PRIMER ASALTO

"Sólo quiero estar contigo" me dice Kate.

Yo espero un segundo, sólo uno, porque no puedo creer que esté pasando. No puedo creer que sea real. Grabo en mi retina su imagen de mujer completamente desarmada y sincera. Y me lanzo sobre ella, porque Kate -mi Kate- habla poco sobre sus sentimientos, pero cuando lo hace sé que puedo confiar en ella al cien por cien. Y si quiere estar conmigo, después de cuatro años esperando, es lo que va a pasar. Va a pasar aquí y ahora.

Oigo un portazo. Rayos, quizás haya sido muy brusco, pero no puedo controlarme, mejor dicho, no quiero contenerme, ya lo he estado haciendo durante cuatro años. Sus besos son de sabor dulce, dulcísimo. Su húmeda lengua me ataca, con la boca abierta, sin pudor alguno. Mi cuerpo grande y patoso la tiene retenida contra la puerta. Siento los huesos de sus caderas. Espero no hacerle daño. Espero no asustarla. Pero la deseo con locura y no puedo expresarme de otro modo.

Le como la boca. Esa preciosa boca de labios carnosos: un manjar de dioses. Me embriaga el olor de su perfume. Cerezas. Bueno, supongo que será su perfume, porque parece que tuviese un ramillete escondido en alguna parte. Me dejo llevar por el apetitoso olor y le beso el cuello. No puedo controlarme. Hundo mi cara en su piel, en su pelo. La abrazo, mejor dicho, la estrujo entre mi cuerpo y la pared. Temo hacerle daño. Pero ella gime, coge aire, me abraza. Tiene unas manos fuertes, muy fuertes. Clava sus dedos en mi espalda pero sin clavarme las uñas. Eso me gusta.

Vuelvo a su boca. La pillo desprevenida y ahoga un gemido en mi apasionado beso. Me estoy volviendo loco. No hago más que abrazarla, sentirla. Con mis manos recorro sus hombros, sus brazos, sus caderas. La estrecho contra mí. Vuelvo a besarle el cuello, la mandíbula. Da igual: cualquier parte de Kate, de mi Kate, es perfecta para recibir besos. Noto como ella me abraza y me acaricia haciéndome sentir que lo estoy haciendo bien.

Ahora caigo en la cuenta de que está empapada. Su pelo, su ropa e incluso la piel por debajo de la blusa está mojada. Y yo me estoy empapando también. Pero me da igual. No le va a durar mucho la ropa puesta. Ya mismo. Sigo besándola por el escote, decidido a destapar más piel que besar, le desabrocho un botón.

Su suave y cálida piel tiene una imperfección entre sus senos a la altura del corazón. Pero no es feo, es bello. Precioso si lo pienso. Porque significa que mi Kate está viva. Milagrosamente sobrevivió a un tiro que le rozó el corazón. ¡Milagrosamente! Me quedo mirando la cicatriz embobado. Ella se da cuenta.

Me coge la mano y me guía. Me invita a tocarle la pequeña señal ¿Alguien más te ha tocado como lo estoy haciendo yo ahora? No, creo que no, Kate. Siento su fuerte palpitar bajo mis dedos. Nos besamos. Ahora mucho más suavemente, con ternura. Lo sé. Sé que esta noche voy a hacerte el amor, Kate. Si hubiese sido hace cuatro años sólo hubiese sido sexo, pero ahora no. Ya no.

Se separa de mí y me mira. Ahora es una mirada serena y alegre. Todo lo contrario a cuando he abierto la puerta. Yo soy consciente de que la estoy mirando como un tonto, aún incrédulo por cómo se ha presentado en mi casa. Me coge de la mano. Soy tu esclavo, Kate. Camina tranquilamente hacia mi dormitorio y yo le sigo a trompicones porque me tiemblan las piernas.

¿Qué me has hecho, Kate? Tengo una lista enorme de conquistas a mis espaldas pero me siento como un adolescente novato. Cuando llegamos a los pies de la cama me giras y me miras a los ojos sonriendo y parece que te das cuenta de mi estado de shock, porque tiras de mí para que acabe sentado en la cama. Sin darme tiempo a nada, te sientas encima de mis muslos, me tomas la cabeza con ambas manos y me besas saboreándome la boca ¿A qué te saben mis besos, Kate? Porque los tuyos son gloria bendita.

Dios mío Kate. Me estás devorando. Besas con dureza y pasión. Me muerdes. Me saboreas. Me provocas. Me encanta. Te apartas un segundo para respirar, pero yo te abrazo y te vuelvo a acercar a mi boca. Te resistes a que yo tome el control. Me gusta. Finalmente te dejas besar. A mi ritmo. Besos suaves pero profundos. Lo que diríamos un buen morreo.

Te relajas entre mis brazos. Yo lo noto. Aprovecho para tumbarme de espaldas mientras te mantengo abrazada, de tal manera que tu también acabas tumbada encima de mí. El agua escurre de tu pelo y tu ropa. Me estás empapando, pero no cambiaría nada de este momento. Ni en mis mejores sueños hubiese imaginado algo así. Perfecto.

Nos seguimos besando. Parece que estamos recuperando los cuatro años en un rato. Ahora siento tus besos aún más húmedos. Es muy sexy. Eres una contorsionista, Kate. Estás sentada sobre mis piernas y tumbada sobre mi torso. Oh. Siento todo tu peso sobre mí y, aunque tengo que decir que no pesas mucho, lo cierto es que se me está clavando algo en el abdomen.

Meto las manos por debajo de tu cazadora y hago mención de quitártela suavemente. Tú te das cuenta, te incorporas y rápidamente te la quitas, dejándola caer a un lado. Me miras. Pareces una diosa con la tenue luz de la habitación. Yo me quedo inmóvil. Te ríes. Creo que sigo teniendo cara de asustado.

Te inclinas sobre mí. Me agarras las muñecas y me dices "Arriba las manos". Yo obedezco. Te pones a cuatro patas sobre mí. Sonríes pícaramente. Acercas tu cara a la mía. Haces mención de besarme, pero te apartas dejándome con la miel en los labios. Mmmm. Eres mala, Kate. Me gusta.

Te acercas a mi oído "¿Tu palabra de seguridad sigue siendo 'manzana'?" me preguntas en un susurro ¡Cómo es posible que te acuerdes de eso! Fue un comentario tonto de los míos un día poco inspirado. "Sí" respondo casi sin aire en el cuerpo. Oh, Dios mío, Kate ¿Qué tienes en mente? Me miras y te ríes. "Oh, Castle, tendrías que verte la cara" Rayos ¿Estabas tomándome el pelo o vamos en serio, Kate?

Me sueltas las muñecas y recorres mis brazos con los dedos. Te gustan mis biceps, porque cuando llegas a ellos te recreas masajeándolos a través de la camisa. Ahora eres tú quien tiene cara de tonta. Estás comiéndome con la vista. ¡Oh, por favor, Kate, arráncame la camisa, que lo estás deseando! Bueno, soy yo el que lo desea.

Me desabrochas un botón, lentamente. A continuación otro. ¡Por favor, Kate, qué tortura!. Mi respiración se agita. Tu sonríes al ver mi cara de súplica. Te inclinas, hundes tu cara en mi pecho y me besas la piel que has dejado al descubierto. Vas bajando y el siguiente botón lo desabrochas con la boca. ¿Cómo rayos se hace eso, Kate? Sigue bajando. Noto tu aliento. Se me eriza el vello. Otro botón desabrochado.

Mientras encojo un poco la tripa pensando en que tendría que haber ido más al gimnasio, llegas al último botón que desabrochas rápidamente. El frío contacto de tu pelo húmedo en mi abdomen hirviendo me hace gritar. Sé que te das cuenta porque paras un momento pero sigues besándome. Tu nariz está fría también. Ay, Kate. Me gusta. Me gusta mucho.

De repente me agarras la camisa y la sacas del pantalón. Y yo gimo, me quedo sin respiración. Te incorporas, me agarras la camisa y tiras de mí para que me levante. Nos quedamos de pie abrazados a los pies de mi cama. Nuestros labios se encuentran y yo te beso. Tu aprovechas para quitarme la camisa, que se me queda enganchada por los puños a las muñecas y no sale.

Lucho por sacar mis manos pero no puedo. A ti te hace gracia y no me ayudas, no, si no que me besas, me devoras. Mi boca, mi cuello, otra vez mi boca. Y me metes mano. Recorres mis músculos con la curiosidad de saber dónde empiezan y donde acaban. Yo los tenso para que se me marquen y no quedar en ridículo.

Por fin ha salido la camisa, la lanzo por ahí lejos mientras nos besamos. Te separas de mí sonriendo, me acaricias el torso desnudo de arriba a abajo y cuando llegas abajo... Oh, Kate. Tienes las manos frías. Metes al mano por dentro del pantalón siguiendo mi ingle. Me miras mordiéndote el labio. Rozas mi vello púbico con los dedos, me encojo un poco del frío mientras noto mi instinto básico despertar.

¡Soy tuyo, Kate! ¡Soy tuyo! ¡Hazme lo que quieras!

Sacas la mano antes de llegar a más. ¿Te había dicho que eres mala? Pues no, me equivocaba: eres muy mala. Perversa. Y tú lo sabes porque ahora me sonríes mientras mi boca se seca por el deseo y soy incapaz de decir nada. Me agarras del cinturón zarandeándome un poco. "Buenas piernas" me dices. "tu... tuyas mejor" balbuceo yo. Perfecto. Ya no se ni hablar. Tengo la sangre en otro sitio.

Con una mano en cada muslo me acaricias a través del pantalón. Te acercas peligrosamente a mi trasero. Yo tengo los glúteos tensos esperando tus manos. No dejamos de mirarnos a los ojos mientras mueves tus manos y... ¡zas! otra vez paras antes de llegar a tu objetivo. Mala. Pero ya me has encendido, Kate, y no puedo seguir reprimiendo el fuego que arde en mi interior. Te ríes porque sabes que estás haciéndome sufrir dejándome siempre con ganas de más.

Te agarro firmemente por los brazos y te obligo a apartarte de mí. Me miras con... expectación. Vaya, detective. ¿lo estabas haciendo a propósito? ¿te gusta calentarme y dejarme frustrado? Vale, cambio mi cara de 'amante embobado' por mi cara de 'aquí mando yo'. Te miro de arriba a abajo y de abajo a arriba. Tú también me miras con deseo, te balanceas ligeramente como reprimiendo tus ganas de abalanzarte sobre mí.

Lo único que quiero es cogerte en brazos, tumbarte en cama, lanzarme yo encima tuyo y enseñarte porqué tengo cuadros de animales salvajes en mi dormitorio...


Hola televidentes,

Siento cortar aquí, pero es que si no saldría un capítulo muy largo.

Como habéis podido comprobar, he ignorado la 'escena eliminada' que salió a la luz hace poco, porque no me cuadraba mucho con el ritmo que le quería dar al asunto.

Cuantas más reviews menos tardaré en publicar el siguiente capítulo ;) -chantaje- jejejejeje.