Sentí la adrenalina invadiendo cada parte de mi cuerpo.

Tuve que tragarme el nudo que tenía en la garganta cuando le vi destrozar la cabeza de un caminante delante de mi. Daryl daba grandes bocanadas de aire por el esfuerzo. En el suelo había más cuerpos de caminantes, y él estaba cubierto de su sangre.

Cogí el cuchillo de mi bota, y agarrándolo del brazo lo empujé contra un árbol. Presioné el filo del cuchillo contra su garganta. Él me miraba divertido, aún con la respiración acelerada. A mi aún me daba vueltas la cabeza por el Whisky de antes. Estaba tan enfadada. Enfadada por haberme hecho eso aún teniendo a esa novia suya, por haberme hecho ilusiones con él, por hacerme sentir así. Realmente con quién más enfadada estaba, era conmigo misma.

- Tanto pasar tiempo con mi hermano, se te han pegado sus buenas costumbres. - me dijo con voz ronca. Tenía sangre en el labio. - Golpea primero, y pregunta después.

- Solo venía a devolverte la chaqueta. - contesté en un susurro, enfadada. Él me sonrió. Con una mano me cogió de la cintura y con la otra la muñeca con la que le apuntaba con el cuchillo. Con un rápido movimiento me giró y me empujó el contra el árbol, apoyando esta vez el cuchillo en mi garganta.

- ¿Por qué no ha venido tu novio Denis? Pareces no importarle mucho... - escupió las palabras casi con desprecio. Le dí una patada en rodilla que le hizo resbalar y caer. Me senté encima de él, y puse el cuchillo en su pecho.

- ¡No te atrevas a hablar de él! - grité. Después de todo, ¿quién se creía para hablar de Denis así? - ¿Por qué no te vas tu con tu querida Carol? ¡No vuelvas a acercarte a mi! ¿Lo has entendido?

Una mano me cogió del brazo y me levantó de Daryl. Reconocí el tacto y me dejé llevar. Me puso contra su pecho y solté un par de sollozos de impotencia. Él me abrazó delicadamente y enterró su nariz en mi pelo, dándome un beso en la cabeza.

- ¿Cuándo te has vuelto así de blando, hermano? - preguntó Daryl, mirándonos aún desde el suelo.

- No hagas que tenga que partirte esa cara de niño guapo que tienes. - contestó Merle, riendo. Daryl esbozó media sonrisa también.

Me zafé del abrazo de Merle, y corrí adentrándome aún más en el bosque. Necesitaba estar sola, pensar. Quizá fumar un par de cigarrillos, quizá no volver más.

Espérame, Denis. Iré pronto, lo prometo.

Sacudí la cabeza, intentando dejar todos los pensamientos atrás. Me sentía enfadada, pero en parte no sabía muy bien por qué. Acababa de conocer a Daryl y ya tenía la impresión de quererlo solo para mi. Él no tenía culpa de estar enamorado de Carol, había sido yo la que había irrumpido en su granja a estropearlo todo.

Me senté en una roca que estaba al pie de un riachuelo, sacando la botella de Wisky que llevaba en la chaqueta. Había metido un poco en una botella de plástico. Desenrosqué el tapón sintiendo el olor.

¿Cuantas veces me había prometido no volver a hacerlo? Casi siempre, al despertar. Pero era lo único que me hacía sentir calor, lo único que me hacía sentir viva.

Solté una risa irónica. Todo aquello formaba parte de mi vida anterior, aquello era distinto.

Bebí hasta reírme de mi misma. Bebí hasta que se me cayeron las lagrimas. Bebí hasta querer morir. Bebí hasta que todo me daba vueltas, hasta que no pude más con el ardor de mi garganta. Hasta no poder dar un paso por mi misma. Hasta que el nombre de Daryl me hacia reír.

Pero el sonido de un motor me alertó. ¿Una moto? No. O sí. Alcancé como pude a esconderme detrás de un árbol, y me saqué la pistola de la espalda. Me preparé para apuntar a cualquier cosa. El motor se paró a mi lado, y escuché unos pasos que se acercaban cada vez más a mi.

- ¿Nia? - susurró una voz ronca. Reconocí la voz de Daryl, pero aún así me quedé detrás del árbol, sujetando la pistola.

Rodeó despacio el árbol dónde yo estaba apoyada, mirándome fijamente. No solté la pistola. Daryl se acercó tambaleándose, y me abrazó. Aquello me pilló por sorpresa, tanto que contuve la respiración. También noté el fuerte olor a alcohol en él.

- Desapareciste. Y yo pensé... Encontramos sangre en el bosque. - su voz sonaba aterrada, pero con un deje de alivio. Tenía lagrimas en los ojos, y yo aún no alcanzaba a creerlo. Guardé mi pistola. - Creí que un caminante... O algo peor... Eres una niña estúpida, no vuelvas a hacerlo. Nunca más.

- Daryl... - susurré. Le correspondí el abrazo, y nos quedamos así por unos segundos. Su respiración pareció calmarse.

Me dio un beso rápido en los labios. Sin casi rozarlos, él ya había acelerado cada parte de mi. Sonrió como un niño que tiene algo que ocultar, y sacó una botella de su mochila. Me miró divertido, invitándome a beber con una sonrisa. Yo asentí sin pensármelo, sin importar nada. Sin importar nadie.

Creo que el mundo entero daba vueltas, pero él era lo único que me mantenía quieta. Tumbados en el suelo, me apoyé contra él. Como si quizá pudiese salvarme de todo esto, de mi misma. Rayos de luna se colaban entre las nubes, y alcé la mano despacio. Casi como queriendo atraparlos. Él subió su mano también, entrelazándola con la mía. Quedandola suspendida en el aire, admirándola. Como si aquello fuese lo más puro entre toda la auto destrucción. Pero ambos sabíamos que también quemaba, que giraba muy rápido. Que todo quedaría reducido a cenizas a nuestro paso. Pero al mirar sus ojos, y ver su media sonrisa, comprendí que habíamos decidido que era mejor extinguirnos que apagarnos lentamente.