"La vida es sólo una pequeña luz entre dos grandes oscuridades".

José Narosky —

Capítulo XIII: Situaciones extremas, medidas extremas.

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El viento soplaba recio esa mañana, vio a Hakudoshi caminar hacia el edificio de primer y segundo año. Ella tomó el camino contrario, el edificio de terceros años. De antemano sabía que la probabilidad de cruzarse con Bankotsu era alta, pero era un riesgo que iba a correr con tal de recuperar la atención de su senpai.

"No tengas miedo, no tengas miedo, no tengas miedo... estoy segura que no dejará que Bankotsu-senpai se acerque a mí".

Había un problema, no sabía cuál era el aula de Sesshomaru, todavía no pasaban por los exámenes así que no tenía ni idea de cuál podía ser su aula, su cerebro le recordó que Yura se ufanaba de siempre estar con él en el mismo salón, le envió un texto a Yuka, la hermana de Yura.

"Que siga siendo 3-A..."

El mensaje de Yuka le confirmó sus sospechas, era la misma aula. Caminó rápidamente por los pasillos, uno que otro estudiante la reconoció, sólo debía subir hasta el piso de su senpai, se detuvo al final de la escalera.

"¿Qué haré si me dice otra vez ese tipo de cosas?"

Era un dilema consigo misma, como toda cobarde necesita valor para dar el siguiente paso. Se animó de muchas formas, pero todas ella terminaban en desastre.

— Es Kagome-chan... — La azabache volteó a ver a la persona que la reconoció. Era el chico que vio sentado en la mesa del Taisho la semana anterior. — Soy Onigumo Naraku, ¿Estás buscando a Sesshomaru?

— Eh, mmm... yo... — Los intensos ojos escarlata taladraban sus ojos azules, no quería a nadie metido entre ella y su senpai.

— Naraku, Debo hablar con Anker, dile a Hakudoshi que vigi... — Sesshomaru se quedó de pie detrás de Naraku, sus ojos se encontraron. No sabía cómo decirle que estaba preocupado, que no se alejara de Anker y fuese obediente.

— Taisho-senpai, Buenos días — dio una pequeña reverencia.

— Las clases están por comenzar, ve a tu edificio — le ordeno, Sesshomaru pasó de largo junto a ella, subiendo las escaleras.

— ¡Espera! — dijo enojada. Estaba molesta con él, la solución que encontró fue la más tonta, no podía creer los nuevos rumores que circulaban, 'Usada y Botada por el demonio blanco' ¡¿Quién maldita sea inventaba esos rumores?!.

Sesshomaru se detuvo en el penúltimo escalón, Kagome trató de subir, pero aún le faltaba valor, por seguridad subió agarrada de la barandilla. No porque fuera a caerse, sino que sus nervios hacían que sus piernas flaquearan.

— ¿Qué es lo que quieres? — su tono evidenciaba molestia.

Trago grueso, pero su coraje creció con su enojo.

— ¡YA NO LO HAGAS! — Gritó — Desde que vine aquí sólo me he metido en problemas... Cuando no tenía a nadie y nadie creía en mí, me extendiste tu mano, senpai; aún no he soltado tu mano.

Sesshomaru suavizó sus fracciones un segundo, Naraku estaba como mero espectador, pero desde que vio a Sesshomaru pasar de largo se le ocurrió activar la grabadora de video de su teléfono. Eso le sonaba a drama.

— No soy tu paño de lágrimas, tampoco tu hada madrina para arreglar tus problemas — Sesshomaru iba a continuar su curso cuando otro grito de Kagome lo dejó helado.

— ¡TE ODIO! ¡ODIO ESO DE TÍ! — dijo con fuerza, subió escalón por escalón, temiendo despertar al león. — Juntos podemos buscar una solución diferente, Taisho-senpai.

— Kagome... yo... — La azabache se aventó a sus brazos, el ambarino trastabilló cayendo con ella encima.

Naraku se sentía director de cine, siguiendo de cerca el avance del drama.

— Por favor... — Murmuró con voz quebrada — No vayas a donde no pueda estar contigo...

Las lágrimas de Kagome mojaron su cara, Sesshomaru parecía aletargado, mudo de impresión.

— Por favor... ya no me lastimes senpai... No sé hasta qué punto pueda resistir, por favor quiero que todo sea como antes... — la chica se recostó sobre su pecho, Sesshomaru la abrazó, después de todo Naraku tenía razón.

— Lo siento... Kagome...

Naraku lloraba al ver el fin de su corta novela romántica. Sesshomaru reparó en él cuando terminó de grabar y lo fulmino con la mirada.

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— Ka-chan, te perdiste la primera hora; ¿Dónde estabas?

Kagome nunca imagino que Eri Mishimoto se volvería tan amiga suya, Eri trabajó un tiempo en el mismo café con Kagome y Ayumi. Pero dejó ese trabajo para irse a una tienda de maquillaje.

— Se me hizo tarde... — susurró.

— No te creo, fuiste a ver a Taisho-senpai... dicen que te vieron por esos lados — comentó la chica.

"Malditos chismosos"

— ¿Ka-chan?

— Sí, tenía cosas que hablar con él...

— ¿Ya hicieron las pases? Porque si vuelve a hacerte eso lo golpearé en las pelotas, y Houyo-Kun también lo hará.

Por ahí se escuchó un estornudo del castaño, y un "no quiero morir joven, Mishimoto"

Kagome sonrió con alegría.

— Estoy segura que lo harán, pero no es necesario; Taisho senpai se está encargando del problema y durante el almuerzo me contará lo que hizo.

— Hasta no ver no creer... — Eri hizo una seña de muerte mientras movía sus labios en un silencioso: 'Veremos en el almuerzo' a Kagome.

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— Podrías repetirlo otra vez, Sesshomaru-chan — dijo Naomi al ambarino frente a ella.

Ambos estaban cómodamente sentados en la sala, Sesshomaru faltó a clases por cumplir la promesa a Kagome de protegerla. Pero Bokousenou lo justifico.

— Hay un yakuza de la academia que me detesta y piensa lastimar a Kagome para hacerme daño.

Naomi reveló cierto asombro, Sesshomaru heredó la misma habilidad de meterse en problemas de su madre. Salvo que esta vez un Higurashi no podía salvarlo.

— ¿Qué es lo que propones? Piensas dejar a Kagome sin protección. — Naomi se mantenía serena, confiaba mucho en Sesshomaru, pero le gustaba gastarle uno que otro susto.

— Mientras esté en la academia o sus alrededores, puedo mover a mi gente; fuera de eso no puedo predecir nada.

— Ya veo, debe ser problemático cuando ella está trabando bajo ese horario. Esa chica, siempre positiva, no teme viajar de noche.—dijo refiriéndose al trabajo de la azabache.

— Señora Higurashi, ¿Puedo hacer una pregunta personal?

— Dime...

— ¿Porque Kagome no aparenta ser una señorita adinerada? Ella ni siquiera poseía un teléfono móvil.

Naomi sonrió con tristeza. Sesshomaru se sintió mal por preguntar.

— Es una pregunta común, es una Higurashi después de todo. Sabes de donde proviene la fortuna de la actual heredera Higurashi.

— De una familia inglesa, la señorita Woods que estudió de intercambio en Shikon conoció a su esposo que era un Higurashi, luego su hijo conoció a otra chica europea en Shikon, la señorita Grant. Agatha Grant.

— Estas muy bien informado, el apellido Higurashi está asociado a shintos y templos famosos. Pero su fortuna proviene actualmente de otros medios como el arrendamiento. ¿Touga te lo dijo?

— Mi madre, lo especificó en su diario... — vio a Naomi triste de nuevo, si su madre estuviera viva ya hubiera muerto dos veces.

— Oh, ya veo. En la familia Higurashi, la fortuna se hereda hasta que se cumple la mayoría de edad, Kyouta fue criado del mismo modo, a pesar de ser adinerado era un chico normal. Se hace para crear conciencia y responsabilidad.

— Ahora entiendo, Kagome prefiere usar su dinero en otras cosas que en vanidades. Me aseguraré de que esté a salvo hasta que esto se calme y pueda llegar a un acuerdo con ese individuo.

— ¿Porque no viven juntos?

— ¿Hm? — Era imposible que de ese armonioso e inocente rostro sonriente salieran esas palabras.

— Será más fácil cuidarla si van al mismo lugar, no te preocupes; pueden visitarnos siempre que quieran... pero si se te ocurre pasarte con mi hija, ten por seguro que sufrirás el resto de tu vida — Sesshomaru sólo levantó una ceja, Naomi sonreía con cada palabra, pero su amenaza era real.

— ¿Vivir juntos? — repitió el Taisho.

— No te estoy sugiriendo que duerman en la misma cama — Llamas infernales salían detrás de la sonriente mujer castaña — Sólo que viva en tu casa un tiempo.

Un leve sonrojo adorno sus mejías, por el rumbo de sus pensamientos. Hasta ahora Sesshomaru no sabía que podía sonrojarse y tampoco nunca había experimentado esa clase de presión, sabía que si le fallaba a Naomi el fantasma de su madre lo iba a atormentar, porque Naomi era una de las existencias importantes en su diario.

— Debo consultarlo con Kagome.

— Bueno, mientras ustedes discuten yo iré a preparar sus maletas, también seria muy bueno si le dices a Anker que para guardar apariencias lleve a Souta un tiempo a la escuela. — Ella no era alguien a quién negarle nada.

Su madre tenía razón en cuanto a todo lo referente a Naomi Higurashi, Irasue hablaba de ella como la mejor de las amigas y compañeras de vivencias.

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— Así que... ¿Viviré un tiempo en tu casa? — Ni siquiera ella podía procesar esa información, que su madre estuviera de acuerdo le sorprendía, tal vez porque era el hijo de su mejor amiga influye en su juicio. Naraku tiene la boca seca y abierta, unos fideos caen de su boca. — Senpai...

— Es tu decisión, Kagome — respondió el ambarino, Naraku giró sus abiertos ojos al platinado, ávido de drama. Sesshomaru lo fulminó con la mirada.

— Es una mejor solución a tus medidas... como ignorarme — apuñalo a su conciencia, era digna hija de su madre — Aceptaré con gusto.

Desde la distancia Yuka, Eri y Ayumi saludaron a la azabache, esta les devolvió el gesto asegurándoles que todo estaba bien. Era raro que no compartiera la mesa del destino con Hakudoshi, pero Sesshomaru desconfiaba de él.

— Tendré que sentarme aquí — anunció una hermosa chica de ojos carmesí y negros cabellos — Es tu culpa Naraku.

Kagura, prometida de Naraku y fiel enamorada del Taisho, ocupó un espacio junto a Sesshomaru. Kagome se tensó, los ojos de la chica le escupían rencor mezclado con altas dosis de odio. Naraku sonrió.

— Mañana no podré sentarme con ustedes — comunicó el pelinegro — Kagura está aquí y necesitamos tiempo para nosotros, Hakudoshi ya nos ha reservado una mesa. Vamos Kagura.

La chica se descompuso un momento y luego con aires iracundos se levantó siguiendo a Naraku.

— Eran ellos o nosotros — contestó el ambarino.

Kagome lo vio contestar un mensaje y luego seguir almorzando.

— Tus pertenencias ya han sido acomodadas por An y Hu en tu nueva habitación. Mi padre desea verte para cenar, Jaken le informó de tu llegada.

— Oh! — Fue lo único que salió de sus labios, nunca conoció al padre de Sesshomaru y de cierta manera tenía miedo de conocerlo.

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Esa tarde de lunes llamó a Rika-san para pedir el día, para reponerlo trabajaría su jueves libre. La mansión Taisho era enorme y un sueño hecho realidad. Anker le abrió las puertas del vehículo y ella seguida de su senpai bajó.

— Bienvenidos, Kagome y Sesshomaru-sama — dijo Anker con alegría.

Él, Huper, Jaken y Naraku lloraron de emoción al ver el video de la reconciliación dramática, sus ojos brillando como estrellas de ver la primavera amorosa de su joven amo. Sesshomaru los descubrió viendo ese vergonzoso video y ellos terminaron brutalmente golpeados por un demonio.

Huper llegó de la nada y se ofreció a mostrarle a Kagome el camino.

— La cena se sirve a las siete, ocupará un lugar junto a Sesshomaru-sama que se sienta en el extremo izquierdo del comedor, quedan cerca de diez sillas vacías entre ustedes y los señores Taisho.

— Huper — Hasta para él era cansado escuchar las perotadas del pelinegro — Regresa a tus deberes, yo la llevaré.

El pelinegro le guiño un ojo a su amo y se marchó. Kagome estaba cohibida, esa no era su casa, por eso se sentía extraña.

— Hemos llegado — Sesshomaru la sacó de sus pensamientos. Le parecía vagamente familiar la puerta, y recordó.

— ¿Es tu habitación? Taisho-senpai...

En efecto era la habitación de Sesshomaru, él abrió la puerta y entró al único lugar que conocía en esa mansión. Estaba perpleja, ¿Planeaba dormir con ella?

— Deja de hacer planes en Lalalandia y regresa al mundo real Kagome — Ella se sonrojó — Mi habitación se conecta a la tuya por esta puerta.

Y ahí estaba la puerta que no se abrió mientras estuvo ahí a unos cuatro metros de la puerta principal de la habitación, Sesshomaru la abrió y ella descubrió una habitación muy idéntica a la de su senpai, claro está que sin un estudio privado, la cama, el baño, la pequeña sala y ese enorme armario que parecía otra habitación.

— ¡Es increíble!

Su asombro fue ver el armario lleno de su ropa y otros atuendos que no conocía, sus zapatos en otras estanterías, los pisos alfombrados, los espejos en todos lados y un pequeño escenarios con cuatro grandes espejos detrás, alfombrado y diseñado para que ella se chequeara antes de salir. El sueño de toda chica, un armario lleno de ropa, zapatos, carteras, bolsos, sombreros, accesorios. Voy a morir por tanta belleza!.

Salió de ese hermoso lugar para abrir la puerta de la habitación, en un extremo del cuarto, iluminado por luz natural y un gran espejo con bordes adornados de bombillas, estaba el área de maquillaje, al acercarse a la mesa y sentarse en el taburete contempló los compartimientos del mueble y vio las brochas, sombras, pinturas de labios, rizadores de pestañas, esmalte, perfumes y muchas otras cosas que infartaban su corazón de chica de instituto.

— Pensé que te gustaría, Anker y Huper trabajaron muy duro, Jaken y tu madre también apoyaron. — Kagome se giró al ambarino con los ojos inundados en lágrimas y el rostro sonriente.

— Tal parece que no existen las mujeres sin vanidades... — murmuró para sí mientras salía por la puerta principal de esa habitación, dejó las llaves en una mesa cerca de la puerta donde estaba un teléfono de planta. — No olvides cerrar la otra puerta.

Kagome salió de ese cuarto para cerrar la puerta indiscreta, porque conectaba su habitación a la de Sesshomaru y regresó corriendo para lanzarse en la cama y saltar en ella como una loca.

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Faltando diez minutos para las siete, Jaken golpeó su puerta para recordarle la cena. Por supuesto que estaba nerviosa de conocer al amigo de su madre y padre. Sesshomaru golpeó la puerta indiscreta. Ella abrió lista para cenar.

— Ya es hora... — dijo la azabache abriendo — InuYasha también estará ahí...

— Vive en esta casa después de todo... — le respondió aburrido, sacó un paquete detrás de él y se lo extendió — Tu madre me pidió que te lo diera hoy.

— ¿Es un libro? — Kagome quitó la envoltura café y un libro conocido apareció —... Es su diario...

— Muy parecido al de mi madre.

Kagome lo abrazó contra su pecho y luego lo dejó en la mesita junto a la puerta.

— Hay que bajar a cenar, senpai.

Sesshomaru cerró la puerta indiscreta y salió con Kagome por la puerta principal de la habitación. Bajaron junto hasta el comedor donde en el extremo derecho tres sillas eran ocupadas por los integrantes de la familia Taisho. Al verlos llegar se pusieron de pié para recibirlos.

—Tú debes ser Kagome Higurashi — dijo un hombre alto muy parecido a Sesshomaru, sus ojos tenían arrugas, revelando su edad, pero aun así se veía guapo y elegante.

— Así es... — ella extendió su mano y el la apretó con suavidad — usted debe ser el señor Taisho...

— Soy Touga, — con galantería tomó la mano de la mujer a su lado — Mi esposa Izayoi.

Una hermosa mujer de cabellos oscuros al igual que sus ojos, carnosos labios rojos y una figura despampanante.

— Tsk. No son la gran cosa — murmuró el peliplata más joven.

— Mi hijo menor InuYasha... — le reprendió con la mirada — A quien supongo ya conoces.

— Estamos en la misma clase...

Nunca pensó que conocería a los Taisho en estas circunstancias, Sesshomaru se notaba hastiado de tanta presentación. Pero lo que atrajo su atención fueron los ojos de Izayoi que la veían con recelo.

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TA — DA

Disfruten de la lectura

Se despide,

Selene T. H.