Glee y sus personajes no me pertenecen.

No se enojen con Quinn ni con Rachel.

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Capitulo Once

Dos horas con mi trasero aplastado en el asiento perteneciente al auto de Quinn. Sassy. Si, así solía llamarlo ella. Por suerte divina ya habíamos logrado llegar a Lima pero sin las respuestas que fuimos a buscar. La feria regresó a Ohio luego de seis meses de gira, o como sea que ellos lo llamen. ¿La mujer? Cero rastro de ella. Resultado: Quinn seguía en mi cuerpo y yo en el suyo. ¿Hasta cuándo? No lo sé… mis esperanzas ya se están marchitando. Quinn ya estaba entrando en el octavo mes de embarazo y yo era quien llevaba nota de eso teniendo en cuenta que acarreaba su barriga. Y quizá era aquello lo que me hacia estar de mal humor. Los pies dolían y solía visitar el baño al menos seis veces en el día. Estábamos viviendo los mejores meses de nuestras vidas, pero en la última semana las peleas no nos habían dado tregua. Algo estúpido e innecesario entre nosotras ya que, si una no mostraba bandera blanca en menos de cinco minutos la otra lo hacía en su lugar. Eso durábamos literalmente enojadas y separadas... o ni siquiera lo ultimo teniendo en cuenta que éramos tan orgullosas, pero siempre pendiente de la otra, que no nos marchábamos del lugar antes que la otra lo hiciera.

— ¿Te encuentras bien, pequeña?

— ¿Pequeña? ¿Has visto esta barriga? — Protesto — No. — Hago una mueca con mis labios y ella rápidamente me besa fugazmente intentando borrar cualquier incomodidad que aparece en mí antes de tomar asiento en su lado de la mesa.

Habíamos decidido en mitad de camino que era buena idea detenernos en la heladería de Fred para tomar mi helado de fresa, pero lo descartamos tras ver el cartel de "regreso en una semana". Nos pareció completamente extraño, pero el hambre pudo más que la curiosidad cruzando al otro lado de la calle donde una cafetería nueva había abierto sus puertas al público.

— Te he visto y no es por nada, pero estás hermosa. No queda mucho. ¿Quieres algo de beber? — pregunta echándole un vistazo rápido a la carta.

— Si, pero la niña ni siquiera me hace caso. — Me cruzo de brazos. Creo que podía reconocerla de primer año en McKinley.

— Rach, apenas hemos llegado. Dale un poco más de tiempo.

— En mi defensa diré que… — balbuceo sin saber que acotar para mi defensa.

— Que eres hermosa… — Sonrío como boba cuando la escucho.

— No es justo que hagas eso. — Vuelvo a sonreír estirándome en mi asiento para poder apretar mis labios con los suyos pero un tirón en seco detiene mi acción. Quinn comienza a reír. — Esta gigantesca barriga no me… — mis palabras quedan ahogadas en su boca tomándome desprevenida. Ella si sabe como cambiar mi humor.

— Deja de rezongar, ahora mismo llamare para que nos atiendan. — Fruncí mi ceño tras escuchar sus palabras. Quinn Fabray era siempre la que se quejaba por todo, aun no sabía que se había fumado para estar en un estado de paz absoluto.

Le hace seña a una de las muchachas, la más joven para ser precisas, es rubia como ella y tienen el mismo corte pero la niñata lo tiene perfectamente atado en una coleta alta mientras Quinn, mejor dicho yo, hago que lo lleve más al estilo libre según como me levante esa mañana.

— Odio cuando coquetean contigo en mis narices. — murmuro lo suficientemente alto como para que logre escucharme.

— ¿Coquetear? No sé lo que dices.

— Claro, no sabes lo que digo. — Bufo — Desde que has decidido entrar en el equipo de futbol, un sequito de estudiantes calenturientas te sigue a sol y sombra. ¡Si sabes de lo que hablo!

— Rach… — susurra Quinn al darse cuenta que la niña ya está parada a un costado de nosotras esperando a que nos decidamos a terminar nuestra conversación. Puedo ver el rubor en sus mejillas y como la atrevida muchacha mira sus piernas tras darse cuenta que le tocaba atender a "Rachel Berry". No sé qué demonios había hecho con Quinn con mi cuerpo, pero ver como se la devoraba con su mirada solo aumentaba mi molestia.

— ¿Qué tanto ves? — Apunto a la muchacha con mi dedo índice. — ¿Acaso se te ha perdido algo en las piernas de mi amiga? — Si. Aun lo nuestro no era oficial, y ya comenzaba arrepentirme de mi decisión.

— ¿Disculpe? — Me dice abriendo sus ojos como platos. No te hagas. Frunzo mi ceño.

— Nada, ella solo esta delirando por falta de sueño. Solo queremos algo para beber. — responde incomoda lanzándome miradas retadoras.

— Por supuesto — responde alisando su falda — ¿Qué puedo traerles?

— A mí un vaso de zumo, ¿Tú Quinn? — gira su rostro para mirarme en cambio yo, aun sigo haciendo contacto visual con la muchacha. — Fabray.

— Zumo también… natural. — Le sonrío a Quinn estirando mi mano para tomar la suya.

— Muy bien. — responde la muchacha girando en su lugar para traer nuestro pedido.

— ¡No, Espera! — Grito más fuerte de lo que pretendía pero teniendo en cuenta que estábamos casi solas en esta parte de la cafetería mucho no me importó. — No quiero zumo, mejor tráeme alguna gaseosa. — Ella asiente e intenta regresar pero nuevamente la interrumpo tras oír el susurro de Quinn. Después te quejas de los gases. — ¡No! — Ella solo se gira y suspira. Comienza a molestarse — Una enorme taza de café.

— ¡De ninguna manera! — me reprocha Quinn. Cierto, estoy embarazada. Pongo mis ojos en blanco, no es que el bebé saldría dando brincos hiperactivo por mi exceso de cafeína— Mejor un agua saborizada. — La muchacha golpetea sus dedos en su bandeja donde lleva los pedidos a unos pasos de nosotras y suspira advirtiéndome que esa es mi última oportunidad para cambiar mi opinión.

— Muy bien. — Dice una que me quedo en silencio sin cambiar mi pedido. Se gira y hace dos pasos hasta que mi voz vuelve a interrumpirla. — ¿Puedes decidirte de una maldita vez? — Con Quinn abrimos nuestras bocas sorprendidas.

— Solo… olvida el resto, trae dos zumos… de naranja y una botella de agua — Solo asiente y se marcha sin decirnos nada. Quinn me mira con su ceño fruncido.

— ¿Qué? ¡Yo no he hecho nada, lo juro! Tú lo has visto todo.

Ella negó con su cabeza — Es por eso que te miro así. Debes calmarte.

— Pero si ella fue la que me gritó… — señalo por donde se ha marchado y veo como viene con dos vasos pequeños y los respectivos zumos.

— Aquí tienen. — Me tiende la botella y el vaso, en cambio con Quinn parece tomarse todas las molestias. Abre la botella, le hace entrega del vaso y comienza a verter agua en el. Según Quinn fue un accidente pero yo sé que no lo fue. Tiró casi mitad del contenido en sus pantalones innecesariamente ajustados.

— ¡Lo siento, discúlpame! — habló dejando la botella a un lado mientras Quinn intentaba limpiarse con sus manos el pantalón.

— No te preocupes, estas cosas suceden — Toma varias servilletas de papel de nuestra mesa y mis alertas comienzan a sonar. La atrevida muchacha sin dudarlo comienza a toquetear a Quinn sin una gota de culpa o remordimiento. — No, no, no. Todo está bien. — Quinn intenta quitársela de encima tras ver como mi cara comienza a transformarse pero la muchacha parece comprometida con su trabajo, mucho más al descubrir las musculosas y bien formadas piernas que Quinn esconde a la vista de todos y que ha sabido como tornearlas.

— Ha sido mi culpa, déjame limpiarte. — Y es la gota que derramo de mi vaso, metafóricamente hablando, no lo soporto mas tras ver como se propasa tocando lo que es mío y solo mío. Literalmente mi cuerpo.

— ¡Rachel, no lo hagas! — se apresura a decir Quinn metiendo la pata con nuestros nombres, pero ya era demasiado tarde.


— Quinn supéralo.

— ¿Qué lo supere? — escucho nuevamente su voz tras pedir un poco de tregua dentro del coche camino a nuestras casas. — ¡Pero si te has lanzado encima de esa niña! ¡Literalmente!

— Ella empezó. — se encogió de hombros restándole importancia.

— Claro que no. Ella no empezó nada.

— ¿Ahora la defiendes? ¿Qué viene luego? ¿La boda? — se cruza de brazos molesta.

— No exageres ni desvíes el tema aquí. ¿Con que cara la miraremos el lunes en clases?

— ¡¿Qué más da?! La niñata apenas va en primero. Seguro ni siquiera tuvo su primer periodo.

— Estas imposible, Rachel. — bufo cansada dejando que el silencio nos acompañe el resto del camino pero al parecer para ella aquello no era suficiente.

— ¿Podemos estar bien, Lucy? — estira su brazos para tomar mi mano y juguetear con ella. — ¿Por favor? — mire por el rabillo de mi ojo como hacia una adorable mueca de tristeza. ¡Joder! Ya ven como era imposible estar molesta con ella.

Suspiro — Lo estamos. — digo obteniendo su sonrisa como respuesta. — ¿Podemos retomar el tema de los afiches? — pregunto algo dudosa.

— De ninguna manera, Quinn.

Pongo mis ojos en blanco una vez que logro estacionar el auto en la entrada de mi casa. — ¿Por qué no?

— ¡Porque no! — Responde desabrochando su cinturón — ¿Por qué es tan importante para ti? ¡Ni siquiera es de verdad… solo una imitación de plástico!

— Siempre he querido ser la reina del baile y este año seria mía sin lugar a dudas, hasta que… — dejo inconclusa la frase.

— Pues no lo hare. Ni muerta.

— Yo colgare de todas formas los afiches el lunes antes que comiencen las clases.

— Déjame decirte que iré detrás de ti para descolgarlos. — se cruza de brazos.

— Y yo detrás de ti nuevamente para colgar unos nuevos. — la apunto molesta.

— ¡No me postulare para reina del baile, Quinn!

— No desaprovechare el momento de estar embarazada para obtener esa corona. ¿Quién crees que esta tan jodido para no votar a una tierna mamá adolescente? — grito frustrada.

— No puedo creer lo que acabo de oír.

Son las últimas palabras que escucho de su parte antes de abandonar el coche. Cierro mis ojos dejando caer mi frente en el volante por ser tan descuidada. Si, lo había cagado todo al decir aquello. Pero realmente quería ser la reina del baile y sabia que corría con una gran ventaja. Suspire antes de bajarme del auto para entrar en casa, de ninguna manera serviría el hecho de ir detrás de ella en este estado.

Frunzo mi ceño tras ver como Santana se alejaba de mi casa camino hacia mí.

— ¿Qué le sucede ahora a Fabray? — pregunta llegando a mi lado.

— Lo mismo de siempre. — respondo tomando asiento en el porche. — ¿Qué haces aquí? — pregunto con total libertad. Las cosas entre nosotras, es decir Rachel y Santana, habían cambiado considerablemente sin razón aparente.

— Brittany me ha pedido que viniese a dejarle algo a su prima camino a casa. ¿Qué hay de ti?

— ¿De mi? Nada. — levanto uno de mis hombros.

— ¿No sabes porque esta así Quinn? — niego con mi cabeza restándole importancia — sabes… el trato entre nosotras nunca fue el mejor, pero debo admitir que admiro la paciencia que tienes con ella a pesar de las cosas que te ha hecho.

— Esas cosas han quedado en el pasado. Ella siempre fue mi mejor amiga.

— ¿Solo eso? — frunzo mi ceño tras ver su sonrisa.

— No sé de que hablas.

— No puedes negarme que Fabray mueve tu avispero. — solo la miro unos segundos antes de apartar mi vista a la calle. Las farolas habían comenzado a encenderse iluminando parte de nuestra vereda. — Rachel…

— Solo somos amigas. — sentencio.

— Claro, amigas. Como lo somos con Brittany. — responde a conciencia sabiendo que lo suyo era un secreto a voces.

— Es complicado… — admito algo reticente — De todos modos no se qué haces aquí hablando conmigo.

— Ni yo, pero Brittany me ha contado algo que habló con Quinn… — dejó caer capturando mi completa atención.

— Y… — Me miró unos segundos en silencio antes de proseguir.

— ¿Cómo es eso que no quieres irte de aquí?

— ¿De qué hablas?

— De eso mismo. Que no piensas audicionar para entrar en alguna universidad de arte dramático. ¿Sabes lo que dirá el pesado de Shuester?

— Espera ¿Qué? — Frunzo mi ceño — ¿Cómo es eso que Rachel no hará la audición? — Santana entrecierra sus ojos y comprendo mi error — No sé porque Quinn diría algo así.

— Le ha dicho a Britt que tú estabas muy decidida en eso. Dime porque te quedas aquí, Rachel. ¿Es por Quinn y su bebé?

— ¿Por, por Quinn? — balbuceo nerviosa.

— Rachel, ya no intentes ocultarlo más. Desde niñas me he dado cuenta que entre ustedes siempre habría algo más que amistad, hasta un ciego puede verlo. — exclama — Pero quedarte aquí solo para estar con Quinn no me parece justo. ¿Cómo crees que ella se sentiría al respecto? Sabiendo que ha sido quien interrumpió tú camino.

— Santana… — balbuceo confundida por tanta información alejándome de mi asiento improvisado.

— Rachel, piénsalo… tienes una oportunidad para salir de este agujero.

Niego con mi cabeza — Debo hablar con ella… — murmuro de camino hacia mi casa en busca de Rachel y más explicaciones.

¿Rachel no se iría? No, no. ¿Rachel se quedaría por mí? Triple no. ¿Pero que demonios se le había metido en su dura cabeza? ¿Acaso les estaba tomando el pelo? Porque no le veía ni pizca de gracia a todo este cuento de no quiero irme, quiero quedarme. ¿Qué demonios habíamos estado hablando durante meses? ¿Dónde habían quedado esas promesas que mantendríamos durante los cuatro años de carrera? No quería que Rachel se vaya, claro que no joder, pero debía hacerlo. Y me había estado esforzando durante todo este tiempo para no flaquear frente a ella y aferrarme a una de sus piernas suplicando que me llevase. Claro que no lo iba hacer, por supuesto que no, Rachel merecía cumplir sus sueños pero su testarudez me hacia doble trabajo. ¿Aguantaría sin tenerla cerca? No lo creo, pero es un sacrificio que estaba dispuesta hacer por ella. Estaba segura que lloraría la primera noche lejos de su cuerpo, pero ¡demonios! ¿En que estabas pensando Rachel?

Teniendo en cuenta que apenas son las ocho, abrí la puerta de mi casa y corrí escaleras arriba. Podía oír perfectamente cómo salía música de mi habitación, escuchando su voz sobre la canción. Me asome por la puerta pero ella ni siquiera estaba cerca. El baño.

— Rach… — llame pero su voz seguía cantando ensimismada en su propio mundo. Camine a paso lento atravesando mi habitación hasta llegar a mi baño. — Rachel tenemos que hablar.

— Mierda, Quinn. ¡Vete! — se lleva las manos a su pecho asustada y luego estira una intentando cerrarme la puerta en la cara. La detengo.

— Tenemos que hablar. — le aseguro.

— ¿Puedes aunque sea esperar a que termine aquí? — exclama sentada en el wáter.

— Oh… si, lo siento. — asiento dándole su privacidad camino hacia mi cama. Ella no demora mucho más en unirse.

— Dime que ha pasado ahora que… — la interrumpo.

— ¿Vas a quedarte aquí? — le pregunto directamente. Mi corazón bombeaba acelerado.

Ella solo se queda parada en medio camino hacia mí, mirándome con sus ojos abiertos, claramente sorprendida por mi pregunta.

— ¿Qué dices? — balbuceó nerviosa.

— Lo que oyes. ¿Vas a quedarte aquí?

— Eh… ¿Dónde sino? — Frunce su ceño — Te recuerdo que estamos en cuerpos equivocados y…

— ¡No me tomes de estúpida, Rachel! — Exclamo — ¿Cómo es eso que no te irás a Nueva York? Que no harás la audición…

— Y se puede saber, solo por curiosidad… ¿De donde has sacado eso? — se cruza de brazos.

— Acaba de soltármelo Santana, que se lo has contado a Brittany. ¡Dime que solo es una broma que nos estas jugando a todos! — Exigí saber — ¿Es cierto si o no?

— Pues sí, es cierto. — Me responde con su cabeza bien erguida como si aquello le diera más peso a sus palabras — Me quedo y nadie me hará cambiar de parecer.

— ¡¿Estás loca?! — grito perdiendo la cordura. La cama ya no me resulta más mi lugar de confort, comenzando a pasearme de un lado a otro por toda mi habitación.

— ¿Qué te hace pensar que me iré sin ti?

— No me metas en esto, Rachel. No te atrevas — la apunto con mi dedo — Yo no quiero tener nada que ver en esto. ¿Qué hay del montón de conversaciones que hemos tenido? ¿Qué hay de las promesas?

— Mi promesa ha sido no separarme de ti. Estar juntas. Y hemos hecho esa promesa el primer día que nos hemos conocido, no la romperé ahora que te he recuperado.

— ¡Éramos unas crías, Rachel! — llevo mis manos al rostro, negando con mi cabeza sin creer sus palabras. — Tú no perteneces aquí.

— Yo pertenezco a tu lado, Quinn. Y no me marchare así me espere lo mejor allí… no sin ti. — me apunta con su dedo y su voz furiosa. — ¿Por qué nadie quiere entenderme a mi? ¡Pero qué más da! Todavía seguimos atascadas en cuerpos que no son nuestros y cada vez queda menos para terminar el año. Yo seré Quinn y me quedare en Lima, ¿Qué harás siendo tú en mi cuerpo? ¿Marcharte lejos de tu bebé?

— No juegues sucio, Rachel… yo se que encontrare la forma de romper esto que nos está pasando. Lo sé.

— Haz lo que quieras, pero eso no cambiara las cosas aquí. Así vuelva a mi cuerpo nada me asegura que entrare en NYADA mucho menos que me irá bien en la audición.

— ¿Estas de broma? Tienes una voz única y estoy segura que lo que buscan son talentos como el tuyo.

— Yo no estaría tan segura. — se encoje de hombros restándole importancia.

— ¿De qué hablas? Tú sabes perfectamente el potencial que tienes y has alardeado tu vida entera en base a ello. ¿Recuerdas las veces que hemos ensayado de niñas la entrega de premios? ¿Lo recuerdas Rachel?

— Claro. Mucha más opción no te quedaba porque luego te acusaría con nuestros padres y no obtendrías tus galletas.

— Quizá te hice pensar eso, pero en verdad disfrutaba oírte cantar y hacer payasadas. Rachel… — suspiro — Has trabajado muy duro para dejar pasar esta oportunidad.

— ¿Qué tal si fallo en la audición? Si se me olvida la letra o me equivoco… lo que sea. Adiós universidad…

— ¿Fallar tú? Eso es imposible al menos que así lo quieras, pero tú no serias capaz ¿cierto Rachel? — Solo se encoje de hombros antes de recostarse en mi cama — ¿Qué estas queriéndome decir, hum? — aprieto mi mandíbula soportando las ganas que intentan superarme de gritarle. ¡Esto tiene que ser una jodida broma! — ¡Responde, maldición! — grito perdiendo la paciencia.

— ¿Sabes lo que sucederá? — Me pregunta apoyando su espalda contra el cabecero de la cama — Yo me iré a la universidad y tú… tú te quedaras aquí. — señala disgustada comenzando a tragar saliva, clara señal de soportar las ganas de llorar.

— ¿Y que con eso, Rachel? Ya hemos hablado al respecto. Tenemos internet. Skype. Tú vendrás en las fiestas y yo iré las veces que pueda.

— ¿Skype? ¡Skype! — Exclama fuera de sí — Es como estar en una relación con un fantasma. La distancia siempre arruina las cosas. Todo cambiara, Quinn. Con el tiempo quieras o no, cambiara. — se sorbió la nariz mirando sus propias manos sin querer enfocar su mirada en la mía.

— Escúchame — pido llegando hasta su lado, tomando asiento cerca de ella levantando su mentón para mirarnos a los ojos — Las personas cambian con el correr de los días, se van convirtiendo en la mejor versión de ellos mismos con las experiencias adquiridas. Lo nuestro cambiara, eso es seguro, pero para bien si nosotras ponemos fe en ello. Nos haremos fuertes con la distancia y…

— Tú conocerás a alguien más… gente nueva. — corta mi discurso para comenzar el propio.

— Así como también tú conocerás personas, Rachel. ¿Qué hay de malo en ello?

— ¿Y si dejas de quererme? — vuelve a sorberse la nariz y solo me queda sonreír por lo tierna que se ve ahora mismo.

— Jamás podría dejar de quererte a ti. Te has colado en lo más profundo de mi corazón… créeme que nadie podrá sacarte de allí. — le acaricio la mejilla pero ella toma mi mano antes de hablar. — Estoy locamente enamorada de ti.

— Quinn… no cambiare de opinión. Ya es decisión tomada. Me quedare.

Inhalo reteniendo el aire antes de alejar mi mano de ella y romper el agarre. Grito completamente molesta con ella.

— ¿Por qué eres tan frustrante, Rachel? — pregunto sintiendo como las lagrimas comienzan a juntarse en mis ojos. La impotencia desborda mi cuerpo. — ¡Tú no perteneces aquí! Y quedándote nunca lo lograras.

— Entiende tú que algo real está pasando entre nosotras, que no dejare que la distancia nos afecte. Me quedare aquí, contigo y con el bebe.

— Oh no, por supuesto que no. — niego con mi cabeza volviendo a caminar de un lado a otro.

— ¿De qué hablas? — Pregunta arrastrándose por la cama hasta sentarse en el borde — ¿Lucy?

— No me llames así… — me muerdo el labio enojada sabiendo que jugaba con mi temperamento. Completamente furiosa con Rachel, la apunto con mi dedo y las palabras parecen no querer salir de mi boca. Sabía que me odiaría por el resto de nuestras vidas. Yo misma me descomponía de solo pensarlo pero… — No te quedaras por mí, claro que no. Yo no seré la razón de tu frustración en un futuro.

— Lucy… por favor. Necesito que te pongas en mi lugar y entiendas que…

— ¡Nada! — Exclamo — Se ha acabado, Rachel.

— Eh… ¿Qué? — frunce su ceño abandonando mi cama.

— Lo que oyes… — respondo rompiendo en llanto. — Tú no te quedaras aquí, no por mi Rachel.

— ¿Me estas dejando, Quinn? ¿Eso quieres decir? — preguntó tapando su boca, ahogando el llanto que abandonaba su cuerpo.

— Lo estoy dejando, si.