Todo su mundo giraba muy deprisa, y él no quería parar.

- ¿Quieres ver algo bonito? - me preguntó él. Y por el brillo en sus ojos supe que no tenía alternativa. - ¿Quieres ver algo arder? Hay un pueblo aquí al lado, vamos. Vayámonos lejos de aquí. Antes de que nos encuentren.

- Pero... Están preocupados por ti. - acaricié su cara suavemente, apartándole el pelo. Como si aquello no fuese real. - Y Merle...

- Mi hermano lo entiende. Él entiende. - me explicó haciendo un ademán con la mano, desechando esa idea. - Vamos, él le explicará a los demás.

Me cogió de la cintura, arrastrándome hasta la moto. Me ayudó a subir, y antes de que me diese cuenta estábamos en marcha. Con el viento rozando suavemente mi cara, mi pelo. Me sentía tan viva, que no pude evitar reír en alto. Daryl giró la cara, mirándome. Sonrió al verme feliz. Agarré mas fuerte su cintura, apoyando mi frente en su espalda. Ojalá poder capturar este instante, y revivirlo para siempre.

Llegamos al pueblo antes de lo que pensaba. Ambos bajamos de la moto. Matamos a un par de caminantes antes de llegar a una licorería.

- ¿Esto es aquello tan bonito que querías enseñarme? -pregunté irónicamente. - ¿Es que aún se puede estar más borracho?

- No vamos a beber más. O quizá si. Tu solo tienes que esperar aquí.

- No pensarás entrar solo, ¿y si hay caminantes? - el cogió su ballesta a modo de respuesta, y yo asentí. - Ten cuidado.

Miraba las calles, demasiado desiertas. Las hojas de los árboles mecidas por el viento. Había demasiado silencio. Empezaba a salir humo de dentro de la licorería. Me acerqué preocupada a la puerta, y justo cuando iba a entrar salió Daryl, con una botella en la mano y la ballesta en la otra.

- ¿Qué ha pasado ahí dentro? - pregunté, comprobando con una rápida mirada que estaba bien.

- Solo te preparaba algo. - contestó, y me llevó lejos de la puerta de la licorería. Me cogió de la cintura y me sentó en lo alto de un pequeño muro de piedra.

- ¿Qué es lo que me preparas? - pregunté con una sonrisa. Antes de que pudiese apartarse, rodee su cintura con mis piernas. Él se acercó a mi cuello.

- Es una sorpresa. - contestó en un susurro. Mordió mi cuello, y yo le atraje con más fuerza hacia mi. - Haré que te olvides de ese tal Denis, ya verás.

Algo dentro de mi se revolvió. Denis no, Daryl. Mierda. Bajé la mirada con el ceño fruncido.

- Mira, ya está a punto. - dijo él, como si no lo hubiese notado, cogiéndome suavemente de la cara y dirigiendo mi mirada hacia la licorería. Subió al muro, sentándose a mi lado.

Al cabo de unos minutos, todo el lugar estaba en llamas. Todas las paredes ardían, y pude notar el calor en la cara. Yo miraba fascinada. La madera crepitaba, las botellas estallaban. Y allí estábamos los dos, sentados, observando la belleza que había en toda aquella destrucción. Casi mágico. Daryl me cogió suavemente de la mano, sin mirarme. Dando largos tragos a la botella, con la vista fija en las llamas. Cogí fuertemente su mano, convencida de que iba a caerme en cualquier momento. Quizá los efectos del alcohol, quizá efecto de la magia.

- Siempre serás mi héroe. - susurré, acercándome a sus labios, sin rozarlos. Pero lo suficientemente cerca. - Aun qué a veces pierdas la cabeza.

Me bajó del muro suavemente, y me estrechó contra él. Apoyó su cabeza en mi pelo, e inspiró lentamente. Agachó la cabeza y besó mis labios, invadiendo cada rincón de mi boca con su lengua. Notaba el sabor a Whisky y cigarrillos. Pero todo en él sabía mucho mejor.

- Carol no significa nada. No es nada. - me dijo él de repente. Le miré fijamente, sus ojos aún seguían perdidos en el fuego.

Sabía que me estaba pidiendo explicaciones indirectamente. Denis. Aquello lo había atormentado desde que me miró a los ojos por primera vez, desde la primera vez que dije su nombre.

- Daryl, Denis es solo... - me interrumpí. Había escuchado el sonido del seguro de una pistola al quitarse. Venía de detrás del muro. Los ojos de Daryl también miraban en esa dirección.

Se llevó la mano lentamente hacia atrás, hacia la ballesta. Yo hice lo propio con mi pistola. Pero ambos nos interrumpimos al ver a un hombre salir de allí apuntándonos.

- Dejad las armas a un lado. - gritó el hombre. Iba vestido de negro y llevaba una especie de casco que nos impedía ver su cara.