejando su cabeza en mis piernas. El día estaba lo bastante caluroso como para disfrutarlo aquí fuera teniendo en cuenta que mi padre había colocado una piscina cuando era niña.

— Ni siquiera me hagas pensar en eso. De solo imaginar la montaña rusa me recuerda a la feria y esa loca mujer que aun no podemos hallar. — Acaricio su pelo algo húmedo — Pero déjame recordarte que tú has querido trabajar en todos lados. Cada semana era un nuevo empleo.

— ¡Eso no es cierto! — Protestó cruzándose de brazos — Dime al menos dos trabajos que te haya mencionado. — me mostró dos dedos hacia arriba.

— Fácil — me burle — ¿Recuerdas cuando le has pedido a Fred ser su ayudante oficial para probar sus helados antes de ponerlos en cartelera? — sonrío tras recordar el día en que volvió llorando de camino a casa dejando a un Fred angustiado y culpable por hacer llorar a una niña al negarse.

— Solo quería tener helados gratis. — se defiende.

— ¿Qué hay cuando querías ser abrazadora de cachorritos? — me muerdo el labio para no reír tras verla abrir sus ojos junto a la boca asombrada. Podía recordar cualquier cosa respecto a Rachel. No la deje contradecirme — También cuando querías ser bombero solo para tocar la bocina del camión en los días de incendio. O cuando le pediste a nuestro director si te podías marchar unos minutos antes de cada clase para tocar la campana de nuestro colegio. — mi risa se escuchó mas fuerte cuando comenzó a darme pequeños empujones molesta por recordar aquello — Pero lo bueno fue cuando lograste conseguir el puesto en un negocio de chucherías, cariño — intente robarle un beso pero logró esquivarme.

— Tú me hacías delinquir — protestó con su ceño fruncido. — Jamás me olvidare la cara que ponía Rosita cuando le faltaba mercadería. No sé en que estaba pensando, Lucy… eso no se hace.

— Vamos… que luego a fin de mes le dejábamos nuestra mesada sin que ella se diese cuenta. — la abrace acercándola a mi cuerpo — Oye… ¿puedo pedirte algo?

Entrecerró sus ojos quedándose unos segundos en silencio. Sé que ella sabía lo que estaba por pedirle, teníamos una especie de conexión mental — No haremos la tijereta, Lucy. Ya deja eso en paz. — Abro mis ojos al completo. ¡¿Qué demonios decía?! Podía sentir como mis mejillas ardían y con su risa flotando en el aire parecía ser aun peor. — ¿En serio era eso? — chilla explotando aun mas en risas.

— ¡No! — Gritó avergonzada por mi mutismo — ¡Claro que no! ¡Ya deja de reírte! — me defiendo.

— Deberías ver lo roja que te has puesto, Lucy. — continua con su risa.

— ¿Y tú de dónde demonios has sacado eso?

— He investigado un poco en internet — levanta un hombro restándole importancia — Quiero estar preparada. — Me sonríe mordiéndose el labio inferior, provocando cosas en mi que nunca había sentido… bueno, cuando se trata de ella logra encender todo en mi.

— Que pervertida eres.

— Luego me dirás si sigues pensando lo mismo. — Me guiña un ojo — Ahora dime que es lo que pensabas. ¿O era eso?

— ¡Que no! — Niego con mi cabeza ocultando mi sonrisa — Ahora me siento estúpida pidiéndotelo.

— ¿Qué es? ¿Qué es?

— Quiero ver la barriga — murmuro provocando en Rachel sus ojos en blanco.

— ¡Ya te estabas demorando mucho, Lucy!

— ¿Qué dices? — frunzo mi ceño.

— Que eres una pesada. Siempre quieres ver la barriga. — Ríe — Y te estabas demorando mucho en pedirme verla.

— Yo no soy una pesada. No sé porque dices eso. — me cruzo de brazos. Claro que no era una pesada. Rachel exageraba.

— Si, lo eres… — sube su remera deleitándome con la pequeña pero redonda y dura barriga.

Mi ropa comenzaba a quedarle chica, y no precisamente por la panza, ella seguía sin muchos cambios. No debíamos asustarnos por ello, la doctora nos dejó en claro que algunas pacientes se les nota antes y otras después, prometimos por ahora mantenernos tranquilas, pero Rachel en los primeros meses había dificultado un poco el trabajo preguntando a cada hora del día si le había crecido un poco la panza.

¿Y ahora Lucy? ¿Ahora si la vez mas grande? — preguntaba cada mañana que despertábamos juntas y yo debía volverme antes de ser descubierta.

No, Rach. — negaba con mi cabeza dejando un beso en su frente antes de abandonar la cama.

Pero reconocía que luego yo me había convertido en un tema aparte, según Rachel, con el pretexto sobre estar embarazada y no poder verlo todas las veces que quería, me la pasaba por la casa o en el instituto persiguiéndola intentando levantar su remera con mi insistente "¿Ya ha crecido? Déjame ver, por favor, es la última vez. Juro que esta es la última vez, Rach." Por supuesto que no era la última vez, sin embargo Rachel suspiraba y levantaba su remera dándome mis minutos para que inspeccione bien la panza. La desilusión con la que nos mirábamos a los ojos parecía pesar más con el correr del tiempo "Pronto crecerá" intentaba aliviarme dándome un beso antes de seguir haciendo nuestras cosas.

— ¿Por qué dejas que mamá gnomo pongas las manos sobre ti?

Ambas giramos nuestra cabeza alarmadas tras escuchar una voz ajena a nosotras. Algo asustada por encontrarnos así, me levante del césped nerviosa viendo como Santana junto a Brittany caminaban hacia nosotras. Rachel había decidido quedarse sentada bajando su remera para ocultar la barriga. No era secreto que estaba embaraza, pero si el hecho de estar juntas.

— ¿Qué haces aquí, Santana? — pregunto luego de recibir el beso de Brittany.

— Que seas amiga de Quinn no significa que seas la mía, Hobbit.

— Santana… — advirtió Rachel comprendiendo lo irritable que podía a llegar a ser Santana con su peculiar personalidad.

— Yo no sé qué diablos sucede contigo que has comenzado a juntarte con Berry. ¿Es que acaso el embarazo te está afectando tan fuerte? — bromea pero nadie ríe.

— Ese es mi asunto. — responde Rachel tendiéndome su mano para ayudarla a pararse.

— ¿Qué ha sucedido con tu culo, Fabray? — Se ríe — Tendremos que esquivarte en los pasillos de McKinley como la bola de Miley Cyrus por tu aumento de peso.

— ¡Yo no parezco la bola de Miley Cyrus! — protesto tras ayudar a Rachel pararse. Santana frunció su ceño, comprendí que nuevamente estaba hablando de mí en cuerpo ajeno.

— Ella no está gorda, Sanny. Un pequeño bebé crece dentro de Quinnie — calmó las aguas Brittany.

— Hasta un ciego puede verlo. Parece Peggy. Esta tan gorda que llamare a la NASA para que coloquen un satélite alrededor de ti — me señaló, es decir mi cuerpo — Si tu culo fuese una tostada la tendría que untar con un remo. — sonrió.

— ¡Que no estoy gorda! — grite lanzándome sobre el cuerpo de Santana cayendo de lleno hacia la pileta llena de agua. Esto me hacia recordar la primera vez que Rachel las conoció…

Una pequeña morenita aun no podía creer lo que su padre le había traído de regalo. Sabía que Quinn moriría al enterarse que poseía tal tesoro ahora en su habitación. No dudo un segundo en tironear de la lata que colgaba a un lado de su ventana tras ver movimiento en la habitación vecina.

¡Lucy! ¡Ponte en la lata! Tienes que ver esto. — Tironeó varias veces para llamar la atención de la sombra que se movía de un lado hacia otro allí dentro pero nada sucedía — ¡Lucy! ¡Es una emergencia! — Nada. Las sombras habían desaparecido y nadie se había puesto en la lata para dar la buena noticia. Frunció su ceño decidiendo ir hasta la casa vecina. De ninguna manera podía dejar pasar aquello así como si nada.

Corrió escaleras abajo llamando la atención de su padre por su rapidez.

¡Estaré en casa de Lucy! — gritó tras recibir la pregunta por parte de su padre. Cerró la puerta sin darles tiempo a reprochar algo o poner pegas.

Tocó el timbre cinco veces seguidas hasta que logró que Judith se personificara frente a sus ojos. — Rachel, cielo… pensé que algo malo había pasado en la puerta de mi casa. ¿Qué insistencia es esa? — le preguntó con una mano en su pecho.

¿Esta Lucy? ¡Es urgente señora Fabray!

Si, cariño… — fue señal suficiente para Rachel, adentrándose en busca de su amiga. — ¡En el jardín, Rachel! — gritó tras verla en mitad de camino hacia arriba en las escaleras — Ven, sin correr… puedes golpearte. — tomó a la pequeña morena por los hombros indicándole el camino a seguir. ¡Uff! Como si fuese la primera vez que cruzaba su cocina. ¿Qué pasaba con Judy? — Quinnie está en la pileta… ¿has traído tu traje de baño? — Negó con su cabeza — Bueno, ella está con su prima y una amiga que ha venido con ella. Diles que te dejen jugar ¿de acuerdo? Cualquier queja puedes venir a mí. Estaré allí… — señala hacia su lado izquierdo donde Russel reía a carcajadas con un extraño señor junto a la parrilla. Una mujer rubia esperaba en la mesa tomando un poco de limonada mientras se abanicaba un poco con un pedazo de revista.

¡Claro, señora Fabray! — gritó Rachel corriendo hacia la piscina donde Quinn gritaba "Marco" y las dos desconocidas niñas respondían "Polo"

Hola Lucy… estaba buscándote. — saludó la pequeña morena llegando a su lado.

¡Rach! — Saludó con un abrazo mojando parte de la vestimenta de su vecina — ¿Cómo estuvo el almuerzo?

Mi abuela te envía saludos… ahora debo mostrarte lo que me regalo mi padre. ¡Lo tengo en casa! Vamos… — tomó su mano para jalar su cuerpo hasta su objetivo pero las niñas desconocidas comenzaron a protestar alegando que ahora mismo Quinn estaba ocupada y no podía entrometerse en su juego.

Mi nombre es Rachel ¿Quiénes son ustedes? — saludó alegremente acercándose hacia el borde de la pileta.

Britt… — estiró un poco su cuello hacia arriba tras apoyar sus brazos en el borde, junto a Rachel para dejar un beso en su mejilla — Prima de Quinnie.

La morena abrió sus ojos asombrada buscando la afirmación por parte de su amiga. Quinn asintió con una sonrisa. Aquello le parecía genial… mas amigas para compartir. Recordó rápidamente que una pequeña morena, al igual que ella, esperaba dentro de la pileta su saludo.

Estiró su mano y pregunto — ¿Y tú debes ser…

Santana — tomó su mano jalándola dentro de la pileta dejando a una Rachel completamente empapada, tosiendo luego de salir a flote — Un gusto.

¡Santana! — Se escuchó la voz de Judy a lo lejos corriendo hacia las niñas — Oh pequeña… — se lamentó viendo como el vestido de la pequeña morena goteaba por todas partes una vez que la ayudó a salir — ¿Te encuentras bien?

S-si… — tiritó de frio chocando sus dientes mirando de reojo a la maliciosa niña que se reía de ella a escondidas.

Lo mejor será que vayas a cambiarte, cariño. — frotó sus brazos sobre la toalla que le había colocado intentando darle un poco de calor. — Y tú Santana discúlpate con ella.

¿Me disculpas Rachel? Ha sido sin querer — pidió poniendo su mejor cara de ángel. Rachel frunció su ceño tras escuchar la satisfacción por parte de Judy. De ninguna manera se tragaba ese cuento de niña buena.

Yo iré contigo. — Habló Quinn sintiéndose molesta con la amiga de su prima por hacerle aquella jugarreta a su mejor amiga.

¡Nosotras también! — gritó Santana saliendo de la pileta.

Lo mejor es que se queden aquí. Rachel si quiere puede regresar. — pidió la mujer viendo que no era buena idea dejarle cuatro niñas revoltosas a los pobres padres de Rachel que nada tenían que ver.

Yo iré de todas formas. — aseguró Quinn.

Judy suspiró. De nada servía intentar convencer a su hija — De acuerdo, pero deben volver enseguida. En cuanto Rachel cambie su ropa las quiero aquí. — las cuatro niñas asintieron caminando hacia la casa vecina.

Oye… tú… — habló santana llegando al porche de la morena.

Se llama Rachel — murmuró Quinn con sus dientes apretados.

Si, lo que sea… — levantó sus hombros — ¿Esa casa que tienes en tu jardín es tuya?

¿Cómo sabes que tengo una casa?

La he visto desde la habitación de Quinn. Entonces… ¿es tuya? — La morena asintió limpiando algunas gotas que caían en su rostro desde su cabello — ¿Podemos jugar en ella?

¡Claro que no! — exclamó alarmada Quinn. No podía permitir que alguien más entrara en ella. Solo Rachel y Quinn tenían acceso.

¿Por qué no? Tú mamá nos ha dicho que debemos compartir las cosas y jugar juntas. Quiero ir a esa casa. — se cruzó de brazos.

La casa no está dentro de las cosas a compartir. Aparte nos volveremos en cuanto Rachel se ponga su traje de baño.

Que no. Que quiero ir a esa casa.

Fíjate que no iras a esa casa. — se acercó la pequeña rubia hasta su rostro para infundir miedo.

Es eso o te acusare con tu madre inventando alguna historia. Le diré que no nos dejas jugar y nos peleas.

Pues dile… que me importa. — se encogió de hombros sin darle mucha importancia.

Le diré que me has empujado y que me has gritado… y que también me tironeaste del pelo. Le diré que Rachel te ayudó…

¡Eso es mentir y te crecerá la nariz! — gritó apuntándola.

¿Qué sucede aquí? — interrumpió Hiram. — Hija, santo cielo… estas empapada. ¿Qué ha pasado? — abrazó a su pequeña secando un poco su rostro.

Nada… — interrumpió la idea de Quinn de acusar a Santana con su padre. La rubia frunció su ceño — Me resbale en la pileta… estaba parada en el borde. Pero me cambiare y listo.

Si, no queremos que te enfermes. — Le sonrió a las demás niñas — ¿Nuevas amiguitas?

Ella es mi prima señor Berry. — Respondió Quinn apuntando hacia Brittany.

Oh… pero mira que hermosa niña — Brittany los hizo reír por su pequeña reverencia.

Y ella Santana… — la apuntó desganada poniendo sus ojos en blanco.

Señor con las chicas queríamos preguntarle si podemos jugar en la casa de tiene en su jardín. — sonrió con cara de ángel. Quinn abrió su boca sintiéndose nuevamente molesta pero la voz del hombre la molesto aun más.

Claro que si… Quinn ve con ellas. En un momento Rachel se unirá a ustedes. Les preparare un poco de galletas.

¿Acaso dijo galletas? ¡¿Galletas?! Pensó Quinn mientras caminaba con paso fuerte hacia el jardín de su vecino. ¡De ninguna manera dejaría que Santana pusiera las manos sobre sus galletas! Les pertenecían solo a ella por ser amiga de Rachel.

La morena no se demoró mucho en unirse al grupo apareciendo por la puerta trasera. Nuevamente llevaba un veraniego vestido blanco pero menos lujoso que el anterior, dejando ver parte de su traje de baño. La niña había protestado dentro de su casa dejando el peso sobre Quinn, alegando que no quería compartir la casa del árbol, pero tuvo que ceder frente a la idea tras la insistencia de su padre deteniendo el monologo sobre compartir.

Mi padre me ha dicho que pronto nos llamara para entrar en casa y comer galletas. — indicó con desgana entrando en la pequeña casa.

No hacen falta las galletas o puedes ir tú sola. Nosotras te esperaremos aquí. — comentó Santana con su boca llena.

Son deliciosos tus dulces, Rachie — sonrió Brittany con su dientes manchados de chocolate.

Rachel sintió como su corazón bombeara con más rapidez viendo como las manos de Santana tomaban sus dulces para engullirnos con prisa.

Jugaremos policía y ladrón. — comentó Quinn cortando la tensión tras ver la cara de su amiga.

Ese es un juego muy bruto. Es para niños — dijo la morena disgustada viendo a Santana.

¡Te dije que era una aburrida! — se quejó la devoradora de dulces.

Nosotras seremos ladrones — aseguró con valentía Rachel apuntando hacia Quinn.

No, claro que no. Los puestos ya fueron dados. Les toca policía. — aclaró Santana abandonando la casa siendo seguida por Brittany.

Pero quiero ser ladrón y esta es mi casa. Mi jardín, mis reglas. — se cruzó de brazos.

Serás policías y punto. — Miró a Brittany — Nosotras debemos robar su botín y ustedes deben atraparnos. Tú cuidaras la casa — explicó apuntando a Rachel.

No quiero jugar este tonto juego. — protestó la morena una vez que vio como se alejaban para idear su plan.

Yo tampoco pero ella me acusara con mamá y luego me tendrá castigada. — Susurró parándose a su lado — ¿Qué es eso que tanto querías mostrarme?

Rachel volvió a sonreír recordando el regalo que guardaba en su habitación — ¿Recuerdas eso que vimos en la tienda del señor Jacobsen? — Quinn asintió con sus ojos brillosos — Bueno, mi papi hoy me ha…

¡Ustedes dos! — Gritó Santana — ¿Acaso están sordas?

Rachel suspiró buscando paciencia para no golpear a la nueva amiga de Quinn. De ninguna manera deseaba jugar con aquella niña que solo se empecinaba en pelearla pero jugó de todas formas para salvar el pellejo de su amiga frente a Judy. Se quedaría debajo del árbol cuidando uno de sus osos, quien al parecer, ocuparía el puesto de presidiario. Suspiró deseando con toda sus fuerzas que su papi Hiram gritara que podían ir por las galletas y su leche, dejando atrás el ridículo juego pero Santana, una vez más, se adelantó a sus pensamientos apareciendo de la nada arrebatándole el oso detrás de su espalda luego de estar unos minutos en completa paz sola.

Inhalo con paciencia, ocultando las ganas de golpearla en la cara tras ver cómo le hacía muecas con su boca sacudiendo de un lado a otro su oso sin cuidado, mostrándole la lengua burlonamente.

¡Despídete de tu feo oso chica de nariz grande! — Rachel frunció su ceño no entendiendo de que iba el juego. Santana tomó uno de sus ojos arrancándolo sin piedad horrorizando a la pobre morena.

¡Dame mi oso! — chilló viendo como ahora aquella niña molesta llenaba su pequeño tesoro con lodo.

¡Se acabó! Gritó la mente de Rachel desesperada empujándola a saltarle aquella niña para arrebatarle su muñeco. Parecía completamente poseída, sentada sobre la espalda de Santana gritando que no tenia nariz grande y que ahora no le compartiría sus galletas, tironeando de su cabello mientras metía un poco de césped en su boca tras cada grito que daba Santana.
Cuando llegó Quinn junto a Brittany, quien caminaba con sus brazos detrás de su espalda en signo de haber sido atrapada, permitió que su pequeña vecina cobrara venganza en sus anchas. Era gracioso verlas pelear. Pero aun más gracioso era ver una Rachel llena de lodo, con sus rodillas completamente manchadas y gritando como una posesa "¡Que no tengo la nariz grande, es mi cara la que esta pequeña!"

¡Gana Rach! Vamos, dale… — festejó Quinn.

Quinnie no creo que eso este dentro de las reglas. — rió Brittany tras ver como Santana aun no lograba quitarse a Rachel de encima.

Déjalas. Santana se lo merece. — se encogió de hombros escuchando como Hiram gritaba desde la ventana que la merienda ya estaba lista.

Rachel saltó como un resorte lejos de Santana, quien con dificultad se levantó del suelo escupiendo césped. Quinn ya había perdido la cuenta, pero una vez más se sintió orgullosa de su amiga. Pronto no la necesitaría más para cuidarse la espalda de los matones.

¡Las acusare con tu madre! —dijo Santana furiosa apuntando a Quinn, provocando las risas en las pequeñas vecinas. — ¿De qué se ríen? — lloriqueó.

¡Tienes los dientes verdes! — se burló Quinn provocando la risa en Rachel y el llanto de Santana. — Wow… — dijo la pequeña rubia asombrada tras ver correr a Santana lejos de ellas siendo seguida por su prima Brittany. — Has hecho llorar a esa niña, Rachel. Que mala eres — se burló.

Se lo merecía… ella le quito los ojos a copito.

¡¿Copito?! — Exclamó escandalizada — ¿Qué tiene que ver copito en todo esto?

También me dijo que tengo nariz grande. —Susurró triste — ¿Cierto que no tengo nariz grande, Lucy?

No… claro que no. Tu nariz es perfecta, Rach. — abrazó a su mejor amiga luego de tomar a copito entre sus manos. — Ahora pidamos a tu padre que cure a copito mientras como las galletas que hizo para mí. — le sonrío guardando en su mente aquel día donde Santana López se llevó la paliza del año por parte de Rachel Berry.

Hizo galletas para las dos.

Si, lo que digas…


— Que no estoy gorda, ¿cierto Rachel?

— Claro que no, Lucy. Recuerda que estas embarazada. No le hagas caso a lo que dijo Santana hoy en la tarde. — Repitió nuevamente aquella noche. — Cada mañana que despertaba junto a ti, te veía dormir y pensaba "maldita sea… es la persona más hermosa que vi en el mundo entero" — aseguró acostándose a mi lado luego de apagar las luces — Y ahora, cada vez que me veo en el espejo lo confirmo. Eres hermosa tal y como eres, Lucy.

— Siempre te pones tan cursi — Sonrío viendo como mi rostro se iluminaba gracias a la luz de la luna que se colaba por la ventana. Rachel siempre lograba hacerme sentir mejor.

— Y cada vez que pienso en ti me da cosquillas en la panza — continuó acariciando mi mejilla — Cuando se que pronto te voy a ver me sudan las manos. Y cada vez que tú me abrazas para dormir yo… — no la deje continuar. Uní mis labios a los suyos desbordaba por tanto amor. Me sentía incontrolablemente muerta de amor por Rachel. — Y viviré diciéndote cuanto me encantas si me responderás así… — murmuró sobre mis labios luego de separarme.

— Ya cállate y bésame. — pedí sintiendo como mi corazón se agrandaba en cada beso que me dejaba.

No se lo confesaría nunca, pero comenzaba a preocuparme el hecho de tener que pasar los próximos cinco años lejos de ella.