Hola chicos, por fin pude terminar con mis tareas y me uno a las bolas de muerte, espero que no queden resentimiento. Este fic participa en las bolas de muere del mes de Septiembre y los personajes son míos y de Pablo.


Ahora solo quedábamos dos en nuestra cohorte. En otras ocasiones me habían enviado a la banca sin siquiera dejarme empuñar la espada *cof*Pablo*cof*. Pero esta vez sería diferente, y ya tenía a mi objetivo en la mira.

Había contemplado como había rostizado a mi compañera de cohorte, y definitivamente no iba a permitir que se saliera con la suya, el tipo tenía algún síntoma machista, puesto que siempre eliminaba a las mujeres. Pero esta sería mi venganza y lo eliminaría con sus propias armas.

No le deje tiempo de disfrutar su victoria y le lance un kunai directo hacía su brazo. El tamaño se hizo más grande mientras volaba en el aire gracias a la fina capa de agua que lo envolvía (gracias Pablo por crear mis armas) haciéndolo soltar el arma flamígera que había dejado en estado irreconocible a mi amiga.

Intentó, con la mano libre, tomar el revólver que estaba en su cinturón, pero el kunai en su brazo había hecho un corte profundo y ahora sangraba demasiado rápido. El dolor debería ser brutal, pero como un buen hijo de Hefesto se las arregló para sacar el arma y apuntar.

—Esto aún no ha terminado, Stay y tú no podrán vencernos.

—No trato de vencerte, Pablo. Trato de vengarme.

Con esa última frase lance un shuriken que le dio en el arma volviéndola inservible y una bomba de humo que me permitió salir de su alcance. No se podía ver nada a través de la niebla gris que lo cubría todo, pero esta lucha no había terminado.

Quería mi venganza completa, por mis amigos y por mí, pero no iba a rematarlo cuando no podía defenderse, no era mi estilo.

—Eso no me detendrá –dijo Pablo

Una llama salió de su mano y la lanzó contra el humo, iluminando el lugar en donde antes había estado. Trato de hacer lo mismo en todas direcciones, pero antes de que me alcanzara yo ya estaba lejos del lugar.

—Puede que seas un buen luchador, pero esta batalla es mía —le susurre en el oído. Solo tuvo unos segundos para asimilar que me había vuelto invisible por un momento para llegar hasta su lado antes de que la empuñadura de mi Sai le diera en la parte posterior de su cabeza y lo dejara inconsciente.

—Gracias a ti no tuve que usar mis poderes para derrotarte, sino que use las armas que creaste para mí. Tal vez en la próxima puedas ganarme.

Empuñe mi Sai y avance por el lindero del bosque, en busca de mi próximo rival.


Lo siento Pablo, tu eres el rival más lento. Adiós. Ok no, pero ya eras una amenaza para nosotros.