~ Parte IV ~
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Para cuando Felicita terminó su turno, los chicos, incluido su novio, estaban esperándolas afuera del café. Bonnie corrió al lado de Kent y se agarró de su ropa, él le dio palmaditas en la cabeza. De un movimiento rápido la sentó sobre el cofre del carro donde estaba recargado. Ella se recostó en su hombro y suspiró feliz de estar junto a él. Ukyo acogió a Felicita en sus brazos y le besó la frente, las mejillas y al final los labios. Ella pasó los brazos por su cuello y se puso de puntitas para poder besarlo con mayor facilidad. Ikki y sherry, apenas se vieron se fundieron en besos y palabras románticas, sin importarles que estuvieran en público.
Rin no vio a Toma a un principio. Volteó a ver a Shin a punto de preguntarle por él cuando sintió unos brazos alrededor de su cintura y una voz susurrándole un saludo en el oído. — ¡Me asustaste! — sus amigos voltearon a verlos y trató de librarse del fuerte abrazosin tener éxito. Toma recargó su mejilla con la de ella. Sumire ya estaba junto a Shin, él rodeándole los hombros con un brazo y ella entretenida con el celular en la mano
— ¿Y a donde fueron? — preguntó Sherry. Su mano entrelazada con la de Ikki, Sin darse cuenta, formaron un círculo donde se veían las caras fácilmente. Los chicos, menos Kent, reaccionaron a la cuestión de Sherry con incomodidad. Shin se movió hacia Sumire, Ukyo besó la mano de Fel y la acercó más a su cuerpo. Ikki y Toma se voltearon a ver igual que Sherry y Rin.
Algo había pasado, era seguro. La pregunta, era qué.
—A prepararles una sorpresa — la voz de Ikki tremendamente calmada y reconfortante, como si las quisiera convencerlas desde el subconsciente de creer sus palabras.
— ¿Oh, y que tipo de sorpresa? — interpuso Sherry
—Confíen, y cierren los ojos.
Las chicas se voltearon a ver sin comprender de qué iba todo aquello. Rin se separó de Toma para verlo de frente. Él le respondió con una sonrisa sincera: no podía decirle algo que ni él sabía. Ikki sacó su celular y se alejó un poco de Sherry. Cuando colgó, una camioneta color blanco se estacionaba detrás del carro donde Kent y Bonnie estaban sentados.
—Señoritas, suban por favor— les indició. Un hombre de traje color negro les mantenía la puerta abierta y hacia una reverencia. Sherry fue la primera en subir, Ukyo se tardó en soltar a su novia. Rin y Sumire obedecieron en silencio. Kent bajó a Bonnie del carro y la vio subirse en último lugar.
La camioneta arrancó dejando a los chicos en silencio. Ikki los llevó a su departamento para seguir con el plan de la supuesta sorpresa, que no fue nada más que una forma rápida de salirse de aquel enredo y ocultar sus asuntos con los clientes del café.
¿Qué harían ellas si descubrían lo que estuvieron haciendo hace pocas horas? Bonnie seguramente correría a ver si Kent no estaba herido; Sherry hubiera soltado una carcajada y diría algo como ¡Se lo merecían, bola de vulgares!; En cuanto a Sumire, Felicita y Rin, era mejor no intentar saberlo. Al entrar al penthouse, Ikki les dio a cada uno una caja color negro con un frac negro y pañuelos de distinto color cada uno y les indicó donde cambiarse.
Eran casi las diez de la noche, cuando por fin uno de los empleados les dijo que las chicas ya habían llegado y que todo estaba listo.
—Eres un genio — le dijo Ukyo mientras caminaban hasta el elevador para ir por las chicas — es asombrosa la facilidad con que organizas todo.
—Espero que no sospechen nada — dijo Toma, asustado de lo que Rin haría si descubría que le había mentido.
Los chicos apenas salieron del elevador, vieron a sus chicas como ángeles bajados del cielo: más hermosas de lo que eran, vestidas con ropa exquisita, sin perder su estilo propio y con los ojos vendados. Se acercaron y les tendieron la mano, llevándolas hasta el centro de la azotea de la cintura y resistiéndose, al menos Ikki y Ukyo, de comérselas a besos frente a todos. Ikki les hizo una señal y les quitaron las vendas. Todas quedaron sorprendidas, desde la tierna Bonnie hasta la desconfiada Rin: el cielo nocturno, adornado por fuegos artificiales. Esferas amarillas, verdes, azules, moradas y rojas explotando en una danza armoniosa. A otra señal de Ikki, un empleado llamó su atención hacia una mesa llena con dulces variados, nacionales y extranjeros.
Cada pareja disfrutó la sorpresa: pusieron música y empezaron a bailar en un enorme círculo. Kent los miraba de cerca pero no bailó hasta que pusieron algo más tranquilo. Le extendió la mano a Bonnie y la atrajo a sus brazos. Shin le enseñaba varios pasos a Sumire mientras Rin era abrazada, una vez más por Toma. Sherry aprovechó que nadie les prestaba realmente atención y con pesar, volteó la cara cuando Ikki intentó besarla.
— ¿Qué es lo que no nos quieren decir, que tienes que hacer un evento para distraernos a todas?
—No sé de qué hablas — responde él, intenta seducirla con su mirada y que dejara de hablar pero fue inútil. Sherry le dijo lo que pensaba.
—Sabes que puedes contarme lo que sea. Y no me digas que estuvieron preparando todo esto. Tú puedes ordenarlo y está listo. No necesitas ni toda la tarde ni a ellos. — Ikki dudó en decirle la verdad, pero solo la besó como si no existiera mañana, rezando para que olvidara el tema y disfrutara el momento con él. Se alegró desde el fondo del alma, cuando ella le correspondió con la misma intensidad y entrega.
—Hay algo en lo que necesito tu ayuda, bella princesa. A cambio, te diré lo que quieras saber. — contestó por fin. Sherry se abrazó más a él.
—Oh… ¿y de que se trata, apuesto príncipe? —Ikki sonrió, feliz de haberla hecho olvidar el tema principal.
Con Ukyo y Felicita, los problemas apenas empezaban. Disfrutaban de la música, alejados un poco de sus amigos para tener más privacidad.
—Sabes que no me gusta andar con palabras a medias. Te diré algo y tú me responderás si estoy en un error: el hecho que desaparecieran misteriosamente los cinco ¿fue por algo relacionado con los clientes ruidosos del café, verdad? — A Ukyo se le tensó el cuerpo: su amada era demasiado… demasiado directa. Pero no podía mentir tan fácilmente cuando ella tenía la certeza en la boca.
—Un idiota que se metió con lo que más amo. ¿Cómo no defenderte, amor?
—Sabes que no es necesario — dijo ella con calma — nunca ha pasado de puras habladurías. Los clientes son extraños y no hay nada que hacer.
—Entonces no te dejaré sola ni un minuto del día.
—Ukyo…
—Te amo, te amo, te amo. —Ukyo no le daría más que felicidad y satisfacción, esa había sido su resolución desde que salieron en una cita por primera vez. Luego cuando ella acepto ser su novia, aquello se convirtió en un credo. Felicita lo miró con dulzura, le ofreció la calidez de una sonrisa sincera y le abrió su corazón. Ukyo, le entrego su vida y su alma.
Bajo la luz plateada de la luna, se volvieron a besar.
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¿Les ha gustado? La verdad, me divierto a mares con estas parejitas disparejas :D ¡Hasta la próxima! \ o /
