=9. Éxito interrumpido=
Las luces, finalmente se apagaron. Syd, el maestro de la orquesta entró al lugar y como debía hacerse, saludó al público y a la orquesta. La batuta, chocó contra las partituras dos veces y luego, los músicos se prepararon para tocar. La pieza comenzó, poco a poco, dulce y melodiosa, alegre. Los violines tocaban sus notas bajas y altas, bajas, bajas, bajas y luego de nuevo altas. Los instrumentos cobraron vida y "Obertura Miniatura" se desarrolló, completamente majestuosa y excelsa.
Pronto el telón se abrió. Las luces cobraron vida y la escenografía envolvió por completo a todos, situándolos en una elegante habitación, donde una fiesta se llevaba a cabo. Los bailes eran cautivadores, las notas que conformaban la música simplemente, mágicas. Mientras en la fiesta la gente bailaba y un grupo de pequeños bailarines interpretaban dichos bailes, el público entretenido y asombrado por el potencial de cada niño y niña presente, abría la boca en forma de "O" u simplemente grandes los ojos para demostrar todo su asombro. Poco a poco y transcurridas algunas piezas, la escenografía cambió, Clara, la dulce niña protagonista del cuento, recibió un humilde, sencillo y tierno Cascanueces con el que durmió, feliz y envuelta en su sueño propio. La escena cambió, la noche cayó sobre el escenario y el árbol navideño de pronto comenzó a crecer. Clara despertó justo cuando un ejército de ratones comenzaba a cobrar vida. El rey rata también apareció y en una pieza alucinante y llena de sorpresas, el ejército de ratones pronto se vio acompañado. Se trataba de los soldaditos de plomo, de la caballería y del Cascanueces. Juntos todos, poco a poco y conforme el baile lo indicaba, vencieron al temible rey rata, Clara asustada, miraba todo a su alrededor, mientras los espectadores de la obra, se preguntaban, cuál sería el siguiente cambio de escena. En el momento en que el Cascanueces y Clara se tomaron de las manos y fueron los únicos en el escenario, las luces bajaron, la obscuridad invadió el teatro, la música cesó a tal punto que solo era un susurro. El humo salió y las luces, obraron vida de nuevo. En el escenario, seguían el Cascanueces y Clara… solo que el ya no era tan sencillo, se había convertido en un apuesto príncipe, alto y gallardo, pelinegro y de ojos verdes, Harry, en su perfecta representación de soberano, se irguió sonriente al tomar la mano de Clara, que ya tampoco era Clara. Ahí, sobre el escenario, la dulce niña antes protagonista del escenario, se convirtió en un doncella, alta, delgada, hermosa. Sus cabellos rubios y sus ojos violetas, tomaron rápidamente sobre el escenario. Ahí… estaba Edeline.
Conforme el baile avanzó, la obra demostraba ser todo lo que los espectadores habían estado esperando. Los bailarines principales desarrollaban cada momento de la historia como si fuera en realidad lo que estaban haciendo en la vida real. Las piezas eran arduas, pretensiosas, pero los bailarines, sabían cómo volverlas suyas. Pronto, la escena llegó, esa que tanto habían preparado y en la que tanto debían esmerarse. Pronto, la música se tornó conocida para un espectador, Karl, notó rápidamente cuál era la pieza que los músicos interpretaban. En el escenario, Harry sujetaba a Edeline, con una cercanía y delicadeza que le produjo cierta incomodidad en el pecho, al Kaiser alemán. La música comenzó vibrante y sonante, mágica y envolvente, el Pas de Deux, no podía ser menor. Los bailarines demostraban su cercanía y su práctica, sus movimientos eran precisos y dejaban ver cuánto esfuerzo se ponía en ellos. Para Edeline, tornarse rígida fue algo sencillo, lo difícil fue no hacerlo, Harry la sostenía y la hacía girar con demasiado cuidado, como queriéndole decir, que la pieza no significaba más de lo que era: un baile, solo eso. Conforme las notas avanzaron, Edeline se relajó, se dejó guiar y siguió bailando sin detenerse un momento siquiera. El Pas de Deux terminó y la pareja se miró, Edeline y Harry sonrieron al mismo tiempo, violeta y verde, perdiéndose en el otro y luego, ese agradecimiento por la pieza, que los bailarines suelen hacer tan solo con mover la cabeza. Quizás para Karl, no fue un momento agradable, pero los bailarines, nada podían cambiar, el guion era así. Ese era su trabajo.
La pieza siguiente, fue un baile solitario para el Cascanueces, una danza alegre y con demasiado brincos, en los que el bailarín se regodeó de su atractivo y por supuesto, más que nada de su talento. La pieza culminó con varias damas del público suspirando por el príncipe y con algunos caballeros asombrados, pero más incómodos que nada, entre ellos Karl, quien solo debió esperar un momento, para sentirse, de las mil maravillas.
Tras una breve pausa, la música volvió a surgir con otra melodía. El piano, en manos de Allison, se volvió el instrumento principal y con notas tan dulces como Edeline y Karl recordaban, comenzó a invadir el aire con Hada de azúcar, la primera pieza, la que los había reunido por primera vez, la que SÍ merecía llamarse, su pieza y solo suya; nunca de nadie más. Edeline con sus gráciles y talentosos pasos, con su sonrisa imborrable y sus ojos brillando de alegría, danzaba de un lado a otro y a otro y a otro del escenario, giraba, brincaba, volvía a girar y de nuevo a sus pasos cortos, bajos, lentos, de puntas, un pequeño salto y luego, una pose hermosa, que no hacía más que enamorar al joven Kaiser, que desde su asiento, se sentía como la primera vez que vio bailar a la chica, embelesado, embobado, idiotizado, pues. Desde donde estaba, Edeline no alcanzaba a mirar al público, desde donde estaba, lo único que observaba era la negrura de las butacas y la única luz que advertía, pero que la cegaría de mirarla, era la del reflector que en esos momentos le apuntaba sin piedad. Sin embargo sabía, ella sabía, que Karl Heinz Schneider, su novio, el hombre al que amaba y al que agradecía tanto haberlo conocido, la estaba viendo, seguramente, como la primera vez que reparó en él; parado en medio del pasillo de ese mismo teatro. Sonrió sin más, dulce y cariñosamente, queriendo mandar el mensaje que solo una persona, de entre tantas ahí reunidas, sería capaz de entender, queriendo hacerle saber, que no olvidaba, que aún recordaba, que sin importar que ocurriera, solo ese recuerdo iría a su mente, al escuchar, aquella hermosa melodía. Ella recordaba haberlo visto por primera vez, embelesado, mirándola fijamente, a ella y solo a ella, nunca a nadie más. Él recordaba haberla mirado, haber quedado atrapado y ansioso de poder conocerla. En sus memorias los recuerdos, estaban intactos; cada momento que a partir de esa melodía habían vivido: juegos de nombres, ensayos en el hielo, lluvia que los empapaba, reuniones con amigos, fiestas de cumpleaños, veladas en París, enfrentamientos entre pretendientes. Sí, esa era su melodía, porque gracias a ella, se habían enamorado y habían tenido la mejor experiencia, que hubiera imaginado.
Pronto la pieza fue culminando, Edeline realizó un Jeté… después, un Grand Jeté… y luego la pose final. Sus labios se movieron, imperceptibles para cualquier otro que no fuera Karl, quien desde donde estaba, primera fila detrás de la orquesta, alcanzó a divisar, perfectamente lo que la chica susurró… Te amo. Así fue ese amor, como esa pieza, porque solo les bastó una sola melodía, para enamorarse y justamente, en ese orden: Jeté, Grand Jeté, Te amo…
El Cascanueces terminó, con una Clara vuelta niña de nuevo, despertando de su tan mágico sueño, recostada en su cama, con un Cascanueces en brazos y despertando con ella a todos los espectadores que habían quedado atrapados por la presentación que sin duda, había valido la pena esperar por tanto tiempo. Poco a poco cada bailarín subió al escenario, Harry tomando de la mano a Edeline y a su coprotagonista en miniatura, Alexandra. Syd y Dietrich subieron también y agradeciendo junto a su maravilloso equipo, dieron la reverencia, que cerró el telón. El ballet, había sido todo un éxito.
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En algún salón de la ciudad... (10:00 pm)
La presa creaba un pasillo a lo largo de la entrada del salón, eran a su vez ordenados y a su vez desastrosos, pues cada reportero, quería conseguir las mejores fotografías, de los invitados que acudían a la gala, en nombre del éxito que se acababa de vivir. El teatro, había organizado su fiesta de celebración y a tal evento, acudían estrellas de casi todos los ámbitos espectaculares. Los bailarines del Cascanueces, así como sus respectivas autoridades, habían aparecido ya en la fiesta y había sido este, el acontecimiento que hizo revolotear a la prensa. Pues, la bailarina principal, Edeline Loev, había llegado del brazo de un apuesto joven rubio y alemán al que todos conocían bien. Karl Heinz Schneider, había hecho su aparición, orgulloso de la mujer a su lado y claramente deseoso de sorprender a los medios. Detrás de ellos, habían llegado Levin y Arianne, grandes amigos de la bailarina principal y por un metro de distancia, Genzo y Allison, la pianista, habían deslumbrado con su presentación.
Dentro del salón, la fiesta contaba con un espacio bastante amplio que había sido adornado a la manera del Cascanueces, con muñecas y bailarinas, figuras de ratones y el rey rata y por supuesto, dos grandiosas figuras a tamaño real del Cascanueces y Clara. Los bocadillos eran ni más ni menos, dulces y postres representativos, así como las bebidas, hermosos y un tanto acaramelados cocteles que poco licor llevaban en el fondo.
Las estrellas del ballet, celebraban en grande el éxito obtenido esa noche, pues claro, a nadie le hubiera gustado que algo hubiese salido mal. De su parte, Edeline y Allison estaban siendo súper abarrotadas de halagos y felicitaciones de sus mejores amigos y de sus respectivas parejas, pues para Genzo y Karl, la mejor pieza de la noche, había sido sin duda alguna, El Hada de azúcar. Para la media noche, Syd y Dietrich, subieron al escenario, pidiendo la atención de todos los presentes:
-Gracias por su atención. Bueno… yo… nosotros- comenzó a decir Dietrich- Queremos conmemorar a algunos miembros del equipo, que merecen su reconocimiento y su adulación. Os recuerdo, claro, que este gran éxito y la alegría de esta noche es gracias a todos, que trabajaron, ensayaron, bailaron, tocaron, armaron y todo lo que tuvieron que hacer para que pudiéramos presentarnos esta noche. No tengo palabras para expresar mi agradecimiento y el orgullo que me da poder decirme miembro de tan glorioso equipo de trabajo, pero espero que…- algunas cuantas lágrimas comenzaban a aparecer en ojos del director, que recibió el apoyo de su mejor amigo, Syd- espero que mientras estemos juntos, mi esfuerzo y mi dedicación, sirvan como correspondencia para todo lo que vosotros hacéis- terminó por fin
-Así pues…- siguió Syd en una sonrisa- Quisiera pedir la presencia de mi arpista principal, Amanda. De mi violinista guía, Kris. De mi chelista…- uno a uno, Syd fue pidiendo a cada músico principal en su instrumento que subiera al escenario. Poco a poco los músicos subieron y se fueron formando en una hilera donde se les indicó que esperaran a quien faltara- Y a mí pianista, Allison.- pidió finalmente. La chica se desprendió del abrazo de Genzo para subir al escenario, junto a su maestro de orquestas y exactamente con Kris a su lado- A todos ustedes- continuó Syd- Quiero agradecerles su trabajo del día de hoy, su dedicación para guiarnos a todos y su talento en cada instrumento que ejecutaron. Aunque no puedo subir aquí a todos mis músicos, quiero que sepan que agradezco cada nota que tocaron el día de hoy. Gracias a ustedes, he tenido mi mejor orquesta, el mejor concierto de toda mi carrera- poco a poco los asistentes del salón, fueron entregando un ramo de flores hermosas a cada músico y antes de bajar, Syd agradecido abrazó a cada persona en el escenario.
-Gracias a todos los músicos- dijo Dietrich tomando de nuevo la palabra- Como dije, son parte de un equipo, que agradezco tener. Y como parte del mismo equipo, quisiera que subieran, Alexandra, mi pequeña Clara. Harry, mi príncipe. Edeline, mi hermosa princesa. Alger, mi rey rata. Y claro a mis bailarines...- poco a poco Dietrich nombró a cada bailarín de las danzas españolas, rusas, chinas y a la reina de las hadas. Cuando todos estuvieron en el estrado, como momentos antes con los músicos, los asistentes entraron con un ramo para cada bailarín y Dietrich siguió en su discurso- Muchas gracias a ustedes, que son los que nos han dado la presentación de la noche. Agradezco sus horas de ensayo, sus dolores de pies y la rutina aburrida de practicar una y otra y otra vez las piezas que nos fallaban. Es todo un honor poderme decir su coreógrafo y un completo orgullo haberlos conocido. Edeline, Harry, un especial agradecimiento a ustedes, que me han impresionado más que nunca con su presentación. Mi pequeña Alexandra, verte en tu primera presentación, me recuerda el momento en que vi a Edeline y Harry sobre un escenario a tu corta edad, espero poder seguir viéndote cuando como ellos, hallas crecido y te hayas convertido en una profesional completa- con un cariñoso abrazo, Dietrich permitió la bajada de sus bailarines que estaban más que alegres esa noche.
La velada continuó, Edeline, Arianne y Allison se dedicaron a divertirse con sus parejas y entre sus amigos. Bailaron un poco, cada una con los tres jóvenes presentes, ya que Sho, que también había acudido, se dedicó a tratar de conquistar a alguna de las bailarinas que había participado como algún hada en la obra. Cuando el reloj estaba por marcar la 1 de la madrugada, Edeline y Karl se separaron un poco y bailaron algunas piezas, bebieron alguno de los cocteles que se ofrecían y finalmente se apartaron para charlar:
-Estuviste genial, nena. Me has impresionado, como no te das una sola idea…- dijo el Kaiser en una sonrisa
-Ja, ja, ja eso espero. He dado lo mejor de mí para que la obra saliera como debía salir…- le comentó Edeline riendo. Siguieron charlando durante un rato, hasta que Harry los interrumpió:
-Edeline, Karl- saludó-
-Niemann- correspondió Schneider conociendo el apellido del chico y casi sin mirarlo. Edeline rodó los ojos y sonrió.
-¿Qué pasa Harry?
-Bueno yo…- comenzó el pelinegro un poco incómodo- Solo quería felicitarte. Estuviste genial esta noche y en verdad creo que es gracias a ti el éxito que obtuvimos, me gustaría que siguiéramos trabajando juntos durante mucho tiempo. Sabes que eres mi mejor amiga y bueno… gracias por todo.
-¿Gracias?- preguntó la rubia confundida
-Por tu amistad y por… bueno, pensé que después de lo que ocurrió, repercutiría demasiado en el ballet. Me alegro de que no pasara y si no lo he dicho, quiero que lo sepas. Me alegro de que seas feliz, aunque no sea conmigo. Ya comprendí que solo podemos ser amigos y soy feliz con eso. Karl, por favor cuídala mucho, tal vez no sea un pretendiente, pero soy el mejor amigo y no dudaré en romperte la cara si la hieres- amenazó en una sonrisa al alemán, que finalmente se relajó ante su presencia y sonrió.
-Te aseguro que la cuidare… solo si tú me aseguras que seguirán bailando así bien-
-Por supuesto. No podemos quedarnos detrás, ahora que ustedes los futbolistas están jugando la Champions League- rió el joven pelinegro
-Ni que lo digas…- los ojos de Karl brillaron al encontrar con quien charlar de soccer, mientras los de Edeline rodaban pues ya sabía cómo eran ese tipo de conversaciones. Harry y Karl se enfrascaron en su propia charla, mientras Allison arrojaba a Genzo y a Levin con ellos y jalaba a Arianne y a Edeline a la pista de baile. Tras unas dos piezas, dedujeron que ya era mucho soccer entre los 4 presentes y se acercaron para acurrucarse en brazos de sus parejas. Justo entonces, Karl comentó:
-Creo que debemos cambiar el tema, hay ciertas personas que están aburriéndose de nosotros- Genzo y Levin miraron a Allison y a Arianne y rieron ante sus caras de: ¿Hablas de nosotras?
-Creo que deberían acostumbrarse… tú no hablas de otra cosa- dijo alguien detrás de ellos. El circulo que habían creado, poco a poco se fue abriendo y una bella mujer surgió detrás. Era alta y delgada, sus curvas estaban muy bien definidas, su cuerpo era envidiable y llamativo. Sus cabellos castaños eran largos, hasta poco más de su espalda y lacios como pocos cabellos lograban serlo. Sus ojos ámbar destellaban con una picardía personal. Su vestido azul rey, era largo hasta los tobillos, con un escote en la espalda bastante prolongado, sexy, pero no vulgar.
Al verla, Genzo y Levin miraron instintivamente a Karl, quién palideció por un momento y tragó saliva, visiblemente incómodo.
-¿Qué pasa? ¿Nos les alegra verme chicos? Y yo que vine solo para poder encontrarlos- se lamentó la chica en un puchero, al dirigirse a Genzo, Levin y Schneider
-¿Qué haces aquí?- preguntó el SGGK. Allison lo miró interrogante
-¿La conoces?
-Claro que nos conocemos preciosa- le aseguró la chica- Pero no te apures, que el apuesto Waki no me interesa en lo absoluto- se mofó sonriente
-Dudo mucho que tú le intereses en lo absoluto- respondió la pianista indiferente, irritada ante el tono de voz de la chica presente
-Creo entonces que necesitas unos anteojos. Mírame bien primero- atacó la chica. Allison iba a responder, justo cuando Levin respondió.
-Ella es Michelle Oppenheim, Miss Alemania del año. Es una vieja amiga del equipo- comentó el rubio. Arianne lo miró, ella conocía a la chica, pero nunca le había agradado. Edeline palideció, ella sabía que Karl había salido con la castaña.
-¿No soy más que una vieja amiga, Stephan?
-No, eres una vieja amiga- aseguró el chico.
-Quizás de ti… ¿Tú qué dices Karl?- preguntó Michelle
-Pienso que esto es un evento privado y que no deberías estar aquí. ¿Desde cuando eres fan del ballet?
-Desde que supe que tú salías con la bailarina principal…- siseó la castaña
-¿Y cómo lo supiste?- interrogó Genzo- No es algo que haya salido en los medios…
-Me los encontré un día y siento decir que ellos no se percataron de mi presencia. Aunque no tanto como el darme cuenta de que Karl jamás fue tan atento conmigo- Karl abrió grandes los ojos y decidió dar fin a esa tonta discusión.
-¿A eso viniste? Ve a hacer tus dramas a otro lado. Lo nuestro ya pasó-
-Y quiero saber… ¿PORQUE? ¿Quién crees que eres para terminarme como lo hiciste?- preguntó la chica, subiendo su tono unas cuantas rayitas.
-Vamos afuera y hablaremos. Sabes que no soy fanático de los dramas y más que nada, estás arruinando la noche de mi novia. Arreglemos esto, fuera- pidió el Kaiser soltando a Edeline y tomando del brazo a la modelo.
-La noche de tu novia me importa poco, pero bueno, vamos- Karl sacó a Michelle al jardín trasero, con la mirada expectante de Harry, Edeline, Allison, Genzo, Levin y Arianne:
-Esperen aquí, no tardamos- pidió Genzo, retirándose con Levin
-Michelle sigue estando loca- se lamentó el rubio saliendo detrás del portero
-Apoyo a Stephan- comentó Allison, aún irritada
-¿Qué quiere esa chica?- preguntó Harry
-Claramente, molestar- susurró Edeline, sin pensarlo demasiado y saliendo detrás de los chicos.
Fuera en el jardín, lo primero que la bailarina vio, fue a Karl siendo arrojado a la fuente de agua del jardín, que era lo bastante para que el chico entrara por completo.
Continuará…
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NOTAS:
*Todo personaje del teatro, es completamente propiedad de JulietaG.28
*Michelle Oppenheim es propiedad de JulietaG.28
En este, el penúltimo capítulo de la historia, quiero agradecer a todas las chicas que han estado comentando y que se han tomado su tiempo para leerme, es un honor tener público como ustedes. Esperando no defraudarlas, he aquí nuestro capítulo ¡No olvides comentar! ¡Nos estamos leyendo!
Con cariño.
JulietaG.28
