Capítulo 8

Shaka era consciente de que su maestro tenía razón al decir que su madre lo amaba, porque en cuanto vio a su hijo entrar en aquella casita tan pobre, el rostro de aquella dama se iluminó nada más verlo y alrededor suyo había percibido un aura luminosa que la envolvió en colores suaves cuando la sostuvo en sus brazos en los últimos instantes de su vida.
Aunque su mentor no le hubiera dicho nada sobre ella Shaka comprendía que el mero hecho de dejarlo en un lugar, aún en uno tan humilde, donde se le cuidaría y que no se marchara del reino, a pesar de que corría un enorme riesgo si los esbirros de su padre la hubieran encontrado, era más que suficiente prueba de su amor.

En cuanto a su padre... sentía como su corazón se llenaba de odio hacia ese hombre. Normalmente el nacimiento de un bebé, sobretodo si se trataba de un varón, era motivo de regocijo para la mayoría de familias. Con las niñas, no tanto, porque desgraciadamente existía la costumbre*, particularmente entre las familias más pobres, de matarlas al nacer puesto que consideraban que un varón llevaría el nombre de la familia mientras que una niña se marcharía de casa a servir a su esposo y por lo tanto no sería más que una carga.
Shaka no podía asimilar la idea de que su padre se hubiera dejado engañar por aquellas personas envidiosas que esparcieron rumores sin fundamento acerca de su esposa. ¿Acaso no la tenía vigilada en todo momento y no podía ver que nada de lo que se decía era cierto?, ¿acaso no pudo comprobar en la noche de bodas que ningún otro hombre la había tocado?

Estas y decenas de otras preguntas se formaron en la mente de Shaka al ver aquel hermoso prendedor cuyo origen su maestro le había explicado.
Shaka abrió los ojos repentinamente, cosa rara en él y a su tutor le alarmó enormemente lo que vio porque le pareció estar leyendo sus pensamientos; en aquellos irises azules notó como empezaba a avivarse la llama de un fuego interior motivado por la rabia, el odio y particularmente por el dolor de haber perdido a aquella persona que tantos sacrificios había hecho por él.

—Recuerda, hijo mío, que la venganza no conduce a nada —le comentó al muchacho, que se alteró al oír tal aserción y miró a aquel buen hombre con una endurecida expresión en su cara—. Shaka, deja que tus pensamientos negativos se evaporen.

El chico obedeció a su maestro, que accedió a asistirle en tal tarea, y fue quien rompió el pacífico silencio en el que se habían sumido.
—Maestro, tenéis razón. El acabar con mi padre no conduciría a nada, mi madre no volvería a la vida y se sentiría avergonzada de mí, al igual que también os defraudaría a vos... —comentó sintiéndose muy avergonzado.
—Cada acción tiene su consecuencia y no es sólo a la persona que la realiza a quien afecta.
—No entiendo porque se comportó así mi padre...
—Tu padre amaba a tu madre pero cometió un error gravísimo al dejarse engañar por la ambición de otros miembros de su familia que veían a su esposa como un estorbo y como alguien que impidió una mejor alianza para ganar más territorios, pues tu padre había sido prometido de niño a otra mujer proveniente de un poderoso clan, la que ahora es su segunda esposa.
—Supongo que la amenaza de guerra existente entonces no ayudaría...

El viejo maestro sonrió al muchacho.
—Eres perspicaz y entiendes bien. Shaka, las sensaciones que ahora experimentas no desaparecerán de la noche a la mañana, seguirán yendo y viniendo durante un tiempo.
—¿Hasta cuándo?
—Eso depende de ti... sólo te pido que reflexiones antes de actuar y que no te dejes envolver por esos terribles sentimientos cuando te asalten. Todos los habitantes de este monasterio tenemos fe en ti y si nos necesitas, aquí estamos.
—Gracias —el joven le hizo una reverencia.
—No hay de qué, mi querido pupilo y ahora... vamos a almorzar que tengo un hambre atroz.

El joven se rio y siguió a su maestro.

Los meses pasaron y tal como el mayor de los monjes le había dicho el dolor fue abatiendo y de todas formas, Shaka normalmente estaba ocupado con sus deberes tanto en el monasterio como fuera de él. Hasta que un día, llegó un emisario del gobernador de aquella región. Un mal presagio.

*Nota de la autora:

Desgraciadamente, aunque esta ancestral costumbre es ilegal en la India, todavía se sigue practicando en áreas remotas generalmente debido a la extrema pobreza en la que viven numerosas familias.