Capítulo 21
Shaka sonrió al ver a través de su cosmos una nueva flor de loto que Hera le había enviado desde el Olimpo pero aquel momentáneo placer se esfumó debido al ambiente enrarecido en casa de su padre, de donde emanaban unas terribles ondas negativas. Afortunadamente, gracias al cosmos protector de la esposa de Zeus la situación de su madrastra no llegó al terrible desenlace que hubiera podido tener.
Mientras tanto en Grecia algo terrible estaba a punto de suceder pues la diosa vio que una sombra maligna acababa de despertar y se movía a través del Santuario ateniense. Aquel era un terrible presagio pero se vio incapaz de hacer nada a causa de las órdenes de Zeus. Horas después supo que el Gran Patriarca, su buen y fiel amigo Shion, había sido vilmente asesinado por uno de los suyos. Cerró sus ojos y de ellos salieron abundantes lágrimas de tristeza.
—Que los Hados sean contigo— murmuró entrecortadamente.
La diosa recuperó la calma rápidamente y levantó su báculo. Un rayo de luz que creó una especie de cúpula para proteger a todos los recién llegados iluminó todo el monasterio budista.
La hora del desenlace había llegado. Shaka percibió en la distancia a su padre y a su tío, que venían acompañados de un grupo de guerreros que les eran fieles y de varios sirvientes, que en su mayoría se habían visto forzados a hacerlo y una minoría que era ciegamente leal hacia aquella familia. El joven lama agradecía el encontrarse solo y sin distracciones ya que confiaba plenamente en que Hera cumpliera con su promesa.
Siguió en su pose meditativa, con sus ojos cerrados, pero haciendo frente a la dirección de donde aquellas personas venían a enfrentársele y sin bajar la guardia.
Aquel grupo de guerreros siguió avanzando hasta que quedó a unos cincuenta metros de él, cuando los hermanos ordenaron a aquellos hombres que se pararan y rodearan el perímetro. Shaka aún no se había movido del lugar sino que tranquila y simplemente les observaba a través de su energía cósmica.
—Os esperaba— anunció el joven, que extendió su mano en un gesto conciliador para indicarles donde podían sentarse—, padre, me alegra verte después de tanto tiempo.
—Mi único hijo está en casa con su madre... — le contestó su progenitor.
— Ya sabrás a qué hemos venido, ¿no? Estás acusado de incitar a las gentes del pueblo a la rebelión —interrumpió su tío.
—¿Qué rebelión? Como puedes ver estoy solo, las personas que antes vinieron ya se marcharon tras hacerme compañía durante un ratito.
—Cuando deberían haber estado trabajando en vez de holgazanear como tú y los demás parásitos del monasterio.—Deja a los monjes en paz. Esas pobres gentes que laboran los campos tienen ya una vida dura de por sí, ¿o acaso no tienen derecho a tomarse un merecido descanso después de su jornada laboral?
—Es época de cosecha.
—En ese caso, ¿por qué no les echas una mano? —le preguntó con un tono sardónico en su voz.
—Niño, te olvidas de que existe una jerarquía social y que un superior no hace el trabajo de un inferior o viceversa.
—¿Realmente? —Shaka levantó una ceja a modo de interrogación.
Los guerreros comenzaron a sentirse inquietos pues aquella discusión no estaba conducieindo a nada, algunos deseaban entrar en acción y otros comenzaban a pensar que aquello era algo descabellado porque Shaka volvió a recordarles que no se necesitaba tanta gente para apresar a un muchachito desarmado.
El único objeto que sostenía era el rosario de 108 cuentas que recibió junto a la armadura de Virgo. Una hermosa aura de color dorado llena de paz y serenidad se formó alrededor del hermoso joven.
"¿Qué daño podría hacer aquel muchacho que ni siquiera se había comportado de forma agresiva?" pensaron muchos de aquellos hombres.
En cambio, su tío, cuyo corazón estaba ennegrecido e iba tan cegado por la ambición que no podía ver nada más que a un rival al que destruir. Su padre, también iba manchado por ese odio aunque en él aún quedaba un resquicio, sino de bondad, al menos de honor. El sinceramente había creído a pies juntillas lo que le habían dicho aquellos miembros de la familia tan codiciosos y estaba seguro que el chico no era más que un impostor que era el producto de la infidelidad de su primera esposa.
En el momento en el que su tío se disponía a desenvainar la espada que llevaba al cinto el muchacho aumentó el nivel de su energía cósmica hasta que el halo dorado que lo rodeaba se volvió más visible, consecuentemente los guerreros vieron que aquel joven no era un simple mortal y algunos se amedrentaron y comenzaron a retroceder.
Aquel despliegue luminoso tan sólo era un aviso, pues por muy malvadas que fueran esas gentes debía darles la oportunidad de retirarse con honor. Aquel despliegue de poder enfureció aún más a su tio, que desenvainó la espada y antes de que nadie pudiese detenerlo se abalanzó sobre el muchacho inmóvil. Su padre fue en pos suyo dando un fuerte grito.
Shaka vio venir el ataque antes que comenzara y cuando parecía que la espada iba a tocarlo, una sola palabra salió de sus labios:
—¡KHAN!
