Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephanie Meyer, yo solo los ocupo para jugar un poco con ellos en mi mente loca, esperando que les guste.
Antes que nada me gustaría pedirles una enorme disculpa por el abandono tan cruel de mi parte pero fueron cuestiones que salieron de mis manos, si ya me perdonaron espero que disfruten del capítulo y espero no decepcionarlas.
Mariana, me gustaríaaclarar un punto... Bella nunca estuvo embaraza Sophie es hija de sus vecinos y ella solo la cuidaba y en cuanto a lo que Edward vio eso esta en este capitulo.
Ahora si los leemos abajo y a disfrutar.
Cap. 25 (Carrera contra el tiempo)
Edward era un hombre que siempre emanaba seguridad de sí mismo además del aura de poder que siempre le rodeaba.
Era un hombre decidido que no le tenía miedo a nada, que era el amo y señor de los negocios; quien siempre se había impuesto y había logrado todo lo que se había propuesto, así le hubiesen dicho que eran cosas imposibles de hacer; siempre se había arriesgado a jugársela por lo que quería; siempre había sabido cómo actuar y salir victorioso en las metas que él mismo se autoimponía.
Pero ahora de ese Edward quedaba muy poco, estaba lleno de inseguridades o mejor dicho, tenía una sola inseguridad, inseguridad que al mismo tiempo era lo único que en esos momentos le motivaba a seguir adelante y pelear por conseguir lo que quería.
Y lo único que Edward quería era el amor de Bella y su perdón.
Tratando de ser el mismo Edward imponente y seguro tomo dirección a ese edificio que tan bien ya conocía. De camino se topó con una pequeña joyería y un objeto en particular logro llamar la atención.
- Buon pomeriggio, benvenuto. –Dijo una joven morena de no más de veinticinco años que en cuanto vio entrar a Edward, comenzó a tener pensamientos demasiado lascivos como para contarlos, pensamientos que se transparentaban en su rostro provocando una mueca de desagrado en el rostro de Edward.
- Buon pomeriggio signorina. –Contesto Edward en un perfecto italiano pero sin dejar ninguna duda de que no era su idioma natal.
- Oh, es extranjero ¿En qué puedo ayudarle? –Se ofreció la joven.
- Quiero que me muestre el dije que está en el escaparate que da hacia la calle. –Dijo Edward señalando la ventana.
- Veo que tiene un muy buen gusto, señor. Deje que vaya por las piezas que están exhibidas, así podrá señalarme cual fue la que llamó su atención. –Dijo la chica saliendo del mostrador e inclinándose sugestivamente al tomar la charolita en la que descansaban algunas de las piezas más caras de toda la tienda, las cuales en su mayoría eran piezas únicas.
Mientras Edward esperaba a que la joven se acercara con las piezas de joyería otras piezas también llamaron su atención… los anillos de compromiso.
Edward nunca se había detenido a pensar en adquirir una pieza como esa, pero si tenía una nueva oportunidad con Bella no dudaría ni tantito en buscar el mejor anillo del mundo.
- Aquí están. ¿Cuál es la fue la que llamó tu atención? -Preguntó la chica inclinándose un poco con la finalidad de exhibirle su escote.
- Este es el que quiero. -Dijo Edward señalando un pequeño dije de diamante en forma de corazón, engarzado en oro blanco, cortado de tal manera que la multitud de pequeñas caras reflejaban destellos de luz multicolor.
- Veo que tienes buen gusto. -Dijo la joven inclinándose más en la barra mientras acariciaba el dorso de la mano de Edward.
- Muchas gracias, espero que a mi prometida le guste su regalo de bodas. -Dijo Edward exasperado ante el descarado coqueteo de la chica.
- Seguro que le gustara. ¿Lo quieres en una caja de regalo? -Preguntó la morena con profesionalismo dejando de lado el coqueteo al darse cuenta de que era un imposible.
- Si muchas gracias. -Fue lo único que contesto.
Una vez con su obsequio en mano Edward prosiguió su camino hacia el departamento de Bella decidido a esperarla el tiempo que fuera necesario.
Cuando llego tal y como supuso Bella no se encontraba y decidió que la esperaría sentado en un pequeño sofá que había en la recepción del edificio, claro no sin antes tener que convencer al guardia de seguridad.
Ya llevaba un buen tiempo esperando cuando vio un BMW negro aparcar frente el edificio, el cual, sin saber porque, llamó su atención. Se puso de pie para observar mejor y de paso estirar un poco las piernas que comenzaban a entumecérsele después de tanto tiempo sentado, esperando, pero quedó estupefacto a ver a quien pertenecía el auto y quien era su acompañante.
Sus manos automáticamente se cerraron en puños al ver bajar del vehículo a Gioele Di Martino para abrirle la puerta a Bella y como un balde agua fría entendió que Bella ya no le necesitaba en su vida… ella ya tenía quien la protegiera y le diera todo el amor que él no le supo demostrar.
Sabía que lo suyo era masoquismo puro, pero no hizo el más mínimo intento de movimiento para dejar de ver la escena que se llevaba a cabo frente a sus ojos.
Observo como se despedían de manera afectuosa con un abrazo y Gioele depositando un beso en la coronilla de Bella.
Al final de cuentas los rumores de los que le había hablado Dimitri si eran ciertos y ahora no tenía nada que hacer en Italia; regresaría a América y encontraría refugio en el trabajo para poco a poco tratar de salir adelante.
Como un recordatorio el obsequio que llevaba comenzó a pesar en la bolsa del pantalón y supo que su corazón siempre sería de esa hermosa y dulce castaña que se lo había robado y se negaba a devolvérselo por lo que ya no perdería nada al entregarle esa representación simbólica.
Bella entro apresurada a su departamento sin percatarse de la presencia de Edward que así como se entristeció, al mismo tiempo se alegro porque no tenía el valor de entregarle ese último obsequio personalmente sin tener que humillarse ante ella, rogándole por un poco de amor.
Le pidió bolígrafo y una hoja al guarda y comenzó a escribir.
Mi amaba Bella
Que más me gustaría que fueras mía, pero el destino no lo quiso así.
Sé que posiblemente estés harta de los obsequios que te he hecho llegar, pero eso cambiara porque este es el último obsequio de mi parte. Este representa mi corazón, al cual dejo bajo tu custodia, ya que no deseo que me lo devuelvas.
Como ya mencione antes esto será lo último que sepas de mí, me iré y será como si nunca hubiera existido, podrás seguir con tu vida y no tendrás que esconderte más detrás de Marie, podrás ser quien tú quieras ser sin preocuparte por mi presencia.
Yo sé que es una causa perdida tratar de obtener tu perdón y tu amor porque sé que ya es de alguien más.
Te deseo que seas feliz siempre, hagas lo que hagas.
Siempre tuyo Edward.
Escribir esa carta le costó lo indecible y más aún aguantar las lágrimas traicioneras que querían salir de sus ojos.
Cuando estuvo más compuesto y seguro de que su voz saldría más o menos normal le entrego la nota y la cajita al guarda pidiéndole que se la entregara a Bella y salió rumbo a su hotel para recoger sus escasas pertenencias y de paso aparatar un billete de avión.
ϰὤϰ
Bella no daba crédito a lo que sus ojos leían, no podía creer que el destino se ensañara en alejarla de su único amor, porque si, ahora que se daba cuenta que lo había perdido, ya no lo negaba más: amaba con locura a Edward Cullen y estaba dispuesta a enfrentarse a lo que se avecinara con tal de estar al lado de él.
El solo pensar en que se había rendido y que se alejaba de su lado para siempre le despertaba muchas emociones donde la que más predominaba era el dolor, un dolor lacerante que se alojaba en donde se suponía estaría su corazón.
Este dolor era incluso más fuerte que la primera vez cuando ella fue quien se alejó, tal vez porque sabía que existían sentimientos hacia ella por parte de Edward.
Por otro lado había ira, enojo y frustración porque Edward se mostrara débil, porque se rindió y no siguió luchando por ella, porque no era el Edward Cullen prepotente, egocéntrico y dominante que ella había conocido y del que se había enamorado la primera vez, porque no se salía con la suya, porque Edward Cullen siempre obtenía lo que quería y al parecer no la quería lo suficiente a ella como para pelear incluso contra ella misma y todas sus inseguridades.
Por inercia volvió a releer la nota, pero esta vez la última parte logro captar su atención: «Yo sé que es una causa perdida tratar de obtener tu perdón y tu amor porque sé que ya es de alguien más».
- Él… él… ¡Maldición Gioele! –Dijo Bella en voz alta comprendiendo que Edward se imaginaba que tenía una relación sentimental con Gioele, el debió de haber reunido evidencia comprometedora que a sus ojos era una escena digna de una pareja.
En ese momento recordó que el portero le había dicho que él la había estado esperando por un buen rato. Él tenía que haberla visto cuando llego con Gioele y como todo hombre haberse armado una película con respecto a ellos.
¡Dios! Sabía que no tenía tiempo que perder y si quería a Edward a su lado tendría que detenerlo antes de que saliera del país.
De pronto, una lucecita se encendió en su mente sabiendo que era lo que tenía que hacer. Solo había una persona que podría ayudarle en ese momento, así que sin pensarlo mucho marco su número.
- Cara, ¿estás bien? –Preguntó Gioele del otro lado de la línea curioso por esa llamada que acaba de recibir, ya que no habían pasado más de veinte minutos desde que él la había dejado en su edificio.
- Gioele necesito que me ayudes… Edward se va y no puedo perderlo. ¡Por favor ayúdame! –Pidió Bella sintiendo en todo su esplendor el dolor de su corazón al saber que podría perder a Edward.
- Calma voy de regreso, tengo el manos libres así que dime que paso. –Pidió Gioele tomando un retorno.
- No sé qué paso, subí al departamento y prepare todo para el baño cómo habíamos quedado. En eso llamaron a la puerta y cuando abrí me entregaron una nota de Edward donde se despedía. –Dijo Bella a grandes rasgos.
- Está bien, piccola, estate tranquila, llego en unos minutos. Deja que haga un par de llamadas y a partir de ahí ya veremos qué hacer. ¿Te parece? ¿Sí? Y por favor cara no te preocupes, lograremos evitar que Edward se marche y tú podrás hablar con él. –Pidió Gioele antes de colgar la llamada y hacer un par más, a algunos de sus contactos quienes le tenían al tanto de los movimientos de Edward.
Por su parte Bella se colocó la misma ropa de la que se había despojado momentos antes y bajo a hablar con el portero, quien le informo de la presencia de Edward y su rostro de abatimiento cuanto se fue.
Esperaba afuera a que llegara Gioele y mientras contemplaba el regalo de Edward, pasaba inquieta por sus manos el pequeño pero hermoso dije en forma de corazón perdida en los destellos que salían de la pequeña roca.
- Es muy hermoso, le debió de costar una buena suma de dinero. –Comentó Gioele que acaba de llegar sin que Bella se percatara de ello.
- Ya me imaginaba que era caro, pero no sabía cuánto. –Comentó Bella distraída aún en la pequeña piedra preciosa.
- Deja que te lo coloque. –Dijo Gioele tomando el dije y acomodándolo en una pequeña pulsera que siempre llevaba Bella.
- Muchas gracias Gioele. –Dijo Bella con los ojos brillosos por las lágrimas contenidas.
- No llores por favor y no es a mí a quien tienes que dar las gracias si no a Edward. –Dijo Gioele que se conmovía al verla así.
- ¡Pues claro! -Dijo sarcástica y mirando feo a Gioele-. Perdón… Pero… sabes bien que no sé dónde buscarlo y… ¿Y si ya se fue? –Preguntó Bella.
- Tranquila, yo sé dónde está y tenemos que darnos prisa si no queremos que se vaya y tengas que seguirlo por todo el mundo. –Dijo Gioele con un poco de humor.
- Sabes dónde está… ¡Oh por Dios, oh por Dios…! ¿En serio Gioele? ¡Oh Dios gracias, gracias! –Dijo Bella emocionada-. ¡Oh Dios mío gracias! Y a ti… o Dios… ¡Muchas gracias Gioele! ¿Qué haría yo sin ti, Ah? Pero bueno, anda, anda, vamos… ¿Qué estamos esperando, ah…? Llévame a donde esta Edward, por favor. –Pidió Bella dando pequeños saltitos después de soltar a Gioele de un fuerte abrazo.
- ¡Por Dios Bella! Cálmate, que me estas recordando a Alice con tanta hiperactividad. –Dijo Gioele conduciendo a Bella hacia el auto, sacudiendo la cabeza y tratando de ocultar una sonrisa. Aunque le dolía un poco saber que ella nunca se fijaría en él, y ahora menos que Edward había vuelto, se encontraba feliz de verla esperanzada por recuperar su amor.
Emprendieron el trayecto en silencio hasta que Bella se dio cuenta hacia donde se dirigían.
- ¿Está en el aeropuerto? –Preguntó Bella con un poco de miedo, ya no tan positiva como minutos antes, al ver hacia donde se dirigían, ante la posibilidad de llegar tarde-. ¿Estás seguro que aún no ha abordado ningún vuelo?
- Si, aún no se ha ido, apenas está a punto de tomar el avión de regreso a América. –Dijo Gioele con humor.
- ¡Já! ¿Y se puede saber qué es lo gracioso? –Preguntó Bella un poco molesta al ver el rostro tan sonriente de Gioele. Ella no le encontraba lo gracioso a lo que estaba pasando por ningún lado.
- Ya lo veras cuando lleguemos al aeropuerto, ya lo veras. Eso sí, lo único que quiero que quiero que sepas y que quede claro, es que no encontré otra manera para retenerlo hasta que nosotros llegáramos, es más, tuve que cobrar un par de favores para poder conseguirlo en tan poco tiempo. –Dijo Gioele.
Bella no dijo nada más, solo se dedicó a estrujar sus manos con nerviosismo ya que ahora que lo pensaba no sabía que le diría ni como actuaria una vez que lo tuviera frente a ella.
Apenas Gioele frenó el auto en el aeropuerto, Bella salió disparada hacia las salas de espera buscando el vuelo que partía para América. Llego jadeando a la recepción ya que no quiso detenerse ni siquiera un poco para tomar aliento.
- Buon pomeriggio signorina. ¿El vuelo rumbo a los Estados Unidos? –Preguntó Bella con ansiedad.
- El próximo vuelo sale dentro de dos horas, signorina. ¿Gusta reservar un boleto? –Le pregunto la amable recepcionista.
- ¿No tiene un vuelo antes de eso? –Preguntó Bella antes de comenzar a ilusionarse.
- Lo siento mucho signorina, pero el vuelo anterior a ese, está despegando justo en estos precisos momentos en la sala cinco…
Bella no escucho más allá de eso, ya que salió corriendo rumbo a la sala indicada, pero ya era muy tarde dado que el avión ya había despegado, llevándose con él, al amor de su vida.
- Marie… –Dijo Gioele tomando a Bella de los brazos-. Marie…
- Se fue Gioele, se fue. Mi Edward se me fue. He llegado tarde, se ha ido y no volverá. –Dijo Bella comenzando a sollozar, mientras se aferraba al cuerpo de Gioele quien la estrechaba contra él.
- Calma Marie, calma piccola. Vamos, anda, acompáñame a otro lugar y así podemos pensar en qué hacer con más claridad. –Dijo Gioele guiando a Bella fuera de la sala de espera, conduciéndola tratando de conducirla hacia unos cuartos alejados de donde se encontraban.
- ¿Qué hacemos aquí Gioele? –Dijo Bella con ansiedad y tratando hacer resistencia, al ver que la conducía a un lugar muy apartado-. ¡Joder Gioele, ¿a dónde me llevas, no ves que lo que necesito es un pasaje para poder alcanzar a Edward?!
- Tranquila Marie, tu solo confía en mi un poco más y ya lo veras. Solo ten un poco más de paciencia, porque Edward no te estaba esperando precisamente en un vuelo –Dijo Gioele tratando de disimular una sonrisa.
- Pero entonces, ¿dime, que lugar es este, que demonios hacemos aquí? –Pregunto Bella sin entender nada.
Gioele no contesto a su pregunta si no que se detuvo frente a una de las puertas y pudo escuchar ahí la voz de Edward que aun a pesar de haber pasado ya más de un año la reconocería en cualquier lugar. No en vano esa era la voz del hombre que hacía imposible que el corazón de Bella fuera para él.
- Exijo que me expliquen porque demonios me han detenido. –Dijo Edward un poco más que molesto dado que no lo habían dejado abordar el avión y lo habían arrestado sin darle ninguna explicación.
- Ya está por llegar la persona que le esclarecerá esta situación, le rogamos que solo espere unos pocos minutos señor. Nosotros sólo seguimos indicaciones. –Respondió uno de los guardias del aeropuerto.
- Se lo vuelvo a repetir yo no he hecho nada, no he cometido ninguna falta, ni aquí, ni en mi patria, yo solo quiero poder abordar un vuelo y regresar a mi país. –Dijo Edward-. Si no me dicen nada en este momento tendré que tomar cartas en el asunto y no creo que salgan bien parados. –Dijo Edward con voz filosa.
- ¡Pero que boquita la que se gasta Marie! …Aunque bien se nota que están hechos el uno para el otro. –Exclamó Gioele, soltando una carcajada, al escuchar la maldición de Edward, cuando llegaron a la puerta-. Creo que será mejor que entres Bella, antes de que ese hombre acabe con sus custodios. Yo hasta aquí llego, piccola mia. –Dijo Gioele abrazando a Bella y dejándola parada frente a la puerta por la que salía la voz de Edward-. Que salgan de ahí. –Pidió Gioele a otro guarda que se encontraba frente a ellos por fuera de la habitación.
Bella estaba en estado de shock, se suponía que acaba de ver como el avión en el que iba Edward despegaba y se alejaba para siempre de ella.
Fue entonces cuando comprendió el porqué de la risita tonta de Gioele por casi todo el trayecto.
En esos momentos se dio cuenta de que favores había hablado Gioele, entendió que él se encontraba detrás de todo esto; sólo ahí frente a esa puerta se dio cuenta de cuanto le debía a su amigo, ya que los favores a los que se había referido tenían que ver con retrasar la partida de Edward, su amigo una vez más había movido cielo y tierra para ayudarla. Le debía a Gioele Di Martino una enorme que aunque no sabía cómo, ella se encargaría de pagarle con creces.
Sin más explicaciones y sin dudarlo, dado el estado de alteración en el que se encontraba Edward, los dos guardias que se encontraban en la habitación salieron dejando a Edward furioso aunque extrañamente sin esposas; estaban por llegar a la puerta y abrirla cuando esta se abrió de golpe dejando pasar a una Bella ansiosa.
- Bella… –Fue todo lo que salió de los labios de Edward ya que en cuanto vio a la mujer de su vida, quedó en shock. Pensó que se estaba volviendo loco, y que comenzaba a tener alucinaciones.
- Hola Edward, puedes tomar asiento. –Pidió Bella, en un tono que ni ella misma se lo creyó, señalando la silla en la que momentos antes él estaba sentado contra su voluntad y Edward la obedeció como un autómata ya en esos momentos iría al infierno mismo si ella se lo pedía.
- ¿Qué es todo esto? –Pregunto Edward pasado unos minutos, cuando finalmente logró salir del sopor en el que se había quedado.
- Esto es un favor que me han hecho para poder hablar contigo, ya que a ti se te ocurrió la fantástica idea de irte antes de que pudiésemos hablar. –Dijo Bella irónica y con una serenidad que en realidad no sentía.
Se hallaba en una encrucijada, ya que por un lado quería lanzársele a Edward a los brazos, para así poder estampar sus labios en los de él y poder comenzar a recuperar todo ese tiempo que por necia habían perdido, pero por otro lado quería abofetearlo y darle de puños por haberse dado por vencido tan rápido y tratar de huir.
Finalmente se contuvo ya que una vocecilla en su cabeza, muy parecida a la suya, le recordaba que si estaban ahí, en gran medida era por culpa de ella que lo había dejado plantado, todas esas tardes, mientras él pacientemente esperaba sentado en el parque a que ella se decidiera a darle una respuesta.
- ¿De qué quieres que hablemos? –Pregunto Edward curioso e hipnotizado por el movimiento de los labios de Bella.
- De nosotros, ¿de qué más podría ser? –Dijo Bella como si fuera lo más obvio.
- No te preocupes que tengo más que claro que ya no hay, ni habrá un nosotros. –Dijo Edward bajando la mirada, sintiendo como su cuerpo comenzaba a pesarle-. No tienes que preocuparte, finalmente lo he entendido, y ya no te molestaré más. Por eso iba a irme, por eso iba a tomar ese vuelo a América.
- Pues en eso te equivocas, yo creo que si hay un nosotros. –Dijo Bella en un susurro porque no salía más alta su voz.
- Pero, ¿tú… y Di Martino? –Dijo Edward escupiendo el apellido de Gioele.
- Gioele, se llama Gioele y él sólo es un buen amigo a quien por cierto le debemos que estés aquí ahorita y no en ese maldito avión que te alejaría para siempre de mí. -Dijo Bella acercándose a Edward para acariciar su mejilla en un gesto de infinita ternura-. Pero como tú eres un tonto no me dejaste buscarte y te aceleraste a huir de mí sin antes escucharme.
- Oh, Bella… -Edward no sabía que decir, el sentir el contacto de Bella para él era maravilloso, pero más se maravilló cuando notó la frialdad del dije rosando la cálida piel de su mejilla-. ¿Te… te gusto? –Pregunto tomando su mano, acariciando la pulsera.
- Claro que me gusto amor, es hermoso y es como tú. –Dijo Bella.
- ¿Por qué como yo? –Pregunto Edward curioso, sin reparar en que Bella lo había llamado amor.
- Porque tiene muchas caras como tú las tienes, es duro y frio como tú lo eres en los negocios, pero también es hermoso y brilla así como tú… Edward quiero que sepas que yo estoy muy agradecida porque me has dejado ver muchas de esas caras, porque ante mí no solo te has mostrado como ese hombre calculador que eres con tus socios, o como el hombre frio que eres con tus empleados, sino que me has permitido ver al hombre luchador y dedicado que trata de llevar una empresa adelante, el hombre amable y desprendido que ayuda a una amiga en una necesidad, al hombre tierno, amoroso y entregado por su familia, por permitirme ver al hombre vulnerable que no le importa reconocer sus errores y pedir perdón por ellos, por permitirme ver ese gran hombre que hay en ti. –Dijo Bella acercándose más a Edward pasando su otra mano por la cabellera cobriza–. Pero, ¿sabes?, lo mejor de todo es por lo que representa, ya que representa tu corazón. No sabes la felicidad que me da al saber que es mío igual que tú, al saber que tu corazón me pertenece al igual que el mío te pertenece a ti. –Dijo Bella no aguantando más sin unir sus labios con los de él.
- Solo tuyo. –Dijo Edward acomodándola en su regazo.
- Y yo soy tuya amor, siempre lo he sido. –Dijo Bella aferrándose a su pecho.
- Te amo Bella. ¿Me crees? –Dijo Edward tomando la barbilla de Bella para que lo mirara a los ojos.
- Te creo Edward porque yo también te amo, pero… -Dijo Bella interrumpiendo el beso que pensaba darle Edward-. Estoy molesta contigo.
- ¿Por qué estás molesta, dime en que me equivoque y lo resolveré en este instante? Por amor dímelo. –Dijo Edward con miedo de perderla de nuevo.
- Estoy molesta, porque no eres el Edward Cullen que yo conocí, fuerte e imponente que siempre consigue lo que quiere, te dejaste vencer muy pronto por mis inseguridades y a causa de eso estuve a punto de perderte. –Dijo Bella viendo las orbes esmeraldas de Edward-. ¡Joder Edward! Casi me muero pensando de angustia pensando que ya no te volvería a ver.
- Tienes que entenderme Bella, todo esto es nuevo para mí nunca amor, antes me había enamorado y eso me hace inseguro porque no es algo que se manejar. -Se explicó Edward lo mejor que pudo, un tanto inseguro.
- Si algo así me han explicado. -Dijo Bella.
- Y ahora… ¿Qué vamos a hacer? -Pregunto Edward que no sabía que más decir o hacer.
- Creo que tenemos que hablar de todo lo que hemos pasado y plantear nuestro ahora. -Dijo Bella incorporándose del regazo de Edward.
- Tienes toda la razón, pero creo que el aeropuerto no es el mejor lugar para hacerlo… ¿A dónde quieres que vayamos, ah? Debes de tener en mente más lugares que yo en el cual poder hablar tranquilamente y sin interrupciones, yo solo conozco Italia de las veces que he venido de negocios, pero tú ya llevas un tiempo viviendo aquí, escondida de mí. -Dijo Edward poniéndose de pie.
- Ya sé a dónde podemos ir, a dónde vamos a ir. -Dijo Bella con una sonrisa.
Ambos salieron de la habitación donde ya solo los esperaban los guardias a los que Edward les dio las gracias dejándolos estupefactos.
- ¿Por qué le diste las gracias? -Preguntó Bella mientras esperaban un taxi.
- Porque me detuvieron logrando que perdiera el vuelo, pero que ganara la oportunidad de estar aquí contigo. -Dijo Edward regalándole una de sus características sonrisas torcidas que derretían a Bella.
Subieron al taxi y Bella le dio la dirección al chofer quien amablemente los llevo hasta el departamento de ella.
Sin decir nada subieron hasta el departamento sumidos en un silencio un tanto incómodo.
- ¿Gustas algo de beber? -Preguntó Bella tratando de aligerar el ambiente.
- Agua está bien, gracias. -Dijo Edward tomando asiento en un cómodo sofá.
Bella se apresuró hacia la cocina y regreso momentos después con un vaso de agua y una taza de té.
- No sé por dónde empezar. -Dijo Edward revolviéndose el cabello en un gesto de nerviosismo-. Veamos… ya te dije lo difícil que fue para mí darme cuenta de lo que sentía por ti.
- ¿Porque será, si vienes de una familia que se fundamenta en el amor? -Dijo Bella.
- No lo sé, tal vez porque mi meta siempre fue la de manejar la empresa, porque descubrí lo fácil que podía disfrutar de los placeres de la vida sin involucrarme por completo o porque aún no había conocido a mi complemento como lo hizo mi padre con mi madre o mis hermanos con los hermanos Hale… porque aún no te conocía. -Dijo Edward.
- Pero entonces… ¿Qué paso cuando nos conocimos? -Preguntó Bella curiosa mientras tomaba de su té.
- Ni yo mismo lo sé amor, hubo muchas cosas me atrajeron de ti… tu juventud, tu inocencia, tu inteligencia, tu belleza… -Dijo Edward acariciando la mejilla de Bella mientras que se sonrojaba ante las palabras de él-. También tus sonrojos… ¡Dios! ¡No sabes cuánto amo tus sonrojos!
- ¿Y después? -Lo incitó a seguir Bella con una curiosidad necesitada de ser saciada.
- Bueno, después pasaron muchas cosas, pero creo que el detonante fue el que me esquivaras, el que me trataras con indiferencia. -Dijo Edward.
- Entonces lo que paso fue que herí tu ego. -Dijo Bella incrédula.
- No, no fue ego creo que lo más acertado seria deseo, te deseaba y si somos honestos te sigo deseando, te quería para mí, pero tú me paraste en seco con tus evasivas y tu profesionalismo... ah y después para colmo llego el chucho ese que tenías por novio. -Dijo Edward aun sin poder llamarlo por su nombre.
- Jacob, Edward… su nombre es Jacob. -Le corrigió Bella.
- Bueno él, como se llame. -Dijo Edward negándose a pronunciar su nombre-. Desde ahí todo comenzó a cambiar… sólo tenía una cosa en mente, que fueras mía y de nadie más...
- ¿No crees que eres como que un poquito posesivo, ah? -Le interrumpió una Bella juguetona.
- Solo con lo que de verdad quiero. –Le dijo acercándose a ella y tomándola de las manos-. Cuando por fin logré tenerte, cuando por fin logré hacerte mía, me sentí eufórico, tú te volviste mi marca personal de heroína, y como un adicto, cada día necesitaba más y más de ti. Pero sabes amor, no solo era tu cuerpo lo que yo deseaba, también anhelaba tu compañía, tu voz, esas charlas largas y amenas que manteníamos, tus gustos tan parecidos a los míos, ese calor tuyo que no solo envolvía mi cuerpo sino también mí alma. No sé cómo lo hiciste, pero capturaste mi corazón sin que me diera cuenta. –Termino de decirle Edward mirándola directamente a los ojos.
- Pero entonces, ¿cómo te diste cuenta de tus sentimientos y de que no era una adicción, un capricho? -Pregunto Bella.
- O no, es que tú si eres una adicción para mí amor, pero tardé en darme cuenta de que eres una parte fundamental en mi vida, siempre te vi como mi puerto seguro y yo en mi idiotez pensé que podría tenerte a mi lado aunque estuviera casado... -Edward se detuvo al ver la mueca de dolor en el rostro de Bella.
- ¿Por qué te casaste Edward, por qué lo hiciste? -Pregunto Bella tratando de suprimir el dolor que le oprimía y le quemaba el pecho.
- Ya te lo he dicho... por estúpido, por imbécil, por idiota… bueno, y también por ayudar a Kate. -Esas últimas palabras despertaron la curiosidad de Bella. Edward pareció notarlo así que se decantó por contarle lo sucedido, queriendo abrir su alma a ella, queriendo compartir todo con ella-. Veras mi familia conoce a la familia Wick desde hace ya bastantes años y a mí siempre me gusto su constructora y eso Kate lo sabía por lo que me ofreció un negocio que consistía básicamente en inyectarle capital a la empresa que atravesaba una seria crisis económica, pero en los negocios nadie arriesga mucho a cambio de nada… -Dijo Edward tratando de explicarle cómo se maneja el mundo frio de los negocios.
- ¿Y eso que tenía que ver en el que tú te casaras con ella? -Preguntó Bella sin encontrarle una relación.
- Que el padre de Kate se reusaba a vender la empresa ni a aceptar inversionistas, claro a menos de que fuera de la familia.
- Por lo tanto tenías que formar parte de su familia y la única forma que tenías era casándote. -Dijo Bella encontrando por fin la relación.
- Así es, ese fue el acuerdo y para no levantar sospechas, estaríamos casados un año para después divorciarnos amigablemente adquiriendo un pequeño porcentaje en el proceso. -Dijo Edward.
- Y... -Bella no sabía cómo continuar, pero Edward sabia a lo que se refería.
- No Bella nunca llevamos una vida de casados, de hecho no volví a estar con nadie desde que te convertiste en mi obsesión. -Dijo Edward esperando que le creyera.
- ¿Y qué te dijo ella sobre no llevar una vida de casados, lo acepto simplemente, así porque así? -Indagó Bella.
- Bueno, desde un principio acordamos que el matrimonio solo sería un matrimonio por conveniencia, que solo eran negocios y que el negocio no lo íbamos a mesclar con el placer. Pero ya que quiero ser honesto contigo, para que ya más nunca hayan más dudas ni malos entendidos, te diré que a decir verdad, Kate lo intento en nuestra noche de bodas, pero yo la rechacé. Amor, para ese momento yo ya me había dado cuenta de lo que en realidad sentía por ti, para ese momento ya me había dado cuenta de que te amaba, de que tu serias la única para mí, así que simplemente no pude estar con ella. Después ella herida por mi rechazo me presionó a que le diese una explicación creíble, y dado que ella me conocía desde hace mucho tiempo, que conocía mi fama de «libertino», no me quedo de otra, así que decidí jugármela diciéndole la verdad. Esa noche le abrirle mi alma, esa noche le confesé que te amaba y que por idiota te había perdido, y bueno, aunque parezca de novela, ella no se tomó a mal el que la hubiese rechazado sino que todo lo contrario, a partir de ahí ella se volvió mi confidente, en mi más fiel aliada para poder encontrarte; ella fue la primera en hacerme reaccionar y aceptar abiertamente lo que siento por ti. Y no sólo eso, aparte de que me ayudo a sobreponerme al dolor que me carcomía vivo desde que te marchaste, dejándome sólo. Aunque debo agradecerte que lo hicieras, ya que ese fue lo que necesite para darme cuenta de que eres mi vida, ese fue el detonante que necesite para darme cuenta de que si tú eras mi puerto seguro, es porque contigo estoy completo y gracias a eso es que puedo lograr la paz. Gracias a tu partida fue que pude darme cuenta de que tú lo eres todo para mí, que sin ti no estoy completo. -Dijo Edward rememorando esos días en los que lo único que deseaba era que regresara Bella.
- ¿Entonces sólo hasta después de casarte fue que te diste cuenta de lo que realmente sentías? -Preguntó Bella nadando en medio de una mar de emociones.
- No, mis sentimientos se aclararon una noche antes de casarme cuando tuve el mejor de los sueños que he tenido en mi vida, sueño que desgraciadamente terminó convirtiéndose en mi peor pesadilla cuando al despertar te habías esfumando, cuando al despertar ya no estabas a mi lado. -Dijo Edward tomando las manos de Bella con mas fuerza, las cuales descansaban en su regazo entrelazadas con las suyas, ya que no se las había soltado desde que el comenzara a desnudarle su alma.
- Pero aun así te casaste. -Afirmo Bella sintiendo dolor en el pecho.
- Porque me di cuenta de que te había perdido para siempre, porque ya nada me importaba. Todo me daba igual. En esos momentos, sin ti, me daba igual mi estado civil ya que solo era un papel, mi corazón ya te lo habías llevado tú al dejarme. -Dijo Edward acariciando con su pulgar el dije que descansaba en la muñeca de Bella.
- Te entiendo, pero tienes que saber que eso a mí mato, yo que de por si no entendía que te atraía de mi además de mi cuerpo, había comenzado a tener esperanzas de que sintieras algo más por mí, pero me dejaste muy claro que solo servía para calentar tu cama, que nunca estaría a tu altura, fue un duro golpe en el que por fortuna tuve a Gioele para ayudarme, bueno, a Gioele y a tu hermana Alice. -Dijo Bella terminando casi en un susurro-. Sin su ayuda no sé qué hubieras encontrado.
- Bella mi amor perdóname, no sabía de todo el daño que te estaba causando, todo el daño que te cause, no soy más que un pobre imbécil que no te merece. Tú te mereces a alguien mil veces mejor que yo. -Dijo Edward aferrándose al cuerpo de Bella. Sin saber cómo habían terminado sentados en el suelo abrazados.
- Pero yo te quiero a ti. -Dijo Bella con desesperación.
- Y doy gracias al cielo de que así sea, porque no pienso separarme de tu lado hasta que tú así lo quieras. -Sentencio Edward tomando con ambas manos el rostro de Bella.
- En ese caso estarás siempre a mi lado. -Dijo Bella buscando sus adictivos labios.
Edward no la hizo esperar para contestarle el beso. La haló, acomodándola en su regazo, y comenzaron con un beso cargado de dolor, pero que irónicamente comenzó a curar todas las heridas que se habían causado mutuamente. Ese beso se fue tornando finalmente en un beso tierno, cargado de significado.
- ¿Ya te he dicho cuanto te amo? -Preguntó Edward, dándole pequeños besos de mariposa en el cuello, cuando el oxígeno comenzó a escasear, negándose a dejar el contacto de sus labios con su piel.
- No lo recuerdo. -Dijo Bella medio en broma, medio enserio.
- Te amo más que a la vida misma. -Dijo Edward tomando con ambas manos el rostro suave y sonrojado de Bella, mirándola fijamente logrando así fundir el chocolate y las esmeraldas.
Una traicionera lágrima escapo de los ojos de Bella, ensombreciendo de inmediato el semblante de Edward-. No, por favor amor, no llores. -Pidió Edward bebiendo las lágrimas que no dejaban de fluir de sus castaños ojos.
- Oh por Dios Edward, cambia esa cara. Si lloro es de felicidad, porque yo también te amo, te amo más que a mi propia vida. -Dijo Bella recorriendo con los dedos los pómulos altos y fuertes de Edward.
Ya no había nada más que decir, todo estaba dicho, las palabras estaban de más.
Con caricias y besos furtivos ahí en medio de esa pequeña sala dos partes de un alma por fin habían logrado estar juntas demostrándose lo mucho que se amaban y cuanto se habían echado de menos.
Buenas madrugadas (bueno eso es aquíen mi país) espero que les haya gustado el capitulo y que haya sido suficiente para reivindicarmeante ustedes, solo nos quedan dos capítulosmas y el epilogo, ademas de algunas sorpresillas.
Ya esta el capitulo beteado así que espero y les guste.
El capitulo anterior ya esta beteado y cambiado por si quieres checar los cambios sutiles que se le realizaron gracias a mi adorable Beta Bella Alexandra.
De verdad que muchas gracias por la paciencia que me han tenido no saben cuanto se los agradezco asícomo sus lindas palabras que me dedican en sus rr que sin duda alguna leo y agradezco.
Les prometo no tardar tanto la próxima vez.
Besos Ana Lau
