"El tiempo es muy lento para los que esperan, muy rápido para los que temen, muy largo para los que sufren, muy corto para los que gozan; pero para quienes aman, el tiempo es eternidad."

William Shakespeare—

Capitulo X: La vida de una flor es corta.

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Bankotsu Hotsui, un líder yakuza. Desde pequeño heredo el negocio por parte de su padre y madre, quienes murieron en acción. El gumi al cual pertenecían era uno de los más fuertes de Kanto. A la corta edad de catorce años se volvió el cuarto jefe, siendo instruido por su padre hasta los once años. La vida le permitió conocer a otro yakuza, Naraku Onigumo, tercer jefe del Onigumi de Kinki. Y a su vez conoció al amigo de Naraku, alguien ajeno a la vida de Yankee, un molesto chico rico que lo tenía todo y veía a los demás desde el hombro, nunca le agradó; aunque fue motivo de fuerza mayor el conocerse. Sesshomaru Taisho, no era alguien muy amable, ni estúpido y estaba lejos de ser manipulable. Sus ojos dorados cortaban como cuchillas con sólo sostenerle la mirada. Instintivamente lo odio. Pero por llevar la fiesta en paz, decidió no meterse con él, su familia era una de las más poderosas del país, Naraku le advirtió que no le hiciera nada porque su gumi era devoto de los Taisho.

Poco le importaba a Bankotsu tal amistad, aunque en el mundo de los negocios, más de un aristócrata se aliaba con un gumi de mafioso. En el caso de Sesshomaru fue su abuelo: Akira Shirogami. De joven le salvó la vida a un hombre que encontró medio muerto, que resultó ser el abuelo de Naraku: Aiba Onigumo, como todo yakuza con honor le juró fidelidad y servilismo a su salvador, pero el joven Shirogami le ofreció su amistad y así los destinos de ambos quedaran sellados.

Los estrechos lazos casi se rompen cuando Irasue rechazó el amor de Akago Onigumo, pero la amistad se consolidó con Touga Taisho y así sus hijos se conocieron de pequeños recreando la amistad de sus abuelos. Para Bankotsu que sus únicos amigos eran los cinco chicos de más o menos su edad con quienes creció y estrenó en el gumi, esto era irrelevante, pero cuando el destino le hizo perder a sus padres conoció a un chico... Jakotsu.

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7 años atrás, Funerales de los líderes del Kotsugumi.

—Es una gran pérdida, Oboochan —uno de los viejos aliados del gumi colocó su mano en el hombro de triste pelinegro.

—Estaban cumpliendo su deber —justificó, estaba triste por quedar sólo, pero no por eso iba a llorar, no frente al gumi.

Cuando el funeral término, decidió estar sólo, no necesitaba escolta ni compañía, lo único que quería era estar sólo.

—Dame tú dinero... —una voz entrecortada y el filo de una navaja sintió en su cuello. Era un error robarle a un asesino y él no estaba de humor para dejarse robar.

Con agilidad tomó la navaja de la mano contraria y con destreza hirió el brazo de su oponente. Al oír el grito de dolor lo sorprendió ver que era un chico que no tenía más que su edad.

—Eres un idiota! —Reclamó el herido —Sí no traías me lo hubieras dicho y no herirme... ¡tonto!

Era un chico un tanto feúcho, estaba cacreco, el cabello mal recortado, sucio y desaliñado. Sus ropas mostraban que vivía en inhóspitas condiciones.

—Sí no sabes robar, entonces no deberías hacerlo —reprochó el moreno.

— ¡A quién dices que no sabe robar, idiota! —Le enseñó triunfante el brazalete dorado que su madre le había regalado poco antes de morir — ¡Adiós!

Bankotsu reaccionó ocho segundos después de verlo correr, aunque era un desnutrido flacucho corría muy rápido.

— ¡Ven aquí o date por muerto! —le gritó.

Fue mala idea tomar el camino largo a casa y cruzar ese parque. Lo más probable era que el gumi estuviera observando. Y no lo pensó mucho cuando dos miembros del gumi traían a un flacucho niño con ellos, un poco golpeado.

—Te lo advertí idiota —le dijo una vez lo arrojaron a sus pies, un gran gemido escapó de la boca del sucio niño.

Bankotsu se acercó y le quitó el brazalete, escuchó claramente un rugido de estómago y en un acto de compasión por la paliza le entregó una buena cantidad de dinero al chico, la dejó entre sus harapientas ropas.

—No te vuelvas a meter conmigo, porque sí lo haces el Kotsugumi te matará.

Lo único que consideró admirable en todo ese feúcho chico fueron sus ojos. De un color oscuro, a la vez muy transparentes, esos ojos no fueron tocados por ninguna calamidad.

—Gracias, soy Jakotsu. —Y le sonrió, un par de dientes faltaban y se notaba que otro estaba creciendo.

—Como sea... —olvidó porque estaba caminando. —Soy Bankotsu.

Dicho esto el pelinegro se fue de ese lugar en una enorme limousine. Jakotsu lo vio irse, era la primera vez que aunque su plan fallara resultara medio-ileso.

Durante los siguientes días Bankotsu se sintió más observado que de costumbre, la cereza del pastel fue saber que uno de los personajes que lo vigilaba (No solo el gumi) era el chico feúcho Jakotsu. Lo espiaba en la escuela cuando iban al patio, se subía a un cedro y desde ahí lo vigilaba con unos visores que suponía compró con el dinero que le regaló.

Lo seguía hasta que se iba en la limousine. Un día de tantos se armó de valor y salió de la escuela antes de la hora. Jakotsu comía bajó el cedro.

— ¿Que te propones mugroso? —preguntó enojado el moreno.

—Ah! Bankotsu! —Expresó contento —¡Qué bueno que estas aquí!

— ¿Te advertí que no te acercaras a mí! —le dijo.

—Es cierto pero eres tú quién vino a verme...

—Hmp! —dio la vuelta enojado, ese mugroso se burlaba de él.

—Espera... —lo siguió —Tengo algo que decirte.

El niño se detuvo y lo vio por el rabillo del ojo con un puchero.

—¡¿Qué?!

— ¡Quiero unirme al Kotsugumi!

El pelinegro creyó escuchar mal, pero Jakotsu lo volvió a repetir.

— ¿Porque? —preguntó incrédulo.

—Por qué Bankotsu es mi amigo.

— ¡Yo no soy tú amigo! —le gritó.

—P-pero nos llamamos sin honoríficos y tenemos la misma edad!

—No decidas por ti mismo quién es tú amigo. Puede que ambos tengamos once pero eso no significa nada...

— ¿On...ce?

Bankotsu lo vio dubitativo. — ¿Tienes once? ¿Cierto?

Jakotsu negó fuertemente.

—Tengo nueve y medio...

Al pelinegro casi se le cae la mandíbula. ¡¿Nueve y medio?! Ya era tan alto como él o más.

—Ponte de pie —le ordenó, Jakotsu lo hizo. Al medirse notaron que el castaño oscuro superaba al pelinegro por unos cuatro centímetros. —Feúcho!

Jakotsu se sintió ofendido por tal calificativo. Al final el estómago de Jakotsu pudio comida y Bankotsu lo invitó a comer en su casa.

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Para Jakotsu ver la casa del pelinegro fue como ver el paraíso. Se alegró de ser amigo de Bankotsu.

—Oye feúcho —aquello lo ofendió.

—Dime Onii-chan. —El pelinegro arrugo el entrecejo, ser un hermano mayor de alguien más alto no era gracioso.

—No vas a comer con esas ropas... —Jakotsu miró sus atuendos, unos sucios shorts, una playera grande hecha jirones y unos zapatos viejos y rotos.

— ¿Qué? Casi siempre visto así.

—Ni de chiste feúcho... sígueme —el pelinegro lo llevó a su habitación donde le pidió usar el baño y le dio un poco de su ropa. Pero Jakotsu no se quería bañar.

—No... BakAniki... —gritó corriendo lejos del agua.

—Sí no te bañas no hay comida...

Esa simple frase hizo al chico desnutrido de cabellos castaño oscuro regresar y muy en contra de su voluntad bañarse.

Esa fue la primera vez que visitó la casa de su amigo, para nunca marcharse.

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—Bankotsu Oo-Aniki! —gritó Jakotsu buscando a su amigo por todos los lados.

Tres años habían pasado desde que él formo parte del Kotsugumi, se interesó en el uso de las armas blancas y aunque era poco inteligente, era veloz y hábil con la espada. Tal vez eso ocurría porque nunca fue educado. Encontró al pelinegro sentado en el porche del templo —Aquí estas Aniki.

—Que pasa Jakotsu... —preguntó sin ganas.

—Te aviso que Naraku y su amigo Sesshomaru ya se han marchado.

El pelinegro dio un suspiro de alivio.

—Sesshomaru Taisho es tan guapo...! Su cabello... sus ojos... es muy hermoso —exclamaba Jakotsu.

—Eres alguien muy raro —le dijo Bankotsu.

Ya había oído rumores de que su amigo era raro, y parecía importarle poco lo que otros dijeran, casi actuaba como una chica. Aun así Jakotsu se volvió su persona favorita y la más cercana. Ya no era un flacucho desnutrido y de aspecto demacrado. Era un esbelto y agraciado chico de casi trece años.

Lo que Bankotsu no sabía era que Jakotsu escondía un gran secreto.

—Bueno, bueno. Iré a ayudar con la cena, hay algo que te gustaría comer.

—Ahora que lo dices... hace mucho no comemos Ootoro, ni carballa o sushi...

— ¡Sushi!

—No que íbamos a comer lo que yo dijera, feúcho.

—Tú mismo mencionaste el sushi Oo-Aniki.

El pelinegro le dio una mirada feroz.

—Está bien, Ootoro será. —dio media vuelta y se fue enojado.

Bankotsu lo pensó mejor y decidió que preferiría el sushi, eso fue luego de que lo llamaran para cenar. Al no ver a su amigo por ningún lado les preguntó a los otros.

—Renkotsu, donde demonios esta Jakotsu.

—Creo que tuvo un accidente en la cocina cuando tropezó con una de las bandejas de comida... debiste verlo... apestaba a pescado... Cierto Jinkotsu.

—El pobre se sonrojo de pies a cabeza...

Bankotsu sonrió con sus camaradas, esos eran los pocos espectáculos que veía con el castaño. Decidió ir a ver como se encontraba y decirle que pensaba ordenar sushi para ellos y comerlo de contrabando sólo ellos dos.

—Oye Jakotsu —dijo abriendo la puerta de su habitación. —Y-yo... ¡Lo siento!

Y cerró la puerta de golpe.

¡¿Que fue eso?! Acaso sus ojos lo podían engañar. Su mejor amigo... ¡No su mejor amigo! Él estaba... Él estaba. No sabía que pensar, le tomó unos minutos relajarse y recuperar la serenidad.

— ¿Bankotsu Oo-Aniki?

Se giró lentamente.

—Pensé que tú... ya lo sabías...

Bankotsu contó hasta diez calmándose. Inspiró y expiro.

—Esto es algo nuevo para mí —dijo sin borrar esa imagen de su mente.

—A mí nunca me ha importado... Y-y no veo alguna diferencia...

El pelinegro lo vio con ojos asesinos.

—¡¿Qué no hay ninguna diferencia?! —gritó molesto. —Maldita sea ¡Eres una chica!

La imagen que Bankotsu observó fue a su amigo vistiéndose, con los pantalones por la rodilla, vio claramente sus bragas blancas y para colmo no tenía nada de ropa cintura arriba.

—Cómo que no te diste cuenta, uso bragas por sí no viste!

Un escalofrió recorrió la columna del pelinegro.

—Creíamos que tus gustos eran extraños... por no decir "gay"

—Itzuka-san sabe que soy chica y por eso me llama Jako-chan. Por eso la ayudo en la cocina.

—Es porque eres un chiquillo... o chiquilla.

—Cambia en algo nuestra amistad tu nuevo descubrimiento! Para mí sigues siendo Bankotsu Oo-Aniki.

Pasados unos minutos de pesado silencio por fin habló el pelinegro.

— ¿Quién más lo sabe? —le preguntó con semblante serio.

—No lo sé, Itzuka-san lo supo por intuición y para los demás creí que lo sabían al igual que tú.

—Es confuso cuando hablas de ti con "ore" en lugar de "watashi". No se nota porque aún no desarrollas completamente idiota.

Un violento sonrojo adorno las mejías de Jakotsu.

—Aniki! ¡Eres un pervertido! lolicon!

Ninguno de los dos sabía a quién avergonzaba más esas palabras, a Jakotsu por decirlas o Bankotsu por oírlas. Lo bueno fue que al final no evitaron reír como locos por tales tonterías.

—Tienes razón Jakotsu.

— ¿En qué?

—Esto no va a afectar en nada nuestra amistad.

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La realidad es que sí término afectándolo un poco, de cierto modo se volvió un hermano sobreprotector, ese mismo año tomó su lugar como cuarto jefe del Kotsugumi. Jakotsu formó parte del grupo de Bankotsu siendo siete guerreros las puntas de lanza del Kotsugumi.

—He oído que Sesshomaru tiene un hermano pequeño de mí edad.

—No te hagas ilusiones... Jakotsu —contestó el pelinegro.

—También que hay una niña a la que cuida con mucho esmero, al parecer es muy importante para él, ya que no poseen la misma sangre y es huérfana.

—Eso es interesante —murmuró Bankotsu —Eso significa que tiene una debilidad.

—Yo oí por ahí que la cuida porque se parece a alguien importante, o sea que es la persona que recibe los sentimientos que él no puede darle a esa otra persona —dijo restando importancia con su mano.

—Sesshomaru tiene a alguien importante... me pregunto quién será ese alguien.

—Por eso ahora me gusta InuYasha —declaró Jakotsu —Te agrada InuYasha, Oo-Aniki?

El moreno arrugo el entrecejo, le molestaba esa manera de cambiar de dirección su interés a ese tipo de personas.

— ¿Y cuando termine tu amor te gustará Touga Taisho? —dijo con sarcasmo.

—Es cierto que el padre no está mal... —El pelinegro lo vio con asombro, Jakotsu parecía pensar muy seriamente sobre el asunto —Pero ya está algo viejo y sus hijos son tan guapos como él.

—De verdad que eres raro —dijo dándose por vencido. Ese chico/chica era un caso perdido cuando de buscar un romance se trataba. Aunque estaba un poco celoso. En sus cuentas era un hombre atractivo, pero Jakotsu no lo veía así.

Fue un año después que Jakotsu moría por culpa de Sesshomaru, aunque Bankotsu asesinó a Rin, supo que eso no era suficiente, que el sustituto no causaría tanto dolor como matar al original. Porque los originales son únicos, como Jakotsu lo era y él debía vengar la muerte de su persona más importante matando a la persona más importante de Sesshomaru. Ahora conocía quién era esa persona: Kagome Higurashi.

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Hola Hola Hola! Ha pasado mucho tiempo desde que actualice esta historia, vuelvo ahora a retomar el hilo y que les parece la vida del pobre Bankotsu, su rencor hacía Sesshomaru es casi natural. Pobre Kagome, está en medio sin saber nada. ¿Qué opinan? Hice a Jakotsu una chica... A que no se lo esperaban ^.^ Me gustaría saber que pensaron en ese momento en que Bankotsu lo descubrió.

Gracias por leer, a mis fieles lectores que siempre comentan; a los que comentan x allá, cuando pueden; a los que leen pero no comentan y también quiero agradecer a los que tienen esta y otras de mis historias en favoritos.

Desde el fondo de mi pequeño, rojo y latente corazón se los agradezco mucho! Domo arigato gosaimasu!

Se despide,

Selene T. H. (Escritora en apuros)