Antes de que se me olvide, quiero agradecer a todos los reviewers, incluso los anónimos, su participación. A todos vosotros va dedicado este epílogo, que no estaba planeado en un principio, pero me animé a escribirlo.
EPÍLOGO: Después de la tormenta
Abro los ojos lentamente y me sorprende la cálida luz anaranjada que ilumina la habitación. No me siento extraña a pesar de no encontrarme en mi apartamento. Siento su calor a mi lado y sonrío. Giro la cabeza lentamente y lo veo dormir prácticamente en la misma posición en la que se quedó hace... unas pocas horas. No quiero despertarle. Fue una noche larga y se merece descansar. Ya lo creo que sí.
Me giro y las suaves sábanas rozan mi piel desnuda. Es una sensación increíblemente agradable y sensual. Frunzo el ceño y decido levantarme con cuidado, porque si no empezaré a fantasear y terminaré despertándole para que cumpla mis deseos.
Me incorporo, aparto la sábana, apoyo un pie en el suelo y después el otro. Lentamente me pongo en pie y tras unos segundos de indecisión, compruebo que mi ropa está toda esparcida por el suelo, al igual que la suya. Sin querer vienen a mi mente imágenes de cuando era una universitaria de primer año y... ¡uf! intentando sacar de mi cabeza esa loca etapa de mi vida, recojo todo lo que veo y lo meto en el armario.
"Mejor" pienso mientras me quedo mirando la ropa en un rebullo. Esto con Castle no es igual que aquello. Esto ha sido meditado. No quiero que parezca una noche loca de aquellas... Vuelvo a la realidad y desnuda en el armario, veo una camisa que resalta entre las demás.
Cubierta con una camisa blanca que huele increíblemente bien, asomo la cabeza por la puerta del amplio y ahora silencioso salón. Veo las galletas de anoche sobre la encimera de la cocina y sonrío. Camino descalza por el cálido suelo de madera y me sorprendo de los descansada que me siento. Sólo unas pocas horas de profundo sueño postcoital han terminado con mis molestias musculares. Me siento nueva. Me siento en forma. Me siento... feliz.
Sí, feliz.
Y nada mejor para empezar mi feliz mañana con un buen café, así que allá voy a prepararlo, como si estuviera en mi casa, y la verdad es que no me siento una invitada. Es extraño, siempre me ha pasado eso con este lugar. Y siempre me ha pasado eso con Castle. Sí, él es la causa de todo esto que estoy experimentando.
Observo el goteo de la máquina y me siento sonrojar. Sí, él tenía razón. Nunca antes había amado aun hombre como lo amo a él, incluso antes de acostarnos ya sabía que con él sería diferente. Ha sido una noche llena de pasión, lujuria y sexo, sí. Pero también he sentido la misma complicidad que tenemos cuando trabajamos o cuando hablamos, reflejada en su forma de tocarme, su forma de besarme, su dulce forma de observarme cuando disfrutaba de él dentro de mí, su risa en la ducha, su sumisión cuando he querido jugar con él, su risa cuando nos flaqueaban las fuerzas... Lo pienso y sí, ha sido todo lo que esperaba de Castle y más.
También me he sorprendido de mi misma, de mis ganas de disfrutar de él, de mi curiosidad por su cuerpo, como si fuera adolescente. Mis movimientos acariciándole, abrazándole, besándole, jugueteando con él... habían sido totalmente sensuales y eróticos, como yo nunca había hecho antes con nadie. Totalmente desinhibidos, sin la impaciencia de querer quedar bien, sin preocupaciones ni inseguridades. Sólo él y yo, porque a fin de cuentas es Castle, él me conoce mejor que nadie emocionalmente, y me quiere y... yo también le quiero... y estoy feliz... ¡y también aterrada!.
Mientras está trabajando la cafetera, recojo las galletas y lo dejo todo impoluto, casi compulsivamente, para aplacar mis nervios y mi emoción de haber dado el paso definitivo en mi vida.
En mi vida con Castle.
Nuestra vida.
Estoy colgado en una azotea, sólo con el vacío a mis pies. Pataleo pero no hago pie. Grito pero no me sale la voz. Respiro pero mis pulmones no se llenan de aire. Recapacito un segundo. Esto no puede estar pasando. No. Esto fue lo que le pasó a Beckett y ahora yo estoy soñando. Eso es. Me esfuerzo por despertarme. Cierro los ojos y pienso "Despierta, Richard Castle". Abro los ojos y sigo colgado. El sudor me resbala por la frente y tengo calambres en los brazos. ¿Y si me soltase? Un momento... ¿Y si no estoy soñando y si estoy colgado de verdad?
Grito tu nombre "¡Beckett!" guardo silencio y para mi sorpresa oigo que me contestas sensualmente cantándome un "¿Sí, Castle?" levanto la cabeza y estás en lo alto de la azotea. Te inclinas sobre el borde, llevas un picardías de cuero. Me gusta. Noto que me estoy excitando, miro hacia abajo y compruebo que estoy desnudo. Me acaricias los brazos y me susurras "¿Quieres que te haga un hombre?" yo no digo nada, sólo asiento mientras sonrío embobado. Tiras de mí y me izas con suma facilidad.
A los pocos segundos estamos en una cama, a la intemperie, viendo las estrellas del firmamento y yo no puedo ver lo que me estás haciendo, porque de repente me doy cuenta de que me has atado, sólo siento placer, un inmenso placer que me recorre el cuerpo. Me cuesta respirar. No puedo moverme. No puedo verte. Si es un sueño no quiero despertarme. Ahora no quiero, ahora no...
Me despierto.
Sobresaltado, me incorporo en la cama.
Reconozco mi habitación al instante. Y al segundo veo que no estás. Busco alguna señal, nuestra ropa por el suelo, los albornoces, las toallas... Nada. ¿Habrá sido todo un sueño?
Una sombra atraviesa el salón y la criatura más grácil y elegante que he visto nunca entra sutilmente en la habitación envuelta en una radiante camisa blanca con una sonrisa aún más cegadora. Atraviesa la estancia bajo mi atenta mirada mientras yo siento que casi se me para el corazón de la impresión. El aroma a café llega a mi cerebro a la vez que siento un calor inconfundible en mi dolorida entrepierna.
No ha sido un sueño.
Aquí estás Kate Beckett.
Conmigo.
Juntos.
Siempre.
- Te he hecho un café - me dices dulcemente.
- Veo que no ha sido un sueño - te digo contento.
- No. - ríes y me entregas una de las tazas - está claro que no estábamos soñando.
Te sientas en la cama y te apartas tu voluptuosa y alborotada melena. Yo no dejo de mirarte y no puedo morderme la lengua.
- ¡Tenías razón!... ¡No tenía ni idea! - te anuncio maravillado.
- ¿Te ha gustado? - preguntas con una dulce timidez en la mirada.
- Sí - contesto rotundamente convencido.
- ¿Incluso la parte de...? - preguntas algo insegura
- Sobre todo esa parte. Me ha encantado. - te aseguro antes de que acabes la pregunta.
- Bien. A mí también. - me confiesas adorablemente tímida escondiendo tu mirada.
Vaya, veo que lo de anoche no es lo que normalmente hace Kate Beckett con sus conquistas. Te entretienes con tu taza esquivando mi mirada. A pesar de ese grado de intimidad conseguido anoche te siento... asustada. Okey, te comprendo, yo también estoy aterrado y feliz a partes iguales. Me sigue dando vueltas una pregunta y tengo que planteártela oficialmente:
- Oye, ¿estás... de lleno es esto, no? Para tí no es como.. "Oh, he dejado mi trabajo, casi me matan y estoy en crisis"
- No, no para mí. - Me contestas un tanto sorprendida de que dude de la seriedad y rectitud de Kate Beckett.
- Vale, para mí tampoco. - Te digo rápidamente, contento, embelesado y enamorado.
- Vale. Bien. - Dices aliviada y sonriendo tímidamente.
- Bien. - Vuelvo a decir, reafirmando tu respuesta.
Nos quedamos mirándonos felices y relajados.
- Pero, eh... - como haciéndote la despistada te desabrochas un botón de la camisa - ...sí que he dejado el trabajo, y... - te desabrochas otro - ...tengo el día libre
- Y yo... - se me van los ojos a tu camisa y te ayudo desabrochando otro botón más - ...también.
- ¿En serio? - preguntas como si fuese la mayor casualidad del mundo.
- Sí...Y entonces... - echo un vistazo a tu camisa - qué... - aparto la tela y te dejo un hombro al descubierto -¿qué te gustaría hacer?
- No sé... - dices sin inmutarte mientras te acaricio y te como con la mirada - ...podríamos leer
- ver la televisión - digo siguiéndote el juego
- Sí. Pedir algo de comer... - te giras seductoramente mientras me deleito observando uno de tu pechos asomando entre la tela de la camisa.
- Podríamos hacer eso, sí. - te doy la razón
- Sí - dices, y te inclinas hacia mí dispuesta a matar el tiempo de otra manera igual de válida.
Hola,
Ahora sólo queda que os volváis a ver el principio del 5x01 y enganchéis, jejeje.
Ha sido una alegría compartir este fanfic con vosotros y vosotras.
Un Saludo.
