Buenas tardes, soy Ann Parthenopaeus. Primero que nada quisiera agradecer a las personas que comenzaron a seguir este fanfic, al final del capítulo me tomaré la libertad de responder a sus comentarios. A partir de este momento se inicia la aventura dentro de Seigaku y hay cambio de narrador en tres escenas, lamento si les parece muy abrupto, con gusto les invito a comentar nuevamente si hay algún error apreciable a la vista y del que yo no me haya dado cuenta.

Quiero agregar que originalmente las actualizaciones estaban destinadas para los viernes, una cada semana. Está vez tuve que adelantarme porque me iré de viaje desde mañana hasta el lunes aprovechando al máximo las vacaciones de verano; pero la próxima actualización, tengo la esperanza de que será para el viernes que viene.

Sin más que agregar por ahora, quiero declarar que: PoT no me pertenece (aunque eso es muy obvio) y este es un trabajo de un fan que contiene solo ficción en él. Espero que lo disfruten tanto como yo al escribirlo.

PLOT: Hyotei es conocido por ser uno de los mejores institutos de bachillerato del país; no solo destaca en educación y actividades culturales, son sus clubes deportivos la gran atracción del lugar. Entre ellos, el club de tenis masculino con más de doscientos (200) miembros es el mejor de todos ellos… Pero su antítesis, el club de tenis femenino solo tiene cuatro miembros oficiales, lo que lleva a la dirección a cerrarlo por falta de aspirantes.

Indignada, Inoue Tsukiko, la capitana del equipo femenino intenta buscar ayuda en Atobe Keigo el famoso y exitoso tenista que años atrás había tenido la oportunidad de conocer; pero al verse rechazada en más de un aspecto, Tsukiko busca alcanzar su meta por otros medios.

Con una de las mejores regulares de Hyotei Tenis Club Femenino, Tsukiko arregla un traslado a Seigaku High School, con sed de venganza de por medio.

CAPÍTULO I: Seigaku = Inicio

—¡Tomen esto bastardos! ¡Es lo que se merecen!

Presionando los botones del mando de su Wii, Tsukiko cumplía la sentencia de quedarse despierta por días frente al TV, intentando pasar todas las copas habidas y por haber de Mario Tenis. Desde que había finalizado el año escolar no estaba de humor para más nada, pero entre las vacaciones de primavera antes de dar inicio al tercer año había maquinado el plan más estúpidamente loco de toda su vida.

Sabes lo que dicen, si no puedes contra ellos entonces úneteles. O en este caso, véncelos uniéndote a su némesis personal.

Era perfectamente sabido en Hyotei High School, que el club de tenis masculino tenía una sana pero profunda rivalidad con otra de las escuelas de la zona… Bueno, con varias en realidad, pero principalmente con una: Seigaku High School. Después de la paliza qué les habían dado en el último torneo, Hyotei entrenaba con brutalidad con solo una cosa en mente: vencer a Seigaku y nuevamente recuperar el título que les pertenecía por derecho.

Entonces… ¿Por qué no intentar entrar entre los titulares de Seigaku y darle una paliza a Atobe Keigo y sus mequetrefes? Por supuesto, hablaba del club de tenis masculino de Seigaku, obviamente a ese era el que debían unirse.

"Esa es la cosa más absurda que haya oído, y créeme, con Kaori por aquí, cosas absurdas se escuchan todos los días" Había sido la respuesta de Azusa, la vice capitán del equipo, mientras se acomodaba las gafas y la miraba con un profundo ceño fruncido. Sí, era tonto, no lo iba a negar… Pero la persona que ideó el dicho de "quien no arriesga no gana", tenía demasiada razón.

—Esto… —En la misma habitación donde estaba ella jugando videojuegos, Natsuki, la menor del grupo estaba sufriendo un corte de cabello repentino. Las hebras doradas terminaron en el suelo mientras Kaori tarareaba una canción y movía las tijeras y el peine al ritmo de la misma —. ¿…por qué tengo que ser yo?

—Porque nadie creerá que yo podría ser un hombre por mi estatura y facciones —Murmuró Tsukiko en respuesta a la pregunta —. Kaori es demasiado tonta y bajita; y Azusa no se prestará para esto.

Azusa frunció de nuevo el ceño. —vuelvo a decir: hay un 99,9% de probabilidades de que fallen. Y un fallo de los grandes.

—Tranquila, Azu-chan —Cacareó alegremente Kaori —. ¿Qué podría salir mal? Natsuki-chan tiene un rostro hermoso, seguro enseguida la aceptan… ¡Además! Tsuki-pyon irá con ella.

—Parece que no comprendes, Kaori, es muy grave lo que están haciendo.

Tsukiko se puso de pie enseguida dejando el mando a un lado.

—Pero no tienen que saberlo, nadie se enterará. Nadie —Solo las cuatro personas que estaban en su habitación. A Kaori le divertía la idea de verlas infiltrarse en Seigaku; a Natsuki se le resbalaban lágrimas de dolor por su pelo perdido y por el hecho de que de ahora en adelante tendría que vestir y actuar como un hombre. Por su parte, como siempre, Azusa era la voz de su consciencia diciéndole que lo que hacían era la peor locura que podría cometer…. Y Tsukiko estaba de acuerdo con eso.

Pero en ese momento, no importaba. Lo único en lo que podía pensar era en que el club femenino de tenis de Hyotei tuviera el respeto que se merecía. Y aunque no fuera ella la que lo hiciera, se encargaría de darle su merecido a Atobe Keigo… le haría tragarse sus palabras. Y eso de que las mujeres serían un estorbo para ellos, se le olvidaría por completo.

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Si bien el uniforme femenino de Hyotei era su favorito, Tsukiko debía admitir que el de Seigaku no estaba mal…. De no ser por ese horrible lazo en su cuello. ¡Oh! ¡Como echaba de menos la simple corbata roja de su viejo uniforme!... Y eso que apenas se estaba vistiendo por primera vez en lo que sería un año escolar largo e intenso —por no recalcar que sería el último—. Sí, ella no era precisamente la reina de la feminidad, sobre todo cuando llevas casi toda su vida queriendo codearse con los hombres en los deportes.

Era bien sabido que por poco la votan como la persona menos popular de su año escolar, pero al menos había tenido a sus amigas a las que no parecían importarle su personalidad fuera de lugar: las chicas del club.

Rápidamente se hizo media cola en su largos cabellos color azabache, y terminó de arreglar su uniforme.

Lo que no apreciaba de esa idea, era tener que comenzar desde cero en un nuevo colegio. Sobre todo porque era tercer año. Una estudiante transferida de tercer año seria todo un escándalo, y más escandaloso lo que planeaba tras su llegada.

Suspirando mientras se miraba fijamente al espejo y un par de ojos verdes le regresaban la mirada, repasó mentalmente:

"Lista de cosas por hacer al entrar a Seigaku:

Informarse sobre los titulares del equipo masculino. HECHO. Azusa se había encargado de hacer una investigación profunda sobre todo lo que debía saber. El capitán del equipo se llamaba Tezuka Kunimitsu, según buenas fuentes era todo un prodigio del tenis… Ni más ni menos se podía esperar de uno de los grandes enemigos de Atobe Keigo. Y no solo eso, habían varios prodigios más y buenos jugadores, en general eran todos los miembros titulares del equipo.

Hacer que Natsuki entre como titular. El clasificatorio seria en exactamente un mes; lograr que Natsuki consiguiera la condición física de los titulares seria todo un reto… pero no algo imposible para Tsukiko.

¡Definitivamente tenía que convertirse en la manager del equipo masculino!. Podría monitorear a Natsuki con más facilidad de esa forma. Y cuidar que no metiera la pata.

Patearle el trasero a Atobe y su equipo. El fin justifica los medios y punto."

Frunciendo el ceño profundamente, tomó aire. —Perfecto.

Tomó su bolso y salió de su habitación. La casa de su familia era muy antigua de un estilo puramente clásico con jardines de bambú y piso de madera; demasiado grande para sus gustos y demasiado "japonés". Se suponía que a futuro heredaría todo ese lugar además de los dojos —alrededor de diez, distribuidos en todo Tokio— en los que su familia instruía distintas artes como la arquería, el kendo y varios tipos de artes marciales. Por eso quería disfrutar en su máxima expresión del tenis antes de tener que dejarlo voluntariamente para seguir el camino que le habían trazado desde que era una niña.

Cómo siempre sus padres no estaban alrededor, seguramente ya se habían retirado a sus respectivas clases: su madre daba clases de arreglos florales y ceremonias del té, y su padre se encargaba del kendo y arquería. Abrió la puerta corrediza que daba a la salida y se calzó los zapatos en silencio.

Su vida en Seigaku había dado inicio de una forma bastante tranquila.

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—¡Por fin segundo año! ¿No estás feliz, Sakuno?

Siempre para los inicios de un nuevo año escolar, los arboles de cerezo del colegio estaban en su punto exacto. Pintaban suaves caminos de color rosa sobre el sendero que daba desde la entrada hasta los edificios, sin duda alguna era su época favorita del año; no hacía calor, ni frio, era tan perfecto para practicar tenis. Además que los colores de la primavera la llenaban de inspiración.

—Sí, es agradable… pero… —Sakuno susurró enarcando las cejas mientras miraba a su mejor amiga, Tomoka Osakada, estirar los brazos al cielo alegremente. Un nuevo año escolar significaba un año menos para terminar el bachillerato…

Normalmente cualquiera se sentiría alegre de acabar el colegio, pero Sakuno sentía una gran pesadez por la sola idea. Para ella significaba que pasaba otro año sin poder acercarse a alguien en particular que despertaba su más profunda curiosidad.

Ryoma Echizen, el joven prodigio del tenis que vino de América años atrás… "El príncipe del tenis", que a pesar de su corta edad se había hecho un gran renombre no solo en Japón si no también en varios países del exterior. Conoció a Ryoma por pura casualidad hacía casi un año; lo había considerado su salvador después de que evitara que Sakuno fuera golpeada por la raqueta de tenis de un fanfarrón en el tren local… Aunque a la final él ni siquiera la había visto. Aunque se había sentido avergonzada de que él ni siquiera la notara, eso no evitó que Sakuno sintiera cierta… "atracción"… No sabía cómo explicar la mezcla de emociones que había experimentado en un solo día por él.

¿Era amor? Tal vez… El punto es que siempre lo había mirado desde la distancia, añorando poder acercarse a él. Pero solo añorar no era suficiente; aun así, su timidez era demasiado profunda como para siquiera tener el valor de intentar algo. En realidad, eran contadas las ocasiones en las que pudo hablarle sin sentirse presionada.

Incluso, durante primer año para el día de San Valentín, había preparado chocolates para él… ¿Qué sucedió? Tristemente estaban en la nevera de su casa, no consiguió ni una pizca de fuerza para entregárselos.

—Sakuno, te ves deprimida ¿Estás bien? —Tomoka pasó a mirarla con algo de preocupación, enseguida Sakuno sonrió ampliamente sujetando con fuerza entre sus manos, el maletín con los libros que usaría ese nuevo y poco prometedor año escolar.

—Sí, estoy… —Dos muchachas pasaron corriendo cerca de ella y sin darse cuenta la empujaron haciendo que perdiera el balance. Por suerte, Tomoka consiguió tomarla del brazo para evitar una vergonzosa caída de primer día de clases.

—¡Hey! ¡mira por donde caminas! —Era maravilloso cómo funcionaba la amistad, ver a Tomoka enojarse y preocuparse por ella de alguna forma le levantaba los ánimos. Sin necesidad de decir nada, la hacía sentir como si todo estuviera bien, o por lo menos fuera a mejorar de ahora en adelante —. ¿Estás bien, Sakuno? Parece que hay algo en la entrada —Señaló Tomoka mientras aun mantenía una mano en el brazo de ella.

Aturdida se detuvo y pasó a arquear las cejas con curiosidad, pero asintió en respuesta a la pregunta de su mejor amiga. —Sí. Estoy bien.

Al frente de la entrada de Seigaku, había un tumulto de personas agrupadas; los murmullos hacían eco en el ambiente… sorprendidos y curiosos. Sin dar tiempo siquiera a que Sakuno soltara un comentario, Tomoka ya había dado varios pasos apresurados.

—Oye, ¿Qué estará pasando?

—No lo sé, eso mismo me pregunto yo —Contestó mientras sacudía la cabeza y se encogía de hombros. Ambas caminaron despacio al centro de la multitud… Curiosamente, ahora que lo notaba: solo había chicas, mientras que los chicos simplemente seguían de largo.

—¡OH! ¡Sakuno mirá!

Cuando alzó la vista al sitio que Tomoka señalaba emocionada, notó a un joven alto de pie en la entrada. Llevaba el gakuran (uniforme masculino japonés) muy bien arreglado y tenía el cabello de un color más bien dorado; con expresión nerviosa por toda la atención y las miradas que recibía, intentaba parecer firme sin hacer contacto visual con nadie. ¡Poseía un rostro hermoso! Costaba diferenciar si era chico o chica, pero el uniforme lo delataba.

—¿Eh?... jamás había visto a alguien así antes… ¿será nuevo? —Susurró Sakuno.

—No tengo ni idea, pero es ¡Hermoso! ¡Un príncipe! —Casi podía ver los corazones formarse en los ojos de Tomoka mientras saltaba en el mismo sitio emocionada.

Sakuno rió nerviosamente y suspiró, no era raro que su amiga encontrara un nuevo amor todos los años… o meses… o semanas… dependía del nivel de belleza del "personaje" que hiciera acto en escena. Pero aun así, jamás le había conocido un novio en todo el tiempo que llevaban de amigas; parecía que Tomoka —Al igual que ella si estamos claros — sólo sabía hacerse de amores platónicos.

—Disculpen, ¿me permiten pasar? —La voz femenina que le habló a su espalda, la hizo dar un pequeño salto. Se giró para poder observar a la dueña de la voz y una muchacha algo más baja que ella le regresó la mirada con seriedad. Nuevamente, no era una cara conocida…. ¿o sí?

—Sí, cuanto lo siento… Por favor sigue —Sakuno se hizo rápidamente a un lado sin dejar de mirarla. Había algo en su cabello negro o en sus ojos que le parecía familiar, tal vez se habían cruzado en los pasillos en algún momento, solo que no conseguía acordarse por más que lo intentaba. La muchacha de ojos esmeraldas caminó en silencio haciéndose paso entre la multitud y para sorpresa de todas las chicas que rodeaban al atractivo joven, este se separó de la entrada con ojos húmedos y se apresuró a encontrarse con la muchacha.

—¡Senpai! —La voz de felicidad del chico se hizo eco alrededor y Tomoka, que estaba apreciando la escena junto a ella, se desinfló.

—¿Quién es esa? —Murmuró mientras fruncía lentamente el ceño.

Ambos cruzaron un par de palabras y bajo una nueva ola de comentarios y murmullos decepcionados de todas y cada una de las mujeres a su alrededor, comenzaron a caminar juntos alejándose.

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—Acabas de llegar y armas un escándalo.

Natsuki hipaba mientras caminaba intentando contener las grandes lágrimas acumuladas en sus ojos. Siempre había sido tímida y uno de sus más importantes problemas era que ni siquiera soportaba tener las miradas de grandes multitudes sobre ella.

—Es que no dejaban de mirarme —Susurró abrazando a su maletín contra el pecho —. Creo que se dieron cuenta —Enseguida, Tsukiko pasó a mirarla. Era mucho más alta que el promedio y podría jurar que era hasta más alta que varios jugadores masculinos de tenis. Sí, Natsuki tenía facciones andróginas, lo cual era muy conveniente en la situación en la que se hallaban.

—No creo que te miraban por eso —Regresando a mirar al frente y frunciendo el ceño, Tsukiko se encargó de que las personas que rondaban el pasillo de Seigaku, que daba directamente a la sala de profesores, desviaran la vista nerviosamente —. Me impresiona que el uniforme masculino te siente de maravilla. Si haces lo que te digo, te prometo que todo saldrá bien.

Las recibieron dos profesores que se vieron confundidos por los papeles de traslado y las dos personas que habían llegado. Uno de ellos se apresuró a preguntar "pensaba que venían dos chicas, pero supongo que se habrán equivocado de género en los papeles. Bueno, no pasa nada, luego lo arreglaremos".

Fue más fácil de lo que creyó, el hombre simplemente explicó la situación por si mismo evitándole el fastidio y la tarea a Tsukiko. Ambas estaban en grados diferentes, así que no tardaron en separarlas… de nuevo, los ojos de Natsuki se llenaron de lágrimas mientras se abrazaba a su maletín.

—Ay por dios —Suspiró Tsukiko al verla contener un sollozo —. Sólo será durante clases, espérame en tu salón en la hora del almuerzo… prometo que iré a buscarte. Y no llores.

Asintiendo muchas veces, Natsuki se secó los ojos empapados. —Sí, Senpai.

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No sería extraño que una persona en su sano juicio huyera antes de hacer algo como fingir ser alguien del género contrario. Bueno, Natsuki Terashima no sería la excepción de no ser porque se sentía tan en deuda con el club de tenis de Hyotei.

Ella venía de una familia normal y promedio, y nunca había sentido interés por nada en particular…. En general era una vida aburrida y monótona que se trataba de ir al colegio, sacar notas que ni siquiera la hacían destacar, volver a casa, leer mangas, comer y dormir. Nada productivo, nada especial. No fue sino hasta los once años que conoció a la leyenda de tenis femenino sub diez: Tsukiko Inoue.

Para esa época, Tsukiko ya tenía doce años, pero en la televisión estaban pasando videos de sus anteriores partidos y posterior triunfo en un campeonato mundial. Fue su inspiración, quería ser como ella.

Tsukiko se veía tan feliz jugando al tenis y lo disfrutaba con todo su ser. Se movía de forma hermosa, con gracia y vitalidad… y en un parpadeo, humilló a su oponente en varios puntos sin dejarla tocar la pelota para devolverla. Por eso, luego de esa revelación… luego de darse cuenta de lo que deseaba hacer con su vida y a quien quería tomar como ejemplo, Natsuki se dedicó a practicar tenis y a estudiar. ¿Por qué a estudiar? Porque Hyotei era una escuela tan importante, que para poder acceder tenías que destacar de alguna forma. Allí estudiaba su ídolo, así que allí era donde quería ir.

Sorprendentemente recibió una beca y posteriormente la aceptaron en el club de tenis directamente como una regular —principalmente porque le hacían falta miembros—…. Aunque… esa felicidad solo duró unos meses antes de que lo cerraran en sus narices.

—….—Suspiró profundamente cabizbaja, y el profesor que la guiaba a su aula pasó a mirarla enseguida.

—¿Estás nervioso? —Era un hombre algo mayor pero su expresión era profundamente amable. La miraba de manera comprensiva como quien supiera todo por lo que estaba pasando. "No, pero la verdad no tiene ni idea…".

—No, estoy bien. O lo estaré.

—¡JAJA! Esa es la actitud muchacho —El profesor se llevó las manos a las caderas. Se sentía apenada porque aunque intentaba acordarse del nombre del hombre, no era capaz… Si no se equivocaba, el hombre sería el encargado de la clase donde estaría durante todo el año —. Leí que estuviste en el club de tenis.

—Así es, el Hyotei Tennis Club femenino… —Bajó la mirada un poco desanimada al recordar de donde provenía, pero enseguida alzó la vista de nuevo con ojos enormes. "¡Mierda!", el profesor lo miraba con curiosidad —. ¡Quiero decir! ¡Hyotei Masculino…y femenino!... e-e-era el manager… del femenino quiero decir.

Silencio, fue lo que vino después. Y las gotas de sudor pasaron a formarse sobre la frente de Natsuki, repentinamente aterrada… Dios santo, si la descubrían nada más llegar… sería un problema terrible.

Pero, el profesor solo ablandó su expresión y sonrió con suavidad. —mm… Entiendo…

Al verlo darle la espalda nuevamente, le dio tiempo para soltar un profundo suspiro. El inicio en su nueva vida dentro de Seigaku no se veía precisamente prometedor.

….Y reiteró ese pensamiento de nuevo, cuando muchos —literalmente muchos— pares de ojos se clavaron en ella mientras entraba en el salón de clases. El profesor amable escribió con cuidado los kanjis de su nombre en el pizarrón, y Natsuki con enormes ojos, se sentía más pequeña que nunca. Eso era decir bastante tomando en cuenta que medía metro setenta y dos.

—Él es Natsuki Terashima, transferido desde Hyotei. Por favor, sean amables con él —¡Oh! Es cierto… ahora se suponía que era un hombre… ¿Cómo actúa un hombre? ¡Se le había olvidado practicar algo tan simple como una presentación —. ¿Terashima-kun? ¿Quieres presentarte a tus compañeros?

Repasando con la mirada a cada uno de los alumnos que ocupaban distintos asientos en el salón, pudo notar a varios rostros conocidos… ¡LOS TITULARES DE SEIGAKU! ¡Azusa-senpai había pasado perfiles y fotos de ellos la última vez que se vieron! ¿Cómo era que llegaba y ya de una se encontraba en una situación de vida o muerte?

"dios mío… por favor, llévame ahora".

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N/A: Y aquí finaliza este capítulo.

Me gustaría aclarar que, para que algunas cosas concordaran con lo que tenía planeado, algunos pjs no estarán en los mismos grados originales de la serie o del manga. Es decir, Ryoma, Sakuno y Tomoka, qué deberían estar en primer año ahora pertenecen a segundo año, compartiendo así con Kaidou y Momoshiro.

De nuevo, me gustaría agradecer a: Carmen15, y Sibreka. Muchas gracias por tomarse la molestia de escribirme y darme su opinión, es una gran motivación.

Y respondiendo a preguntas:

Sibreka: No creo que sea el mismo fic del que hablas, es la primera vez que escribo algo parecido. Pero básicamente de eso trata la trama, de una chica para poder jugar tenis se viste de hombre :').

Muchos saludos,

Ann Parthenopaeus.