Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephanie Meyer, yo solo los ocupo para jugar un poco con ellos en mi mente loca, esperando que les guste.

Capítulo 24. «Despedidas».

Dos semanas habían pasado ya desde que Edward había vuelto a entrar en su vida y ponerla de cabeza una vez más.

Le sorprendía el poder que Edward tenía sobre ella a pesar de que no lo había vuelto a ver desde ese encuentro, tenía miedo y estaba llena de inseguridades.

Bella atesoraba cada uno de los detalles que había tenido con ella. Todos los días le enviaba un ramo de flores todas diferentes después de las rosas le vinieron, los claveles, tulipanes, lilys, alcatraces, fressias, margaritas, lirios y otras más que no sabía cómo se llamaban siempre pidiéndole disculpas por no saber cuál era su favorita, pero ante tantas opciones ya tampoco sabía cuál era su favorita.

Además del ramo de flores le enviaba más detallitos, el primero que recibió fue una caja de chocolates con una nota que decía que sus ojos eran como ese chocolate dulce y cremoso, atractivos a la vista.

Después de eso comenzó a enviarle postales de diferentes lugares como Venecia, París, las islas Griegas, el mar del Caribe, una atrayente playa en Brasil, otra en las cálidas costas de Cancún en México, otra de las Vegas, de Florida y una de las que más le gusto era de Kioto.

Con cada postal que le enviaba le describía el lugar y las actividades que se podían hacer prometiéndole que las visitarían juntos si le daba una oportunidad de enmendar su error.

Bella estaba hecha un lio, era una constante lucha de su corazón contra su mente porque su corazón le gritaba que aunque lo negara ella seguía amando a Edward incluso más que antes, pero su mente se negaba a aceptar ese hecho y se aferraba a la idea de que tarde o temprano la lastimaría de nuevo y la volvería a dejar, que ella solo volvería a ser su amante, un cuerpo más con el cual satisfacer sus más bajas pasiones.

Siempre se quedaba con las ganas de enviarle una nota de agradecimiento y reunirse con él para tener la oportunidad de aclarar las cosas tal y como el mismo se lo había pedido, pero nunca había tenido el valor para hacerlo no estaba del todo segura.

Lo que no sabía era que Edward esperaba todas las tardes en el pequeño parque que encontró cerca del departamento de Bella, ansiando la presencia de una persona que nunca llegaba... ella.

Parecía que no tuviese el coraje de luchar de frente por ella, pero lo que no quería era invadir de nuevo su espacio y que saliera huyendo despavorida de su lado.

Quería que Bella estuviera segura de lo que sentía y que cuando llegara a su encuentro nunca más se separarán.

Llevaba dos semanas en esa situación, sabía que no sería fácil pero de a poco sus esperanzas disminuían día a día.

Ya no sabía que más hacer se dividía entre volver a enfrentarla o darse por vencido y regresar a América y tratar de juntar los pedazos rotos de su corazón.

Ante ese último pensamiento el corazón le dolía como si una mano invisible lo estrujara hasta dejarlo completamente desecho.

Su corazón ya había tomado la decisión e iría a buscarla y que fuera lo que fuera… que fuera lo que Dios permitiera.

ϰὤϰ

- Marie, bella ragaza, ¿qué es lo que tanto te atormenta? -Le repitió por décima vez Gioele mientras trataban de revisar la nueva campaña publicitaria. Para el no pasaba desapercibido el que desde que había reaparecido Edward en la vida de "Marie" ella andaba en la estratosfera.

- Perdón Gioele ando en la luna, ¿Qué era lo que me decías? -Preguntó Bella sacudiendo imperceptiblemente la cabeza tratando de despejar su mente y concentrarse en el trabajo.

Para desgracia de Bella el trabajo ya no era un gran distractor, un par de esmeraldas abarcaban su mente y tantos sitios paradisiacos que le había enseñado a través de las postales no hacían más que colaborar en que su mente volara. Comenzaba a crear imágenes en su cabeza donde paseaba descalza por alguna de esas playas contemplando el atardecer mientras escuchaba el romper suave de las olas al mojar sus pies mientras sentía ese calor y protección que solo el cuerpo de Edward podría brindarle.

- Y con cuanta facilidad regresas a ella. -Dijo Gioele.

- Lo siento pero es que en estos momentos no tengo cabeza para nada. -Dijo Bella tratando por millonésima vez en el día concentrarse en su trabajo.

- ¡Já! No sé nota –Le dijo Gioele sarcástico-, Creo que la frase adecuada es que solo tienes cabeza para una persona. –Le confrontó Gioele haciendo que de momento toda la atención de la castaña se fijara en el hombre que tenía delante de ella.

- De que estas hablando. -Dijo Bella tratando de hacerse la inocente.

- ¿Tú crees que yo no sabía que Edward esta en Italia? -Preguntó Gioele.

- ¿Y eso qué? Él no tiene nada que ver con mi despiste. Estoy un poco distraída, no tiene que ver con Edward ni con nadie, simplemente no me puedo concentrar y ya. -Dijo Bella tratando de restarle importancia al asunto.

- Bueno, si tu elevamiento no tiene nada que ver con él, entonces yo soy la reina de Inglaterra. -Dijo con sarcasmo Gioele, poniendo al tiempo un tono amanerado para ver si por lo menos Bella sonreía pero no lo logró-. Sé que te ha buscado y déjame decirte esto... sí que puso empreño en buscarte.

- ¿Por qué dices eso? -Pregunto Bella con interés.

- Porque crearte la identidad que ahora tienes nos costó lo suyo, logrando que no fuera nada fácil de rastrear; yo utilice todo mis medios aquí en Italia y Alice con Rose en América. Tuvo que poner mucho empeño en buscarte dado que logró dar contigo.

A Bella esas últimas palabras estaban provocándole dolor de cabeza. Se negaba a entender que Edward hubiese movido cielo y tierra para poder encontrarla y más que él debía de saber de su nueva identidad, porque cuando la saludo no la llamo Bella si no Marie.

- ¿Qué es lo que te ha dicho? -Pregunto Gioele.

- ¿Y quién te dijo que me ha dicho algo? -Gioele la miro entornando los ojos, a lo que ella suspiro y decidió contarle-. Yo... bueno, él dice que busca mi perdón y una vida a mi lado, que quiere mi amor… que me quiere. -Dijo Bella como en un trance repitiendo las frases de Edward.

- ¿Y qué es lo que la has contestado? -Pregunto Gioele con gran interés.

- Nada. -Fue toda la respuesta que salió de los labios de Bella, mientras se encogía de hombros.

- ¡¿Nada?! Como que no le contestaste nada; ¡Dio! ¿Es que acaso sólo lo dejaste decir su monólogo y en serio no dijiste nada? -Dijo Gioele con asombro. Bella negó con la cabeza haciendo que Gioele quedara casi que con la boca abierta-. ¿Nada de nada?

- Noup, nada de nada. Y bueno, pues no lo he vuelto a ver desde que se presentó a mi departamento hace como dos semanas atrás, así que tampoco es como que haya tenido chance de decirle algo. -Dijo Bella.

- ¿No te ha vuelto a buscar para nada? -Pregunto aún más curioso.

- ¡Noup! -Dijo Bella al mismo tiempo que negaba con la cabeza.

Gioele no se lo podía creeré. No comprendía como después de haberla buscado no hubiese insistido. No entendía nada.

Ante la curiosidad de Gioele Bella le contó todo, desde lo que hablaron en ese reencuentro y los detalles que Edward tenía con ella citándola todos los días en aquel parquecito cerca de su casa.

- ¿Lo has dejado plantado todos estos días? Eso sí que es digno de ver. -Dijo Gioele a nada de soltar la carcajada.

- Yo... me supongo que sí, nunca lo había visto de esa forma. -Dijo Bella sintiendo un poco de culpabilidad.

- Pero bueno piccola eso es lo de menos, a mí lo que me gustaría saber cómo te sientes tú con respecto a todo lo que ha pasado, o mejor dicho, que es lo que sientes. -Dijo Gioele ya hablando con seriedad.

- Ese es el problema Gioele, que no lo sé. No sé lo que siento. Sólo sé que tengo miedo. -Confeso Bella.

- ¿De qué tienes miedo piccola?

- Tengo miedo de muchas cosas la verdad, como por ejemplo que esto no sea más que un sueño, del que en algún momento tenga que despertar. Que un día Edward se dé cuenta de que no soy lo que él creía, sino que en realidad soy muy normal y que ya no haya nada de mí que lo retenga a mi lado, que me diga que sólo voy a ser su amante una vez más, que solo vea en mi un cuerpo con el cual poder satisfacer sus bajas pasiones, que tenga que estar en las sombras porque él tenga que estar con su familia y esposa… -Enumeraba Bella todos sus miedos cuando fue interrumpida por Gioele.

- ¿Cuál esposa Marie? ¿No lo sabias…? ¡Oh por Dios! ¿No te lo dijo? Marie, Edward se divorció de Kate hace casi un mes, de hecho se corre el rumor de que ese matrimonio fue sólo de conveniencia, ya que Edward se quedó con un buen porcentaje de las acciones de la constructora de la familia Wick. –Dijo Gioele quien se enteró debido a las revistas de arquitectura que recibía constantemente.

- No, no sabía que se había divorciado. –Dijo Bella sorprendida-. El… el… el no me dijo nada al respecto.

- Bueno eso tal vez solo indique que quiere hacer bien las cosas ¿no lo crees? –Dijo Gioele.

- No lo sé, Gioele, dime… ¿Por qué me busca ahora, ah? ¿Cuánto tiempo va a pasar para que se vuelva a aburrir de mí? Dime… ¿Qué voy a hacer con lo que yo siento en ese momento? Si lo sabes por favor dímelo, porque sin temor a equivocarme, yo te puedo decir algo y es que de él dejarme de nuevo moriría en vida ya que yo no podría volver a levantarme de otro golpe así, de eso estoy más que segura. –Dijo Bella con un poco de desesperación en la voz.

- Dime cara, ¿qué es lo que sientes por él? ¿Qué es lo que tú sientes por Edward Cullen? –La presiono Gioele en busca de una respuesta, ya que él sabía que ella aun sentía algo por Edward, que ella nunca lo había olvidado y que más que él quien necesitaba oír la respuesta a esa pregunta era ella… ella sólo necesitaba un empujoncito para tomar una decisión.

- No creo que te pueda engañar, ¿verdad? –Dijo Bella viendo directamente a Gioele a los ojos. El sosteniéndole la mirada se limitó a sólo asentir con la cabeza-. Lo sigo amando, tal vez más que antes.

- ¿Entonces cuál es el problema, cara? –Insistió Gioele.

- Ya te dije cual es… ya te dije que son mis miedos. –Dijo Bella-. Te los he confesado.

- Bella… –Dijo Gioele dejando sorprendida a Bella que hacía mucho tiempo que no escuchaba que la llamaran por ese nombre a menos de que fueran sus padres con los que trataba de hablar diariamente-. ¿Nunca nadie te dijo que nunca te veías a ti misma como en realidad eres?

- ¿Qué quieres decir con eso? –Preguntó Bella que no entendía a qué se refería.

- A que siempre dices que no eres el tipo de mujer en la que un hombre se podría fijar; que no entiendes porque le gustas a Edward, porque a él le gusta tu cuerpo… Te menosprecias constantemente, cara, y eso no debe ser así. Tú eres una gran mujer y la prueba está en que Edward Cullen movió cielo y tierra para dar contigo y tratar de recuperarte.

- No es cualquier hombre, es alguien de una clase social a la que yo no pertenezco, la tuya misma. –Refuto Bella-. Además de no haber nacido en una cuna de oro, digas lo que digas yo sé que no poseo un gran atractivo físico, que no cubro los estereotipos deseables… no soy rubia, ni tengo unas curvas impresionantes; mis ojos no son azules o verdes y mis labios no son voluptuosos…

- ¡Dios! ¡¿Te estas oyendo?! –Dijo Gioele escandalizado por las cosas que decía Bella-. Es justo lo que te acabo de decir. No te ves a ti misma con claridad. Te lo repito: te menosprecias, no te das el valor que tienes. Bella, no a todos los hombres les gustan las mujeres rubias con cuerpos impresionantes, así como no todas las rubias son superficiales y huecas por dentro.

- En eso tienes toda la razón porque Rose es hermosa, pero, además de eso es una mujer sumamente inteligente. –Dijo Bella.

- Ya lo vez otro punto más a mi favor. Ahora, por otro lado, ¿tú crees qué no le puedes llegar a atraer a alguien como Edward o como yo? –Dijo Gioele sabiendo que se aproximaba una despedida segura.

- Si estoy segura. –Dijo Bella sin detenerse a pensar realmente.

- Pues estas muy equivocada Bella, tú no sabes el tipo de atracción que generas en mí. Hasta antes de conocerte yo era un ser encerrado en su trabajo que sólo para eso vivía que no sabía apreciar las pequeñas cosas de la vida, nunca me había detenido a pensar en un futuro, en formar una familia, pero cuando llegaste tú todo comenzó a tener forma y créeme Bella que eres más atrayente de lo que en verdad crees que eres, no es de extrañar que Edward se haya dado cuenta de lo que tenía a tu lado, y que lo dejo perder por ignorancia posiblemente...

- ¿Porque estas tan seguro de que Edward se arrepintió? –Preguntó Bella desafiante interrumpiendo a Gioele.

- Porque aunque no lo creas los tipos como yo o como Edward somos muy parecidos y hasta cierto punto predecibles, somos seres que nos dejamos consumir por el trabajo y que no vemos más allá de lo que el trabajo nos deja ver, hasta que un día un ser entra a nuestras vidas y con su sola presencia tira todos esos muros que inconscientemente forjamos a nuestro alrededor.

- No entiendo. –Dijo Bella.

- Nos cuesta mucho trabajo adaptarnos a un cambio y dejar que alguien más entre en nuestras vidas y que nos puedan cambiar a algo más humano. –Dijo Gioele acercándose más a Bella y tomando sus manos.

Bella no sabía que hacer más que esperar a que Gioele continuara con lo que estaba por contarle.

- Yo hubiera podido enamorarme locamente de ti habría sido fácil, eres inteligente, hermosa, valiente, hubieras sido la mejor amante que habría podido tener, pero a cambio habría perdido a una gran socia y amiga a la he aprendido a querer de una manera muy especial. –Dijo Gioele mirando fijamente a Bella, perdiéndose en ese par de orbes color chocolate.

- Eres un gran hombre Gioele y yo también te quiero, te quiero de una manera muy especial. –Dijo Bella apretando suavemente las manos de Gioele que la tenían prisionera.

- Eres la persona que más he admirado en mi vida. –Dijo Gioele. Aún con las manos entrelazadas con las de ella, le acarició suavemente una de las mejillas.

- Y tú eres, después de mi padre, el hombre al que más le debo en la vida. – Dijo Bella aferrándose a su pecho en un abrazo de agradecimiento.

- De verdad Bella yo podría caer rendido a tus pies y besar el suelo por el que caminas con tal de que me dedicaras una de esas hermosas sonrisas que son capaces de iluminar hasta el día más oscuro de mi vida, más sin en embargo yo siempre supe que nunca podría ser merecedor de un amor como el tuyo que solo me tenía que conformar con tu amistad y apoyarte cuando me necesitaras. –Dijo Gioele.

- ¿Porque no eres merecedor de mi amor? Si eres el mejor hombre que he conocido en toda mi vida y que no es de mi familia. –Dijo Bella sin pensar en lo que realmente estaba diciendo, se hallaba en medio de un trance tratando de entender el tipo de declaración que le estaba haciendo Gioele.

- No es que no me crea merecedor de tu amor porque daría mi vida entera por ganármelo. De pronto no me exprese bien. No es que no merezca tu amor, es solo que así me esforzara por tenerlo, me estaría engañando a mí mismo ya que eso es una lucha perdida incluso antes de comenzar dado que ya hay alguien que habita en tu corazón y ahí no hay cabida para alguien más. –Dijo Gioele dándole un pequeño apretón a las manos de Bella.

- No entiendo porque me estás diciendo esto ahora. –Dijo Bella confundida.

- Porque quiero que te des cuenta de lo deseable que eres, que veas que tus miedos son infundados y si no hablas con Edward y te das cuenta de lo que realmente está pasando tal vez estés perdiendo una oportunidad de amar y de ser amada. –Dijo Gioele acercándose aún más a Bella.

- ¿Me estas pidiendo que vuelva con Edward cuando tú mismo me dijiste y me insististe muchas veces en que tratara de olvidarlo y que superara todo lo que había pasado, cuando tú fuiste quien limpio mis lágrimas y quien me ayudo a recoger los pedazos rotos de mi corazón? –Dijo Bella aún más confundida.

- Lo que yo te estoy pidiendo es que escuches a tu corazón y que seas feliz, no te estoy asegurando que tu felicidad sea Edward pero creo que todos merecemos una segunda oportunidad y creo que necesitas hablar con él, y a partir de lo que hablen tomar una decisión. Si no lo haces no podrás salir de ese trance en el que te encuentras, caminaras en círculos y siempre volverás al mismo punto. –Dijo Gioele casi en un susurro.

- ¿Escuchar a mi corazón?, ¿Y si se vuelve a equivocar? –Preguntó Bella con miedo.

- Si no te arriesgas nunca vas a saber qué es lo que hubiera pasado, yo sólo te digo que tomes una decisión y espero que me perdones por lo que voy a hacer pero siento que en estos momentos es lo correcto. –Dijo Gioele inclinándose sobre el cuerpo de Bella.

A Bella le costó reaccionar ante lo que le estaba pasando, era consciente de las acciones de Gioele pero extrañamente también lo esperaba y no quería detenerlo.

Un suave suspiro abandonó los labios de Bella ante el suave roce de los labios de Gioele los cuales eran suaves y cálidos, ninguno de los dos hizo el esfuerzo de profundizar ni de terminar.

Solo disfrutaron en silencio de ese beso mientras se abrazaban y en el fondo sabían porque habían accedido a ese pedido silencioso… era su despedida.

Gioele sabía que nunca podría tener el amor de Bella porque aunque no le gustara le pertenecía a Edward y nunca se hizo ilusiones ni trato de luchar una batalla la cual había perdido mucho antes de empezarla. Además, no cometió el mismo error que había cometido Edward, no involucró las relaciones personales con las laborales, sabía que Bella solo podría ser una compañera de trabajo y una buena amiga cuando dejaban de lado su papel profesional. Sólo eran dos personas que disfrutaban de las cosas comunes en sus vidas, en un hermoso país como Italia.

Bella por su parte entendía que era la única manera que tenia de agradecerle todo lo que había hecho por ella y aun así no le parecía un pago justo.

Sabía que aunque su cuerpo le gritara por el contacto de otros labios y otra piel primero tenía que arreglar las cosas y no dejarse llevar por un impulso. Lo primero que tenía que hacer era pensar y decidir si estaba dispuesta a volver a entregarle su amor.

Ahora sabía que tenía que enfrentar sus miedos y a Edward pero por desgracia tendría que hacerlo al día siguiente ya que lo único que tenía para localizarlo era una hora y un lugar pero ya era muy tarde para que aun lo encontrara ahí.

- Ya sabes que es lo que tienes que hacer, ¿verdad? –Dijo Gioele quien ahora veía la determinación de Bella en su mirada.

- Creo que si aunque no sé cómo localizarlo hoy, pero eso está bien porque así tengo tiempo de asimilar mejor las cosas. –Dijo Bella.

- Muy bien, entonces supongo que será mejor que vayas a casa. –Dijo Gioele poniéndose de pie.

- ¡Pero si aún es temprano! –Rebatió Bella.

- Un poco sí, pero que mejor que pensar y relajarte mientras tomas un delicioso baño de tina.

- Suena muy tentadora la oferta… –Dijo Bella imaginándose por un momento dentro de una tina llena de agua caliente, espuma y sales aromáticas.

- Entonces no se diga más, te llevo a casa ya que aún hay tiempo para revisar la campaña. –Dijo Gioele.

- Gracias Gioele no sabes cómo te agradezco todo lo que has hecho y sigues haciendo por mí. –Dijo Bella dejando un inocente beso en la mejilla de Gioele.

- Para cuando gustes mia dolce ragaza. –Dijo Gioele haciendo una especie de reverencia.

Salieron encaminados al estacionamiento donde se encontraba el auto de Gioele y subieron a este en un silencio para nada incomodo el cual duro todo el viaje hasta que Gioele estaciono en la entrada del edificio en el que ella vivía.

- Hemos llegado. –Dijo Gioele apagando momentáneamente el motor del auto para después bajarse e ir a abrir la puerta del copiloto y ayudar a Bella a bajar.

- Gustas entrar a hacerme compañía por un momento. –Dijo Bella una vez en las puertas del edificio.

- Esta vez no podrá ser, tú tienes cosas que hacer y no quiero intervenir ni para bien ni para mal así que será mejor que yo me retire, pero si necesitas algo, ya sabes dónde encontrarme. –Dijo Gioele acercándose a Bella para dejar un beso en su coronilla.

- Muchas gracias por todo Gioele, no sé qué haría sin ti. –Dijo Bella abrazando a su amigo. Era consciente de que si todo salía bien tal vez no sé quedaría en Italia por mucho tiempo.

Sin más que decir Bella entro al edificio solo concentrándose en lo que le esperaba en su departamento mientras trataba de hacer memoria para recordar donde había dejado todo el kit de sales que le habían regalado Alice y Rose poco antes de la apertura de la boutique.

Cuando entró en el apartamento, fue directamente al baño y comenzó a llenar la tina con agua caliente mientras rebuscaba en los cajones y alistaba todo lo que necesitaba para no tener que interrumpir por ningún motivo su sesión personal de meditación.

Pasados unos diez minutos tenía todo listo para zambullirse en la tina, cuando un golpeteo en la puerta la detuvo de terminar de despojarse de la ropa. Al tiempo que se aceleraba buscando una bata con que cubrir su parcial desnudez, su corazón comenzó a martillar alocadamente dentro de su pecho.

Llegó a la puerta prácticamente corriendo, esperando encontrarse con un par de hermosas esmeraldas ya que Gioele tenía llave del departamento y si le había dicho que la iba a dejar sola para que ella pensara, lo iba a cumplir hasta que ella le llamara.

Grande fue su decepción cuando al abrir la puerta no se encontró con su sueño hecho realidad, sino con el amable portero del edificio, que estaba parado frente al umbral de su puerta.

- Buon pomeriggio. –Saludo Bella sin saber qué es lo que traía entre manos de manera literal.

- Buon pomeriggio signorina Marie. –Respondió el hombre-. Perdone usted, sé que es inusual que le moleste a estas horas, pero tiene un paquete del señor de todas las mañanas, quien de hecho la estaba esperando.

- Que raro… ¿Puedo verlo? –Dijo Bella con curiosidad. En las dos semanas que Edward le había estado mandando paquetes nunca había recibido dos el mismo día; era imposible olvidar que ya había recibido uno esa mañana, sobre todo teniendo en cuenta la hermosa postal de las ruinas de Machu Pichu que aún descansaba en la mesita de la sala a manera de recordatorio.

- Pues claro que si signorina, el paquete es de usted; ahora bien, si me permite el atrevimiento, le diré que se me hizo extraño que se el caballero se fuera así de repente cuando llevaba algo más de hora y media esperando a que llegara, a pesar de que le hubiese dicho que se usted tardaría en regresar, se fue minutos después de que usted pasara de largo, sin darse cuenta de que él estaba allí esperándola. –Dijo el portero dejando confundida a Bella.

Porque se había ido Edward si ya la había visto, se habría arrepentido después de todo o le habría surgido un improvisto que lo hubiera obligado a irse a pesar de que estaba a pocos metros de ella.

Sabía que no encontraría la respuesta quedándose ahí de pie sin hacer nada, en cambio tal vez su obsequio podría darle una respuesta a sus interrogantes.

El hombre aun dudoso le entrego una pequeña caja adornada de un delicado moño rojo, sin más se despidió y se fue a su lugar de trabajo dejando a Bella parada aun en la puerta sin saber que significaba esa pequeña cajita, no sabía que era pero le daba miedo abrirla y descubrir su contenido así como la pequeña nota que la acompañaba.

ϰὤϰ

Hola, espero que aun haya alguien por acá.

Lo prometido es deuda mi amada Beta dio señales de vida y me ha enviado el capitulo corregido y tal y como lo prometí aquí esta.

Les recuerdo que estamos en la recta final y les tengo unas sorpresitas que espero y sena de su agrado.

Espero que hayan disfrutado del capitulo tanto como yo lo hago escribiéndolo.

Hasta la próxima, espero no tardar tanto la próxima vez, pero tampoco les puedo prometer una fecha en concreto.

Mil gracias por todo, su tiempo, paciencia, rr, alertas y favoritos.

Besos Ana Lau