Capítulo 16
El joven dejó claro que era su turno de pasar a la acción. Demasiadas personas habían resultado heridas directa o indirectamente a causa de las maldades de sus enemigos cuyo cabecilla era su propio tío: su madre, Rajeev (aquel viejo sirviente cuya única falta fue informarla acerca de las habladurías que se habían levantado en su contra), la fiel doncella que asistió en el parto, los monjes que pagaron la multa y tantas otras personas que vivían oprimidas a causa de las leyes injustas y de aquellos que abusaban de los poderes otorgados por la jerarquía social existente.
"Triste es saber que uno tiene enemigos sin comerlo ni beberlo pero es peor cuando se trata de alguien cercano..."
Shaka sentía la presencia del orgullo (no el vanaglorioso, sino el que se siente por un ser querido) y el cariño, que tanto la diosa como los monjes del monasterio tan libremente le habían entregado; sintió como su corazón se llenaba de gozo al oír a la diosa decir que confiaba en él. Miró por unos instantes a su tutor y éste asintió, dando así a entender que estaba de acuerdo con lo que Hera le había dicho.
Shaka mostró sus hermosos ojos azules a la diosa y por primera vez en muchísimo tiempo, a los lamas del monasterio, quienes como muestra de respeto se inclinaron ante él. Aquellos lamas se sentían privilegiados de haber visto la sabiduría acumulada a lo largo de varias vidas, el amor infinito que aquel bodditshava traía para todos aquellos que necesitaran de él, al igual que su valentía y su bondad, pues incluso podía sentir compasión por alguien que tanto lo odiaba.
—Agradezco a los Hados el volver a ver tus ojos después de tantos años, Shaka. Tu madre se sentiría muy orgullosa si pudiera verte ahora —la diosa tomó la mano del chico y le dio un afectuoso apretón— ¿Deseas portar la armadura de Virgo para esta misión?
—Heraji, primero debo darle la oportunidad de desistir de su empeño puesto que estoy obligado a respetar ciertas tradiciones— Shaka tomó las manos del hombre mayor y lo miró con el afecto que un hijo siente por su padre—. Guruji, no temáis por mí, pues no es mi destino morir a manos suyas, sino logró hacerme mal alguno cuando era un bebé indefenso mucho menos lo hará ahora.
Tras unos instantes en los que ambos hombres se miraron en silencio, el joven volvió a dirigirse a la diosa.
—Dudo muchísimo que todos quienes vienen con él a saquear el templo le sigan por lealtad.
Los lamas estaban al corriente que muchos jóvenes del pueblo eran forzados a servirle para hacer los "trabajos sucios" y mientras que los pocos miembros de sus filas que provenían de la misma casta guerrera eran tratados como reyes, a los mas humildes no se les trataba mucho mejor que a un leproso. Simplemente sentían temor por sus familias y las represalias que se tomarían contra ellos sino obedecían.
—Sólo me llevare el rosario que me trajisteis porque es primordial que me perciban como a un muchachito indefenso. Creo que eso bastará para sembrar las dudas y disuadirlos de atacar al templo ya que no deseo que la sangre de un inocente vuelva a correr por mi causa. Mi querido tutor y Asmita mismo en sueños, me informaron que puedo invocarla a través de mi aura en caso de emergencia.
—Me alegra saber que Asmita aún después de su muerte permanece siendo un fiel caballero. Si la necesitas sólo debes elevar tu cosmos o tu aura, como tú le llamas, y la armadura acudirá a tu llamado. No te retendré más, Shaka, te prometo proteger a estos monjes y a las personas del pueblo para que no sufran a manos de ese hombre tan vil y cobarde.
La diosa lo tomó de las manos y depositó un flor de loto entre ellas.
—Ve en paz y que los Hados te sean propicios.
Shaka cumplió con el tradicional Namaste con todos los allí presentes y se encaminó hacia la salida del templo. No sentía miedo porque su mente estaba clara y libre de dudas.
Las fuerzas que su tío había logrado amasar ya se encontraban al pie de la colina. El joven los vio pero caminaba pausadamente para dejarse ver bien a las claras por aquellos hombres que habían venido con el propósito de atacarlo e incluso de matarlo.
Su tío lo vio venir vestido en blanco y con su cabello rubio ondeando con la suave brisa y se rio para sus adentros. Ordenó a sus hombres que se detuvieran pues le divertiría no salir al encuentro del muchacho, ¡qué fuera él quien se acercara! Cuando el chico estuvo a la altura de su tío lo saludó ritualmente, saludo que no le fue devuelto más que con una grosera contestación.
—El bastardito albino —dijo seguido de una enorme risotada—, ¿vienes a rogar por tu monasterio?
—Vengo a pedirte que desistas porque... supongo que ya conoces la ley del karma.
—¿Por qué no me la explicas tú, pequeño lama? —dijo de forma sarcástica.
—Cada acción tiene sus consecuencias y tanto el bien como el mal que una persona lleva a cabo con sus acciones le es devuelto con creces. Me imagino que ese es el motivo por el que nos tienes tanto miedo.
—¿Miedo de un bastardo? ¡No me hagas reír! Simplemente me complacería enormemente ver que los parásitos que vivís en el monasterio estéis fuera de mi vista y de todas maneras, lama, no tienes derecho alguno a la herencia de mi hermano.
—Tampoco lo tienes tú, pero eso no me preocupa porque no deseo nada de lo que puedas ofrecerme.
—Puedo ofrecerte la elección entre la vida y la muerte de tus compañeros del monasterio.
—La muerte no es más que un estado de transición y ninguno de los lamas siente miedo de ella.
Estuvieron bastante tiempo discutiendo mientras los hombres forzados a seguir al tío de Shaka escuchaban todas y cada una de las palabras que ambos intercambiaban pero lo que les llevó a tomar la decisión de no volver a obedecer a aquel tirano irrespetuoso fue el presenciar un maravilloso fenómeno: el aura de Shaka comenzó a despedir destellos dorados que le daban una apariencia divina; el que un muchachito tan joven se encarara a ese malvado, humildemente vestido y sin más arma visible que la de su sabiduría les llenó de ánimo el corazón.
—Por última vez te pido que desistas de esta locura —le pidió en una voz calmada pero firme.
