Hola a todos, aquí les escribe Ann Parthenopaeus. De nuevo retomando el hecho de que las actualizaciones están pautadas para los viernes en la tarde-noche, les dejó el capítulo cuatro de esta historia.

Respondiendo a las preguntas hechas en el capítulo anterior, me tomé la libertad de hacerlo mediante un MP a sus cuentas. Espero lo hayan recibiedo.

Quiero declarar que: PoT no me pertenece (aunque eso es muy obvio) y este es un trabajo de un fan que contiene solo ficción en él. Espero que lo disfruten tanto como yo al escribirlo.

PLOT: Hyotei es conocido por ser uno de los mejores institutos de bachillerato del país; no solo destaca en educación y actividades culturales, son sus clubes deportivos la gran atracción del lugar. Entre ellos, el club de tenis masculino con más de doscientos (200) miembros es el mejor de todos ellos… Pero su antítesis, el club de tenis femenino solo tiene cuatro miembros oficiales, lo que lleva a la dirección a cerrarlo por falta de aspirantes.

Indignada, Inoue Tsukiko, la capitana del equipo femenino intenta buscar ayuda en Atobe Keigo el famoso y exitoso tenista que años atrás había tenido la oportunidad de conocer; pero al verse rechazada en más de un aspecto, Tsukiko busca alcanzar su meta por otros medios.

Con una de las mejores regulares de Hyotei Tenis Club Femenino, Tsukiko arregla un traslado a Seigaku High School, con sed de venganza de por medio.

Capítulo IV: Entrenamiento especial = Tenis

—¿Qué piensas?

—Nada en particular, sólo leo un libro.

—jajaja… Tezuka, no has pasado de esa página desde hace media hora.

El comentario de Fuji lo hizo levantar la mirada del párrafo que llevaba intentando analizar desde hacía un rato, y sacándose las gafas con sumo cuidado de no terminar pinchándose el ojo, Tezuka suspiró y por fin se convenció a sí mismo de que era tiempo de un respiro. Cerró el libro, no sin antes marcar la página en la que se había quedado, y se recostó de la silla.

Después de todo el escándalo, la presentación brutal de Inoue-san y su compañera y de pautar la fecha del clasificatorio con los demás regulares, todos se habían retirado prudentemente sin decir nada hasta dejarlo solo con Fuji. Intentando aligerar la tensión sobre sus hombros, creyó que tal vez leer un poco seria una excelente idea, pero al no poder siquiera avanzar una página en la media hora que llevaba con el libro abierto, lo mejor era desistir.

—Es interesante ¿no? —Oyó preguntar a Syusuke mientras caminaba por la habitación y abría una de las cortinas.

—¿Qué cosa? —Aunque sabía exactamente a qué se refería, Tezuka prefería seguir con su faceta desentendida hasta el final.

Oírlo reír de nuevo captó su atención.

—Tsukiko Inoue, la capitana del club de tenis femenino de Hyotei; Natsuki Terashima un jovencito desconocido que también fue transferido junto con ella y que está muy seguro de entrar a los titulares… pero nunca había oído de él —De hecho, nadie allí había oído ese nombre jamás en lo que respecta al tenis. Ni siquiera Inui, quien aturdido se había retirado seguramente a hacer su propia recolección de datos al respecto.

Después de mirarlo de reojo, Tezuka Kunimitsu clavó la vista en la portada de su libro.

"los misterios del universo".

—Extraño, diría yo… casi un misterio, definitivamente —golpeando con suavidad el titulo con la yema de los dedos, bajó los parpados con interés. Lo bueno de los misterios, era la oportunidad que daba a las personas de resolverlos.

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Ryoma Echizen se sentía ansioso. No podía esperar al clasificatorio.

Un jugador de Hyotei del que nunca había oído, tan seguro de sí mismo en cuanto al tenis como para apostar contra el capitán de Seigaku —Aunque técnicamente había sido aquella mujer bárbara la que había apostado, mientras Terashima se escondía detrás de ella—. Por alguna razón ya quería enfrentarse con Natsuki Terashima, habiendo conocido a tantos jugadores diferentes, a esas alturas Ryoma le daba el beneficio de la duda a ese carácter afeminado y manso que había mostrado desde el inicio.

Debido a la espera por los nuevos miembros, durante ese día no hubo entrenamiento especial preparado por Inui-senpai y por el capitán, pero de todas formas los regulares se dedicaron a practicar por sus cuentas en las canchas de tenis. Para Echizen el tiempo pasó volando en medio de un partido amistoso con Momoshiro en el que ni siquiera se molestaron en tomar cuenta de los puntos y los sets.

—¿Qué harás ahora, Echizen? —Preguntó como era costumbre Momo, luego de cada práctica.

—Ir a casa.

—Jaja, como se nota que no tienes amigos.

Guardando sus cosas sin molestarse en cambiar la expresión de concentración, Ryoma lo miró por sobre el hombro y entrecerró los ojos. —Aparentemente tú tampoco, si no, no estarías preguntándome el que voy a hacer.

Momo saltó y posteriormente frunció el ceño.

—Que solo intentaba ser amable, enano.

—Ajá.

Oishi con las cejas enarcadas y llevándose las manos a las caderas, pasó a mirarlos de forma reprobatoria.

—Ustedes dos, por favor ya paren de discutir por tonterías.

—¡Jaja! Pero O-chibi y Momo de verdad se han vuelto grandes amigos ¿no es así? —Eiji-senpai, como siempre, tenía una expresión despreocupada y una amplia sonrisa en el rostro que nunca dejaba de llegar a sus ojos —. ¡Eso es bueno!

Llevando un año completo compartiendo vestidores con ellos y conviviendo en más de un sentido, era prácticamente imposible no terminar haciendo migas. Era cierto que como todos los clubes de tenis, Seigaku tenía jugadores de todos los tipos, colores y sabores, pero para Ryoma sin duda alguna había comenzado a creer que no le hubiese gustado entrar en otro lugar que no fuera ese.

Nunca había sido una persona muy sociable después de todo solo le había interesado el tenis desde la más tierna infancia, pero desde haber entrado a Seigaku comenzó a tener un poco más de confianza en las personas que lo rodeaban. Momoshiro era uno de esos, por supuesto que no iba a decirlo en voz alta… pero probablemente era para él, lo que muchos denominaban "mejor amigo".

A la final, incluso después de discutir estúpidamente por pequeñeces, terminaban caminando a casa y se separaban a mitad de camino… Era casi como religión para ambos.

Fue en esa salida de los vestuarios masculinos junto a Momoshiro que la vio. Se detuvo de caminar y clavó la vista en las solitarias canchas femeninas, una sola persona se encontraba en estas.

Momoshiro se detuvo a su vez y pasó a mirar el mismo punto que tenía el interés de Ryoma cautivo.

—Ah… —Dijo —. Ryuzaki.

En efecto, Ryuzaki golpeaba una y otra vez la pelota contra la pared pero lo hacía de una forma torpe y sin nada de elegancia. No había mejorado nada desde el año pasado, en momentos así Ryoma admiraba su terquedad al respecto y al mismo tiempo se preguntaba ¿Por qué lo intentaba si quiera?

—Sigue llevando el cabello demasiado largo —Susurró Ryoma mirándola fijamente a lo lejos.

No era que no lo hubiese notado antes, de hecho durante la mañana en que estuvo sentado a su lado pudo apreciar el mismo peinado que recordaba. Era lo que más recordaba de ella durante el año pasado, verla siempre andar o correr por allí con sus largas trenzas pelirrojas moverse de un lado a otro.

Sin darse cuenta, una suave sonrisa se escapó de sus labios.

—¿Vas a acercarte? —La voz de Momoshiro lo sacó de sus pensamientos repentinamente y sorprendentemente llenos de Ryuzaki y sus aniñadas trenzas. Ryoma se obligó a sí mismo a quitar los ojos de la mala postura de ella y los fijó en los de su amigo.

—¿Por qué?

—¿Enserio, Echizen? —Murmuró Momo con cansancio y el ceño fruncido tenuemente.

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Sakuno siempre lo había sabido: no era buena en el tenis.

De hecho, si era sincera consigo misma, admitía que apestaba en más de un sentido de la palabra. Y no era porque no intentara mejorar, simplemente…. Simplemente no era buena. Jamás sería tan buena como Tomoka, quién había conseguido entrar en los titulares del equipo de tenis femenino durante los clasificatorios del año pasado.

O cómo Ryoma.

Definitivamente, jamás sería como Ryoma.

Y eso era lo deprimente del asunto, que por más que lo intentaba, se estaba quedando atrás y la brecha que la separaba de poder siquiera hablar con él, se hacía más y más amplia. Mientras agitaba con fuerza la raqueta de tenis intentando devolver las pelotas que rebotaban contra la pared, Sakuno se decidía a qué todavía no estaba lista para tirar la toalla.

Todavía quedaban dos años de bachillerato, y en esos dos años su más grande meta era llegar a convertirse en titular.

Claro, que poder caminar al lado de Ryoma con orgullo y sin vergüenza, también era su otro gran sueño… pero ese se veía más complicado… De hecho, imposible.

"Fue por él que comencé a amar el tenis… verlo jugar es siempre lo que me levanta los ánimos".

—Tus rodillas están muy dobladas, eso hará que te canses más rápido al devolver la pelota.

—¡…!

La voz de Ryoma interrumpió el sonido mismo que hacía la pelota de tenis al golpear la pared, y logró desequilibrarla. No era raro que él consiguiera algo así, pero si era la primera vez que para su vergüenza perdiera la voluntad de su cuerpo y cayera al suelo golpeándose el codo. El ruido de su propio peso impactando con el concreto de la cancha de tenis la hizo desear que se abriera un hueco enorme y la tragara.

—¡Ryuzaki! —Ryoma, que aun estaba bastante lejos de ella, corrió hasta su lado e hincó una rodilla junto a ella mientras le tomaba con suavidad el antebrazo.

Nuevamente, Sakuno quería que el cielo la tragase con todo y raqueta de tenis. Podía sentir los labios temblorosos y el rostro arder por el calor que provocaba la sangre agolpándose en sus mejillas; simplemente era demasiado. Y no solo se trataba de la vergüenza, si no d la delicada presión que ejercía la mano de él en su brazo mientras examinaba el pequeño raspón en su codo.

No quería mirarlo directamente a los ojos, pero cuando por fin alzó la vista se encontró con el par de ojos ambarinos mirándola por debajo de las pestañas. Como casi siempre sucedía, se quedó estática y en silencio hasta que él fue el primero en hablar.

—Es solo un raspón, deberías tener un poco más de cuidado —Se movió unos momentos hasta el estuche con sus raquetas, que por los visto había dejado caer para correr hacia ella, y buscó en los bolsillos hasta que sacó un delicado pañuelo blanco. Para sorpresa de Sakuno, volvió hasta ella y con suavidad le limpió las gotitas de sangre y posteriormente le vendó la herida con mucho cuidado.

—L-Lo lamento, estaba concentrada en… mi práctica —Susurró mirando atentamente el movimiento de las manos de Ryoma mientras ataba con seguridad el pañuelo —. No debiste... ahora lo ensucié.

—Es bueno perderse en el tenis de vez en cuando —Ryoma regresó a mirarla a los ojos tras terminar con los primeros auxilios y poniéndose de pie, le tendió una mano para ayudarla a levantarse —. Está bien, puedes quedártelo.

Definitivamente era alguien amable, no solo se tomaba la molestia de darles consejos si no que también la ayudaba… Sakuno sentía su corazón a millón con solo verlo allí frente a ella, estirando una mano para ayudarla a ponerse de pie. Mirándolo a los ojos y todavía sintiendo las mejillas calientes y sonrojadas, estiró su mano y tomó la de él.

—Gracias, Ryoma-kun —Susurró y obligándose a relajarse, sonrió con suavidad.

Para su sorpresa, Ryoma ladeó un poco la cabeza y elevó las comisuras esbozando una pequeña y apenas notable sonrisa.

—¿Quieres que te acompañe a casa?

—¿eh? —Aturdida, Sakuno rápidamente agitó una mano para negar —. No es necesario, además, aun tengo… el uniforme —Susurró mirando su ropa de tenis, ahora de un lado manchada por el concreto.

—Está bien, puedo esperar —Ryoma miró por sobre su hombro y arqueó ambas cejas —. Momo se fue. No entiendo, dijo que viniera a darte un consejo pero se fue sin decir nada.

—…¿Eh? —Parpadeando, Sakuno pasó a buscar con la mirada la alta figura de Momoshiro y sus cabellos negros, pero definitivamente no había señal de él por ningún lugar.

—En fin, iré a la máquina expendedora —Señalando los refrescos a un lado de la cancha, Ryoma comenzó a moverse —. Intenta no tardar tanto.

Sakuno no podía creerlo. ¿De verdad se iría a casa con Ryoma? ¿Cuándo fue la última vez que algo así había pasado? Sin poderlo evitar, una enorme y feliz sonrisa poseyó su rostro.

—¡Sí! —Y olvidando la vergüenza de su desastrosa caída o el ligero ardor de su codo, se echó a correr a los vestidores con la mayor velocidad que pudo.

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—Senpai… ¿Qué son… estos?

Repentinamente, mientras el sol se ocultaba en el horizonte de una cancha de tenis publica, Natsuki Terashima se vio con muñecas y tobillos envueltas en unas telas de color rojo… pesadas… muy pesadas.

—Son pesas —Contestó Tsukiko con obviedad mientras terminaba de atarle los tobillos —. Cada uno pesa diez kilogramos, de ahora en adelante las usaras todas las tardes durante nuestro entrenamiento especial.

—¡¿Diez kilos?! ¡Es casi lo mismo que cargar a otra yo! ¡Es imposible! —Horrorizada y con un repentino dolor de cabeza, Natsuki enarcó las cejas con enormes lágrimas posesionándose de sus ojos. Y desde abajo, Tsukiko la fulminó con la mirada.

—No hemos empezado y ¿ya te estás quejando?

Sí, no se sentía bien hacer enojar a Tsukiko, por eso con lágrimas en los ojos y intentando superar la fatiga que el solo caminar le provocaba, Natsuki hizo de tripas el corazón y dejó que el entrenamiento —tortura—, comenzara. Solo con lograr terminar alrededor de cien vueltas a la cancha de tenis, sintió que iba a morir por falta de aire.

"no sabía que senpai… era una sádica".

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—¿Entonces, Natsuki-kun tampoco puedes salir con nosotras esta tarde?

Haber hecho buenas migas con Natsuki Terashima, tal vez haya sido una gran idea. Era un buen muchacho, que por desgracia al terminar la primera semana de clases, todos y cada uno —exceptuando quizás a los titulares — de los hombres del aula, lo odiaban. La razón era muy simple: demasiado amable, demasiado dulce… demasiado principesco.

Mientras que se había ganado el inmerecido odio de todo el género masculino, el género femenino lo acosaba. Sakuno no podía de la pena… parecía ser demasiado estar en medio de una disputa en donde no sabías que lado era peor. Lo había visto ser víctima de bullying a la vez que su escritorio se llenaba de cartas de amor anónimas, y repentinamente un club de fans había salido a la luz hacia un par de días.

"Debe ser cansado…". Pensó con pesar mientras lo veía acurrucarse en la mesa de su pupitre durante las horas libres mientras las demás personas se quedaban en grupo. Entonces, a la final, con Tomoka —a la cual no costó tanto convencer—, formaron un pequeño grupo. Sakuno sabía lo que se sentía ser intimidada, claro que no comprendía que tal era ganarse tanta admiración por no hacer prácticamente nada, pero de primera mano había experimentado que era tener matones tras tu cuello.

Por eso simplemente no pudo dejarlo solo, y oficialmente, terminaron como amigos.

Y eso nos llevaba al momento de la salida, mientras los tres recogían sus cosas.

—Tengo entrenamiento especial —Natsuki se veía cansado, como quien se encuentra fatigado luego de largas horas de ejercicio continuo. Ese día no había actividades de ningún club, así que esperanzada, Tomoka había propuesto ir los tres a un café nuevo que habían abierto al pie de la estación. Pero Natsuki siempre estaba muy ocupado al salir del instituto luego de las actividades extracurriculares, y al parecer los días libres también.

Con curiosidad, Sakuno lo miró a los ojos.

—¿Entrenamiento especial?

—Sí. Mi meta es convertirme en titular para el próximo clasificatorio, así que estoy recibiendo un entrenamiento especial —Él sonrió con suavidad y ladeó la cabeza mientras levantaba el pequeño maletín del asiento —. ¿Quieren venir? Realmente no me molesta.

Por supuesto, Tomoka quien no iba a dejar pasar una oportunidad de tamaña magnitud, enseguida dijo que sí. Y Sakuno se sintió intrigada. Aun faltaban tres semanas para los clasificatorios femeninos y masculinos, y la sola idea de un supuesto entrenamiento especial la llenaba de interés.

En las canchas de tenis publicas que se encontraban de camino al centro de la ciudad, los recibió una muchacha de cabellos negros y ojos verdes. Sakuno la reconoció como aquella que había estado con Natsuki durante las horas del almuerzo y en la mañana del primer día de clases… Pero igual que la primera vez que la vio, le daba la extraña sensación de que la conocía de otro lugar.

Tomoka, enseguida frunció el ceño. —¿Y ella es?

—Ah, cierto —Natsuki sonrió ampliamente y se situó junto a la pelinegra —. Ella es Tsukiko Inoue-senpai, es mi entrenadora. Lo siento, senpai, hoy traje a mis amigas.

Tsukiko… Inoue…

—¿mm? —Mirándolas con curiosidad, la chica solo se cruzó de brazos —. Está bien, realmente no me molesta. Pueden decirme Tsukiko.

—Mi nombre es Tomoka Osakada y ella es Sakuno Ryuzaki, somos compañeras de Natsuki-kun —Se presentó Tomoka con la mirada fija en la muchacha pelinegra, marcando con obviedad, su territorio si se podía decir así.

—¡Ah! —Enseguida, Sakuno palmeó las manos con fuerza y sorpresa —. ¡Tsukiko Inoue! ¡Eres aquella chica que ganó durante un torneo en Francia sub diez! ¡La primera japonesa en ganar!

Por supuesto le había parecido conocida, muchos videos de los partidos de Tsukiko Inoue durante ese torneo, circulaban por internet. Había sido considerada una prodigio, y cuando Sakuno era una niña, recordaba a su abuela mirando con interés los juegos del torneo.

Tsukiko se giró un poco para encararla. — Sí, algo así —Admitió con una suave sonrisa —. Aunque ya no participo en ese tipo de cosas.

Tsukiko Inoue estaba entrenando a Terashima para convertirse en un titular de Seigaku, eso quería decir qué… si era ella… si tal vez entrenaba con ella, ¡Sakuno podría convertirse en titular también!

Sin poder siquiera contenerse, se inclinó ante ella. —¡Por favor! ¡Quiero entrenar con ustedes también!.

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NA: Este es el final del capítulo de esta semana. Sí, hubo muchos cambios de escenas y en el próximo capítulo seguramente los habrá también. Sólo me queda declarar: Sakuno no sabe lo que está pidiendo, enserio no lo sabe.

Agradecimientos a los R&R que recibí en el capítulo anterior: Sibreka y Carmen15.

Quisiera recordar que si tienen alguna duda o quieren corregir algún error encontrado en el capítulo, pueden hacerlo mediante un R&R.

Saludos,

Ann Parthenopaeus.