Capítulo 19
La pobre mujer se hallaba increíblemente atemorizada en caso de que su esposo o su cuñado notaran su ausencia puesto que tal acción podría costarle la vida y le preocupaba que el joven lama se burlara de ella o le guardara rencor al haber ocupado el lugar que debería haber correspondido a su madre.
Shaka pudo leer los pensamientos de aquella dama claramente y le pidió que se tranquilizara pues nada malo le ocurriría; no había olvidado la promesa que la diosa Hera le hizo con respecto a la protección de los inocentes y por eso se permitió el lujo de centrar su atención en la bella señora que tenía delante suyo. Gentilmente se levantó, extendió una manta que hizo aparecer gracias a su energia cósmica y la ayudó a sentarse mientras ella miraba con un gesto de sorpresa a aquel hermoso muchacho de aspecto tan inusual.
—Lo ocurrido es parte de una profecía que anunciaba mi llegada pero los acontecimientos resultaron peores de lo previsto. Creedme que no deseo que ningun mal recaiga sobre vos, śrīmatī.
Ella lo miró detenidamente mientras escuchaba aquellas amables palabras; sintió su calidez y una profunda emoción al notar instintivamente que el muchacho no le mentía. Las palabras de aquel fiel sirviente de su esposo le vinieron a la mente, la descripción que le dio de la imagen que vio cuando el líquido ponzoñoso cayó al suelo era la de este bellísimo joven. Profundamente emocionada se acercó a él y acarició su rostro, Shaka se sorprendió un poco pero no mostró ningún gesto que delatara que le hubiera incomodado aquel hermoso gesto tan espontáneo.
—Te agradezco enormemente que salvaras la vida de mi esposo.
—No tenéis nada que agradecerme porque todos tenemos nuestro propio karma, vos y vuestro hijo sois inocentes y no podía permitir que ningun peligro os ocurriera. Vuestro cuñado habría insistido en llevar a cabo el ritual del suttee si hubiera tenido éxito con la copa de veneno. Deberíais regresar.
—Es muy triste que mi esposo no pueda verte por quien realmente eres. Yo me sentiría orgullosa de tenerte por mi propio hijo.
Shaka se separó lentamente de ella y la miró detenidamente. No necesitó añadir nada más para que la mujer comprendiera que no estaba siendo descortés, simplemente ella debía marcharse cuanto antes por su propia seguridad y la de su hijo. Hizo una reverencia y se alejó más tranquila tras aquella conversación. Tendría que hacer todo lo posible para hacer entrar en razón a su marido y hacerle ver el peligro tan grande en el que se encontrarían todos si continuaran siguiendo los consejos de su malvado hermano; se juró a s misma que aunque la vida le fuera en ello haría todo lo posible por apartar aquella maligna influencia de su hogar. No se le había pasado por alto que Shaka era alguien muy especial y poderoso, quien a pesar de su bondad y hermosa y angelical apariencia, no dudaría en castigar a todo aquel a quien se cruzara en su camino.
Una vez que perdió de vista a la mujer, Shaka elevó un tanto el nivel de su cosmos para asegurar su protección hasta que llegara a su casa, después se levantó y dirigió su mirada hacia el monasterio. Se comunicó telepáticamente con su maestro y la diosa para asegurarles que todo estaba bien y agradecerle a Hera la flor de loto. Hera, que estaba tomando el té junto a su maestro, sonrió al notar que Shaka se encontraba bien. Cerró sus bellísimos ojos verdes e inició una pequeña conversación con él.
—Veo que has empezado a despertar a tu escencia divina, Shaka. Mantente firme y no te preocupes por los demás que tu maestro y yo velamos por ellos
Estas últimas palabras las dijo en un tono maternal. El chico debía concentrarse y meditar bien sus actos porque la prueba más difícil estaba por llegar, algo a lo que debía enfrentarse por sí solo. Entonces y sólo entonces despertaría por completo su ser divino.
—Mi cosmos te acompañará hasta que el momento llegue; ahora cierra tus ojos, descansa un poco y medita...
La diosa abrió los suyos y miró de nuevo al monje que permanecía en silencio junto a ella.
—Su momento ha llegado, guru-ji...
