Estábamos en la parte de atrás de una camioneta, ambos atados de manos. Nos habían puesto cinta aislante en la boca. Estaba sentada en un rincón, mirando como Daryl iba y venía, buscando desesperadamente algo que pudiese desatarnos, sin mucho éxito. Yo temblaba debajo de su chaqueta, y las lagrimas amenazaban con salir de mis ojos. Pero me juré ser fuerte. Cerré los ojos y confié en salir de allí.

Daryl se acercó a mi, dándome la espalda. Lo comprendí al instante. Acerqué mi boca a sus manos, y como pudo, tiró de la cinta que me cubría la boca. Inhalé una bocanada de aire, e hice lo mismo con la cinta que le recubría a él. Se acercó a mi, apoyando su frente en la mía. Mirándome a los ojos.

- Muy bien, voy a sacarte de aquí, ¿entendido? - asentí, y un atisbo de sonrisa cruzó su cara. - Está bien, voy a ver si puedo sacarte esas cuerdas mordiéndolas.

Cuando acabamos, tenía las muñecas recubiertas de sangre, y él los labios. Cuando le desaté a el las suyas, me abrazó con fuerza.

- Todo saldrá bien, ¿vale? Te sacaré de aquí, ya verás. - me susurró. Me cogió con suavidad las muñecas y las besó despacio.

Pararon bruscamente la camioneta, y abrieron de golpe las puertas. La luz nos cegó por un momento, después Daryl me empujó contra el fondo de la camioneta, y se puso delante de mi en ademán protector.

- ¿Cómo mierda os habéis soltado? - cuando nuestros ojos se acostumbraron a la luz, vimos a un hombre que nos apuntaba con un rifle. - Está bien, andando. Poned las manos en la espalda.

Dayl no se movió. El corazón me daba golpes contra el pecho, amenazando con salirse en cualquier momento.

- Muy bien, si lo queréis así tendré que obligaros a salir del coche por la fuerza. - está vez se movió a un lado, apuntándome a mi. - Uno...

- No se te ocurra hacerla daño. - gruñó Daryl, situándose otra vez entre el rifle y yo.

- No me importa matarte, pero la chica iba a correr tu misma suerte después. - contestó el hombre, descubriendo su punto débil.

Los hombros de Daryl se relajaron, y se llevó lentamente las manos a la espalda, sin dejar de mirar amenazante al hombre.

- Haz todo lo que te digan. - me susurró, volviendo la cabeza.

Tres hombres nos guiaron a través del pueblo. Caminamos lentamente hasta llegar a una especie de muro. Poco después nos dimos cuenta de que habían atrincherado un barrio entero. Dentro la gente iba y venía despreocupada, saludaban afablemente a nuestros captores e incluso a nosotros. Todos allí parecían felices, parecían tener una especie de trabajo. Incluso había niños, y una mujer que estaba embarazada.

Nos llevaron a un hotel, nos hicieron subir varias plantas y nos encerraron en una habitación.

- No os mováis de aquí, y descansad. El gobernador vendrá a veros mañana. - nos explicó, y antes de salir por la puerta añadió. - Igualmente, no intentéis escapar. Hay dos hombres fuera guardando esta puerta.

Cuando cerró la puerta, Daryl corrió a abrazarme. Le correspondí, aún temblando. Me miró un instante a los ojos, y un atisbo de sonrisa cruzó sus labios al comprobar que estaba bien.

Inspeccionamos la habitación en busca de algo que nos ayudase a escapar. Pero estaba vacía. Solo había una cama, un baño, una cocina y una pequeña sala de estar. Nada de utilidad en los cajones, nada en las estanterías. Nada en el baño o la cocina.

Después de un rato, Daryl se tambaleó hasta el baño sentándose en el suelo. Se agarró a la taza y vomitó todo el alcohol. Su cuerpo se sacudía en sonoras arcadas. Me senté en el borde de la bañera y le acaricié la espalda. Jadeaba por el esfuerzo. Tras escupir un par de veces giró la cabeza para mirarme con una sonrisa de disculpa.

- No te preocupes. - le dije, esbozando una débil sonrisa. Todo el baño apestaba a Whisky y vomito. - ¿Estás bien?

- Lo estaré cuando logremos escapar de aquí.

Daryl se levantó y cogió una toalla, se la envolvió a la mano y dio un puñetazo al espejo, el cual cayó en el lavabo en pedazos. Cogió uno, y después de envolverlo en la toalla se lo guardó en el bolsillo. Yo hice lo mismo.

- Deberías descansar. - me dijo una vez nos habíamos sentado encima de la cama.

- Deberíamos descansar. - dije enfatizando cada palabra. - Si quisieran hacernos algo, ya lo hubiesen hecho. Si te quedas más tranquilo, haré yo la primera guardia.

Daryl bufó enfadado, pero como vio que no cambiaría de opinión, accedió a tumbarse. Al poco tiempo pude comprobar como se quedó dormido por el cambio en el ritmo de su respiración. Respiraba lenta y pausadamente. Le eché la colcha por encima, y yo me senté a su lado después de haber cogido un libro de una de las estanterías. Me acurruqué echándome la manta hasta las rodillas, y me dispuse a leer.

De vez en cuando le lanzaba fugaces miradas, comprobando que todo iba bien. Él seguía durmiendo, agitándose de vez en cuando en sueños. Le aparté tímidamente el pelo de la cara, temiendo de que fuese a despertar en cualquier momento.

Leí hasta que mi vista comenzó a desvanecerse, intenté no dormirme pero cuando quise darme cuenta ya entraban los primeros rayos de sol por la ventana. Y Daryl no estaba a mi lado.

-¿Daryl...? - murmuré asustada.

- Te quedaste dormida. - me dijo una voz algo molesta, proveniente de la cocina. - ¿Por qué no me despertaste antes?

- ¿Y por qué no me despertaste tu a mi? - me levanté de la cama y me dirigí a la cocina. Daryl estaba allí, mirando hacia afuera por una de las ventanas.

- Mira, tienen galletas aquí... Y café soluble en agua. - dije tras revisar las estanterías. Él me miró con el ceño fruncido. - ¿Qué? ¿No tienes hambre? A mi el alcohol siempre me da mucha hambre...

- ¿No irás a comerte algo de aquí, no? No sabemos...

- ¿Tantas molestias para traernos aquí para luego matarnos envenenados? - pregunté, alzando una ceja. Mordí una galleta y luego se la enseñé. - ¿Ves? Estoy bien.

- Estás loca. - me dijo sonriendo, quitándome de la mano la galleta y comiéndosela él.- Bueno, realmente no está mal.

Sonreí. Ambos nos sentamos en las sillas que había allí, devorando las galletas con avidez. Hasta que nos interrumpieron tres golpes secos en la puerta. Ambos nos miramos un segundo, para correr hacia el salón. Daryl se situó detrás de la puerta.

- ¿Quién es? - preguntó Daryl en un gruñido.

- Soy aquel al que llaman el Gobernador. Podéis abrirme sin miedo, no tengo intención de haceros daño. - contestó una voz afable detrás de la puerta.