¡Muy buenas noches! (Al menos en mi caso xD)
Pues aquí estoy con el siguiente capítulo de este fic "El último sacrificio", que por cierto, no va a ser muy largo (la extensión es de dos capítulos y dos extras). Quiero agradecer los favoritos y los seguidores del fic además de las lecturas porque la verdad no me esperaba mucho teniendo en cuenta que aquí soy novata xD (De hecho parezco lerda porque me todavía me falta pillarle el tranquillo a esta página a la hora de publicar jajja)
También quiero agradecer el comentario de zuad92, que me alegro que te haya despertado interés mi fic y espero que disfrutes del presente capítulo ^^ y también el comentario anónimo porque me hizo reparar en la confusión (confieso que el día que publiqué estaba con la cabeza en otra cosa xD) y con el/la que espero que se haya aclarado el malentendido.
Precisamente por eso me veo con la imperiosa necesidad de reiterar/recordar que esta historia ya la subí en su momento en otra página ( ). Recalco este tema, porque ya surgió un malentendido con respecto a si la historia es plagio o no (que ignoro si se ha resulta ya pero bueno). Os lo dejo claro: NO ES PLAGIO, soy la misma autora y de hecho ya lo aclaré en la otra página para evitar más problemas de este tipo xD
Aprovecho para advertir ahora que subiré también las otras historias que tengo en esa página en Fanfiction, por lo que solicito que por favor no me hagáis lo de revelar el pastel en un review, ¿sí? De antemano gracias ^^
Os dejo con el segundo capítulo, (aunque lo veo más como segunda parte)... Aunque no sin antes recordaros que la letra en cursiva y negrita son los pensamientos de los personajes.
Ahora sí... ¡Disfruten!
EL ÚLTIMO SACRIFICIO - PARTE II
No me percaté de en qué momento había desaparecido de mi vista el sujeto del cual dependía mi vida y con el que realicé aquella extraña apuesta. Me costó un tiempo darme cuenta de que aquella persona, o lo que fuese, se encontraba ya dentro de la cabaña. ¿Qué por qué lo sabía? Pues… básicamente, por la presencia de la luz, proveniente de una de las ventanas de lo que era su hogar.
Mientras él disfrutaba de su intimidad, yo me hallaba aquí fuera, sentada en medio de la oscura tierra, la cual había dejado una enorme huella en mi vestimenta ya no impoluta, descalza y notando ya la llegada y asentamiento de la noche, sin saber muy bien que era lo que tenía que hacer… Mi mente trataba de recopilar y asimilar todo lo que había sucedido desde que había sido elegida como "ofrenda" hasta el momento presente.
Lo que en un inicio fue una mera impresión, se intensificó: tenía muy claro que había algo que no cuadraba con aquel chico. Primero, su joven apariencia, pues, parecía tener mi edad…Y, teniendo en cuenta que el ritual de las ofrendas venía de lejos, me parecía imposible que compartiese mi edad… Segundo, algo no encajaba con su perfil de "bestia". Aunque aquello solo se trataba de una corazonada, pues no existían fundamentos sólidos en los que basarme para hacer valer su inocencia. Lo único con lo que contaba para su defensa es que no me había hecho nada malo por el momento…
Necesitaba investigarlo para saber la verdad que encerraba toda aquella historia del ritual. Como bien había dicho Ur, la Consejera, tenía que observar y, quizás, con ese análisis podría jugar mis cartas. O al menos eso era lo que esperaba… Si quería empezar a entender, tendría que dar el primer paso, aunque ello supusiese realizar algo que se puede considerar ilegal, contrario a la moral o al orden público… Y si era necesario forzar una cerradura, lo haría, aunque ello implicase un allanamiento de morada. Desconocía el método para lograrlo, pero lo haría de alguna forma.
Sin embargo, no tuve que preocuparme en lo más mínimo. Para mi sorpresa, la puerta estaba abierta. Me adentré al interior de la cabaña cuidando mis pasos, siendo lo más sigilosa e imperceptible posible y pude ver que todo estaba a oscuras… ¿Pero cuánto tiempo habría pasado desde que desapareciera él de mi vista hasta que me decidí a entrar? Condenado tiempo, era demasiado fugaz… Quizás Salamander se sintiera cansado y se fue a dormir. Si ese era el caso, por mí perfecto. Me resultaba más beneficioso a la hora de investigar con total libertad.
He de decir que su choza era bastante amplia, ni punto de comparación con las que había visto en la aldea de Magnolia y, al contrario que su exterior, su interior estaba muy ordenado y… vacío. ¿Significaba entonces que esa descuidada apariencia externa de la cabaña no era más que pura fachada para mantener atemorizada a la gente del pueblo? No sabía qué pensar… Quizás fuese demasiado pronto para emitir algún tipo de juicio… Seguí examinando atentamente el interior de la arquitectura. Su hogar era sobrio, carente de objetos personales, frío, diría que hasta solitario… ¿Quizás era esa la misma razón por la que de él se desprendía cierta aura con dicho sentimiento?
Mis pensamientos se vieron interrumpidos por la manifiesta protesta de mi estómago. Traté de no hacer mucho caso a sus rugidos para inspeccionar un poco más la sala, aunque aquella voluntad duró bien poco… Solo pude observar una puerta totalmente cerrada que había al fondo de la estancia, intuyendo que correspondería al cuarto del "monstruo". Mis tripas volvieron a lloriquear, haciendo acto de presencia. Y sí, lloriqueaban, no era una exageración. Lo único que puedo decir es que tengo un mundo interno muy interesante, supongo…
Aquel segundo aviso me recordó que no había probado bocado en todo el día y que sus continuas protestas estaban más que justificadas. Encima el olor agradable proveniente de una olla repleta de comida solo hizo que se despertara más mi apetito… Ni en uno de mis mejores sueños me había topado con semejante festín… Eso me hizo pensar que… Madre mía... ¡¿TANTO COMÍA SALAMANDER?! Con una centésima parte de lo que contenía esa pota me bastaba para saciar el hambre… Y por varios días.
Mis tripas volvieron a resonar por toda la habitación como si de una bestia se tratara. Me llegaba a doler el estómago del hambre que tenía, por lo que decidí servirme un poco de aquel suculento banquete. Como pobre que era, no podía permitir que tanta comida se desperdiciara… Además, si iba a ser su dieta, que menos que estar bien alimentada, ¿no? Había que meter un poco de carne para no ser todo huesos…
Menudo humor negro tienes, querida Lucy.
Comí como una condenada, como si me fuera la vida en ello, de aquel caldo que se hallaba en la cacerola. Aquella no sería la imagen más agradable de todas, ni mucho menos la más hermosa, pero estaba hambrienta. No me iba a poner con cursilerías de buenos modales ni nada por el estilo… Que delicia… Tendría que felicitar a ese tal Salamander porque cocinaba de miedo.
Cuando terminara de comer, me entró nuevamente el sueño. No sé que me pasaba el día de hoy, pero me encontraba muy cansada, escasa de fuerzas aunque… bueno, ahora no tanto gracias a la comilona, pero sí era cierto que me encontraba demasiado cansada. La siesta no había surtido efecto en ese aspecto. Quizás la incertidumbre sobre mi futuro me provocó una inquietud de la que no fui consciente que me impidiera recuperar las horas de sueño… En algún momento de la noche o madrugada logré quedarme dormida.
Un rayo de luz que se filtrara por la ventana anunció la llegada de las primeras horas de la mañana, obligándome a despertar de mi sueño. Aún estaba medio dormida y bastante desorientada y de eso estaba muy segura porque en un principio no fui quien de reconocer nada de lo que me rodeaba. Me encontraba sentada en el único sillón que había en el recinto, un mueble que consideraba lujoso, aunque no era nada ostentoso… Pero para alguien que vivió prácticamente en la miseria cualquier cosa era considerada un lujo. Además de eso, tenía una pequeña colcha blanca posada sobre mis piernas.
Ahora la cuestión era: ¿cómo narices había llegado allí? No sé ni cómo ni cuándo me había desplazado hasta aquí. De hecho, no recuerdo haberlo hecho… ¿Sería sonámbula? Escuché por el pueblo que las personas sonámbulas no recuerdan lo que habían hecho en su período de sueño…
Me levanté del sillón dejando la colcha sobre uno de los reposabrazos y examiné la sala que ya había visto la noche anterior. La verdad es que el cuarto era bastante oscuro aún con la presencia de la luz natural. Era triste y sombrío… Francamente, prefería estar en medio del bosque que en aquella cabaña, pues al menos los colores eran más vívidos.
Con respecto a Salamander, ignoraba si se encontraba en la cabaña. En un principio creía que sí, ya que su cuarto se encontraba cerrado, tal como lo había visto ayer. Pero, conforme pasaba el tiempo, no oía ningún ruido proveniente de este, por lo que deduje que había salido. Me dirigí al cuarto para seguir con mi pequeña investigación pero la puerta no abría. Estaba atrancada… Le di un leve empujón, haciendo a su vez fuerza sobre esta, pero fue inútil. Vi la cerradura del pomo y fue entonces cuando me percaté de que estaba cerrada con llave, lo que solo me dio más curiosidad. Ese detalle solo podría significar que ahí ocultaba algo. Algo gordo. O puede que fuese paranoia mía... Lástima que eso solo me lo podría confirmar el mismísimo Salamander.
Permanecí parada frente a la puerta de aquel cuarto cerrado buscando la manera de lograr mi objetivo, pero no sirviera de nada. Estudié nuevamente mis alrededores y no había nada interesante. Emití un largo suspiro, algo decepcionada. No tenía nada que hacer: no tenía ninguna pista de la que partir, ni tampoco algo con lo que entretenerme. Ni siquiera sabía dónde estaba el sujeto sometido a examen… Te espera un día muy largo, Lucy.
Salí de la cabaña porque me resultaba deprimente y me puse a explorar los alrededores de esta. Realmente, aquella vivienda estaba apartada de la civilización. De hecho, estaba en medio de la naturaleza: lo único que la rodeaba eran prados y más zonas frondosas, cosa que me extrañó… ¿Por qué vivía en un lugar tan escondido Salamander? No le veía sentido…
No obstante, hubo algo que llamara más mi atención cuando me puse a explorar uno de los bosques para mí desconocidos: la presencia de unas tumbas. El olor del incienso fue el que me permitió localizarlas. Lo más curioso de todo es que estaban muy bien cuidadas. La piedra estaba totalmente limpia, se veían flores silvestres perfectamente cortadas y todavía frescas a un lado de estas… Estaba claro que alguien había pasado por allí recientemente y se había hecho cargo de ellas. Ahora la pregunta era: ¿Realmente cabía la posibilidad de que alguien pasase por allí? Lo dudaba, porque no creo que la gente desconozca la existencia de la bestia. Cualquiera con sentido común trataría de evitar aquella zona.
Las horas fueron pasando y llegó el momento de regresar a la cabaña. La zona en donde me hallaba estaba un poco lejos de la guarida del pelirrosa, pero mi sentido de la orientación era bastante bueno… Una vez que volví al punto de partida, anocheció. Aunque fuese tarde, seguía sin haber señales de Salamander, por lo que me quedé esperando afuera de la cabaña, a pesar de estar la entrada abierta. Si bien es cierto que ese día había dormido dentro, en realidad no había hablado con él y mucho menos le había pedido permiso para merodear en el interior de su hogar, así como así, como Pedro por su casa… Simplemente permanecí fuera y busqué un lugar donde resguardarme para así poder dormir tranquilamente.
Al día siguiente me hallaba en el mismo sitio, fuera de la cabaña, pero con un pequeño cambio: la colcha blanca del sillón rodeaba mi cuerpo… ¿Pero cómo?
Definitivamente, eres sonámbula, no hay otra explicación.
Me levanté y me dirigí a la entrada de la cabaña, verificando que su puerta estaba abierta como la vez anterior. Hoy también había sobras sobre la mesa... El cuarto del fondo seguía cerrado y el chico de cabellos rosados, nuevamente, no estaba en la estancia. Y yo estaba otra vez muriéndome del asco.
En los días siguientes hasta completar las dos semanas desde mi llegada, había pasado lo mismo: daba igual donde durmiese, la colcha blanca volvía a mis manos y yo la volvía a dejar sobre el reposabrazos del sillón. La presencia del excedente de comida sobre la mesa también se había vuelto algo rutinario. Francamente, Salamander debería de aprender a cocinar en pequeñas porciones… Si seguía así, solo desperdiciaría los alimentos y eso me daba rabia, porque había poblados que rogaban por una mísera miga de pan.
Por otro lado, la bestia desaparecía muy pronto en la mañana y regresaba muy tarde en la noche. Lo sabía, porque mientras dormía alguna vez llegué a sentir sus pasos y, de hecho, había logrado identificar su forma de andar.
Durante esas semanas comenzaron a surgirme más preguntas en la cabeza, más misterios a los que no fui capaz de dar respuesta. ¿Adónde se iba durante casi todo el día Salamander? ¿A qué venía esa actitud evasiva? Era raro, porque la primera vez que nos encontramos había sido tan rudo y desafiante que me chocaba un poco ver que adopte una actitud tan cobarde conmigo… Ahora resultaba que pasaba de mí. No entendía cómo funcionaba su mente y mucho menos entendía lo que tenía planeado conmigo… ¿Estaba simplemente jugando o solo era indiferencia? ¿O simplemente quiere verme impaciente a la espera de que suceda algo? Algo del estilo me había mencionado en un principio, quizás lo estaba poniendo en práctica…
En resumidas cuentas: no lo entendía. Apuesta algo conmigo pero no hace caso al objeto de la apuesta… ¿Y si aquella apuesta no iba en serio? Me tenía confundida… ¿Cuál sería su verdadera cara? Maldita sea… ¡Esto era un quebradero de cabeza!Encima, en toda esa semana no pude averiguar nada dentro de aquella cabaña. No pude entrar a su cuarto ni tampoco lo pude examinar desde fuera, pues la ventana estaba tapiada.
Lo único que me quedaba era examinar las propias acciones de Salamander. Me fui a dormir pronto y desperté en la madrugada. El chico estaba en la casa y, cuando oí sus pasos alejándose de su hogar, comencé a seguirlo. Como siempre iba con su indumentaria oscura, completamente cubierto y yo comenzaba a preguntarme si él era inmune al calor. Ese día hacía un calor insoportable y húmedo, digno de un clima amazónico. Sin embargo, no parecía afectarle ni en lo más mínimo, porque se movía muy bien entre los terrenos resbaladizos de la zona montañosa. Se le veía bastante centrado en lo que estaba haciendo. Creo que estaba recolectando una serie de hierbas, intuyo que medicinales, y después… lo perdí de vista. Aún sigo sin entender como hizo para desaparecer tan rápidamente.
Decidí regresar a la cabaña, solo que esta vez me escondí en un matorral para observar mejor a la entrañable bestia. Una vez que regresó, de nuevo a altas horas de la noche, vi que traía un pequeño gato entre sus brazos. Parecía estar herido.
Oh, mi Dios... no me digas que... ¿Se lo va a comer?
Miré horrorizada a Salamander de lejos. Me acerqué a su cabaña y concretamente a la ventana que daba al salón, comedor y cocina, para observar la atrocidad que estaba a punto de cometer contra ese pobre animal indefenso… O eso era lo que esperaba.
Lo único que vi a través de aquella ventana era al chico de apariencia salvaje y endemoniadamente sexy atendiendo al gato. Atendiéndolo. Cuidándolo. Curándole las heridas. ¡El cazador… CURANDO! Pero lo que más me impactó, cuan flecha en su diana, fue la sonrisa que asomaba en su rostro.
Madre mía... ¿Cómo podía un monstruo tener semejante expresión dulce en su cara?
Me quedé hipnotizada viendo aquella imagen. El chico tenía una sonrisa angelical… Si sonriera más a menudo, probablemente la gente del pueblo no le tendría miedo.
¿Pero qué hago teniendo esta clase de pensamientos? ¿Qué me pasa?
Sacudí la cabeza y seguí observando. El pequeño animalito miraba con absoluta devoción a la supuesta bestia.
Definitivamente, aquí había algo que no cuadraba: él no parecía ser tan malo como lo pintaban...
Mantuve la vista fija en aquella escena y hubo un detalle que me llamó la atención: ni para acariciar al gato se deshacía del guante negro que siempre llevaba puesto. Dejé de mirar por la ventana y me quedé a dormir sobre la copa de uno de los árboles que estaban más próximos a la cabaña.
Al día siguiente tenía la colcha sobre mi cuerpo… otra vez. Iba a tener pesadillas con esa colcha como siguiese repitiéndose tal fenómeno, llegaba a ser siniestro que siempre sucediese lo mismo, fuera adonde fuese… Vi salir a Salamander y me puse manos a la obra yendo tras él. Eso sí, siempre respetando cierta distancia de seguridad. De nuevo parecía estar buscando medicinas, recogió unas cuantas en bolsas distintas y se fue alejando cada vez más de su guarida para llegar a un determinado poblado que desconocía.
En el límite de este y del bosque, dejó las bolsas en las que había metido las hierbas medicinales y se fue sin más. Me oculté en un árbol mientras observaba como él se iba a otra parte. Esta vez no lo seguí, permanecí cerca del poblado que él había casi visitado. Unos niños que correteaban por la zona se acercaron de pronto a la frontera del poblado.
- ¡Qué bien! ¿Has visto, Romeo? ¡Trajeron más medicinas!
- ... Creo que voy a hacer caso a mi mamá más seguido.
- ¿Por qué lo dices?
- Ella dice que los dioses observan y que actúan con justicia…
- Pues... No sé si esto fue obra de los dioses o qué, pero sea quien sea le estoy muy agradecida – decía una niña de cabellos largos y azulados.
¿Qué…? ¿Esto era lo que hacía cada día? Recolectaba hierbas medicinales para los poblados más cercanos y más míseros… Salamander no es ningún monstruo. Todo lo contrario. Era una persona amable… solo que ocultaba esa amabilidad.
Pero entonces… ¿por qué lo llamaban monstruo o bestia? ¿Por qué existían las ofrendas? ¿Cuál era la realidad? Había tantos cabos sin atar…
Regresé nuevamente a la cabaña y me subí a la copa del árbol donde solía dormir últimamente. Me quedé un rato pensando en todo lo que había descubierto de Salamander y, en el momento menos pensado, me quedé dormida. En la mañana siguiente me costó un poco despertarme, pero aún con esas me dio tiempo para ver partir a Salamander. Simplemente lo vi marcharse, pero no lo seguí. Cuando desapareció de mi campo de visión, me fui al interior de la cabaña que, como imaginaba, estaba abierta y vi que por el escaso mobiliario del recinto se paseaba el gato que había recogido la "bestia" unos días antes.
El pequeño felino se paseaba entre mis piernas mientras maullaba y ronroneaba, buscando mi atención. Cogí al gatito grisáceo entre mis brazos y me abracé a él. Comencé a acariciarlo, mientras examinaba nuevamente el hogar de Salamander. Como cabía esperar, había un montón de comida desperdiciada.
Nunca cambiaría esa manía – pensé mientras miraba con un gesto desaprobatorio aquel hábito de Salamander. Y fue en ese entonces cuando se me encendió la bombilla…
Espera… No me digas que… ¿Era por mí? Ese exceso, ¿era su amabilidad? Mi corazón comenzó a latir como loco. No… No… No puede ser. Tiene que ser casualidad… Pero la puerta de la entrada siempre estaba abierta... Y la de su cuarto estaba perfectamente cerrada. ¿Cómo podría comprobar que aquello formaba parte de su amabilidad? Solté al gato y salí de la cabaña, cerrando la puerta tras de mí para evitar que el minino se escapara.
Tengo que ponerle a prueba… ¿Pero cómo hago eso?
Acto seguido, me vino a la cabeza la imagen de la colcha. ¿Él tendría algo que ver con eso también?... Si la respuesta era afirmativa, entonces eso lo probaría todo… Y sabía cómo averiguarlo.
La llegada de la noche se me hizo eterna, pero cuando noté cierto movimiento entre la espesura del bosque decidí llevar a cabo mi plan brillante: hacerme la dormida. Aún pasó un tiempo desde que Salamander entrara a su cabaña hasta el momento en que percibí que alguien se acercaba a mí. Indudablemente, eran sus pasos e instantes después sentí como algo caía sobre mi cuerpo, abrigándome. Sin duda era la colcha.
- Eres persistente, a pesar de que te he dado muchas oportunidades para escapar… Hasta te mostré un poblado donde podrías sobrevivir – ¿Sabía que lo seguía? – Entonces, ¿por qué…? – oí que suspiró y, hasta que no me cercioré de que entró en su hogar, no abrí los ojos.
Cuando escuché el sonido de la puerta, pude respirar. Sentirlo tan cerca de mí me puso demasiado nerviosa, me sentía avergonzada. Sobre todo al darme cuenta de su verdadera naturaleza y por mi torpeza al no haberlo notado antes. Había pensado verdaderas animaladas sobre él y no me daba cuenta de sus pequeños gestos… Y lo peor de todo es que todavía no le había agradecido nada.
- Tú no eres para nada malvado, entonces… ¿por qué llevas este tipo de vida? – sin darme cuenta lloré. De frustración. De rabia. De arrepentimiento. Y entonces me di cuenta. Me había enamorada de aquel a quien todos denominaban "bestia" injustamente...
Qué tonta había sido prejuzgándolo…
Al día siguiente, desperté temprano, justo en el momento en que Salamander se disponía a desayunar. Debido a que en los días previos me dedicaba a seguirlo, tenía controlado en cierta forma sus horarios. Respiré hondo y me paré frente a la entrada de la cabaña. Decidí que era hora de enfrentarlo. Abrí la puerta y lo encontré de pleno frente a mí. De milagro no chocamos.
- Anda, sigues aquí.
- Sabes perfectamente que sí.
- Sinceramente, no sabía nada.
- Eres un penoso mentiroso.
- ¿Tú crees?
- ¿Qué escondes? – ignoré su tono provocador. Quería que él se sincerase conmigo. Quería saber la verdad.
- ¿A qué te refieres? – parecía sorprendido por mi pregunta.
- A mí no me engañas… Te he estado observando. Tú no eres ningún monstruo, no comes a nadie… De hecho… Eres amable. Solo que lo muestras con torpeza.
- ¿Qué?
- El gato…
- ¿El gato? – se veía perdido.
- Lo acogiste cuando estaba herido. Reconozco que en un primer momento pensé que te lo ibas a comer… – reí sin ganas – Mi error.
- ¿Qué yo qué?– estaba a punto de soltar una carcajada, yo solo pude desviar la vista pidiendo a gritos que la tierra me tragase.
- Y luego están los niños de ese poblado… – proseguí – Les diste la medicina que necesitaban y a mí… Me cuidaste. Solo que no fui capaz de darme cuenta desde un principio, porque fui necia y una prejuiciosa.
- Lucy ...
- Desde el primer momento que te vi sentí que algo no encajaba en toda esta historia. Y, finalmente, lo pude probar… ¿Quién eres? ¿Por qué surgió el ritual?
- … Vaya, has estado estudiándome a fondo… ¿Acaso te intereso? – decía tratando de evadir el tema en cuestión.
- ¿Estás huyendo de mí?
- … Realmente eres tenaz…
- ¿Quién eres Salamander?
- Para empezar no me llamo Salamander, me llamo Natsu.
- Eres humano, ¿verdad?
- Eso creo… – murmuraba mientras apartaba su mirada.
- ¿Crees? Esa mirada…
- ¿Qué pasa con mi mirada?
- Siempre te ves tan solitario… No entiendo como alguien tan amable ha acabado así… – acerqué mi mano temerosa a la cara de Natsu, pero él se apartó casi al instante, impidiendo el contacto. Parecía estar muy sorprendido, a la vez que confuso – Ya veo…
Ya veo que no quieres que nadie se te acerque… Salí de la cabaña intentando no llorar por algo tan estúpido, pero su mano oculta detuvo mi marcha.
- No es lo que piensas…
- ¿Entonces qué es? – en ese momento me soltó y agachó su cabeza.
- … Te voy a explicar mi historia… Y su relación con el ritual de tu pueblo. Todo comenzó hace 150 años… – lo miré escéptica. Él solo rió de una forma amarga – Sí, no me equivoqué. 150. Te explicaré todo, pero a cambio te pido que no me interrumpas… – lo miré fijamente y el comenzó a hablar – Provenía de una familia humilde y me había enamorado de una chica noble. Su hermana, una hechicera inmersa en las artes oscuras, estaba encaprichada de mí y no pudo aceptar ese hecho. Nos dio un ultimátum y como no respondimos como quería me maldijo.
- … ¿Te maldijo? – repetí. No estaba entendiendo nada. Me estaba sonando a cuento chino.
- Son 150 años Lucy… Congeló mi tiempo. Me hizo un ser inmortal… Yo no moriría, pero ello no implicaba que no sintiera dolor. Sufriría cualquier tipo de tormento, pero yo no moriría por nada... Había detenido mi tiempo y me atrapó en este cuerpo joven que ahora no me correspondería.
- Eso es…
- ¿Una locura? No te lo niego, vivir más de 150 años te puede llevar a la locura. Sobre todo cuando caminas hacia delante sin avanzar. Pero ahí no se quedó todo. También maldijo mi cuerpo de otro modo... – por una parte me costaba creer lo que me decía. Pero lo veía tan serio y habiendo ciertos puntos que comenzaban a encajar, no pude evitar pensar que lo que me estaba contando era verdad.
- ¿En qué sentido?
Natsu miró un momento un pequeño arbusto que había al lado de la cabaña y se quitó el guante que siempre ocultaba su mano. Cogió una hoja rápidamente y esta comenzó a arder en llamas. Se me escapó un grito ahogado.
- Todo lo que toco se quema, se seca, se destruye bajo mis llamas. Traté de controlarlo, pero me resultó imposible. Solo lo puedo mantener aislado con esta indumentaria específica. Este "poder" me llevó al camino de la soledad… Estuve vagando mucho tiempo viendo cosas que no quería ver, observando las distintas perspectivas y viendo cómo iba siendo abandonado por todos aquellos por los que llegué a sentir algún tipo de afecto llegado el momento final. Hace cuarenta años, llegué a este lugar... Me pareció el más adecuado para mí. Vivir como un ermitaño en una aldea olvidada… Sin embargo, me descuidé y sin querer incendié la aldea. La destruí y ya viste cual fue el resultado… Por eso evito el contacto. No quiero hacer daño… no quiero hacerte daño.
Se le veía tal dolor en su rostro tras mencionar aquellas palabras que partía el alma de cualquiera y es que tenía motivos… ¿Cómo sería pasar por eso? Un verdadero sufrimiento. Él nunca quiso hacer ningún mal, pero le salió todo al revés. Y ahora vivía mortificándose cada día por aquel incidente. No dudaba de que sus palabras fueran sinceras, al igual que sus sentimientos.
Entonces… ¿Por qué no lograron alcanzar a la aldea?
- Y fue por eso que nació el ritual… – reflexioné en alto.
- …El Jefe de tu pueblo inició esa pantomima de las ofrendas. Yo no quería nada de eso… Lo que sucedió fue un descuido que no tiene perdón, pero no lo hice con un propósito. No buscaba atemorizar al poblado. Después del incendio empezaron con las ofrendas. Ofrecieron a una chica joven y como vieron que no sucedía nada malo, creyendo que era por esa causa, comenzaron con ese absurdo ritual cada lustro…
- ¿Y qué fueron de ellas?
- La primera se suicidó en el momento que llegó. Estaba aterrada… Aún recuerdo el temor que revelaba su rostro y su angustia. La gente teme lo desconocido… Las siguientes se movieron entre el suicidio y la muerte accidental.
- ¿Muerte accidental?
- Escaparon el primer día, pero no sabían desarrollarse bien en los bosques. Se perdían y acababan siendo el alimento de los animales salvajes… Lobos, para que me entiendas. Por eso, algunos llegaron a ver sus restos y pensaron que había sido yo…
Las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos al oír su historia completa.
- No es justo…
- ¿Lucy? – me llamó preocupado.
- No es justo todo el dolor que has tenido que cargar. No es justo que te hayan obligado a seguir tal vida… Si solo… si solo se diesen cuenta de la verdad… Si solo hubiese llegado antes…
- Eres tan extraña – lo dijo con tanto cariño, que solo hizo que llorase más – pero es lo que me gusta de ti. No huiste de mí cuando esperaba que lo hicieras. Y no solo no huyes, sino que lloras por mí… Realmente eres una persona muy dulce. Aunque en un principio te traté mal, me diste una oportunidad y eso no lo voy a olvidar. Gracias, Lucy… Pero siempre me he preguntado, ¿por qué no huiste? ¿Por qué permaneciste a mi lado?
- Yo tampoco lo sé… Supongo porque quería conocer un poco más el origen de todo esto y lo que escondía tu soledad…
- ¿Acaso nunca sentiste miedo?
- Nunca es más… De hecho… – murmuraba mientras me acercaba lentamente a él.
- ¿Qué?
- Te quiero.
- … ¿Estás loca? – se veía nervioso.
- Lo sé, estoy tan sorprendida como tú, pero me enamoré de ti.
- ¿Pero no me has escuchado?
- Te he oído y más me he enamorado… Lo que le pasó a la aldea no fue tu culpa… Fue un accidente y ya has pagado tu condena hace mucho tiempo, Natsu… – él acercó su mano, por primera vez desnuda, hacia mi cara, pero en el último momento frenó su avance y la apartó. Yo le miré algo decepcionada.
- Realmente ahora mismo me encantaría abrazarte, Lucy.
- Entonces hazlo.
- No quiero hacerte daño.
- No me harás daño.
- Eso nadie lo puede asegurar.
- Te lo aseguro yo, no me vas a hacer daño, lo sé – lo veía dudar por lo que decidí dar inicio al abrazo yo. Parecía sorprendido pero aceptó de inmediato, aunque seguía sin tocarme con sus manos. Pude percibir como unas lágrimas caían de sus ojos. Habían sido demasiados años sumidos en la soledad, demasiados años siendo despreciado y tratado como un monstruo. Demasiados años sin conocer el calor humano. Acerqué mis manos a su rostro y le limpié las lágrimas y el acercó su mano con miedo a mi rostro – No tengas miedo Natsu.
Notaba cierta calidez que se desprendía de sus dedos pero no hacía daño, provocaba un sentimiento muy agradable. Después acercó sus labios a los míos, depositando un pequeño beso sobre estos. La sensación que me provocó aquel contacto era indescriptible. Lo único que podía decir es que… se sentía muy bien. Me sentía satisfecha, aunque aquello duró poco debido a que Natsu se separó repentinamente de mí.
- ¿Qué pasa?
Él se acercó al arbusto y cogió otra hoja entre sus dedos. Los dos miramos sorprendidos a la hoja. No había sucedido nada y Natsu solo pudo reír. Yo me acerqué a él y lo volví a abrazar con todas mis fuerzas compartiendo su alegría. Se le veía liberado como si hubiese vuelto a nacer. Aquel suceso fue el preludio de que algo bueno estaba por llegar.
A partir de ese momento, todo fue volviendo gradualmente a la normalidad. Abandonamos aquella cabaña solitaria y fría junto con el gatito grisáceo, cuyo nombre quedó en Happy, para irnos a vivir al poblado donde Natsu dejaba las hierbas medicinales. Ayudábamos a los habitantes de ese poblado con su abastecimiento. Nos encargábamos sobre todo de la recolección de esas plantas con propiedades curativas.
Al cabo de los años, la leyenda de Salamander fue desapareciendo al igual que el ritual de las ofrendas. Había sido realmente el primer y último sacrificio de Salamander y el último de la aldea de Magnolia. Puedo decir que debería de estar agradecida a ese estúpido ritual, porque me condujo a un nuevo camino donde podría hallar la verdadera felicidad. Es verdad que echaba en falta algunas veces a algunos miembros de la aldea, sobre todo a Levy, pero... Creo firmemente que llegará un día en el que nos volveremos a reencontrar. Por ahora, seguiré viviendo mi día a día junto al chico que adoro.
¿FIN?
Nah, realmente no es el fin. Quedan dos extras.
El primer extra se verá la misma historia pero desde la perspectiva de Natsu, nos meteremos en sus pensamientos...
Sean pacientes, y no caigáis en la tentación de ir a la otra página para ver como acaba... Si no lo habéis hecho ya, claro xD
Os mando un beso y un enorme abrazo, ¡nos veremos en el próximo capítulo si así lo queréis! ;D
