=3. Un ensayo en el hielo=

=Al otro día…=

=Campo de entrenamiento del Bayern Munich=

¡Una cita! La primera cita oficialmente llamada cita, que tendría con Edeline, sí, no la había invitado a salir en plan: "Oye, me traes loco, vamos a tener una cita", pero a fin de cuentas, esa noche, era lo que era, una cita. Y como tal, el Kaiser estaba muy bien preparado. A sabiendas de que, no era el único tras los huesitos de la bailarina, la noche anterior, hechizado por el pequeño beso que la alemana le había plantado, había pasado un par de horas, decidiendo lo que esa noche harían. Había planeado noches atrás llevarla a patinar, pero no en plan serio, sino más bien como todas su cenas de esa semana, como una salida de amigos. Sin embargo, esa velada, planeaba ser sincero y admitir frente a la rubia, que esta le gustaba y que deseaba cortejarla abiertamente. Había preparado en su mente, el plan perfecto para lo que tramaba: primero patinarían hasta cansarse y después, cuando la noche estuviera un poco más entrada, llevaría a Edeline a la cafetería más agradable que conocía y beberían chocolate caliente acompañado de tarta de Frambuesas.

Desde la banca, Sho, Levin y Genzo, miraban a su capitán sonreír como vil tarado y mantenerse concentrado en sus propios pensamientos, lo cual, los hacía especular respecto a lo que ahí pasaba. Hacía una semana que el joven alemán, se largaba temprano del campo y siempre parecía arreglarse más de lo normal después de los entrenamientos.

-¿Qué se traerá entre manos?- preguntó Levin.

-Ni idea… tal vez una chica- comentó Genzo

-O quizás ya anda metido en drogas, nunca se sabe- opinó Sho para sorpresa de sus amigos.

-Anda tú, no digas tonterías- le amenazó Levin. Justo en esos momentos, Allison, la amiga medio ángel medio demonio de Schneider y archienemiga de Genzo, hizo su aparición a orillas del campo, llamando por completo la atención del Kaiser que no tardó en advertir su presencia y salir corriendo a su encuentro.

-¿Qué querrá la niña?- preguntó Genzo, un tanto curioso

-A la mejor… ella es la que lo tiene así- especuló Sho. De nuevo a la mira de los actos de su capitán, el trio maravilla, a falta del cuarto miembro de lo que era en realidad un cuarteto, contempló con atención cada movimiento de Allison y Schneider.

-¿Qué pasó?- preguntó Karl, ansioso. Allison sonrió.

-Bueno, en primera tienes suerte de ser tú. Edeline está bastante emocionada por su cita de esta noche, tal vez logras que olvide a su amor platónico y en segunda… me pidió que te diera su teléfono, para que le hables directamente a ella. Creo que ya habéis notado, lo mucho que odio hacerla de mensajera- replicó en broma- En tercera, sí, ella te espera en su casa a las 7:00. ¿Qué planeas Karl?- preguntó curiosa

-Le diré que me gusta. Eso es lo importante, de ahí… Estrategia Número 2 del Kaiser: Patinaje sobre hielo- le comentó en una sonrisa que ella desde que lo conocía, jamás le había observado- ¿Qué crees que me diga cuándo sepa que me gusta?- preguntó el chico. Allison se alzó en puntas para alcanzar su oído y susurró:

-Que estás feo…- rió antes de echar a correr y dar por terminada su visita. El Kaiser no la persiguió, pero si refunfuñó. Se limitó a guardar sus cosas en su mochila y luego de despedirse de sus amigos, salió rumbo a su hogar, tenía que arreglarse y visitar la pista, tal vez necesitara unos arreglos, detalles, para esa noche.

:-:-:-:-:

Esa noche… (7:00 PM)=

=Casa de Edeline=

La noche había caído sobre la ciudad como un manto oscuro y fresco, el viento arreciaba con tranquilidad, pero la temperatura era baja, si se disponía a salir, era mejor ir bien abrigado. Por ello y porque además de todo, el lugar donde iría, sería frío, Edeline decidió vestir unos jeans ajustados, color negros, una blusa con cuello de tortuga verde manzana y una monas botitas negras, algo afelpadas pero muy coquetas. Tenía preparado un lindo abrigo blanco y una bufanda verde "manzana tostada" para cuando fuera momento de irse. Su cabello rubio, estaba suelto y bien acomodado, a diferencia de su mejor amiga que siempre llevaba el cabello alborotado pero arreglado, Edeline optaba por peinarlo bien y gracias a lo lacio de sus cabellos le era fácil acomodarlos, esa noche, adorno sus brillantes y rubios cabellos con una diadema de piedras fantasía, se puso un poco de rímel en las pestañas y una modesta cantidad de perfume aroma floral. Estaba terminando de ponerse sus aretes favoritos, unos bellos y plateados rayos (regalo de su madre), cuando el timbre sonó, anunciando la llegada de Karl.

Por alguna extraña razón, siempre que veía al chico, su corazón latía a una velocidad inimaginable, sus sentidos se alteraban y algo revoloteaba por su estómago. Se dirigió abrir la puerta, tan rápido como pudo y al hacerlo, no evito sonreír con lo que miraba. Delante de ella, Karl Heinz Schneider, la esperaba enfundado en jeans claros un tanto ajustados y una playera como la de ella con cuello de tortuga, alguien podría haber dicho que se uniformaron de no ser porque la prenda que el Kaiser portaba, era azul cielo en lugar de verde. Sobre esta, llevaba un abrigo corto algo grueso y a la vista muy cálido, color azul marino, llevaba tenis Converse,muy casual para esa noche y muy atractivo para cualquiera que lo mirara. "Si quisiera, podría dejar el soccer y ser modelo" pensó Edeline para sí, sonrojándose ante la ocurrencia.

-Te ves muy linda- dijo Schneider a modo de saludo. Ella sonrió y agachó la mirada, al admitir lo que no podía callarse.

-Tú también estas muy guapo- Karl sonrió sorprendido, pero muy feliz por lo que escuchaba

-Gracias. ¿Estás lista?- le preguntó

-Sí, lo estoy, vamos- dijo ella, tomando del perchero al lado de la puerta, abrigo y bufanda. Ambos chicos salieron del lugar, con la firme confianza de que esa, sería una noche inigualable.

-¿Frío?- preguntó Schneider ya en su auto, mientras conducía camino a la pista de patinaje

-La noche es fresca, creo que se debe a que ayer llovió- confirmó Edeline, miraba atenta las manos del Kaiser tras el volante, la iluminación era poca en el auto, pero le era claro el hecho de que los nudillos del futbolista estaban un tanto rojos- ¿Tienes frío en las manos?- preguntó al cabo de un momento. Karl se detuvo en la intersección y estiró una mano, abriendo y cerrando el puño.

-La verdad, sí, tengo los dedos helados- afirmó con una sonrisa- ¿Cómo lo notaste?

-Tus nudillos están rojos, suele pasar cuando hace frío. A mí también me pasa- rió ella

-Tenemos cosas en común, que bonito- admitió él- ¿Por cierto, sabes patinar?- le preguntó

-Muy poco, pero supongo que no es muy distinto a bailar ballet, en eso soy una experta- Edeline rió. Siempre había sido risueña, tierna y tímida. Pero por algo que no lo lograba entender del todo, en compañía de ese joven tan increíblemente guapo y agradable, le daban muchas más ganas de reír, le daba menos pena decir las cosas y quería verse lo más tierna pero madura que pudiera, para él.

La charla continuó, con Edeline admitiendo que esa tarde, el ensayo la había agotado, que no le gustaba estar practicando sola las piezas que debería bailar acompañada y que estaba por rendirse ante el Pas de Deux que sin el príncipe Cascanueces jamás le saldría. Cuando llegaron a su destino, Schneider ahogó el comentario que Edeline hizo respecto a su baile y decidió guardar la sorpresa. Ingresaron al lugar con calma y sumidos en la decisión de no quitarse los abrigos. Aunque la pista era un lugar techado, el frío seguía ahí debido al hielo y para nada deseaban morir congelados. Se calzaron los patines que les ofrecieron con cuidado y antes de entrar a la pista, donde solo había cuatro personas, dos parejas de jóvenes de su edad, Karl se agachó y ató bien un cordón del patín de Edeline, el muy pillo había decidido soltarse y amenazaba con volverse un problema.

Entraron en la pista, sonrientes y sin darse cuenta tomados de las manos, patinaron de un lado a otro y luego a otro giraron y rieron, los minutos transcurrían y la noche avanzaba, las parejas reían y se deslizaban alegres de aquí para allá. En cierto punto, Karl se detuvo y detuvo a Edeline con él, quién lo miró extrañada y muy sorprendida por su reacción.

-¿Pasa algo?- preguntó

-¿De causalidad…? ¿Tienes el Pas De Deux en tu celular?- preguntó el chico en una dulce sonrisa. Edeline no comprendió, metió su mano en el bolsillo de su abrigo y tanteó en la búsqueda de su celular, al sacarlo, buscó rápidamente entre la música que tenía, sí claro que tenía el Pas De Deux, era una de sus piezas favoritas y junto al Hada de Azúcar, se hallaban dispuestos en la biblioteca musical de la joven alemana. Con un movimiento señaló la pista al rubio frente a ella y lo miró intrigada. Él tomó el celular y comprobó el volumen de este para que sonara decentemente privado. Lo cierto era que la pista era muy grande y estaban distantes de los demás clientes del lugar, pero aun así, el Kaiser no deseaba incomodar. Con un rápido movimiento pulso: Reproducir…

-No soy bailarín y en mi vida he practicado ballet, pero creo que al menos puedo sujetarte, no seas mala conmigo, guíame- le pidió en una dulce y alegre sonrisa. Al tiempo que sus manos se soltaban de ella y se elevaban en el aire para que ella las tomara y las sujetara, las acomodara y lo guiara. La música comenzó débil y dulce, pronto tomó forma y Edeline comprendió, sonrió al instante de tomar las manos del Kaiser y posarla en su cintura, no sería sencillo bailar en patines, pero claro que podría practicar, sería algo cómodo, nuevo y romántico.

El Pas de Deux siguió sonando, al tiempo que Edeline y Karl, se movían por el hielo con cuidado y destreza, ella giraba, tomaba su mano y se apoyaba, lo instaba a tomarla de la cintura y sujetarla con fuerza, alzaba una pierna, giraban, daba un pequeño salto y volvía a sujetarse de la mano fría y suave del futbolista que solo sonreía con verla y reía cuando sentía que se equivocaba. Pronto la música se tornó más dramática y lo complicado se acercaba, las notas subían y aunque solo eran perceptibles para ellos, sus oídos creían que la música cada vez era más alta y envolvía todo a su alrededor. En cierto punto, Edeline dejó al Kaiser en un punto de la pista y se alejó al menos uno o dos pasos, cuando se giró para mirarlo, notó que el Kaiser extendía la mano, al parecer conocía la posición y estaba dispuesto a efectuarla, entonces con un grácil andar y un giro al final, Edeline se elevó tan solo un poco para que los brazos de Karl la recibieran y la envolvieran en un giro donde no llegó a poner los patines sobre el hielo. Sus manos las sujetaron y la hicieron girar, entonces y con un laborioso pero al parecer sencillo movimiento para él, la hizo girar hasta quedar frente a frente, aun manteniéndola en el aire. Sus manos seguían en su cintura, pero su cabeza estaba elevada a donde ella estaba. Edeline de su parte, miraba hacia abajo sujetando los hombros del Kaiser, sonriendo.

-Me gustas Edeline- dijo Schneider sin más.

Edeline tembló ante lo que escuchaba, estaba segura que caería, pero el Kaiser la seguía sujetando con fuerza y delicadeza al mismo tiempo, impidiéndole bajar o caer precipitadamente. La sonrisa de Edeline se borró y Schneider supo que se había equivocado, dudó un segundo entre bajarla o seguirla sujetando y por una milésima de momento, si estuvo a punto de hacerla caer, no lo hizo. Edeline evaluó las palabras del chico en su mente, retumbaban como si aún en ese momento las estuviera escuchando, eran suaves, tiernas y alegres. Su corazón se había detenido, pero entre más recordaba las palabras que el chico le había dicho, más se aceleraba y volvía a su latir, uno, dos, tres, uno, dos tres, uno, dos, tres… latidos tan rápidos que le era difícil mantenerlos en orden. El Kaiser finalmente la bajo del aire, pero no la soltó, sus manos frías y tersas aún la sujetaban por la cintura, aún la mantenían cercana a él… y no quería quitarse.

-Yo…- comenzó Karl, quizás lo más prudente, lo correcto, era disculparse, no quería. No deseaba mentir y decir que había bromeado o que no era verdad, no quería que ella creyera que estaba jugando o que lo que había pronunciado era una vil mentira, porque no lo era. Era verdad. Era lo que no podía negar y lo que no le había llevado demasiado tiempo aceptar. Edeline lo miró a la espera de lo que diría, pero el Kaiser titubeo un momento. Uno solo, que basto para la alemana.

Edeline se acercó por completo y abrazó a Karl, lo abrazó y trató de acercarse lo más que pudo. Algo en ella decía que era muy pronto, que tan solo unas semanas atrás su amor y su atención eran para cierto bailarín que compartía estelar con ella, pero… ¡como seguirse mintiendo! Esa relación nunca iba a prosperar y era hora de desistir. Era hora de afrontar la verdad y lo que todos esos días explicaba su nuevo comportamiento. Sus nervios, sus risas, sus pensamientos ataviados de la imagen del futbolista número uno de Alemania, sus noches de recuerdos con el joven alemán y sus latidos acelerados cada que estaba en su presencia. ¡Sí, sí, sí! Karl Heinz Schneider le gustaba y no podía negarlo, Karl era el único que llenaba su mente y el chico que la hacía sentir todo un zoológico moviéndose en su estómago.

-También me gustas Karl- le dijo sin más. Ante la sorpresa de un abrazo que jamás habría esperado, Karl no había correspondido y sus brazos se habían alejado de la chica. Pero con esas palabras, con esa afirmación que tanto quería escuchar, con esas ganas de volver a sujetarla, no pudo evitarlo y la abrazó. La acercó a él y se llenó de su presencia, de su aroma a flores, de su calor bajo el abrigo. Era fantástico escuchar aquello y más aún poder abrazarla como lo hacía.

-Gracias…- susurró el Kaiser luego de un momento- Por decirlo, me alegra saber que también te gusto- le confesó, ella rió y el por respuesta besó su frente, por encima de su cabello, sin soltarla y sin alejarse, siquiera un centímetro de donde estaba.

Esa noche, algo cambió. Esa noche después de que se cansaron de patinar, ambos salieron de la pista, entregaron los patines y salieron al exterior rumbo al Corvette del Kaiser, pero sus manos, sus frías –ahora cálidas- manos… nunca se soltaron. Subieron al carro, Schneider había prometido momentos antes una taza de chocolate y una rebanada de tarta, así que por ende, conducía rumbo a la cafetería donde podrían alimentarse. Edeline, lo miraba sonriente y embelesada, halagándolo por su destreza en el baile y alardeando de su fuerza para cargarla, agradeciéndole la pieza y sobre todo alegre por lo que había escuchado. Sus manos, seguían unidas aún entonces y en toda la noche permanecieron así, durante todo momento. No, no decidieron ser novios oficialmente, no tampoco gritaron a todos lo especial que era esa noche para ellos… Tan solo se tomaron de las manos y bebieron chocolate, tan solo se tomaron de las manos y comieron tarta. Sus manos unidas solo eran una prueba de que esa noche, algo había cambiado y que eso algo tenía que seguir y crecer…

Esa noche fue solo el inicio del mejor protagónico que los dos pudieran haber tenido. Esa noche, la velada terminó cuando en el umbral de la puerta, ambos se despidieron:

-Te veré mañana- dijo Schneider

-Dulces sueños, maneja con cuidado- dijo Edeline sonriendo

-Duerme bien. Esfuérzate en el ensayo- dijo él, también sonriendo

-Juega bien, haz muchos goles- rió ella

-Hasta mañana Clara…- dijo él en un susurro, con la mejor sonrisa que habría podido poner y los ojos brillando de alegría

-Hasta mañana Cascanueces…- rió ella, momentos antes de cerrar la puerta.

Continuará…

:-:-:-:-:

NOTAS:

*Pas de Deuxes una pieza del ballet el Cascanueces, la escena 15 del Acto II.

*Clara y Karl, son los personajes principales del Ballet El Cascanueces.

¡Hola, hola! ¿Sorprendidos de tan pronta actualización? Bueno, se los debía. No he actualizado mis historias, dado que estuve algo enferma y cerrando semestre. Por suerte, las vacaciones han llegado y la odiosa gripa me abandona a cada instante. Así pues, yo espero poder tener el tiempo suficiente para estar actualizando, agradezco a LaChica1799 por sus palabras tan dulces y agradables que sin duda me animaron a subir el día de hoy este capítulo, amiga mía, no tengo días exactos para publicar, suelo subir los capítulos a veces en miércoles y otras en viernes, pero es seguro que cada semana, entre miércoles y sábado, estaré subiendo capítulo. Esta semana, subí dos capítulos aquí y espero subir dos también HERMOSA RESACA. Tienes razón al decir que casi nadie busca historias con los jóvenes europeos o más bien con los no japoneses, pero es que yo amo a todos por igual (naa, más a Genzo y a Karl) y por ello, Schneider, Levin, Gino y Pierre, tendrán su propia historia. Espero este capítulo os agrade y os animes a comentar. Saludos.

Con Cariño.

JulietaG.28