"No sé cómo empezar esta carta. Se me hace difícil escribirte sabiendo que te puedo decir todo esto a la cara, pero no me vas a escuchar. Te echaba de menos. Esa es la única y pura razón por la que has vuelto, porque te echaba de menos, porque no soporto la idea de no estar contigo… Sé que soy una egoísta, pero no tienes ni idea de lo sola que me siento aquí dentro. Te veo por todas partes, en todos los rincones donde hicimos el amor… Y todavía esperaba que volvieras porque sentías lo mismo que yo, pasaban los días y solo recibía cartas tuyas pidiéndome perdón, pero en ninguna me decías que me echabas de menos…
Te odio Alex. Te odio por hacerme necesitarte tanto. Por haberte ido. Por dejarme sola. Por jugar conmigo una vez más. Te odio porque sé que no voy a encontrar a nadie como tú…"
Acabé la carta con los ojos empapados. No quería escribir más, doblé la carta y fui directa a su box. Por suerte para mí estaba vacío y la pude dejar debajo de su almohada…
Cuando llegó la noche caí rendida. Estaba revuelta de emociones. Y por si fuera poco he estado todo el día pasando de Stella, no la he visto en toda la tarde…
{3.00 am}
Sentí un peso en los pies de mi cama y abrí los ojos. Me sobresalté un poco al ver una figura a oscuras. No podía distinguir quién era.
Alex…
¿Me odias?
Me incorporé.
Alex.. Yo…
Me odias. – dijo clavando su mirada en mí.
No quiero hablar aquí.
A mí me da exactamente igual dónde hablemos.
Intenté desperezarme un poco y salí de la cama. La agarré de la mano y me la llevé fuera de allí. No sabía dónde meterme. Al final llegamos a la lavandería, que estaba el piso de abajo y nadie nos iba a escuchar. Esa lavandería que me traía tantos recuerdos… La miré y por fin pudieron salir las palabras.
No sé lo que siento por ti Alex, creo que nunca lo he sabido, me produces tantas cosas que a veces quiero matarte, otras quiero estar contigo para siempre…
¿Y qué sientes ahora?
No… No lo sé…
¿Y si lo supieras?
Alex no lo sé, no empieces… - maldita la hora en la que dije esas palabras. Alex explotó.
Estoy HARTA de que no sepas lo que quieres Piper, estoy cansada, ahora mismo estoy en la puta cárcel por tu puta culpa y me estás diciendo que no sabes si tienes ganas de matarme o de estar conmigo, pues voy a decirte una cosa, yo siempre he sabido lo que quería en cada momento… -hizo una pausa incómoda y miró al suelo- cuando sepas lo que quieres… Avísame.
Y se fue. Se había ido. Y yo no había tenido los huevos de decirle nada. No entendía qué coño me estaba pasando, por qué no podía reaccionar, yo quería estar con Alex, quería estar con ella pese a cualquier cosa, pero no era capaz de decírselo.
Estaba dispuesta a volver a la cama cuando apareció Stella de la nada. En cuanto me vio escondió algo en su espalda.
-Eh, ¿qué haces aquí?¿Y qué llevas ahí?
-Joder Piper qué susto… - sonrió pícaramente- ven.
La seguí por unos pasillos hasta llegar a una puerta que no había visto nunca. La abrió y allí había un pequeño hueco en una de las paredes, entró por él como pudo y yo fui detrás. Nos encontrábamos en una especie de despensa, pero sin techo. Era increíble, se veían todas y cada una de las estrellas.
Vi cómo se sacaba un mechero de un bolsillo y abrió la mano que había escondido antes. Tenía un cigarrillo de liar, o bueno…
-Es un…
-Es un porro. Sí.
-¿De dónde lo has sacado?
-Tengo mis contactos.. –otra vez esa sonrisa. Solo con verla me hacía sonreír a mí. Stella sabía bien cómo hacerme olvidar los problemas… - toma, haz los honores.
Cogí el porro y lo encendí. Dios… Qué sensación. Hacía años y años que no probaba uno. Era lo que necesitaba en ese momento para olvidarme de todo. Le di dos caladas más disfrutándolo al máximo. Noté que Stella me miraba y cuando me giré estaba mirándome a los labios directamente, en ese momento solté el humo del porro y me miró a los ojos. Se empezó a acercar bajando otra vez la mirada a mis labios. El corazón me empezó a latir rápido.
