Gracias por las reviews, aquí está la continuación:


Lo único que quiero es cogerte en brazos, tumbarte en cama, lanzarme yo encima tuyo y enseñarte porqué tengo cuadros de animales salvajes en mi dormitorio...

Pero te observo empapada y lo primero que hago es alargar el brazo, abrir un cajón de la cómoda y coger una toalla. Tú me miras extrañada, yo te devuelvo una mirada de confianza, y debo hacerlo bien, pues tú me sonríes, te agarras la blusa empapada por abajo con los brazos cruzados y de un ágil movimiento te la quitas sacándotela por la cabeza. La dejas a un lado. Yo creo que dejo de respirar durante unos segundos. Bonito... sujetador.

Haces mención de coger la toalla de mis manos pero... soy yo quien quiere jugar contigo ahora. Me coloco frente a ti, sin dejar de mirarte a los ojos y te paso la toalla por encima de los hombros. Te abrazo contra mí y te froto la espalda a través de la toalla para que entres en calor. Haces mención de besarme, pero en vez de eso suspiras y dejas caer tu preciosa cabeza sobre mi hombro, descansando plácidamente. Noto tus frías manos en mi espalda mientras me abrazas. También noto tu pantalón helado contra mí. Ouch. Frío.

Yo mismo estoy empapado de tanto refrotarme contra ti. No sé cómo te has mojado tanto, Kate, parece que te hayas quedado bajo la tormenta sin importante nada, esperando que la lluvia arrastrara tus problemas. "Espera" te digo mientras cojo otra toalla, me la echo al hombro y me agacho delante tuyo.

Le echo un vistazo a tu ombligo y sonrío al ver por fin tu piercing. Pero no es eso lo que quiero ahora. Con sumo cuidado busco en la cinturilla de tu pantalón vaquero el botón y lo desabrocho, sin mucha habilidad, lo reconozco. Te miro a los ojos desde aquí abajo y tú me devuelves la mirada, entre tierna y tímida. Yo te entiendo, seguramente no te hayas visto en una situación así antes. Yo no. Sólo en mi imaginación.

Te bajo la cremallera. Mmmm. Veo tu ropa interior. Dios mío este pantalón te está como un guante. Va a ser difícil. No puedo resistirme y te beso la tentadora piel entre tu ombligo y la cinturilla de tus braguitas. Tengo las manos en tus caderas y noto como te estremeces. Agarro el pantalón y doy un pequeño tirón. Difícil. Muy difícil.

Yo gruño. Tú te ríes.

Decides ayudarme. Te sientas en la cama y me pides que tire de las perneras. Me hago un lío y casi te quito el pantalón sin quitarte las botas primero. Te ríes mientras aparto todo, pantalón y botas a un lado.

Me quedo admirando tus piernas. Tus atléticas e interminables piernas. Sé que vuelvo a tener cara de tonto, tú me sonríes y las encoges tímidamente, pero también seductoramente. Creo que te estás haciendo la modosita, Kate.

Me siento en la cama, junto a ti, cojo la toalla que me había echado al hombro y empiezo a secarte las piernas lentamente. Se me seca la boca recorriéndolas con todo el esmero que puedo poner mientras mi cerebro está entretenido guiando toda la sangre a mi entrepierna.

No puedo apartar los ojos de tu impresionantes extremidades. Llega un momento en el que dejo la toalla y sigo acariciándote con las manos. Te miro a los ojos, porque casi me había olvidado que tú estabas aquí. Tantas veces había fantaseado contigo, Kate, que ahora me pareces un sueño. Tú me miras juguetonamente a los ojos y luego desvías tu mirada, no se bien a donde. Entonces mueves una de tus piernas lentamente hasta colocar tu pie en el sitio a donde mirabas.

Respiro profundamente al sentir tu caricia a través del pantalón. Te muerdes el labio y mueves el pie por la cara interna de mi muslo hasta llegar a mi erección. Presionas ligeramente y observas mi reacción. Yo cierro los ojos y aprieto los labios, poniendo una cara más cómica que sensual, lo sé. Siento mi miembro palpitar, estoy viendo las puertas del cielo, Kate. Tu insistes y aprietas un poco más. Insensata. Vas a despertar a la bestia. Vuelves a hacerlo.

Desesperado, te agarro el tobillo firme pero suavemente y te miro a los ojos. Tú me devuelves la mirada y comprendo que ya quieres pasar a la acción. Muy bien, pues ahora soy yo quien va a jugar contigo, detective. Te levanto el pie que te he agarrado y te beso el empeine. Subo la mano acariciándote el gemelo y te beso la rodilla. Con delicadeza te agarro la otra rodilla y de un enérgico movimiento te abro las piernas.

Si no fuese por tus braguitas, estaría viendo ahora mismo un primer plano de tu sexo. Bueno, lo cierto es que aún en la penumbra de la habitación y a pesar de la tela de tu ropa, puedo intuirlo. Estás hinchada, lubricada y deseando recibirme dentro de ti.

Para que veas que yo también puedo llegar a ser muy malote, deslizo mi dedo índice a través de la tela húmeda, comprobando que tu deseo está en el punto justo. Tú dejas escapar un gemido. Música para mis oídos. Has cerrado los ojos de puro placer, así que yo aprovecho y me abalanzo rápidamente y te doy un suave mordisco en tu monte de venus. Como no mirabas, te coge de improviso, gritas y mueves tus caderas. Por un segundo pienso que no te ha gustado, levanto la cabeza, te miro a los ojos. Me sonríes. "Eres bueno" me dices. Yo sonrío también.

Te incorporas y te acercas a mi boca. Me besas profundamente. Me agarras por la nuca, no me dejas respirar, me mareo. Finalmente me apartas. Ambos estamos jadeando. Yo sigo sin aliento cuando te acercas a mi oído y susurras "¿Tienes condones?" me preguntas. ¿¡Que si tengo, Kate!? ¡Desde que te conocí no he hecho más que comprar condones! ¡La esperanza en lo último que se pierde! Garrapateando por encima de la cama me acerco hasta la mesita de noche, revuelvo en un cajón y saco una caja nuevecita, la última que compre pensando en ti. Intento torpemente quitarle el envoltorio pero tú me la quitas de las manos. "De esto me ocupo yo" me dices.

Los dejas encima de la mesilla con tus elegantes movimientos que no puedo dejar de observar en la semipenumbra. Entonces me doy cuenta de que aún estoy medio vestido. Me pongo de pie. Me quito rápidamente los zapatos y calcetines, y,cuando me dispongo a desabrocharme el cinturón me agarras las manos de las muñecas y me paras. Te pones de pie en frente mío. Eres tú quien me bajas la cremallera y dejas caer los pantalones hasta las rodillas. Te quedas observando mis calzoncillos unos segundos. Sí, uso boxers: me gusta ir ancho.

Das una vuelta alrededor mío sin dejar de mirarlos, no sé que te intriga más: el envoltorio o lo que hay dentro. "Son de seda" digo yo sonando de lo más tonto, flexiono las rodillas y me termino de quitar el pantalón. Después de dar la vuelta te paras enfrente mío y sonríes. Conduces tu mano a la cinturilla, metes con suavidad el dedo índice, la separas de mi piel y echas un vistazo ahí abajo. No dices nada pero me sonríes mirándome a los ojos juguetonamente. ¡Dime algo Kate! Completas la vuelta con el dedo aún enganchado a la goma elástica y apuesto a que le echas un buen vistazo a mi trasero. Lo imagino cuando siento su aliento en mi espalda. Sueltas la goma de repente. Zas. Auch. ¡Mi culo! Me ha gustado eso.

Te vuelves a poner delante de mí, sonriendo como una niña traviesa "sólo lo realmente bueno se envuelve en seda" me dices. Yo desvío mi mirada de tus ojos a tu sujetador. El ribete de encaje en la copa es tentador. Me acerco y te acaricio con el dedo índice la suave piel de tus pechos que cubre el encaje. "Lo mismo que..." te digo en un susurro mientras te aparto los tirantes, te beso en un hombro, te beso en el cuello. Me miras expectante y lujuriosa. "... los Katherine's Secrets" Te ríes de mi tonto comentario y yo me derrito al oír tu carcajada.

No aguanto más. Te desabrocho el sujetador y tiro de él un poquito, lo justo para que él solo se caiga al suelo dejando los "secretos de Kate" al descubierto. Te contemplo con la tenue luz anaranjada de las lamparillas de noche. ¡Deslumbrante! Tus pechos complementan tu esbelta y tonificada figura a la perfección, rematados por unos pezones oscuritos que ahora me saludan erectos. Das un pasito hacia mí. Observo su bamboleo, hipnotizado.

Levanto mis manos y las coloco encima de tus senos con la misma delicadeza, temor y curiosidad de un amante novato, pero soy consciente de que a ti te va a volver loca mi caricia. ¡Dios! Tus pezones están muy duros, los siento desafiantes en las palmas. Subo y bajo ligeramente mis manos como queriendo adivinar su peso. Cierras los ojos y respiras profundamente. "Dios... Castle..." me dices entrecortadamente.

Recorro con mis grandes manos tu torso desnudo, te sientes tan a gusto que me colocas tus propias manos en mis antebrazos para que no pare y ejerces una sutil presión para que la caricia sea más enérgica. Antes tus pezones estaban duros, pero ahora podrían cortar el cristal. Respiras más y más agitadamente, volviéndome loco. Entonces bajo las manos hasta tu cintura y deslizo hacia abajo tus braguitas, liberándote de lo ultimo que te quedaba.

Veo tu vello púbico por primera vez y no puedo resistir la tentación. Me agacho y utilizo mis dedos para revolverte el vello, con cuidado de no tocarte aún tu clítoris. Sí, ahora yo soy malo. Tú estás quieta, de pie, expectante y jadeante. Me voy levantando poco a poco mientras deslizo mis manos por tus caderas. Me tropiezo a posta, con el piercing de tu ombligo. Tu respiración se acelera más aún. "Por favor, Castle..." me dices. Je je je. Te miro a los ojos, abiertos, suplicantes, igual que tu boca, deseosa de mí.

Vaya, que exigente detective Beckett. A mi me duele la entrepierna de tanto jueguecito y a ti te entran las prisas en cuanto te quito las brag...

Te abalanzas sobre mí, sin mediar palabra, me empujas y acabo tumbado en la cama, boca arriba, agarras mi calzoncillo fuertemente con ambas manos y tiras de él con furia. Me los arrancas con un sonido inconfundible de tela rota. Caray. Yo pensaba que eran de calidad. Te paras y me observas. Estoy desnudo, completamente indefenso y con una desafiante erección que te saluda.

Y tú parece que me estás estudiando para decidir por dónde empezar...


Hola,

Lo sé, lo he cortado en lo más interesante -no me matéis- pero es que cuesta mucho más escribirlo que leerlo, jejeje.

En el próximo capítulo prometo culminar el primer asalto.

Un Saludo.