~ Parte X ~
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Toma entró a la habitación encontrándose a Rin de frente, parada a poca distancia de la puerta y vestía un abrigo largo y oscuro. Su cara no mostraba enojo, tristeza o frustración; en sus ojos hubo algo que Toma no había visto antes. Esperó encontrar en la habitación un ambiente pesado y verla a ella rodeada por un aura oscura, pero obtuvo su recompensa y sus malos presagios no se cumplieron. Rin balbuceó algo ininteligible y empezó a desanudar la cinta de su abrigo. Toma enrojeció hasta las orejas; las rodillas se le debilitaron y todo el ambiente pasó a ser algo irreal. Una sensación cálida le recorrió la espalda, haciéndolo estremecer.
Vestido color negro con detalles en amarrillo, medias que dejaban al descubierto medio muslo. Llevaba un collar negro con un cascabel y una cadena de casi un metro de largo colgando de su cuello hasta más abajo de su vestido.
No puedo creerlo... ¿Estoy en el cielo acaso? ¿Cuándo morí? Calma idiota, no arruines el momento. Respira, eso es cálmate. La tela, su piel... Quiero tocarla... ¡No, enfócate! El collar ¿dónde he visto uno similar? Shin usa uno. Pero no le queda ni la décima parte de bien como a ella... Y además el suyo no tiene cascabel... Ni cadena. Me pregunto cómo se usará la cadena...
Cuando imaginó a Rin bajo su cuerpo recibiendo sus caricias, sería el momento preciso para agarrarla de la cadena y lograr estabilizarse. Se maldijo mentalmente; ahora su parte sensata perdía la batalla contra sus emociones. —¡Oh demonios!
Rin malinterpretó su silencio y se sintió tonta de repente. No supo leer que la inmovilidad de Toma no era producto de algún sentimiento de rechazo; más bien luchaba contra el instinto primario de arrojarla contra la cama y reclamar su cuerpo como propiedad, como lo era su corazón. Tragó saliva ruidosamente y la detuvo cuando ella se encaminaba a la salida.
Sus ojos eran ámbar líquido mezclado con deseo que no podía controlar. Quiso que ella entendiera cómo se sentía. Pero no dio resultado. Rin lo veía, precavida. Jaló con delicadeza la cadena de su cuello acercándola hacia él. Rin cerró los ojos y antes que sus labios se tocaran, murmuró —Nyan...
Su tono de voz no fue nada planeado, solo salió en modo "seductor" Toma reaccionó de golpe. Mando al diablo su deseo por no querer arruinar la atmosfera tranquila y con un sonido gutural la llevó hasta la cama, acostándola y tumbándose arriba de ella. Rin soltó un gritillo de sorpresa
—No puedo detenerme, no contigo haciendo esas cosas. Perdón por lo que pasará. —y la besó con rudeza.
"¿Y que si eran opuestos? Rin seguía siendo terca, agresiva y difícil de llevar. Eran pocas –o casi ninguna— las veces que ella le había hecho algún cumplido, y se negaba a cualquier demostración amorosa y volteaba la cara cuando él la abrazaba. Pero eso no le importaba; cuando Toma conoció su lado cálido y noble cayó presa de su encanto. Juró aferrarse a ella y jamás dejarla. Esa era su forma de amar. La gente podía decir lo que quisiera, mientras el supiera la verdad sobre la chica a la que amaba y que, como última entrega de amor, haría suya de todas las formas existentes. A cualquier otro le quedaría grande el reto, él era el único con lo necesario para lidiar con ella. Estando siempre a la defensiva; necesitaba confianza, amor y mucha paciencia.
— ¡Eso era! — Pensó eufórico. —Solo alguien como yo, soy capaz de estar al lado de Rin, testaruda y cerrada como solo ella puede serlo.
Seguían besándose, Rin intentó empujarlo pero Toma profundizaba más el contacto. Por fin pudo alejarse un poco y buscó un último resquicio de valor para hablar. Muy contrario a como creía que se iba a sentir, su boca respondió con mucha facilidad cuando se puso a pensar en que era lo que le atraía del chico: Y era el momento adecuado para decírselo, aunque fuera por una vez.
—Siempre me contagias de alegría, y tienes determinación. Eres muy varonil y protector… y… tu voz es tan… — volteó la mirada a un lado incapaz de seguir con esa oración, así que terminó de decir lo importante —Por eso me gustas… —eso había sido una declaración maravillosa, y se había sentido genial al poder admitirlo en voz alta.
—Gracias…
Toma la escuchó reír y lo abrazó con fuerza; era genial escucharla decir lo que la enamoró. Ya podía responder la pregunta de sus amigos, aunque eso sería en otra ocasión. Ahora, tenía cosas que hacer.
