Capítulo 22
Una esfera de protección se formó en torno suyo y el ataque no solamente quedó parado sino que se volvió en contra de su atacante, aunque Shaka controló su poder lo suficiente para que sólo se hiriera levemente y de nuevo le dio una oportunidad para abandonar tan futil empeño. Sin embargo, al ver que no conseguiría herir al joven Buda aquel hombre se ensañó contra su propio hermano, al que apuñaló cuando se acercaba para ayudarle a incorporarse. Un corte fue directo a los ojos y después le hundió el arma en la espalda.
—¡Eres débil! ¡Yo debí haber sido el mayor...!
Tras aquel acto de cobardía Shaka se vio sin otro remedio que el tomar una acción más drástica, abrió sus ojos y lo miró fijamente, desatando así su mortífero poder. Shaka ordenó a los sirvientes que quedaban que se llevaran a su tío a su casa y él mismo se encargó de transportar a su padre. Los sirvientes domésticos quedaron horrorizados al ver a los dos hermanos, uno muerto y el otro más muerto que vivo. Shaka pidió hablar con su madrastra, a la que encomendó que cuidara de su esposo, que sanaría pero quedaría ciego.
—Debes ser fuerte por el bien de tu pequeño Shiva —le dijo en una tierna voz mientas acariciaba la cabecita del niño.
Durante ese incidente la diosa había permanecido en el jardín del monasterio ya que pidió al mayor de los lamas que se retirase y la dejara sola para poder expandir su cosmos. El buen hombre accedió y se retiró con los demás monjes para atender a las personas que habían pedido refugio.
Como una ráfaga de viento dejó que el joven lama sintiera su cálido cosmos para hacerle saber que podía dedicarse a lo suyo sin preocupación alguna. Hera sonrió al ver a su protegido usar las armas de la mente y el cosmos cuando utilizó el Khan como una barrera protectora y fue testigo de aquel acto de cobardía entre aquellos hermanos. Aunque quiso intervenir, no lo hizo, ese asunto sólo podía ser resuelto por Shaka.
Maravillada contempló como abrió sus ojos y su máximo poder fue liberado; definitivamente la profecía se había quedado corta a la realidad. El mismo se encargó de llevar a su padre hasta su hogar, es más, como su nobleza no le permitió dejar el cuerpo de su tío abandonado indicó a los sirvientes que comenzaran a hacer los preparativos funerarios y a continuación elevó una plegaria de agradecimiento a la diosa Hera.
—Shaka, sin duda serás el caballero más cercano a los dioses... —murmuró ella al oírlo. De inmediato, flores de loto cayeron del cielo, que acariciaron con sus pétalos el cuerpo y el alma del joven.
Aunque a Shaka le dolió tener que hacer algo así, no le había quedado otro remedio que quitar la vida a aquel malvado ser, pues había leído en su corazón que nada ni nadie le habría hecho cambiar de opinión. Triste sería su suerte pues por su comportamiento en esa vida, su próxima reencarnación ocurriría a un nivel mucho más bajo. Mientras que su padre se redimió al haber intentado parar el primer cobarde ataque y por eso obtuvo la oportunidad de seguir con vida aunque pagó un terrible precio, tal vez como consecuencia de sus malas acciones anteriores; aún así, no estaría solo en su tribulación pues contaba con el amor de su esposa y el de su hijo.
Shaka, después de la plegaria ofrecida a la diosa Hera y los lamas, hizo una reverencia a su madrastra e hizo ademán de marcharse pero cuando ya se daba la vuelta, vio que alguien se había aferrado a su túnica. Shaka sonrió al ver que se trataba de su hermanito que se había abrazado a él. El joven rubio se puso a su altura, miró al niño tiernamente y le encomendó que se convirtiera en un hombre de bien y que honrara a sus padres. También vio a otro niño oculto en las sombras, Agora, el hijo de su tío, que a pesar de su parentela era un niño tranquilo y de buen corazón pero mucho más tímido que su primo Shiva. Shaka también se acercó a él y secó las lágrimas de su rostro. A ambos les entregó una flor de loto enviadas por la diosa Hera tan sólo unos momentos antes.
