- Vaya, ya veo que te alegras de verme. -dijo Merle con media sonrisa. Se sentó en una roca, a nuestro lado.
- ¿Cómo...? - preguntó Daryl. Aún seguía sin aliento.
- Encontré a esta monada escondida en los baños de un centro comercial, arrinconada por unos 10 caminantes. Y como los estaba pateando la chica. Ella solita se quería enfrentar a todos ellos. - explicó Merle, soltando una carcajada. Daryl me miraba con la misma expresión seria de siempre.
- Bien, vendréis con nosotros. - sentenció Daryl - Mañana, en cuanto amanezca, nos pondremos en marcha.
Me costó conciliar el sueño esa noche, la herida de la pierna seguía ardiendo. Me apreté aún más contra la chaqueta, mirando la espalda de Daryl y sus brazos desnudos. Se había empeñado en hacer el la guardia, y Merle tampoco había puesto muchas objeciones. Vi como se encendía un cigarrillo.
Me levanté despacio, y caminé cojeando hacia el. Me senté en silencio a su lado, él parecía ignorar mi presencia.
- Aún no me has preguntado mi nombre. - dije después de un rato.
- No hace falta. - contestó con esa voz ronca que me arrancaba escalofríos en la espalda.
- Nia. - contesté igualmente, encogiéndome de hombros. Me miró un segundo, después continuó con su cigarro.
Más que ofrecerme, extendió el brazo y me lo puso en los labios. Lo cogí, rozando suavemente sus dedos. Ásperos. Aspiré una calada, dejando que el humo me llenase. Lo solté despacio, con la mirada fija en el suelo.
La herida que me atravesaba el muslo cada vez ardía más, y yo cada vez me sentía más débil. Quizá me senté al lado de Daryl para pedirle en silencio (a gritos) algún tipo de ayuda, quizá solo buscaba la compañía de alguien. Cerré los ojos en una expresión de dolor, y él debió notarlo.
Se arrodilló a mi lado, rasgó ligeramente mi pantalón y rozó la herida con la punta de sus dedos.
- Tiene muy mala pinta... Tengo que limpiarla. - me dijo despacio. - Está muy infectada.
- Adelante. - mustié con un hilo de voz.
Cerré fuerte los ojos, mientras el abría la herida y presionaba para que saliese todo el pus. ¿Por qué estaba tan empeñado en ayudarme?
Intenté disimular el dolor lo mejor que pude, pero las lagrimas resbalaban por mi rostro. De vez en cuando solté algún gemido de dolor.
- Ya está, lo has hecho muy bien... Nuestro médico te mirara mañana mejor que yo. - se levantó y me limpió las lagrimas con una delicadeza que no llegué a pensar que tuviese. Se dio la vuelta para marcharse.
- Daryl. - le cogí de la muñeca, pero no se volvió. Solo giró la cabeza hacia mi. - Gracias.
El asintió, y se marchó.
Esa misma noche vi amanecer, mil pensamientos erráticos pasaban por mi mente. Pero todos ellos tenían algo en común: unos ojos azules.
Merle me tocó el hombro y me dijo que nos marchábamos. Nos pusimos en marcha de inmediato, Merle iba el primero, Daryl algo más retrasado que él y finalmente yo. No era muy ágil por lo de la pierna, pero hacía lo que podía. A veces notaba las fugaces miradas de Daryl, como comprobando que todo iba bien. Después de lo que me parecieron horas caminando, llegamos a una especie de granja. Era preciosa, espaciosa y no se veía ningún caminante cerca.
Daryl explicó a los suyos la situación, como nos había encontrado en el bosque. Acompañé al medico, un hombre mayor, hacia la casa. Me cosió, me vendó y me dio unas cuantas pastillas. Me aconsejó que descansase algo, y me quedé tumbada en la cama un poco más.
- Nia, ¿verdad? - me preguntó uno de los hombres que había visto antes hablar con Daryl - Soy Rick.
- Hola, Rick. - saludé. - Muchas gracias por haberme ayudado con lo de la pierna.
- Dáselas a Hershel - contestó sonriendo. Se sentó en una silla que había en frente de mi cama y me miró fijamente. - No tenemos nada personal contra ti, pero no os pongáis muy cómodos.
- Lo entiendo. - mustié. Algo dentro de mi sabía que no podríamos quedarnos, que no nos aceptarían en aquel refugio.
- No es por ti, pareces buena chica. Y me han dicho que luchas bien, quizá en un futuro nos podrías haber sido útil en el grupo. Pero tu compañero... No te ofendas, pero ya conocemos a Merle de antes y...
-Sí, lo se. - le corté, sin mirarle. - Se que me vas a decir que le quedasteis esposado en una azotea por que tu pensabas que era un peligro para el grupo, y que se tuvo que cortar la mano para poder sobrevivir. He escuchado la historia unas mil veces...
- Debes entenderlo entonces.
- Claro, pero es mi compañero. No puedo dejarlo solo, el me salvó. - me mordí el labio. - No puedo abandonarlo.
- Entonces mañana por la mañana debéis tenerlo todo listo para marcharos. - salió por la puerta sin decir nada más.
Me tumbé en la cama, aún pensando en lo que me había dicho Rick. Quedé dormida en un instante por el agotamiento. Cuando desperté aún era de noche, mi cuarto estaba únicamente iluminado por la luz que entraba por una pequeña ventana donde se distinguía una figura apoyada, mirando hacia afuera. Me incorporé asustada, conteniendo la respiración. No tenía ninguno de mis cuchillos cerca.
- Deberías estar durmiendo. - me susurró una voz ronca. - Mañana os vais.
- Realmente, mañana nos echáis, Daryl. - contesté, con un suspiro de alivio. Se acercó a mi lentamente, acercó la silla donde antes había estado sentado Rick, y se sentó. - ¿Vienes a ver como estoy?
- No seas cínica. - espetó fríamente, aun que con media sonrisa. - No pensarás llevarte mi chaqueta, ¿no?
Me sonrojé al comprobar que aún no me había quitado la chaqueta. Daryl se inclinó hacia mi, y rozándome suavemente los hombros y los brazos me quitó la chaqueta, dejándola encima de la cama. Se relamió los labios, mirándome. Sentí la descarga de electricidad que me provocaba el estar cerca de él. Se levantó sonriendo, y me empujó a la cama, muy lento, quedándose tendido sobre mi. Pude notar el olor el olor del alcohol en su boca.
Juro que intenté quitármelo de encima, juro que intenté decirme a mi misma que no podía entrar en su juego. Pero cuando una de sus manos subió por mi abdomen provocandome escalofríos a su paso, sabía que todo estaba perdido para mi.
Él sonreía con cada una de mis reacciones, con cada beso en su cuello se me escapaba un jadeo. Pasó su mano por mi cara hasta llevarla a mi pelo, el cual agarró con fuerza. Con la otra mano me sujetaba la muñeca. Daryl me tenía totalmente inmóvil, y sin embargo quería aún más de él. Me miró fijamente, con la respiración acelerada. Se acercó a mis labios, pero unos pasos en el pasillo le interrumpieron.
- ¿Daryl? - preguntó la voz de una mujer a través de la puerta. Me quedé paralizada, aún debajo de él.
