LOCURA TRANSITORIA
Capítulo 3: Malachai
"Este fic participa del Reto Anual "The New Long Story" del foro The Vampire Diaries: Dangerous Liaisons".
Por fin.
Kai Parker pareció sorprendido, por un instante, al ver a la imponente rubia sentarse frente a él.
-Malachai Parker... -leyó Lexi del informe que tenía en el regazo, la impaciencia le carcomía por dentro. No se había atrevido aún a mirarle a los ojos.
-Presente, aunque me suelen llamar Kai -gruñó divertido el joven- y usted es Alexia Branson, supongo.
La médico levantó la vista y clavó sus inquietantes ojos azules traslúcidos en el turbio iris azul grisáceo del chico... y se llevó una sorpresa. Kai Parker tenía un rostro agradable, pómulos altos, sonrisa de rebelde y, aunque tuviera el pelo sucio, se veía que era de un castaño oscuro brillante. Estaba flacucho y apenas tenía musculo, pero la razón era evidente: el Bram Stoker no dejaba a sus pacientes realizar actividades físicas que implicase ''ponerse en forma'', ya que podría ser peligroso. No debía de tener apenas un año más que Stefan, era adulto, pero aún así mostraba la juventud de un niño ''inconsciente''.
-Supongo que intentas impresionarme, ¿no es así? -respondió Lexi quitándose las gafas- Es muy fácil averiguar el nombre del psiquiatra, señor Parker.
El chico entrecerró los ojos ligeramente y no pudo evitar sonreír ante esa actitud desafiante, un reto de vez en cuando no le haría mal a su ingenio y, además, aunque esa mujer tan imponente supiese manejar la situación con sencillez, no pudo más que sentir satisfacción cuando noto la tensión en los hombros de la doctora, era fácil darse cuenta de ello cuando se llevaba una ropa tan rígida y profesional: una camisa blanca y unos pantalones de corte elegante de color negro, con unos aburridos tacones del mismo color. Kai parecía contento de tener una nueva psiquiatra.
-Tampoco tiene que ponerse a la defensiva -señaló él, quitándole importancia, después suspiró aburrido y le dirigió una mirada soñolienta- ahora es cuando le cuento toda mi vida, ¿no?, e intentamos buscar los motivos por los que llegué a asesinar a mi familia ¿cierto? Ah, pero antes tengo que explicar porque quería suicidarme... -sonrió de forma malévola- ¿por dónde quiere que empiece?
-Por nada -contestó ella- todo lo que le has dicho a los demás lo tengo escrito, no voy a hacer que lo vuelvas a repetir todo.
El chico puso cara de sorpresa, todavía no sabía si esa mujer le agradaba o no.
Lexi pasó las páginas llenas de notas, informes clínicos y alguna que otra foto de familia. Se quedó un rato mirando una, viendo a un Kai niño con sus dos hermanas y un bebé en brazos de su madre, que sonreía a la cámara sin saber que en menos de un año su hijo desaparecería y cambiaría sus vidas para siempre. Volvió a detener la mirada en el muchacho que tenía en frente.
-Bueno, ¿vamos a hablar de algo? -gruñó Kai, algo molesto- no me gusta perder el tiempo.
Ella intentó no poner los ojos en blanco ¿qué otra cosa iba a hacer si no estaba ahí?
-Hablemos pues... -cedió- ¿cuál es tu libro preferido?
-Por desgracia no me dejan leer lo que me gusta desde que estoy aquí... -replicó el chico sin ninguna expresión- como a todo, lo consideran un potencial peligro.
-No has contestado a mi pregunta, Kai -ignoró Lexi- ¿Sobre qué te gustaba leer?
-Sobre brujas -susurró con cuidado- a mi hermana pequeña y a mí nos encantaban las historias de brujas, me recorrí todas las bibliotecas, buscando todo tipo de libros, tanto viejos como nuevos, cuanto más antiguos eran, más nos gustaban...
El chico hablaba abstraído, trasladado a otro lugar, Lexi no pudo reprimir una sonrisa: acaba de conseguirlo, acaba de iniciar el camino que le guiaría a la mente de Kai, había sido tan sencillo que apenas había podido creerlo, pronto ese sentimiento de euforia desapareció, al ver una arruga preocupada en la frente del chico
-No sé qué tiene que ver esto con su trabajo de loquera- espetó el paciente con rabia- ¿qué hora es?
-Puedes irte ya, si eso es lo que estás preguntando... ¡Señor Donnovan! -la rubia anotó algo en color rojo, en mitad de la ficha de paciente, en el apartado de observaciones.
Matt, con su uniforme de seguridad del hospital sacó a Kai del despacho, el muchacho tenía una expresión extraña, una mezcla entre el odio y la frustración. Ambos sentimientos nunca quedaban muy lejos el uno del otro.
Kai , en mitad de su estado de ensimismamiento localizó por el rabillo del ojo una melena rubia al otro lado del pasillo y se mordió el labio con fuerza al ver que se acercaba. Matt tiraba de él para que se moviera más rápido y Lexi seguía mirándole de manera escrutadora.
La chica continuó avanzando hasta llegar hasta ellos, tenía el pelo largo y rubio, perfectamente liso. Llevaba un vestido azul, suelto, que resaltaba el poderoso color de sus ojos. Solo se miraron un instante, lo suficiente para que él diera la señal: parpadeó tres veces seguidas y después mantuvo el contacto un segundo. Ella asintió levemente, de forma imperceptible. Y le dirigió una dulce sonrisa a Matt.
-¿Nos vemos luego? -preguntó a su amigo como si Kai no estuviera a su lado.
-Claro... Así te presentamos al nuevo -le respondió con una sonrisa, ella hizo una mueca de asco absoluto- Vamos, no seas así...
-¡Adiós Donnovan! -exclamó mientras se daba la vuelta.
Kai miró a su opresor, parecía preocupado con la chica, pero eso lo sabría más tarde, gracias a ese encontronazo, el chico tenía su respuesta: hoy tendría que autolesionarse para ver a Caroline.
Stefan miró a Lexi con el ceño fruncido, su maestra le había llamado para informarle del caso Parker, ella parecía contenta con el progreso que había hecho, pero él, no tanto.
-¿Brujas? ¿Le gustaban los cuentos de brujas? -preguntó irritado- ¿Saber eso de él es un comienzo útil?
-Stefan, si te estoy contando esto no es para que opines -le recriminó Lexi- quiero que te encargues de él, de curar sus heridas, de ser su médico. Sólo tú. También quiero que busques libros de brujas - le miró seria- haz como si de verdad creyeras en ellas. Tenemos que conocerle, intentar pensar como él, cuando lo logremos, podremos avanzar.
-Pero...
-Eso es todo por ahora -le ignoró y volvió a revisar sus papeles- puedes irte.
El joven salió del despacho hecho una furia, la actitud de la doctora muchas veces le exasperaba, no era suficiente todo el trabajo que tenía ya, sino que ahora le encomendaba una ''misión especial''. Lo de buscar historias de brujas le parecía absurdo, pero no tenía más remedio que obedecer.
Habían pasado más de tres horas de la charla con la psiquiatra y Kai se sentía más enjaulado que en todos esos años de ingreso, todavía no entendía como había podido cometer aquel desliz.
Podía oír el goteo de su propia sangre contra el suelo. Se había dado un par de cabezazos contra la pared y se había hecho un brecha, porque debía de haberse clavado el gotelé bastante hondo. Permaneció tumbado un buen rato. Matt ya habría avisado a Caroline y estaría de camino.
La puerta se abrió y entró un chico de su edad, de pelo castaño y ojos verdes, alto, cuadrado y con cara de haber tenido un día malísimo. Desde luego no era Caroline y, aunque sentía cierta lástima por aquel estudiante enfadado, Kai no pudo disimular su desagrado.
-¿Y la doctora Forbes? -inquirió con un tono que hacía aumentar el malestar del recién llegado.
-Soy Stefan Salvatore y a partir de ahora cumpliré las tareas de la señorita Forbes- replicó el chico con una mueca- ¿qué ganas con darte cabezazos contra la pared?
Stefan estaba sacando el instrumental médico para curarle, tenía lo normal: gasas, unas pinzas para el algodón, desinfectante, aguja, hilo, una palangana que llenó con agua fría, una pomada cicatrizante...
-Eso a ti no te importa -contestó Kai de mala gana.
-Parece que no te gustan los cambios -comentó Stefan mientras le limpiaba la herida.
-Exactamente -musitó el herido- espera, ¿estás intentando ser simpático con un criminal?
-Puede ser -contestó desenfadadamente- me resultas algo más interesante que el resto- se encogió de hombros- la gente de aquí es agradable... pero... soy más de estar con gente solo en lo necesario.
Kai evaluó la mirada del chico, preguntándose como un alma como la suya se encontraba en un lugar tan inhóspito, ya casi no recordaba lo que era ser inocente, el no ser violento... el no tener las manos manchadas de sangre.
''El rubito sultura bien, después de todo'' -pensó Kai. Pero no podía evitar imaginarse las suaves manos de Caroline curándole mientras le reñía por haberse dado tan fuerte. Frunció los labios, si se había autolesionado era para poder hablar con ella, para contarle como la doctora Branson había conseguido hacer una pequeña fisura en su armadura, no para hablar con el nuevo doctor guaperas.
-Ya está -dijo Stefan con orgullo mientras terminaba de vendarle la cabeza- espero que no tenga que volver a verte por algo así.
Kai le miró detenidamente y analizo todos sus movimientos, tan parecidos a la de la psiquiatra, puede ser que la docencia haga que un profesor dé una parte de sí mismo a un alumno. Tendría que tener cuidado, sobretodo porque ya se había dado cuenta de los planes de Lexi.
Y eso no le gustaba.
-¡TÚ! -gritó una voz de mujer a lo lejos- ¿Qué crees que estás haciendo?
Stefan se giró. Gracias a dios que no había nadie en el pasillo. Se preparó para lo peor, ya estaba sobre aviso, antes de curar a Kai había ido con Elena y Tyler a tomar un café en la pequeña cafetería del hospital y al decirles que Lexi le había encargado que se ocupara de Parker, sus compañeros se sorprendieron y se temieron que Caroline se enfadara. Y todo indicaba que aquella gritona era la señorita Forbes.
Caroline era una chica realmente atractiva, lo que hizo a Stefan tragar saliva, no es que fuera guapa, como Rebeckah o impresionante, como Elena, el encanto de aquella rubia enfurecida era notable, simplemente era... absolutamente preciosa, de rostro dulce, aunque ahora mismo sus ojos azul cielo estaban envueltos en las llamas de una furia insostenible. Su piel era tan fina como la porcelana y su cuerpo delgado daba una impresión de fragilidad, sobre todo con ese vestido azul holgado bajo la bata blanca. El pelo rubio, muy claro, estaba perfecto, no se movía ni un solo cabello.
-Acabo de atender al paciente de la 606 -respondió el chico tras una breve conmoción, serio, después de todo, iban a ser rivales y tendría que jugar duro- le he dado cuatro puntos en...
-¡Parker es MI paciente! -siguió gritando enfatizando el posesivo, indignada- es MI obligación tratarle...
La chica clavó la mirada profundamente en la de él. Y él pudo percibir su odio, de hecho, él ya empezaba a odiarla un poco, también, y dejó que ese sentimiento arraigara, sin darse cuenta, dentro de él, así que no tardó en mostrar una sonrisa socarrona y arrogante.
Caroline apretó los dientes indignada, se había fijado perfectamente en el lustroso cabello del chico, con reflejos dorados brillando al mínimo contacto de sol que se filtraba por las ventanas. Ya desde la distancia había percibido los anchos hombros y el cuerpo fibroso de hacer deporte, pese a que llevaba unos vaqueros sueltos, una camisa de color violeta, bien colocada por dentro del pantalón y la bata. Pero lo que más había sacado de quicio a Caroline eran aquellos ojos verdes, tan profundos, tan salvajes y esa sonrisa de superioridad que acababa de esbozar. Por eso, el cabreo que llevaba pasó al nivel de espantar dragones.
-La orden viene de arriba -le cortó Stefan con brusquedad- que te consideren incapaz de hacer bien tu trabajo no es mi culpa. Además, Parker es un paciente peligroso, no creo que una chiquilla como tú sea capaz de lidiar con algo así.
Stefan supo al instante que se había sobrepasado el límite de lo desagradable, pero había reprimido el mal humor que llevaba arrastrando durante todo el día y...
A Caroline empezó a picarle la mano derecha, le ardía y tenía ese dolor punzante, como si hubiera abofeteado a alguien. Después se dio cuenta de que lo había hecho. En la mejilla izquierda de Stefan se podía ver perfectamente la marca roja de su mano.
Toda la ira de la chica se esfumó en un instante, dando lugar al arrepentimiento y a la más absoluta vergüenza. Lo único que quería era salir huyendo de allí, corriendo, si acaso ir donde Kai o llorar en el regazo de Elena, porque todas las cargas que tenía sobre los hombros empezaban a pesarle demasiado y aquel maldito niño de Tennessee había venido a interponerse en su camino con aquella arrogancia narcisista... Decidió mantener su dignidad, ya que no podía volver atrás y, disculparse, a ese, nunca.
Care levantó la cabeza, orgullosa y decidió cruzar el pasillo hasta plantarse frente al despacho de Alaric, pero no sin antes susurrarle al niñato arrogante por lo bajo:
-En Chicago hacemos las cosas de otra forma, señor Salvatore -ambos se dedicaron una mirada envenenada- y si quieres guerra, créeme que la tendrás.
Y la chica se fue alejando, dejando a Stefan con una sonrisa irónica en los labios: por fin había encontrado a alguien lo suficientemente interesante como para prestarle atención.
:)
