Ambos lo seguimos con la mirada y cuando para nos miramos a los ojos. "Oye Castle, no querrás hacerme el truco del jabón en la ducha... a mí, ¿verdad?" te digo muy seriamente. "¡No! ¡No! Soy un caballero, recuerda." te defiendes, tan mono como siempre. "Como prueba de buena fe, voy a recogerlo yo" dices, avanzando hacia mí con las manos en alto. "No, no hace falta, te creo, Castle, además está en mi lado, yo lo cojo..." te digo apoyando mi mano en tu resbaladizo pecho. No te mueves, yo flexiono las piernas para agacharme, sin darte la espalda, giro la cabeza y cojo la pastilla detrás de mí. Vuelvo a girar la cabeza y miro hacia arriba antes de levantarme. No me preguntes cómo, pero estoy agarrada a tu fuerte muslo. Creo que mi subconsciente ha guiado mi mano por donde ha querido mientras me agachaba.
Tengo una curiosa vista en contrapicado de tu cuerpo y mi mirada se desvía irremediablemente a tu miembro, que ha olvidado la caballerosidad de su dueño y ha optado por empezar a izarse. Sonrío observando cómo el agua que cae por tu cuerpo, se escurre graciosamente por tu pene, provocando un goteo que está cayendo encima de mi hombro y que me moja el pecho. Tu me miras adorablemente, como agradeciendo mis caricia y suplicando más.
Yo subo y bajo suavemente mi mano jabonosa por la cara interna de tu muslo sin dejar de mirar tu reacción. Tú suspiras y te agarras a un asa de la ducha, como si te fueras a caer desmayado de placer. ¡Que payaso eres! Me encanta. Vuelvo a deslizar la mano de arriba a abajo y otra vez arriba, acercándome peligrosamente a tu sexo, me quedo ahí enredando mis dedos en tu vello mientras tú respiras agitadamente. Observo tu pene creciendo y subiendo, como si estuviera buscándome, y yo aún me siento mas hinchada y húmeda al ver su reacción.
Entonces yo, hipnotizada por su movimiento, dirijo mi mano de tu ingle hacia la parte de atrás y me encuentro acariciándote la parte baja de uno de tus firmes y redondos glúteos. Noto como tensas los músculos y te mueves un poco mientras jadeas. Tu fino vello apenas está mojado en esta parte y tu piel es increíblemente suave y emana un calor reconfortante, un calor que quiero sentir cerca del mío. Muevo la mano buscándote más pliegues y recovecos interesantes y tú te inclinas hacia atrás jadeando excitado, de tal manera que el agua de la ducha cae duramente sobre tu cara y pecho, rompiéndose al llegar a tu erección, ahora completa, y me salpica en la cara.
Yo río y aproximo mi cara a tu muslo para evitar el agua, que ahora me moja la cabeza. Noto tu cuerpo volverse a inclinar hacia delante y el agua deja de caerme porque me proteges con tu espalda. Aparto mi cabeza de su refugio y me doy cuenta de que la mano que antes tenía acariciándote tus partes íntimas ahora está firmemente agarrada a la base de tu pene, mientras que la otra mano ha soltado el jabón y se ha agarrado tu muslo. La pastilla de aloe, a todo esto, ha salido disparada hacia tu lado, ha rebotado en la pared, ha salido de la ducha y ha ido a parar a los pies de Boba Fett.
Tu sigues jadeando y mirándome... más bien mirando cómo te agarro. Yo admiro la belleza de tu pene, su grosor, que tanto placer me ha dado, esa vena que lo cruza y que le da un aspecto salvaje, y ese... fresón que lo remata. Siento mi lubricación escapando con urgencia. Y guiada por una curiosidad instintiva e irracional, me muevo lentamente abriendo la boca. Noto tus jadeos aumentar en ritmo y volúmen mientras voy aproximando mi boca a tu glande. Y cuando mis labios llegan a su destino y cubren tu cima dándole un húmedo beso siento que se escapan unas gotitas de tu íntimo fluído.
"Kaaaaaate" me suplicas desde arriba. Y siento tu temblorosa y suave mano en mi mejilla. Yo me aparto delicadamente de tu miembro y te miro a los ojos desde ahí abajo. Me acaricias con la mano mientras intentas serenarte. "Estoy... casi..." tomas aire "...pero quiero... necesito... te deseo a ti." Me ruborizo. Me enternecen tus palabras. Te suelto delicadamente y me levanto apoyándome en la mano que me ofreces.
Cuando estamos frente a frente, o mejor dicho, frente a cuello, porque yo no llevo tacones y tu eres muy alto, te abrazo y nos besamos lujuriosamente mientras siento tu miembro empujar contra mi vientre. Tras unos pocos segundos sintiendo tu calor, ya no aguanto más y te digo al oído que voy a por condones. Entonces tú sonríes, alargas la mano al montón de toallas que habías traído y sacas un paquetito de preservativos especiales resistentes al agua. ¿Caballero? Sonrío ¡Qué bribón eres Richard Castle!
Te colocas el condón tu sólo declinando mi ayuda. Estás tan encendido que serías capaz de eyacular nada más que yo te tocara y aunque no me importaría contemplar el espectáculo, lo cierto es que yo también te quiero dentro de mí. Ya estás listo, me miras y me empujas suavemente contra la pared. "Ahora vengo" me dices, y te agachas delante mío. Siento tus grandes manos sobre mi cadera, pero rápidamente me acaricias recorriendo las ingles y siento tus dedos apartar delicadamente mis inflamados pliegues. Ahora soy yo quien jadeante siente tu lengua acariciarme íntimamente durante un delicioso y breve momento que a punto está de disparar mi orgasmo. Te incorporas y me miras con deseo "Te lo debía" dices. Yo no digo nada, sólo jadeo sin apartar mi mirada de tus ojos. Entonces me agarras con urgencia los muslos, justo por debajo de mis glúteos y me aúpas, obligándome a agarrarme a tu cuello para no caerme. Grito sorprendida y maravillada por tu fuerza.
Me sostienes con facilidad. Ahora soy más alta que tú. Echas la cabeza para atrás y yo la mía hacia delante y nos besamos. Me agarras con firmeza. Estoy con los pies colgando en el aire y mi sexo muy abierto, lubricado e hinchado, esperándote a ti. A pesar de todo me siento cómoda y segura. Entonces noto cómo me vas bajando poco a poco y cómo me voy encontrando con tu hermoso fresón que sigue buscándome desesperadamente. Los golpecitos y roces que siento me provocan un placer que dispara mi ansia de tenerte dentro de mí. Lo cierto es que me pongo a pensar en que esto es como colgar un cuadro en la pared, que hay que acertar con el clavo y me entra la risa notando que nos está costando 'encontrarnos'.
Tú también te ríes y entonces haciendo un alarde de fuerza, me sostienes empujándome contra los azulejos y apoyando mis muslos encima de los tuyos, sueltas una mano mientras me sigues agarrando con la otra. Utilizas tu mano libre para dirigir tu miembro, que por fin encuentra el camino mientras yo lo recibo con muchísimas ganas. Tú también estás desesperado y gruñes, gritas y suspiras al sentirme tan hinchada y húmeda. Aún así tienes el acierto de volver a agarrarme con las dos manos, que se clavan debajo de mis glúteos a la vez que siento tu erección aguantando parte de mi peso.
No es doloroso, es salvaje y extremádamente erótico. Juegas conmigo, me aupas suavemente con la sola fuerza de tus brazos y me bajas para que choque con tu fuerte e impresionante masculinidad. Yo cierro los ojos y grito irremediablemente para liberar parte de la energía que siento fluir por todo mi cuerpo. Vuelves a auparme, vuelves a dejarme caer. Tenso mis manos clavándote los dedos en la espalda y algo en mi interior me hace volver a gritar de una forma y un tono tan salvaje que hasta yo me asusto.
"¿Kate?" Abro los ojos. Tu dulce y profunda mirada se clava en mis pupilas. Observo tu cara empapada por el agua y por el sudor, congestionada por el esfuerzo. Tu labio inferior tiembla mientras jadeas excitado. "Sigue" te imploro con un tono casi animal. Siento mis mejillas arder. Ahora no quiero cerrar los ojos. Quiero verte.
Me vuelves a aupar pero esta vez eres tú quien mueve la cadera y embistes empujándome contra la pared. Eso me hace volver a gritar. Me miras con deseo, pero siento que estás al límite de la cordura. Te empieza a temblar el cuerpo. Cierras los ojos y vuelves a embestirme acompañando tu enérgico movimiento con un grito. Un grito que hace coro con el mío.
Cierro los ojos, te agarro la nuca, y nos moldeamos el uno contra el otro. Repites el movimiento y cabalgamos en un baile extremadamente erótico, salvaje y animal que en pocos segundos nos lleva a un lugar mágico donde no sentimos ni el agua cayendo sobre nuestros cuerpos ni los duros azulejos golpeando en mi espalda.
Cuando vuelvo a ser consciente de la situación volviendo de mi clímax aún estoy agarrada a tus fuertes hombros y con las piernas te rodeo el tronco. Tu todavía me sostienes y agotado, realizas unos últimos movimientos que creo que sólo son los coletazos que empujas con tu corazón, más que con tu cuerpo, para asegurarte que he llegado al orgasmo. ¿No lo notas Castle? ¿No notas mi cuerpo tenso a punto de romperse y el posterior relax? ¿Acaso tengo que gritar... más?
Suspiro y deslizo mis manos por tus increíbles bíceps, hinchados tras el esfuerzo, a la vez que bajo las piernas. Siento cómo te separas lo justo de mí para hacer salir tu pene, ahora rendido y agotado como tú. Ese inmediato vacío que siento en mi interior me deja un sabor agridulce. Llego con los pies al suelo. Tú no te separas ni un centímetro de mí, manteniéndome todavía entre tu cuerpo y la pared, subes tus manos de mi trasero a las caderas y de ahí a la espalda, para abrazarme. Yo me inclino hacia delante y aún jadeante, recupero mi respiración con la boca abierta, rozándote la piel de tus pectorales con mis labios. Siento tu respiración en mi cuello. Dios mío, podría quedarme así horas.
"Dime cómo te gusta, Kate." Me preguntas pasados unos minutos. Yo, separo mi cabeza de tu pecho para mirarte a los ojos. Observo tu pelo mojado y alborotado, el agua mezclada con el sudor baja por tu frente hasta tus expresivas cejas, ahora horizontales y serias. Tus ojos, ¡oh, tus ojos!, ese azul brillante mezclado con sabe Dios qué color que me están mirando serios, pero amables y tiernos. "Quiero ser el mejor amante que hayas tenido" me dices. Yo me derrito, sonrío embobada, me sonrojo, bajo la mirada, espero unos segundos y vuelvo a mirarte a los ojos "Sólo con decir eso... ya eres el mejor"
Tú te separas un poco de mí y me sonríes pícaramente. Diría que no te basta con mi contestación, pero es que compréndelo, estamos empezando, vamos a ir descubriéndonos poco a poco, Castle... Das unos pasos en el suelo de la ducha y te pones detrás de mí, haciéndome el abrazo del oso. Sentir toda tu anatomía, incluso sin erección, me provoca un hormigueo en todo el cuerpo. ¿Cómo lo consigues, Castle? Empiezo a respirar más rápido de lo normal.
Tú me tienes agarrada desde atrás con un brazo a la altura de mis hombros y el otro que, disimuladamente se está moviendo de mi cintura a mi cadera... mi ingle, y... en cuanto siento tus dedos deslizarse por mi húmedo clítoris gimo echando la cabeza hacia atrás, sorprendida de que a mi cuerpo le queden ganas de más. Tú insistes en tu caricia presionando mi anatomía con decisión y provocas que vuelva a gemir y me retuerza entre tus fuertes brazos.
Agito las manos desesperada por agarrarme a algo, echo los brazos hacia atrás y te agarro los biceps. Siento una sacudida de tensión en mi cuerpo que me hace subir una pierna, apoyo un pie en la grifería y hago fuerza sin querer. El agua empieza a caer con más violencia, pero tú ni te inmutas y persistes en tu empeño de darme placer jugueteando con todos los rincones de mi excitada vulva. Mi cuerpo se retuerce más, me flaquean las piernas, siento que me voy a escurrir de tu brazo, a la altura de mi boca, me agarro con uñas y dientes a él, literalmente. Grito. Aunque gritar es decir poco. Me vuelvo loca, echo la cabeza para atrás y respiro, pero no me llega el aire. Tu me observas muy de cerca, siento tu respiración en mi hombro, me estás estudiando. No dejas de tocarme, acariciarme, empujarme... y haces una cosa moviendo rápidamente los dedos y...
Pataleo furiosa justo antes de explotar en un ruidoso, intenso y húmedo orgasmo. Me tiembla todo el cuerpo, siento mi corazón bombear sangre a toda máquina. A duras penas me relajo, tu sigues insistiendo, yo siento que me voy a morir y que no me importaría si es de esta manera. Algo vuelve a crecer en mi interior. Acercas tu cabeza a la mía y siento un mordisco en el cuello justo cuando las contracciones que ya se habían acabado, vuelven a la carga desatando otro orgasmo. ¿O es aún el mismo? ¡Yo que sé!. Me convulsiono salvajemente contra su mano y tu cuerpo. ¿Pero esto que es? ¿Es que esto no va a parar nunca?
Echo los brazos hacia atrás para intentar agarrarte, arañarte o no sé ya el qué, mientras noto que mis piernas tiemblan incapaces de sostenerme. Cojo bocanadas de aire desesperadamente. Mi caja torácica se hincha de tal manera que ambos nos mecemos a su son. Dejo caer los brazos. Inclino la cabeza descansando mi nuca en tu pecho. Tú, observando mi total agotamiento, dejas de estimularme y me rodeas por al cintura con ambos brazos. Es tu firme pero dulce abrazo 'de oso' lo que me sostiene de pie.
Todavía estoy recuperando la respiración cuando, sin soltarme, das un paso a un lado y nos metemos de lleno bajo la lluvia de la ducha. Grito de la impresión de sentir todas esas gotas cayéndome sobre mi sobreestimulada y sensible piel. Tú también gritas y luego ríes. Tu pecho retumba empujándome contra tus brazos.
Tienes una risa sincera y sonora. Nunca te había oído reír así, Castle, y me llena de alegría que compartas tu risa conmigo. Me contagias y yo también empiezo a reír. Y me pregunto cómo es posible que a mi edad (y con no excesiva, pero suficiente experiencia sexual a mis espaldas) me hayas descubierto este mundo de placeres que yo creía que sólo existía en mi imaginación de cuando era una inexperta chica adolescente. Me frotas con las manos arriba y abajo, siento que me besas la coronilla. Es el más tierno beso que nunca jamás un amante me ha dado. Definitivamente eres el mejor.
"Así que fíjate lo que hemos encontrado buscando con más ahínco" me dices travieso. Yo sonrío y sintiendo mis piernas unidas a mi cerebro otra vez, giro lentamente sobre mí misma para estar ahora cara a cara, todavía abrazados. "¡Eres muchi-orgásmica, Beckett!" me dices contento. "Se dice multi..." te indico como una tonta sabiendo de sobra que me tomas el pelo. "Muchi, multi... da igual, el caso es que me das algo de envidia" Me miras lujurioso. "Bueno, podemos intentarlo" digo mirándote de reojo la entrepierna. Tú también te miras. "Uf, conozco a mi amiguito, este necesita descanso entre asalto y asalto" me contestas cómicamente.
Me río. Me río mirándote a los ojos. Tú me sonríes con tus ojos entrecerrados, alegres y chispeantes. Veo complicidad, confianza y amor infinito, Castle. No puedo resistirme a un último beso que te doy abrazando tus hombros y pegando mi desnudo torso al tuyo. Me quedaría horas contigo en la ducha, pero después de la tormenta, lo que quiero ahora es secarme y envolverme en esas esponjosas toallas que tienes. Salgo y recojo la pastilla de aloe del suelo. La huelo con curiosidad y te la entrego con una sonrisa. Tú la coges y en tu mirada juguetona veo que tenías el numerito del jabón muy estudiado. Bribón. Te quiero.
Hala, muchiorgásmica, que suerte!
