Capitulo II
-Moo~ creo que ya me perdí ssu…- Bufó el rubio mirando el mapa que le había entregado Aomine a último momento
Por más que caminaba y oliera, todo el bosque le parecía exactamente igual, podría ser la barrera que protegían sus tierras la culpable de su extravío. Ya llevaba más de media hora caminando y parecía no haber avanzado mucho.
-Quizás, no sería malo volver…- miró hacia atrás algo arrepentido- ¡No ssu!- sacudió la cabeza de un lado a otro- ¡No volveré, no pienso casarme, menos con ese tipo tan desagradable ssu!
-Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí?- Sonó una voz por entre los arboles
-¿Eh? ¿No es el primogénito de ese clan Kise?- Otra voz, que hizo que Kise sacara las garras mirando de donde podrían venir
-Sí, sí, ¿Qué tal si lo raptamos y pedimos una recompensa por él?- Una tercera voz
-No sería mala idea- Comenzó a reír la primera voz que había oído
-Esto no es bueno, son tres contra uno ssu…- Pensó el ojidorado mirando los alrededores poniéndose en guardia
-No te asustes tanto- Se mostró el primer individuo, un chico de cabellos negros y piel algo morena
-Ah, pero ese chico nos pidió que le diéramos una lección- apareció el segundo cerca del rubio, éste era de cabellos casi anaranjados y con una sonrisa divertida
-Sí, ordenes son ordenes- Apareció el último, un chico de gran tamaño a comparación de los otros dos
-Entonces acabemos con esto…
El rubio lanzó bolas de fuego a los atacantes, aprovechando la conmoción para huir, si bien no podría pelear contra tres, perfectamente podría escapar de ellos, "Odio huir, pero no creo que pueda contra ellos ssu". Los perseguidores eran bastantes persistentes y no estaban a mucha distancia de él, un problema para Kise que ya comenzaba a cansarse.
En la persecución los individuos sacaron unas extrañas cosas metálicas que escupían fuego, algo que nunca había visto el chico y que sin detenerse a preguntar –no es como si lo fuese a hacer- supuso que eso debía provenir del mundo humano; Esos sonidos extraños que producían esas cosas metálicas se escuchaban más cerca y para cuando quiso darse cuenta, dos, tres, cuatro bolitas negras traspasaron el cuerpo del rubio, que soltó un chillido de dolor mientras caía al suelo.
-Agh… ¿que… es esto…?- se levantó divisando como su cuerpo comenzaba a sangrar en los lugares que habían llegado esas bolitas negras
-¡Le dio!- Gritó uno de los atacantes victorioso
-¡Apresúrate!
-Mierda… esto duele- Masculló Kise caminando como podía
-¡Que no se escape!
El zorro rubio comenzaba a ver borroso y su cuerpo comenzaba a ceder ante el cansancio, ya no veía por donde iba, solo caminaba sin rumbo, deseando que esos tipos no lo encontraran.
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Estuvo caminando por más de una hora, por un sendero que no había visto antes, el olor de esos sujetos ya no se sentía por los alrededores, eso lo tranquilizó un poco.
Completamente agotado y adolorido, se recostó en un árbol, aspirando un aroma algo nuevo para él, alzó la vista y pudo notar como el cielo comenzaba a nublarse.
-¿Va a llover?- Susurró el ojidorado mirando como las nubes grises que iban adornando el cielo- ¿Que habrán sido esas cosas ssu?- miró sus heridas, que por alguna razón no se regeneraban como él creía que pasaría
Sus flamas azules lo envolvieron y cerró los ojos para concentrarse, el sanar de sus heridas estaba tardando más de lo habitual para un zorro de su linaje, comenzaba a inquietarse, quizás esas "cosas" eran parte del mundo humano, de ser así podría tardar más tiempo en curarse.
-Ya te dije Mayu, los hanyou no existen- escuchó una voz chillona, probablemente un niño
-¿Qué tal si encontramos alguno, Sata?- una segunda voz mucho más aguda, una niña
-A-ah... Deben ser niños de nuestro reino...- Dijo esperanzado el ojidorado levantándose para luego caminar hacia las voces con dos flamas revoloteando a su alrededor
-Que terca eres Mayu... Como ya te dije los hanyou...- notó la mirada aterrada de su amiga- ¿Mayu, que pasa?
-K-Ki-Kits…- balbuceaba la niña apuntando a cierto "humano" con orejas de zorro
-Oye, se más clara- dijo molesto
-¡Kitsune!- giró la cabeza de su amigo a lo que ella había visto
-¿N-No son niños de nuestro reino ssu...?- Susurró el ojidorado con un rostro tan sorprendido como los de ambos niños
-¡Es un demonio!- Gritaron ambos niños al notar como flamas azules permanecían cerca del intruso y sin decir más salieron corriendo, dejando un camino de humo tras ellos
Rascó su nuca confundido- No esperaba esa reacción... ¿Tan feo soy ssu?- se preguntó el rubio indignado frente a esa situación- ¡Esperen un minuto! ¡Esos niños no tenían orejas ni cola!
¿Cómo no se había dado cuenta antes? Esos niños eran humanos.
-¡¿Humanos?!- Gritó exaltado- ¡Por fin llegué al mundo humano ssu!- sus orejas comenzaron a moverse de la emoción al igual que su cola- Pero... ¿Cómo fue que llegué?
Intentando reenumerar por dónde había caminado y corrido, el rubio chocó con una muralla hecha de piedra, sobándose la frente por la nueva herida que tenía en el cuerpo.
-¡Estúpida muralla!, ¿¡Cómo te atreves chocar contra mí ssu!?- Gruñó furioso sacando sus garras
La lluvia comenzó a caer estrepitosamente, el ojidorado comenzó a reír algo nervioso, "¿Cómo puedo pelear con una muralla?" Pensó agachando las orejas, estaba avergonzado y si Aomine hubiera estado ahí se hubiese burlado de esa torpe actitud. El dolor comenzó nuevamente a recorrer su cuerpo, necesitaba curarse de alguna forma y si ese era el mundo humano, tenía que pedir ayuda ahí.
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-¡Oye, Kuroko!- Gritó un pelirrojo de mirada amenazante, mientras corría hacia al que había nombrado
-Ah, Kagami-Kun- Respondió un chico de escasa presencia y baja estatura, de cabellos celestes y ojos del mismo color, mirando al pelirrojo que respiraba agitado a su lado
-Kuroko idiota, está lloviendo y, ¿piensas irte sin paraguas?- Dijo el nombrado Kagami mostrando un paraguas del mismo color que los cabellos del peli celeste
-No debiste haberte molestado- cogió el paraguas, dándole una leve e invisible sonrisa como agradecimiento
-Si no lo hubiera hecho, te habrías quejado mañana con que nadie te lo recordó- Desvió la mirada el pelirrojo, aún no podía acostumbrarse a esos pequeños gestos de parte del menor
-Tienes razón, gracias- Dijo algo cortante, no es porque quisiera, simplemente su personalidad era así y Kagami lo sabía
-Bien, vamos a casa, Kuroko.
Así era todos los días para ambos, irse juntos en silencio, a veces hablaban de temas como el básquetbol, pero la conversación no solía durar mucho ya que ambos tenían una manera un tanto distinta de pensar, Kagami era terco y muy impulsivo, al contrario del pequeño peli celeste que era tranquilo y analizador, pero de cierta forma esas personalidades opuestas habían hecho de su relación una amistad bastante fuerte y que se complementaba.
-Creo que sería una mala idea ir por unas hamburguesas con este tiempo- Susurró el más alto, a un tono que había escuchado el peli celeste
-No tengo nada que hacer ahora, Kagami-kun- Dijo el peli celeste dirigiéndole una mirada, una sonrisa apareció en el rostro del contrario
-¿¡Y que estamos esperando!? ¡Vamos Kuroko nos puede coger una lluvia más fuerte!- Gritó Kagami antes de salir corriendo
-Kagami-kun…- alcanzó a decir Kuroko dando un suspiro, ¿debía correr? Odiaba correr… pero no quería quedarse atrás
Ya sentados en Maji's y con sus órdenes sobre la mesa –hamburguesas para Kagami y una malteada para el pequeño-, Kuroko dirigió su mirada hacia la ventana empañada, que limpió con la manga de su chaqueta, viendo como las nubes iban tiñéndose de bellas gamas grisáceas cada vez más oscuras y las gotas de lluvia se hacían cada vez más fuertes, sus pensamientos fueron inevitablemente interrumpidos por un estruendoso sonido que venía de fuera.
-¿Un trueno?- Dijo Kagami mirando hacia la dirección que miraba el peli celeste, con una hamburguesa en cada mano
-Kagami-kun, no hables con la boca llena, es de mala educación- Le reprendió Kuroko mirándolo con su rostro monótono
-Ah, claro, claro- dijo despreocupado continuando con sus hamburguesas
-Y con respecto a lo que dijiste- el pelirrojo le dirigió la mirada- Eso más que un trueno, sonó como a un disparo…
-¿Disparos aquí?- explotó en risas escupiendo un poco de comida, al darse cuenta se cubrió la boca, pero eso no evitó sus risas socarronas- Kuroko, creo que la malteada se te subió a la cabeza
Frustrado por esas risas, guardó silencio, sabía que Kagami no podía entender esas leves intuiciones que tenía, a veces ni el mismo podía hacerlo.
-Supongo que tienes razón…- Dijo con su actitud seria habitual y no hablaron nada más
El silencio fue uno de sus acompañantes más fieles en el trayecto a casa, Kagami sabía que había hecho mal en burlarse de su amigo, pero lo que había dicho era simplemente ridículo y carecía de sentido, debía disculparse, "¿Que quería que dijera? Es ridículo, no debería disculparme, además el me dio la razón al final" Ese era el pensamiento que le intentaba calmar su culpa.
-Nos vemos Kagami-kun- dijo en un tono bajo avanzando al lado contrario del pelirrojo
-Oye Kuroko- se rascó la nuca con un leve rubor albergado en sus mejillas- y-yo… bu-bueno… lo que dije en Maji's…
-Ya da igual, no le des más vuelta- Respondió seco Kuroko, actitud que no dejó conforme a Kagami
-¿Estás seguro?- Dudó en preguntar, pero su actitud impulsiva había tomado el control
-Sí, no te preocupes por pequeñeces como esa Kagami-kun- Dijo Kuroko siguiendo la caminata hacia su casa
-¡Nos vemos en clase!- Gritó el más alto fingiendo bienestar pero sus puños se habían cerrado hasta que los nudillos quedaron blancos.
En el rostro del peli celeste albergaba una leve sonrisa, adoraba los días lluviosos, porque eran aquellos días donde su mente podía disfrutar de la tranquilidad que esas gotitas de agua le causaban al caer; contó los charcos que se iban acumulando en el camino, pasando cerca de la estación de policía, donde escuchó por parte de los uniformados, que andaba una especie de demonio o animal salvaje deambulando en el bosque y que hasta que se supiera de la supuesta aparición nadie podría acercarse.
La curiosidad de Kuroko lo llevó más allá, sabiendo que los policías no podían percatarse de su presencia atravesó el muro de vigilancia y se adentró en el bosque, en busca de esa supuesta demoniaca criatura.
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Por más que avanzaba solo oía los pasos de aquellos hombres vestidos de azul y negro con esas cosas metálicas, cada vez más se sentía más débil, sus flamas se habían extinguido por el dolor y la falta de energía, como pudo se escondió en una cueva y se desplomó en el suelo, no sin antes lanzar un conjuro de protección para poder descansar un rato.
-Mamá… Papá…- el rostro de sus padres aparecieron en su mente y ligeras lagrimas amenazaban por salir- Tenían razón… el mundo humano es muy cruel ssu… no debí haberme ido…
Su orgullo por esa ocasión le permitió llorar por la ausencia de sus padres, se arrepentía de haberse ido, ¿sus padres lo estarían buscando? ¿Lo encontrarían? Preguntas comenzaban a aparecer en su mente y fue cerrando gradualmente los ojos por el cansancio –también influía la pérdida de sangre- y la energía –o magia- que había utilizado para engañar a los seres humanos.
