Venga que ya falta menos...
TERCER ASALTO
Me siento en un taburete alto de la cocina con una taza de leche caliente entre las manos. Dejo la taza en la barra para colocarme bien el albornoz que le he tomado prestado a Castle. Me está enorme, cabrían dos o tres Kate's aquí dentro. Igual que las pantuflas a juego en las que bailan mis pies. Sonrío al sentir la suave caricia de la felpa envolviéndome el cuerpo, cojo una solapa y hundo mi nariz en ella inspirando el olor a suavizante. Me hubiese gustado que oliese a él.
Mi pelo aún ligeramente húmedo me roza la mano y un escalofrío recorre mi cuerpo. Vuelvo a la humeante taza de leche que tomo cuidadosamente entre mis manos. El tacto de su calor me alivia y me invita a tomar un pequeño sorbo. Noto el líquido impregnar mi boca y recorrer mi seca garganta hasta llegar a mi estómago vacío. Se me hace raro encontrarme en la cocina de Castle, sola, sin el habitual ajetreo que he observado siempre que he estado aquí. Sonrío recordando momentos vividos en el loft que reconfortan mi corazón y mi alma igual que la leche calentita lo hace con mi cuerpo.
- ¡Siéntete como en tu casa! - me dices alzando ligeramente la voz a mis espaldas.
Me doy la vuelta y te observo asomar por la puerta de tu despacho envuelto en otro albornoz y secándote el pelo con una toalla que te cubre la cabeza. Pasas por el salón esquivando los muebles.
- Necesitaba reponer fuerzas - te digo alzando la taza cuando llegas a la cocina.
Te dejas la toalla apoyada en los hombros y me sonríes con esos ojos llenos de vida que tienes. Con el pelo revuelto pareces un chico travieso.
- Yo también. - Dices justo antes de llegar a la nevera.
Vas a abrirla, pero te paras y te quedas mirándome durante un segundo, mientras yo estoy dando otro sorbo.
- ¿Has cenado, Beckett?
Yo te miro alzando las cejas por encima del borde. Apoyo la taza en la encimera, me quedo callada y sonrío al ver tu paternal reacción.
- Bueno... No.
- ¡Ja! ¡Lo imaginaba! Pues espera... - abres la puerta de la nevera y revuelves en su interior - tenemos... un poco de comida china que sobró ayer... un trozo de pastel de carne que hizo mi madre, pero que no te recomiendo a no ser que tengas mucha, mucha hambre - pones cara de asco mientras me lo muestras
Al nombrar a tu madre noto que se me ruborizan las mejillas. ¡Dios! Con el jaleo que hemos armado... miro de refilón a la escalera que conduce al segundo piso. Tú te das cuenta de lo petrificada que me he quedado y sonríes.
- ¡Tranquila, estamos solos! He ordenado a Alexis que se divierta en la fiesta de su graduación hasta la hora del desayuno y mi madre se ha escapado a Los Hamptons buscando el relax de la costa... y el inicio de las vacaciones de los millonarios maduros. - me explicas apresuradamente.
Yo siento mi pulso volviendo a la normalidad. Me siento aliviada, lo último que querría es que Martha o Alexis nos pillara en nuestra primera noche juntos. Me quedo admirando tu dulce cara mirándome embelesado.
- ¡Oh, ya sé! ¡Ahora mismo te cocino mi famosa pasta carbonara! - dices dirigiéndote con diligentes pasos hacia un armario.
Lo sé Castle. No te lo crees. Yo tampoco. No sabes cómo complacerme. Me enternezco pensando en ello.
- Creo que me vendría mejor... unas simples galletas... - te digo volviendo a alzar la taza.
- ¡Por supuesto!
Te das la vuelta y abres varios armarios.
- Integrales... con miel... con pasas... y bueno, por ser tú te diré que aquí guardo mis cookies para ocasiones de emergencia... - me pones delante todos los paquetes y te quedas expectante esperando mi decisión. Ya veo que ni las galletas son 'simples' en casa Castle.
Oh, Kate, por el amor de Dios. No se puede estar más guapa con un albornoz y con el pelo alborotado. Tus brillantes ojos hacen un repaso y te decides por las galletas con miel. Aunque no me has contado nada y tampoco pienso preguntarte imagino que ni te habías acordado que hay que comer y esas cosas. Ahora te veo saboreando delicadamente unas galletas mientras estoy a punto de dar saltos de alegría pensando que por fin estamos juntos ¿porque estamos juntos, no?
Te observo remangarte las largas mangas de mi albornoz para poder alcanzar las galletas del fondo de la caja. Me sonríes. Mi corazón va a mil por hora. Entonces me doy cuenta que la piel de tu muñeca derecha tiene un buen moratón. Me has dicho que habías estado a punto de morir. Ahora no me atrevo a preguntarte.
Me acerco a ti y doy la vuelta por detrás tuyo para ponerme a tu derecha. Poso mi mano en tu muñeca con delicadeza, tu dejas de masticar. Te acaricio levemente la zona y te cojo el brazo para dirigir tu muñeca a mis labios. Te beso rozándote la piel con cuidado de no presionar.
- No es nada, Castle. Si vieras el resto del cuerpo... bueno, técnicamente lo has visto... - me dices quitándole importancia y sonrojándote por tu propio comentario.
- Ajám. - digo yo mientras observo unas pequeñas marcas en tu cuello, que no puedo evitar acariciar y besar también. - Tengo una crema de aloe...
- Ajá, déjame adivinar... ¿venía con el jabón?
Me sonríes mientras yo asiento como un tonto. Te acercas a mí y me maravillo al sentir tu suave y fresca piel tan cerca, justo antes de obsequiarme con un beso que me sabe a desayuno. Un desayuno de media noche. Eso es lo que quiero, Beckett, quiero desayunar contigo el resto de las mañanas de mi vida. Me aparto y te miro a los ojos.
- ¿Estás bien? Quiero decir... he sido un poco brusco ahí en el baño y... antes contra la puerta... - hago una señal con la cabeza.
- ¡Sí!¡No! - Me dices rápidamente cortándome, lo cual me deja un pelín confuso.
Te tomas un segundo para poner en orden las palabras en esa cabecita que Dios te ha dado.
- No has sido nada brusco, tranquilo. - me dices en voz baja y sonriendo.
Se me acelera el corazón de alegría y no puedo dejar de sonreír al oír tus palabras. No obstante estoy hipnotizado por las marcas que veo en tu piel, recordándome que eres de carne y hueso.
- Estoy bien, Castle, - me dices sintiéndote observada, adivinando mi preocupación - sólo ha sido una pelea poco amistosa con un tipo que parecía de Krypton y de postre unos estiramientos colgada del borde de un edificio de más de diez plantas.
Lo comentas tan tranquila, como si no te hubiese pasado a ti, como si lo hubieses visto en una película.
- ¿Más de diez, ajum?
- No me dio tiempo a contarlas bien. - dices guasona.
- Ajá, comprensible... ¿Y por qué no haces ese tipo de cosas chulas cuando estoy yo? - te pregunto siguiendo tu tono de 'estuve a punto de morir pero no pasa nada'.
Te encoges de hombros y luego me dices preparando el filo de la navaja 'Fuiste tú quien no quisiste venir' me dices casi burlándote de mí. Ambos sonreímos y nos miramos como en los viejos tiempos, sólo que esta vez no estamos en la comisaría y no va a aparecer Ryan o Esposito a interrumpir nuestras miraditas.
- Bueno, vale, culpa mía. - admito finalmente - Pero a la próxima vez no me lo pienso perder.
Te robo una galleta y la mastico despreocupadamente mientras observo cómo haces un gesto raro mirando al vacío.
Respiro hondo pensando en todo lo que he vivido las últimas horas... la huida de Lockwood... la pelea que casi me cuesta la vida... ha sido como retroceder en el tiempo hasta antes de conocerte, cuando resolver el caso de mi madre era mi único objetivo en la vida. El único. Y no me ha gustado. Me he vuelto a comportar como el tipo de poli que odio: el que antepone sus fantasmas personales ante todo y por encima de todos los que le rodean.
Ya no te tenía a mi lado para ayudarme a soportar mi pesada carga. Ya no tenía tierra firme donde pisar. Hace unos años no me hubiese importado volver a caer en el abismo. Pero ahora no. No después de que tú me hayas enseñado a ver la vida al estilo Castle. Me irritas pero me comprendes. Me exasperas pero me haces reír. Siempre estás a mi lado. Nunca te has dado por vencido conmigo. Y no quiero perderte. Por eso lo he hecho.
- He dimitido.
Te miro para ver tu reacción y me encuentro tu mirada sorprendida comiendo galletas como un niño. Tu expresión se torna seria. Dejas el paquete de galletas a un lado y masticas rápidamente para tragar.
- ¿Como? ¡¿Por qué?!
Alargo el brazo y te cojo la mano tímidamente. Tu la abres, la cierras y la acomodas hasta que tienes mi mano bien agarrada. Me encanta la firmeza de tu apretón.
- Tenías razón, Castle. No hubiesen parado hasta acabar conmigo. Mejor dejarlo correr antes de que sea demasiado tarde. Fui una egocéntrica. Perdóname, perdóname...
- ¡Ey! - me interrumpes animadamente antes de que yo me vuelva a poner melancólica.
Yo sonrío. Ese es tu increíble efecto en mí.
- Por si no te ha quedado claro: Un segundo antes de empujarte contra la puerta ya estabas perdonada al 100%. Así que no vuelvas a pedirme perdón. - levantas las cejas cómicamente.
- O.K. - digo en voz baja asintiendo. Pero algo dentro de mí sabe que es poco y no sé bien como expresarlo. Me acerco tu mano a la cara, te beso el dorso. Tu dulce mirada me invita a intentarlo:
- Gracias, Castle.
- Kate, tampoco me tienes que agradecer nada...
- ¡Sí! - jugueteo con tu mano buscando las palabras para agradecerte tu paciencia, tu lealtad y tu protección en secreto, durante el último año, sin pensar recibir nada a cambio y aún sabiendo que al enterarme me enfadaría. Me doy cuenta de lo evidente: eso es más de lo que hace un amigo, y no supe verlo.
- Quiero que sepas que... lo que has hecho por mí desde lo de Montgomery... estar a mi lado en la comisaría... y jugarte la vida haciendo tratos para protegerme... - muevo la cabeza y suspiro- ... es a la vez lo más bonito y lo más estúpido que nadie ha hecho por mí jamás. Y por eso sólo te debo un gracias enorme.
- Siempre. - me contestas sonriéndome.- Y es un 'siempre' enorme también.
Ahora eres tú quien se lleva mi mano a los labios y me besa galantemente.
- De todas maneras no hacía falta dimitir, ¿no crees? Podrías haber seguido con los casos 'normales'.
- ¡Buf! Tarde o temprano hubiese vuelto a caer, Castle. - niego con la cabeza.- De todas maneras esto no es como en las pelis, tengo que solicitar la baja formalmente a Gates. De momento sólo estoy suspendida.
- ¿Suspendida?
- Sí, y Espo también. Creo que batí un record de indisciplina y desobediencia en 24 horas. - me froto la cara en parte por la tensión que me provoca recordarlo y en parte por vergüenza.
Tu cara de incredulidad es un poema.
- Desde luego... ¡Es que falto un día y os da a todos por hacer cosas chulas! ¡Que sepáis que no os lo voy a perdonar! - te quejas fingiendo indignación.
Sonrío. Te doy un tironcito de la mano para que te acerques a mí. Tu calor y tu aroma a aloe me transporta mentalmente a otro estado. Me bajo del taburete y me acerco todo lo que puedo a ti, aplastando la felpa de los albornoces entre nuestros cuerpos.
- Te pienso compensar. - te digo justo antes de alzar mis labios buscando sedientamente tu boca una vez mas.
Me vuelves loco, Kate. ¿Has renunciado a todo? ¿A la razón de ser de estos últimos años? ¿Y has renunciado por nosotros? Guau. No me lo acabo de creer.
Me inclino y busco la calidez de tus labios de nuevo. Y no me canso. Podríamos batir ahora también un record de 24, 48 o 72 horas encerrados en el dormitorio. El chapoteo de nuestras lenguas jugueteando y el sonido de nuestros labios me vuelve a agitar la respiración. Te envuelvo en mis brazos con fuerza, desvío mi boca hacia tu cuello y te beso inhalando tu aroma. Te oigo jadear. Me aparto un poco para observar tu dulce boca entreabierta.
Alzo una mano y rozo tus labios con el dedo pulgar. Tú atrevida y juguetona me chupas la yema del dedo. Ay, madre. Creo que me voy a desmayar. Me sonríes y yo me vuelvo a inclinar, pero no busco tus labios. No. Aparto el pelo de tu linda orejita y te digo desnudando mi alma:
- Quédate toda la noche. Quiero despertarme a tu lado, para saber que todo esto no ha sido un sueño.
Me giro y contemplo tu cara. En comisaría siempre te muestras dura, detective, pero esta noche estoy viendo una dulzura en tus ojos que no me imaginaba que vería nunca.
- De acuerdo.- me contestas.
Sonríes con timidez y vuelves a acercar tus labios a los míos, parándote antes de rozarme, esperando que yo me incline y recorra los últimos centímetros. Acompañamos el húmedo beso con un movimiento fluido de nuestros brazos, cada uno recorriendo la espalda del otro. A mí se me pone el vello de punta. Tú gimes ahogadamente en mi boca. Acercamos más si cabe nuestros cuerpos, que se amoldan el uno al otro como serpientes enroscándose. Siento una de tus piernas entre las mías, moviéndose y acariciándome. Jugando con fuego.
Me separo un pelín y te informo:
- Ahora voy a hacerte el amor.
Me miras y se te iluminan los ojos. No puedes reprimir una carcajada.
- ¿Y qué se supone que hemos hecho hasta ahora, Castle? - me recriminas dándome un golpecito en el brazo.
- Técnicamente: primero tu me has utilizado magistralmente como juguete sexual y luego, en el baño, yo he dado rienda suelta a mi fantasía que había empezado al empotrarte contra la puerta. - te miro y no puedo reprimir el gesto de levantar la cejas repetidamente.
Te miro a los ojos y sonrío sin remedio. Eres tan payaso y tan tierno que me están entrando agujetas en la cara de tanto sonreír como una boba. Me acerco a tu oído.
- ¿Y cómo piensas hacerme el amor? - Te pregunto seductoramente.
- Hum... Pues voy a empezar recorriendo tu suave piel con las yemas de los dedos - me apartas un rebelde mechón de pelo y me acaricias el cuello tal y como dices, provocándome un cosquilleo. No puedo hacer otra cosa que suspirar de placer y cerrar los ojos mientras me agarro con más fuerza a tu albornoz.
- Ah, y quizás también utilice mis labios - sólo tu cálido aliento al pronunciar la frase ya me eriza el vello y cuando siento tus húmedos labios debajo de mi oreja, mi entrepierna se empieza a despertar. Yo no sé de dónde saca mi cerebro fuerzas para comunicarse con mi clítoris después de dos sesiones tan intensas, pero ahí está. Ver para creer.
Te apartas y yo abro los ojos. Me miras seria y masculinamente. Yo con la boca abierta esperando tus labios y con una mirada de súplica sólo puedo esperar que sigas con tu explicación.
- Quiero hacerte gozar, Kate. - en ese momento siento un palpitar en mis partes más íntimas y me siento lubricada al instante. Sé que te has dado cuenta, porque he ahogado un gemido.
Me colocas las manos a ambos lados de la cabeza y me acaricias como aquella vez en el callejón cuando nos besamos. Me sigues mirando a los ojos.
- Quiero que te sientas morir. Quiero que grites mi nombre. Quiero que me agarres, me arañes, me muerdas... ¡lo que tu necesites!
Castle, cariño, creo que también se te daría bien escribir novela romántica. Te miro a los ojos y veo que hablas en serio. Caray. No pensaba fueses a ser un amante tan generoso. Nunca nadie se había preocupado tanto por mi satisfacción. No dejo de mirarte, mi cabeza empieza a imaginarse cosas y me siento sonrojar.
- Lo cierto es que... hay algo que...- susurro muerta de vergüenza.
- ¿Qué? - me preguntas abriendo los ojos y sonriendo.
Bajo la mirada y jugueteo con las solapas de tu albornoz.
- Pero no quiero asustarte en nuestra primera noche. - digo sintiendo como mis mejillas arden.
- ¿Qué? ¡No! ¡No! Yo no me asusto - dices negando con la cabeza como un niño pequeño.
- Olvídalo, Castle, no... - te pongo la mano en el pecho y te aparto avergonzada. Debería haberme quedado callada...
- ¡Kate! - me agarras de los brazos suavemente pero con firmeza y me atraes junto a tí - Kate-Kate-Kate - pronuncias mi nombre como una súplica y buscas mis labios.
Levanto la cara y recibo tu dulce beso. Me quedo esperando más, pero tú te separas y me apartas el pelo acariciándome la sien. Acercas tu mejilla a la mía.
- Lo último que quiero es que te sientas... incómoda conmigo. - Susurras haciéndome cosquillas en la oreja. - Pero... sería un gran honor que compartieras conmigo 'eso' que tanto... tanto... me intriga.
Das un paso atrás. Me sonríes travieso. Y me doy cuenta que ya no estoy nerviosa, ni avergonzada. Te sonrío derretida. Es un misterio cómo consigues calmar mis inseguridades.
- ... De acuerdo. - te digo en voz baja. Tú te contienes las ganas de dar saltos. - ... pero con una condición.- te digo.
Asientes con la cabeza impaciente.
- Prométeme que usarás tu palabra de seguridad si quieres que pare ¿ok?
- Huy huy huy ¡Beckett! - Das unos saltitos cogiéndome de las manos mientras asientes con la cabeza.
- Y prométeme que... que no te reirás.
- Mmmmm - tus ojos brillan porque ya te estás aguantando la risa, creo va a ser difícil cumplir eso.
- Bueno, te puedes reír si te gusta, pero no te rías... de lo que yo haga... ...o diga... ...por muy raro que sea...
- ¡Sí-sí-sí-sí!¡Vamos Beckett! ¡Vamos! - me dices tirando de mí hacia el cuarto con prisas.
- Espera - te digo cogiéndote de las muñecas.
Te inmovilizo poniéndome a tu espalda como si fueras mi prisionero. Te aparto el albornoz de un tirón dejando tu espalda al descubierto. Apoyo los labios y te beso el omóplato que se te marca irresistiblemente.
- Y recuerda que tú te lo has buscado. - te digo autoritariamente llevándote hacia a la habitación.
- Oy Oy Oy...
La imaginación de Castle se queda hirviendo hasta el próximo capítulo...
