=2. Estrategias para enamorar=

=Al otro día…=

=Teatro Nacional de Munich=

El ensayo había sido largo y pesado. Dietrich la había estado presionando con cada pose y cada movimiento pues deseaba que la pieza fuera perfecta. Edeline estaba agotada. Lo peor, no era el ensayo o lo pesado de este, lo verdaderamente rudo de las prácticas de esos días, era la falta de acompañante. El príncipe Cascanueces, no ensayaba con ella dado que el director pensaba que sería mejor si los hacía ensayar por separado y después unía y perfeccionaba solo sus actos, sus escenas, ya que para entonces, todo lo demás estaría listo. ERROR. Edeline estaba esforzándose al máximo, pero aunque quisiera, le sería imposible igualar un trabajo de dos, siendo solo una persona.

Lo bueno de esa tarde, era que no ensayaría más. Su trabajo había concluido y podía ir casa. La mala noticia, era que iría sola: Allison tenía ensayo con la orquesta y pasaría un par de horas más en el teatro. Sin pensar demasiado en que estaría sola desde ese momento, Edeline se dispuso a cambiarse el traje de ensayo y se enfundó en unos jeans oscuros, una blusa de un solo hombro azul cielo y sus bailarinas del mismo azul que su blusa, con las que descansaría los pies al menos un rato. Salió con su bolsa colgada al hombro y con el abrigo blanco que tanto le gustaba en una mano. Fuera del teatro, el aire era fresco más no frío como había sido por la mañana en que salió de casa, el sol aún brillaba esplendoroso dado la hora que era y parecía una tarde tranquila y perfecta. Bajo con cuidado los escalones de la entrada y justo a la mitad de estos, se encontró con una agradable sorpresa. Delante de ella, un Corvette C7 plateado y algo vistoso, estaba estacionado con cuidado y recargado contra la puerta del chofer, Karl Heinz Schneider, el chico en el que no había dejado de pensar toda la mañana –sin querer admitirlo- esperaba a alguien con una sonrisa tatuada en el rostro y un vaso de Starbucks en las manos. Edeline terminó de bajar los escalones faltantes entre brinquillos, con la gracia de toda bailarina y se acercó a saludar al Kaiser que la miraba embelesado.

-Hola Karl- dijo al depositar un beso en la mejilla del alemán

-Hola Edeline…- saludó él sonriente

-Allison aún no termina de ensayar, creo que tardará un rato…- le comentó la rubia algo apenada. Schneider rió por lo bajo.

-No importa. No vine para ver a Allison- confirmó el chico, para sorpresa de la bailarina, que hubiera apostado, que la presencia del Kaiser se debía a su amiga pianista

-¿Ah no? ¿Y entonces… que haces aquí?- preguntó

-Bueno, puedo irme si te molesto- bromeó el chico

-No, no, para nada, era solo una pregunta- rió ella

-Ja, ja, ja pues veras… estoy aquí, para pagar una deuda- la chica lo miró, en sus ojos azules destellaba la picardía y entonces lo comprendió. Miró con cuidado su mano y descubrió con alegría que lo que el Kaiser sostenía, era un frappé.

-¿Tan pronto?- preguntó sonriente

-Bueno, no me gusta tener dudas- Karl extendió el vaso a la chica y espero a que ella lo tomara, con cuidado mientras se acomodaba el abrigo en el brazo y se colgaba la bolsa. Entonces dio un sorbo a la debida y sonrió.

-Está muy bueno- comentó ella

-Me alegro de ello, de lo contrario, habría tenido que pagar doble-

-En ese caso….-Edeline se lo pensó, dio otro sorbo y rió- Esta asqueroso, creo que me debes otro-rió

-Ja, ja, ja tramposa- la acusó el Kaiser

-Ok... ok... Solo porque en serio esta rico, no me debes otro. ¿Pero solo a eso viniste?

-¿No puedo venir a pagar mis deudas?- preguntó el chico temeroso de que lo hubieran cachado en su excusa patética para volver a ver a la chica bailarina.

-Sí, si puedes. Más bien, debes de hacerlo- rió ella- Pero siempre pensé que el gran Kaiser tendría una agenda súper ocupada-

-Pues… suele ser así. Entre semana, entreno todas las mañanas hasta las 2 o 3, a veces hay juntas y debo quedarme. Los fines de semana hay partidos y los sábado entrenamiento, pero… las tardes suelen ser mías, tampoco paso todo el día en el campo. Las ventajas de ser yo, que aparte de todo soy el capitán, es que ando de aquí para allá- rió

-Vaya, vaya, ahí está lo que esperaba- se mofó ella

-¿Qué cosa?

-Pretensioso. Un chico como tú, no podía no serlo- rió ella

-Deberías conocerme... Por cierto, ¿puedo invitarte a comer?, platico mejor sentado que recargado en el carro- le recordó. Edeline rió antes de aceptar y aunque estaba cansada se alegró de no tener que ir sola a casa y además de todo, poder disfrutar de la compañía de un chico que la hacía sentir, muy bien.

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=Cinco días después…=

=Teatro Nacional de Munich=

El ensayo de esa mañana, incluía solo a los jóvenes bailarines que participarían como El rey Rata, el ejército de ratones y por supuesto, el príncipe Cascanueces. El bailarín y actor destinado para tal papel, era nada más y nada menos que Harry Niemann, alemán de nacimiento y bailarín de ballet desde los 6 años de edad. El joven Harry, procedente de una familia con grandes recursos económicos, era un bailarín nato y con una habilidad sorprendente, que llegaba a dejar boquiabiertos, no solo al público en general, sino también a sus directores. La estrella del ballet, además de rico y talentoso, gozaba de esa cualidad propia de las estrellas, llamada: guapura. Sus cabellos eran cortos y revueltos, totalmente negros y siempre despeinados pero atractivos. Sus ojos verdes, competían en belleza con los de cualquier otro chico y su sonrisa, respaldada por dos hermosos hoyuelos, lo volvían una ternura para las jóvenes alemanas. En especial… para ella, para Edeline.

Ambos se habían conocido cuando niños, en la academia de baile de ballet donde posteriormente se habían desarrollado. Se conocían a la perfección y coincidían en más de un gusto personal, eran los mejores amigos y casi siempre luchaban por obtener los papeles dentro de las obras, que les permitieran estar juntos. En esa edición, no es de mucha sorpresa que ambos fueran elegidos para ser Príncipe y Princesa, ya que los dos, eran las estrellas doradas de la compañía de ballet.

En esos momentos, Edeline trataba de mirar concentrada la escena que se desarrollaba en el escenario. Sobre este, los bailarines trataban de finiquitar el ensayo de una escena ya lista, pero no era de mucha ayuda, que Harry, tratara de mantener un ambiente ameno con sus bromas y sus cambios de baile. El director aunque un poco exasperado de la actitud del chico, no lo reprendía con demasiada fuerza, pues él también se divertía con las bromas de este y apreciaba que quisiera que el ambiente entre todos fuera armonioso. Eso era lo que gustaba a Edeline, la personalidad agradable y dulce de Harry, además de su físico envidiable, la chica había vivido embelesada de aquel alemán, por demasiado tiempo y mirar sus ensayos, se había vuelto algo, realmente cotidiano. Hasta ese día.

Esa mañana, por más que trataba y se reprendía por no prestar atención, sus pensamientos no estaban centrados en el bailarín, ni siquiera estaban en el teatro. Estaban allá… fuera… Con el capitán del Bayern Munich, con Karl Heinz Schneider. Llevaba una semana de conocerlo y el rubio más cotizado de toda Alemania, se había robado tantas risas y le había dado muchos recuerdos, muy poco tiempo para tanto que ella recordaba. Luego de su comida, donde el Kaiser le había explicado sus actividades diarias y había sido reiterante en que no era ningún pretensioso (pero sí lo era) los chicos se habían visto cada día siguiente a ese. Había comido juntos, habían bebido frappé e incluso una noche, habían bebido una o dos copas en el bar favorito de la chica. Allison, los había acompañado un par de veces, cada una quejándose de que a diario debía toparse con el chico que más detestaba en la faz de la tierra (Genzo), así se había enterado de que entre el alemán y la americana, realmente no había más que una amistad y por alguna razón se había sentido cómoda con esa noticia. Y por esa misma razón, se había permitido conocer más al alemán que la esperaba a diario fuera del teatro y que la hacía reír a cada instante, que la hacía quedar prensada de su mirada azul cielo y embriagada por su loción combinada con ese tan exquisito aroma a menta que despedía.

-Sonrisitas así, no son por nada. ¿En quién piensas? – le dijo alguien al lado suyo. Edeline volvió al presente, donde el escenario era utilizado para un ensayo que no planeaba terminar y a su lado, Allison la miraba con una risa burlona en los labios y el destello de la picardía en los ojos.

-¿Qué?- preguntó la alemana confundida, no sabía de qué estaban hablando

-Apuesto a que pensabas en Schneider, ¿verdad?- le preguntó burlona a su amiga

-¡Qué! Claro que no. ¿Por qué haría eso?- preguntó la bailarina sorprendida y de repente muy colorada

-Ja, ja, ja no tienes que fingir, si el Kaiser te gusta, puedes decírmelo- comentó la pelinegra ya sin bromear y totalmente sincera en sus palabras

-No…- comenzó Edeline, siendo interrumpida por el director de la obra que daba por terminado el ensayo de esa mañana y que reprendía una vez más a Harry por su actitud alivianada. Allison rió y comentó al aire, mientras veía a Harry bajar entre risas del escenario:

-Ese chico, sí que es todo un bromista-

-Harry siempre es así, su personalidad es muy agradable- comentó Edeline mirando al chico que poco a poco se acercaba a ellas.

-Buenas tardes señoritas… ¿ya son tarde no?- preguntó el alemán

-Ja, ja, ja si, ya casi son las tres- comentó Allison mirando su celular

-¿Irán a comer?- preguntó Harry

-Sí…- dijo Edeline en una sonrisa- ¡No!- exclamó de repente- En realidad, Allison, yo, creo que es hora de irme y…- comenzó a parlotear poniéndose de pie. Allison rió ante la situación y se puso de pie también-

-Iremos las dos a comer, hoy es día de chicas- comentó la americana en rescate de su amiga. Harry las miró con una sonrisa-

-Vale, vale capté que no soy una chica- bromeó el alemán- Las acompañaré a la salida y luego regresaré a cambiarme. Ambas me deben una comida, ¿entendido?- las amenazó. Las chicas rieron y asintieron, mientras se dirigían entre cotilleos a la salida del auditorio. Al salir, Harry despidió a Allison con un corto beso en la mejilla y demoró un par de segundos en la mejilla de Edeline, mientras se despedía y sonreía, con esa mirada seductora y esa sonrisa coqueta que siempre usaba con ella. ¡Oh sí! No era secreto para nadie, la relación platónica que esos dos se traían entre manos.

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Schneider esperaba a Edeline, como ya se había vuelto costumbre esos días, fuera del teatro, recargado en su Corvette, robando miradas y suspiros de las señoritas que llegaban a pasar por ahí. Pero esa tarde, por dar una nueva sorpresa, decidió acercarse a las escaleras de entrada y entonces….

Ahí, en la entrada del teatro, un chico –que debía admitir, era muy apuesto- besaba plácidamente la mejilla de Edeline, al lado suyo, Allison miraba la escena y fue ella precisamente la que lo vio y lo siguió, cuando decidió darse la vuelta y volver a su auto. No entró al llegar, solo golpeó con fuerza la puerta de este, algo dentro de él hervía con furia y estaba a punto de estallar. Allison estaba detrás de él, lo miraba pacientemente, consciente de que su reacción era normal, ella sí sabía que al gran Kaiser alemán, le gustaba Edeline:

-¿Son pareja?- preguntó el Kaiser sin mirar a su amiga

-No- aseguró ella- Solo son amigos… bueno, amores platónicos- afirmó ella. El respiró aliviado, pero solo un poco. "Amores platónicos…" ese término era algo bueno, pero, aun así, se trataba de una zona peligrosa, una relación así, podía cambiar en cualquier momento.

-¿Estás bien?- preguntó la chica un tanto preocupada. El Kaiser la miró y luego miró las escaleras, Edeline estaría reunida con ellos en un par de segundos. Se serenó, no podía mostrarse así frente a ella, sonrió y anunció:

-Presta atención a las lecciones del Kaiser: Estrategias para enamorar. Pronto haré un libro- bromeó. Allison rió ante el comentario, un pensamiento se cruzó en su mente "Nadie podría resistirse al Kaiser… salvo ella misma". Edeline llegó hasta ellos, en el mismo instante en que Allison se despidió, alegando que esa tarde realizaría un par de llamadas a su familia. Cuando finalmente se quedaron solos, el alemán continuó la rutina y aprovechando, que era un viernes más desde que se conocían, la invitó a tomar una copa en un bar a las afueras de la ciudad.

-¿No es muy pesado ensayar a diario?- preguntó Karl mientras conducía, para sacar tema de conversación

-No demasiado, creo que ya me acostumbre a el pequeño dolor de pies- admitió la chica con una sonrisa- ¿No es igual de pesado entrenar a diario?

-No… es divertido. Bueno, creo que como me gusta, no lo veo pesado- confesó el chico.

-Nunca te he preguntado… ¿tienes novia?- la pregunta lo sorprendió, aunque también le dio el inicio que necesitaba, para preguntar discretamente, quien era el chico de aquella tarde.

-Ja, ja, ja no… Bueno, salí con Miss Alemania de este año, duramos dos meses pero eso se acabó- confesó, estaban por llegar al bar, la ciudad se alejaba un poco pero las luces de Munich aún estaban encendidas.

-¿Y eso porque?- preguntó ella, curiosa

-Creo que no era lo que esperaba. Contrario a lo que muchos puedan especular, me gustaría tener una relación duradera y real, Michelle… bueno, éramos cercanos por nuestras personalidades, pero creo que nunca nos interesó de verdad llevar esta relación a otro nivel- explicó el chico, el tema en si no le afectaba, su ex novia ni siquiera le había reclamado el haberla terminado por teléfono (aunque en realidad él, tampoco había dado mucho tiempo para una respuesta por parte de ella). Finalmente llegaron al lugar, un jardín les daba la bienvenida y al fondo un bar bastante exclusivo les esperaba. El lugar era tranquilo, más para beber con charlas amenas que bailar y refrescarse con alcohol. Pronto hallaron una mesa y una mesera, alta, delgada, guapa, rubia y de ojos azules se acercó a ellos, para atender al gran Kaiser de Alemania.

-¿Qué les puedo ofrecer esta noche?- preguntó con una sonrisa y viendo directamente al rubio, algo que no pasó desapercibido para Edeline.

-¿Qué quieres tomar?- preguntó el chico mirando a la bailarina, su sonrisa era tan amplia y coqueta que la dejaba desarmada

-Mmm… ¿un Cosmo?- preguntó, algo indecisa.

-Dos Cosmopolitan- pidió el chico sin dejar de mirarla. La camarera resintió la falta de atención y se marchó dando grandes zancadas. Edeline sonrió para sí. -¿Y tú…? ¿Tienes novio? ¿Algún pretendiente o príncipe Cascanueces?- rió el chico, queriendo retomar la conversación que llevaban desde el auto. Edeline agachó la cabeza y rió

-Ninguno- aseguró- Sigo esperando al príncipe Cascanueces- bromeó y fue todo lo que Karl necesito, porque ella no hablo del chico del teatro, porque ella no dejo de mirarlo al asegurar que estaba esperando. Tenía una oportunidad. Contrario a todas sus citas, sus romances de una semana o sus coqueteos para pasar el rato, Edeline provocaba en el Kaiser una nueva sensación, unos nervios incontrolables y el deseo de hacerla feliz, de verla siempre sonreír. Extraño, pero cierto.

La mesera llegó y deposito las copas con las bebidas, ofreció una sonrisa coqueta al Kaiser y se retiró.

-Edeline…- comenzó a decir, ella lo miró y espero a que continuara- ¿Te gusta el hielo?- preguntó

-Sí, sí me gusta-

-¿Quieres patinar? Mañana… por la noche. Sería divertido patinar en hielo, ¿no lo crees?- rió él

-Sí, lo sería- animo ella- ¿Es… una… cita?

-Una cita- Schneider sonrió. No había planeado invitarla esa noche, sino más bien, llevarla como sorpresa, pero no había podido evitarlo. Siguieron bebiendo y charlando, hasta que el reloj marcó las 8:00 pm, entonces pidieron la cuenta y se marcharon, afuera, una leve llovizna se había apoderado del clima y amenazaba con pronto convertirse en tormenta, si no se marchaban en ese momento. Subieron algo salpicados al carro pero pronto y bajo el resguardo de un techo, contemplaron la lluvia engrandecerse. Cuando estaban por llegar a la calle donde Edeline vivía, se encontraron con la gran sorpresa de que como en cualquier otra ciudad, Munich, estaba algo encharcada y un par de calles cerradas por el agua. Schneider estacionó el carro en donde pudo y buscó en el asiento trasero, debajo de su mochila donde llevaba todas sus cosas, sí, ahí había un paraguas.

-¿Caminaremos?-preguntó Edeline sorprendida.

-Si rodeamos esta calle, llegaremos a tu casa. Te llevaré y luego volveré por el auto e iré a mi casa, no puedo continuar porque está cerrado, pero si regresar. No te preocupes, aquí está el paraguas- sonrió el alemán y acto seguido bajo del carro, paraguas en mano y ayudó a Edeline a bajar.

-Lo bueno es que solo son unas calles- comentó la chica. Schneider rió y ofreció su brazo, cuando Edeline lo tomó, comenzaron a caminar rumbo a casa de la chica, atravesaron las calles cerradas y dieron justo en la calle principal, algo encharcada, sí, pero no cerrada. Los autos que no iban en la dirección en que ellos habían llegado, transitaban por ahí con tranquilidad, aunque tampoco había muchos. Edeline y Schneider caminaban por la acera, ella por la orilla, pues así habían quedado al doblar en la esquina. Y entonces… pasó.

A la distancia, un auto se acercaba veloz, al parecer con bastante prisa a donde ellos caminaban. La lluvia había vuelto a ser una leve llovizna, pero un enorme charco de agua se había asentado a orillas de la acerca. El auto pasó sin miramientos a gran velocidad, justo al lado de ellos y el agua en el suelo se elevó dispuesta a mojarlos. Karl tomó entonces los hombros de Edeline y la hizo girar de modo que el que recibió el agua sobre él, fue el alemán.

-¡Oh! ¿Estás bien?- preguntó Edeline al ver al Kaiser totalmente empapado y chorreando por los cabellos, ahora, rubios opacos gracias al agua

-Solo diré, que el agua de lluvia no es como la del jacuzzi- bromeó el chico- Vamos, antes de que nos mojen de nuevo- la instó a caminar, muy a pesar de la lluvia, Edeline sonrió al verlo, camiseta, cabello y pantalones chorreando, sin duda una escena graciosa, nunca en su vida, hubiera imaginado a Schneider empapado caminando por las calles de Munich. Pronto llegaron a casa de la chica y el Kaiser comenzó a despedirse:

-¿No quieres pasar?- preguntó ella- Deberías secarte- le dijo en una sonrisa

-No te preocupes, entre más rápido me vaya, más rápido me quitare la ropa mojada- rió el chico. Edeline asintió con la cabeza y se acercó al Kaiser, tanto que solo 5 centímetros separaban sus rostros.

-Gracias por no dejar que me mojara. Nos vemos mañana, espero no te resfríes- le dijo en una sonrisa y depositando un beso en su mejilla. El Kaiser quedó tan sorprendido que solo atinó a asentir con la cabeza y dar dos paso hacia atrás, ella cerró la puerta y el decidió irse, empapado y todo, pero con esa sonrisa de idiota, que no puedo evitar poner. Sí, debía escribir su propio libro: "Estrategia Número 1 del Kaiser: Sálvala del agua"

Continuará…

:-:-:-:-:-:-:-:-:-:

NOTAS:

*Cosmopolitan es una bebida de
*Harry Niemann
es un personaje propiedad de JulietaG.28

*Si quieres conocer esta y más estrategias para enamorar a una chica, llama al 01-800-KAISERCUPIDO (lada sin costo), el mismo Karl te dará las estrategias para ser un conquistador. *Promocionando al Kaiser desde 2015 hasta agotar existencias. Patrocinador oficial: JulietaG.28 *

Hola, me da gusto subir este nuevo capítulo, que me gusto bastante escribir, espero que les agrade y se animen a comentar. Por favor, sé que el portero greñudo (Ken) tuvo mucho éxito, pero no abandonen al Kaiser, su corazón es sensible y el mío también. Espero leerlos por aquí, saludos y gracias a los lectores actuales. Por cierto, lamento las actualizaciones tardías.

Gracias a:

CANDY, Kaarlaa

Nos estamos leyendo.

JulietaG.28