He aquí otro pequeño fic. Me tome mi tiempo para noquearla con cariño. Recuerden que los personajes son míos y de Pipesper. El tio Rick solo me inspiró en la imaginación. Participa tambien en las bolas de muerte del mes de Septiembre del foro Campamento Greco-Romano.


No había nada más importante ahora que eliminar a toda la cohorte entera. Era mucho mejor cuando ellos no se daban cuenta y holgazaneaban. Aún no me había acostumbrado a los poderes del resto de los campistas e incluso no me lo sabía todos.

Así que supuse que sería algo difícil de predecir que me pudiera hacer mi siguiente contrincante. Camine por el lindero del bosque, manteniéndome entre las sombras para no ser vista por cualquier campista que estuviera haciendo guardia.

Aunque, claro, no siempre vas a saber que el otro campista vive de las sombras como para saber tu estas en ella. La sorpresa no fue muy grata al reconocer que era exactamente un hijo de Hades el que rondaba por ahí.

—Por más que quieras esconderte en las sombras, estas no te perteneces, tu adoptas las sombras, pero yo nací y crecí en ellas. Ellas me obedecen.

—Basta —salí de las sombras dado que ya me eran inútiles —deberías probar con frases propias en vez de estar copiándote de películas. En serio, Batman ya paso de moda, mejor prueba con alguna de Marvel.

La voz que me había hablado era claramente de una mujer, así que supuse que sería Pipesper.

—Tu chiste está más muerto que tú… espera… tú también lo estarás pronto.

Y se lanzó contra mí. Al ser hija de Hades entre momentos sentía como del suelo salían manos para atrapar mis pies, así que me empecine en moverlos como si de un baile se tratara. Saco su espada y se dirigió a luchar, mi Sai detuvo la suya y juntas comenzamos a lanzarnos estocadas queriendo dañar a la otra.

Por más que lo intentaba, para mi esta una distracción las manos tomando mis tobillos, así que busque todas las fuentes de agua que encontré y las llame a mí. Sentí como el agua fluyo fuerte, el lago de seguro estaba cerca. Mi Sai normal se rodeó de filosas hojas de agua que la golpeaban incluso más fuerte que el bronce lo había hecho.

Sin perder la intensidad arrojaba agua a sus esqueletos, mandándolos de regreso a la tierra. Pronto ella estaba agotada, al igual que yo. Era momento del final.

Lance una bomba de humo al igual que con Pablo y me dirigí a un costado. Una ráfaga de agua impacto en su cara, ahogándola momentáneamente, lo suficiente para que mi puño se incrustara en la parte trasera de su cabeza.

—Lo siento, pero era preferible a que te hubiera dejado un moretón en plena cara.

Por fin, la cohorte de Pablo se había quedado sin otro contrincante. Ahora solo faltaba uno.