Recordad: está narrado desde el punto de vista de Beca.
Esta parte fue mi favorita. Espero que os guste tanto como a mí me gustó escribirla.
¡Hasta la próxima!
Oh, it's dangerous
It's so out of line
To try and turn back time
I'm sorry for blaming you for everything I just couldn't do
- ooo -
La cosa sobre los días que empiezan de mala manera es que, aunque parezca que van a mejorar, es solo una falsa alarma. Siempre empeoran, incluso cuando se cree que no se puede estar peor.
Desgraciadamente, para Beca no es diferente.
Aguanta, estoica, la verborrea de Aubrey sobre que "ser capitana no te da ningún trato especial conmigo, Mitchell. Da gracias a que estoy de buen humor y te dejo desayunar aunque no debería, porque tú mejor que nadie serías un gran ejemplo sobre 'qué no hacer' para el resto". Y trata de tragarse la contestación, de veras que lo intenta, pero la rubia parece conocer dónde están los botones que le hacen saltar y los está presionando todos a la vez. De modo que no puede evitar replicar con un: "Ah, por fin te han dejado satisfecha. Ya era hora, Posen, no me extraña que estuvieras desquiciada. ¿Dónde está él? Quiero felicitarle. ¿O es una ella?" Se siente orgullosa de sí misma durante una milésima de segundo. Luego se da cuenta de que el comedor está sumido en un inusual silencio y que hasta los pasos de una hormiga provocan eco, así que tiene sentido que las mejillas de la rubia se tiñan de un rojo que pasa de la vergüenza a la rabia en un abrir y cerrar de ojos. Es ahí cuando ve que se ha pasado tres pueblos, lo ve escrito en las caras de las Bellas, normalmente divertidas cuando Aubrey y ella se pelean, ahora con expresiones de miedo. Lo ve en la mirada de reprimenda que le manda Chloe.
Pero justo cuando va a disculparse, Aubrey la corta abruptamente espetando que se ponga a comer y calle de una maldita vez. Beca cierra la boca y obedece sin rechistar. Le echa la culpa al cansancio, al fin y al cabo, lleva dos noches durmiendo sobre el suelo duro y siendo arrancada de sus dulces sueños por la estridente trompeta sonando a todo volumen. Le echa la culpa a su molestia porque han interrumpido sus dos intentos de mantener una conversación honesta y necesaria con la pelirroja. Suspira de alivio, creyendo que la rubia lo va a dejar pasar, y se centra en comerse los huevos revueltos de su plato.
Está equivocada. Está muy equivocada.
La tortura empieza con la rubia cronometrando los dos minutos estrictos permitidos para lavarse los dientes, respirándole en la nuca, sus ojos azules clavados en ella como dagas a través del espejo. A eso le sigue todo un día lleno de actividades absurdas que – se supone – deben ayudarles a reconectar las unas con las otras, aunque Beca no ve cómo caminar por un tronco o nadar por el barro va a conseguir eso exactamente. Además, ¿no se suponía que arreglaron todo la noche anterior en la hoguera? Por eso de que volvían a sonar aca-fantásticas, como dice Chloe.
Sin embargo, Aubrey parece ensañarse con especial dedicación, como si hacerlas sufrir en su último día fuera su único objetivo en la vida.
A la morena todavía le duele el cuerpo por la caída desde la trampa para osos, de modo que ponerse a sortear al resto de sus compañeras de equipo por espacios estrechos que te forzaban a restregarte contra ellas o caer, no le hace gracia alguna. Ni cantar hasta que tiene cuatro puntos diferentes de flato que apenas la dejan respirar porque parece que la están apuñalando. O resbalar en un agujero lleno de lodo en el que no ve el fondo y ni Dios sabe qué asquerosidades puede estar pisando en esos momentos.
Así que cuando Aubrey le taladra los tímpanos por… La verdad es que ya ha perdido la cuenta, solo es capaz de pensar en lo divertido que sería que se le metiera el silbato para dentro y no pudiera hacer nada más que pitar para el resto de su vida. El caso es que cuando se queda sorda porque la exBella, no menos tirana que cuando las perseguía por el auditorio para que hicieran cardio, hace sonar el silbatito plateado casualmente justo al lado de su oído, siente tal alivio que poco más y cae de rodillas ahí mismo.
Está sudada, le duele todo el cuerpo – hasta músculos que no sabía que existían –, y tiene barro metido por cada recoveco, pliegue o agujero de su cuerpo. Sí, es tan horrible como suena. Siente la garganta rasposa; ha aguantado gritos, pitidos, caídas y burlas de sus compañeras. Qué se le va a hacer, Beca nunca fue especialmente atlética. A no ser que se cuenten las acrobacias que hace cuando está metida en la cama o tumbada en el sillón y necesita algo que está lejos.
A donde quiere llegar es que ya es suficiente. Está deseosa de darse una buena ducha bajo un chorro de agua caliente que le relaje los músculos y arrastrarse hasta la tienda de campaña para dormir sus ocho horas obligatorias. Mañana será otro día.
Va tan agotada que no ve la cuerda tensada en medio de su camino. ¡Claro que no la ve, siempre está en las musarañas! Escucha un grito de alerta tras ella pero, para variar, nunca llegan a tiempo, de modo que solo comprende lo que está pasando cuando ya está a medio camino de comerse el suelo de morros. En un acto reflejo salido del puro terror, interpone las manos entre su cara y el suelo de forma que el golpe no sea tan bestial. Aun así, el aire se escapa de sus pulmones en un "ooof" y se queda tirada en el suelo, sin tener siquiera fuerza para moverse.
¿Dignidad? ¿Qué es eso? ¿Se come? Nope, esa palabra no entra en el diccionario de Beca.
- ¡Oh Dios mío, Beca! ¿Estás bien? – pregunta una voz cargada de preocupación sobre ella.
La morena siente unas manos encima de su camiseta embarrada y se tumba sobre su espalda con su ayuda. Parpadea, enfoca, y tropieza otra vez con esos malditos labios y ojos azul bebé que parecen perseguirla. Que no es que se queje, eh. Al mareo del golpe se le suma el mareo del déjà vu.
- ¿Sigues viva? ¿Cuántos dedos hay?
Beca espanta la mano que flota sobre su cara – tenía tres dedos levantados, por cierto –.
- ¿Quién coño pone una cuerda transparente a la altura de los tobillos sin señalizar? – protesta con voz rota.
Chloe deja escapar una risa aliviada.
- Está bien – asegura mirando hacia algo que no entra en el campo de visión de la DJ.
A la cabeza de Chloe se le suman nueve más, con expresiones que van desde el fastidio – adivina adivinanza: Aubrey –, pasando por la diversión – Amy la Gorda –, la preocupación – el resto de las Bellas –, hasta la impasibilidad – ¿alguna vez la cara de Lilly muestra emociones?
La conmoción le está afectando.
- Este es el momento en el que sueltas alguna de tus mierdas de: "No me he caído, le estoy dando un abrazo al suelo" – comenta Amy.
- ¿Cuándo…? ¡Yo no…! – la protesta de Beca muere en sus labios cuando todas las Bellas asienten. – Lo que sea, ayudadme a levantarme, por favor – pide.
En seguida la mano de Chloe reaparece frente a ella. La agarra y se incorpora con un gruñido hasta quedar sentada. El mundo comienza a dar vueltas a su alrededor y debe dejar escapar algún sonido porque la pelirroja la empuja de nuevo para que se tumbe y dice algo con urgencia.
- Abran paso a la estudiante de medicina, per favore – pide Stacie empujando a las demás con los brazos para que el círculo que rodea a Beca se haga más amplio.
La única que no se mueve es Chloe, arrodillada junto a la morena. Stacie opta por no hacer comentario alguno, colocándose al lado de sus capitanas y levantando los párpados de la accidentada para comprobar sus pupilas. Un "¿pero acaso sabe lo que está haciendo?" y un "en mi país no hay médicos, tenemos curanderos que aprenden sobre la marcha" son acallados con una mirada envenenada. La DJ ve que los labios de Lilly se mueven y señala algo. Veinte ojos se centran a la vez en el mismo punto, alguien deja escapar una exclamación de alarma.
- ¿Qué? ¿Me ha salido un cuerno? – bromea la morena para disimular su nerviosismo. Se toca la frente y la nota pegajosa.
- Que no cunda el pánico – ordena Stacie –. Necesito una camiseta, rápido – alarga una mano.
Las chicas se miran las unas a las otras, sin reaccionar. Hasta que Chloe deja escapar un bufido, se agarra el bajo de la camiseta de tirantes azul – a juego con sus ojos – que lleva puesta y se la saca por la cabeza. Poco más y los ojos de Beca se salen corriendo de sus órbitas.
Mentiría si dijera que es la primera vez que ve a Chloe en sujetador. Incluso con menos ropa. ¡Por Dios, se conocieron cuando la pelirroja entró a la fuerza en su ducha! Una persona así no es precisamente vergonzosa a la hora de cambiarse de ropa, esté sola en la habitación o no. De modo que es algo que Beca se ha acostumbrado a ver. Y quien dice acostumbrado, dice que ya no se sonroja brutalmente y pierde el hilo de sus pensamientos en su totalidad. Bueno, sigue trabajando en lo segundo, pero es humana, cualquiera con ojos en la cara se olvidaría de lo que está diciendo ante la vista de Chloe Beale en sujetador. Las cosas como son.
Recapitulando: mareo por la caída + mareo por el déjà vu + mareo por Chloe medio desnuda inclinada sobre ella para ponerle la camiseta en la frente y regalándole una bonita vista de su escote. Mmmm ¿puede considerarse escote cuando no se lleva nada más que un sujetador deportivo?
Definitivamente, la conmoción le está afectando hasta límites insospechados. Su último ápice de decencia lo gasta en no mirarle las tetas a su mejor amiga de forma descarada.
- ¿No tendrías que esperar hasta la quinta cita para hacer eso? – señala Beca con una sonrisa torcida.
Chloe suelta una carcajada sorprendida y las cejas de Stacie casi desaparecen en su pelo.
- ¿¡Estáis saliendo y yo sin saberlo?! – exclama indignada, pero sin dejarse distraer de su tarea, o sea, quitar la sangre de la herida de la frente de la morena para poder echarle un vistazo.
Lo cual es todo un mérito, sobre todo cuando Amy la Gorda se pone a berrear: "¡BLOE ES CANON!" mientras corre con los brazos en alto por el campo.
- No hagáis caso, es la caída hablando – Chloe sacude la cabeza todavía con restos de risa en los labios.
- Doy fe – apoya Beca desde su posición tumbada en el suelo.
Al final el veredicto de la aspirante a médico es que la DJ está bien, solo magullada, algo que la propia Beca podría haber dicho perfectamente sin necesidad de atender a clases. La herida de su frente – porque claro que tenía que ir a clavarse la única piedrecita en una puñetera extensión de césped – ya ha dejado de sangrar. En realidad es un corte pequeñito pegado a la raíz del pelo, ni siquiera le daría problemas para el campeonato.
- Deberíais poner un cartelito o algo. "Cuidado con la cuerda asesina" estaría bien – masculla la morena aceptando otra vez la mano que le tiende Chloe para incorporarse y lanzándole una mirada a Aubrey, quien finge no darse por aludida.
La DJ hace una mueca al apoyar todo su peso sobre sus golpeadas rodillas pero, aparte de eso, puede dar gracias de haber salido ilesa de semejante torta. Ahora más que nunca lo único que desea es poder darse una ducha caliente y dormir hasta que su cuerpo diga basta.
- ¿Estás bien para andar? – le pregunta Chloe con ligera preocupación, las manos extendidas por si a Beca se le ocurre caerse de nuevo.
La morena considera cuál es la alternativa: ¿apoyarse en la parte superior desnuda del cuerpo de su mejor amiga que ya de por sí resulta difícil de resistir desde una distancia segura? Oh, sí, claro que puede andar sola, aunque tenga que ir haciendo la croqueta.
- Perfecta – contesta con una sonrisa que, espera, no sea muy tensa.
- ¿Segura? – presiona la pelirroja.
- Al 100%. De verdad, no te preocupes, voy a beber un poco de agua y ducharme, estoy deseando quitarme esta mierda de encima – señala con el índice su cuerpo embadurnado en lodo.
Chloe se adapta a su ritmo de herida con facilidad, mirándola apreciativamente de arriba abajo.
- Mmmm yo creo que te da un toque sexy.
Quizá es el tono grave con el que lo dice – bendita operación de nódulos – o el hecho de que sigue en sujetador y la otra prenda de ropa que lleva son unos diminutos shorts deportivos; pero un escalofrío recorre la columna vertebral de Beca y una bola cálida se extiende por su abdomen. «Jesús, contrólate, Mitchell».
- Supongo – se encoge de hombros –. Si tu tipo son las chicas que parece que han sido arrastradas por el cerdo que tenían planeado llevar al matadero.
Chloe se ríe pero Beca se las apaña para mantener expresión seria. Cuando llegan al comedor, la morena se despide de su co-capitana. Siente en seguida la ausencia que deja la brillante presencia de la pelirroja pero barre sus sentimientos a un lado y empuja la puerta vaivén del comedor. Las mesas están colocadas ya, listas para los campistas que cenan temprano. Se abre paso entre bancos de madera hasta coger una botella de agua del refrigerador. El reflejo de una completa desconocida con el pelo alborotado a pesar de llevar una coleta, una mezcla de sangre y barro en la cara, y expresión de cansancio le devuelve la mirada distorsionada desde la superficie metálica de la nevera. Aunque va a ducharse en menos de cinco minutos, Beca se siente sucia, así que se cuela en la cocina vacía, se dirige al fregadero y sumerge la cabeza bajo el chorro de agua.
El líquido, transparente al principio, resbala por sus mejillas y cae por el desagüe de un color grisáceo-rojizo extrañamente satisfactorio. Se seca la cara con un trozo de papel de cocina, y vuelve a mirarse en la nevera. Esta vez sí se reconoce a sí misma.
Contentada, va dando sorbos a la botella mientras coge ropa limpia de su maleta en la tienda de campaña. Por pura costumbre, enraizada ya después de su primer año en la universidad sin baño para ella sola, comprueba antes de irse que lleva el champú y demás útiles de aseo en la bolsa. No sería la primera vez que se da cuenta de que se ha olvidado algo indispensable cuando ya está bajo el agua y le toca secarse a toda prisa y volver corriendo a su habitación.
Cree que como le pase eso hoy, lo manda todo a la mierda y sigue adelante aunque eso signifique irse a dormir con el pelo sucio. Tal es su desesperación.
Tararea algo para sí misma mientras recorre el camino hasta el baño con la toalla colgada del hombro. Se sonroja cuando empieza el estribillo de la canción y las palabras flotan en su mente, llamando su atención.
I'm bulletproof, nothing to lose
Fire away, fire away.
Ricochet, you take your aim
Fire away, fire away.
You shoot me down, but I won't fall
I am titanium.
En seguida le asalta el vívido recuerdo de ojos azul bebé y sonrisa cálida, de una voz suave como la miel derritiéndose y mezclándose a la perfección con la suya hasta conseguir un sonido salido de sus mejores sueños, de la armonía reverberando en las paredes blancas de unas duchas comunes, de dos personas totalmente opuestas capaces de crear algo maravilloso juntas.
Durante ese primer año en Barden, antes de mudarse a la casa de las Bellas, cada vez que iba a ducharse no podía evitar que Titanium le viniera a la cabeza. Durante unos diez minutos miraba fijamente a la cortina blanca con miedo a que se abriera de golpe y un torbellino rojo entrara gritando: "¡Sabía que podías cantar!" o explicando excitadamente que esa es su canción para momentos especiales y que quiere que Beca siga.
Chloe – después de un ataque de risa interminable que le hizo llorar – determinó que la DJ padecía "Síndrome de Aca-asalto Post Traumático". En qué momento le pareció adecuado contárselo, Beca no lo sabe, pero con la pelirroja es siempre así. Algo tiene que le impulsa a sincerarse o que la convierte en la mentirosa más torpe del mundo.
Deja de tararear ahora que es consciente de ello. Le sorprende porque hacía años que no le pasaba. Fue un incidente de principiante; algo que, afortunadamente, se le pasó a medida que avanzaba el curso y ella y Chloe se iban acercando más. Que le vuelva a pasar le llama la atención y no puede evitar sentir curiosidad y preguntarse qué lo habrá desencadenado. ¿La confesión de la pelirroja sobre querer experimentar? ¿El hecho de que su cuerpo parece reaccionar de forma inadecuada a su presencia? ¿Un efecto secundario del golpe en la cabeza?
La bofetada de calor acumulado en los baños le saca de su ensimismamiento. Es una nube casi tangible que cuelga del techo y hace de respirar una tarea que requiere esfuerzo. Le recuerda a esa única vez que dejó que Chloe la convenciera para ir a una sauna y poco más y no sale viva de allí dentro para contarlo.
Hay una fila de puertas – con pestillos súper seguros que evitan que te acose una completa desconocida – blancas cerradas que se extienden a lo largo de la pared a su izquierda. Los diez grifos de agua abiertos a la vez ahogan prácticamente cualquier otro sonido, como "¿quién me presta su gel? Me he dejado el mío en la tienda" y "Yo, por el suelo te va". Beca reprime una sonrisa que se le borra de la cara cuando se fija en la cola de por lo menos nueve personas esperando pacientemente para poder ducharse. Emily, CR y Flo le sonríen desde el principio, pero la morena tiene la sensación de que como intente colarse, es probable que salga de allí en pedacitos, a juzgar por la mirada que le lanza una rubia ancha de espaldas cuando ve que Beca les devuelve el saludo. Es un "ni lo pienses" en toda regla.
La DJ suspira, planteándose si necesita tanto la ducha. La camiseta pegada a su cuerpo y la piel tirante por el barro seco y el sudor le recuerdan que sí, que está desesperada por limpiarse. Cambia el peso de un pie al otro, sopesando sus opciones. Tiene por lo menos media hora de espera por delante, si no más. No cree que pueda aguantar tanto. Qué le va a hacer, la paciencia nunca fue su fuerte, por no decir que esa secuencia concreta de su ADN está defectuosa y es incapaz de ser paciente. Sus amigas son compasivas y la quieren como a una hermana, pero ninguna es tan tonta como para sacrificar su puesto y dárselo a Beca. Y la morena realmente valora su vida, le basta que con que la rubia no la pierda de vista ni un segundo.
Lo que sí es, es observadora. Se ha fijado en que los baños tienen forma de T. Donde está ella en ese momento se encuentran las duchas y, a la derecha, espejos y lavabos. De frente están los váteres. «A lo mejor hay más duchas en el saliente izquierdo y, al estar escondidas, nadie es consciente de ello». Así que al final se decide a arriesgarse. Abandona su puesto en medio de la cola – ha seguido llegando gente después de ella – y se dirige hacia el fondo. Siente en todo momento los ojos de la rubia clavados en su espalda, vigilando cada movimiento. Casi deja escapar un suspiro de alivio cuando gira en la esquina y la pierde de vista. Ignora los inodoros y se centra en el otro lado.
Empuja una puerta: no. Empuja otra puerta: no. Empuja la penúltima: no. Para cuando llega a la última, no tiene esperanza alguna y ya se está mentalizando para una laaaaaarga espera. La puerta está cerrada pero al apoyar las yemas de los dedos encima, cede hacia dentro, revelando un banco de granito, enganches para colgar la ropa y una pared que oculta más de la mitad del otro lado pero deja lo suficiente a la vista como para distinguir un grifo. ¡Es una ducha! ¡Ha encontrado una maldita ducha! Suprime un grito de victoria y se apresura a entrar, bloqueando la puerta al bajar el manillar. Se desnuda en tiempo récord.
Es entonces que percibe, más que ve, una presencia a su espalda. Beca se queda congelada, mirando hacia la entrada, y su camiseta cae al suelo con un chapoteo desde su mano repentinamente falta de fuerzas. Escucha el sonido de fricción de una chancla contra el suelo, la respiración de alguien detrás de ella. No puede evitar estremecerse al sentir el calor de un cuerpo alcanzar su espalda desnuda.
- No es que me queje pero, ¿qué haces en mi ducha?
Reconoce en seguida la voz. Su aliento acaricia la oreja de la DJ, bajando por su cuello, y le tiemblan las rodillas. Cierra los ojos, traga saliva y maldice su suerte. Pero no responde, ha perdido la capacidad del habla.
«Ohdiosohdiosohdiosohdiosohdios. Vale, que no cunda el pánico», se dice mentalmente. «Pero está desnuda y pegada a tu espalda», susurra el diablillo sentado en su hombro izquierdo. «No pienses en eso. Discúlpate y sal de aquí», rebate el angelito de su derecha. Beca se siente como en un maldito partido de tenis, mirando a un lado y a otro de su debate interno, dolorosamente consciente de los segundos que pasan y sin saber qué hacer.
Al final se decide por reaccionar al más puro estilo Beca Mitchell®. Con efecto retardado, da un brinco y se gira para encarar a Chloe – qué irónico es el destino, ¿no? –. Un paso atrás, los brazos cruzados sobre el pecho en un intento de taparse, las mejillas ardiendo. Vaya con los déjà vu… «No mires», aconseja el ángel. «Mira», susurra el diablo. Casi sucumbe pero se rectifica en el último momento y solo llega a ver sus clavículas resaltando contra su piel morena.
- ¿Qué demonios, Chlo…? ¡No…! ¿Por qué…? ¿Por qué no cierras la puerta? ¡Creí que estaba vacía!
La pelirroja solo ríe, descansando un hombro contra la pared que divide ambas partes de la ducha, la principal causante de todo ese lío porque había ocultado el cuerpo de su mejor amiga a primera vista. Está claro que esta sigue sintiéndose muy segura de su cuerpo, eso no ha cambiado en cuatro años. Tampoco la respuesta de Beca: "Deberías estarlo", porque Dios mío querido.
- Para tu información, cerré la puerta, lo que pasa es que ese sistema es una mierda – contesta la co-capitana señalando con un índice el manillar –. Recuérdame que se lo mencione a Aubrey antes de irnos.
Decir que la DJ está flipando es quedarse corta. Mucho. ¿Hola? ¿Estaban desnudas en la misma ducha y Chloe se pone a hablarle de sistemas de cierre y exlíderes de las Bellas tan tranquila? ¿Es que Beca es la única con algo de sentido común?
- Además, tendría que ser yo la indignada. Al fin y al cabo, es mi ducha en la que has entrado.
- Pensé que habías dicho que no te importaba – repite la morena como un loro, lo único de lo que se cree capaz sin avergonzarse a sí misma.
- Y no lo hago, créeme – Chloe recorre el cuerpo desnudo de Beca con la mirada descaradamente y esta debería sentirse violada en su privacidad pero oh, lo que despierta en la base de su estómago es justo todo lo contrario –. Mis recuerdos comenzaban a no hacerte justicia…
Se le desencaja la mandíbula por la fuerza con la que se le abre la boca. Se queda así, ganando cada vez más parecido con un pez fuera del agua. Lucha para decir algo coherente de vuelta, algo que, ¡para variar!, haga sonrojar a Chloe. Sin embargo, parece que su cerebro ha hecho las maletas y se ha largado porque solo consigue articular sonidos inconexos.
- Pero, oye, la próxima vez que quieras ducharte conmigo, solo tienes que decirlo. No hace falta que me des un susto de muerte al colarte silenciosamente. Sabes que siempre estoy a favor de ahorrar agua y… – se pausa –. Otras cosas – bate las pestañas con sensualidad –. Ah – se agacha demasiado cerca de Beca y recoge la camiseta de esta. Busca su mirada antes de volver a incorporarse y la DJ se va a desmayar a ese paso porque lleva algo así como veinte minutos sin respirar –. Se te ha caído esto – le tiende la camiseta con cara de absoluta inocencia.
Y Beca sigue sin reaccionar. Incluso cuando Chloe ladea la cabeza y la mira inquisitivamente. Incluso cuando se cansa de esperar y deja la prenda en el banco. Incluso cuando se da la vuelta y la morena ve su mano abrir el grifo. Incluso cuando Beca la oye llamarla. Si alguien le dice que se ha convertido en una estatua, le creería sin dudarlo un momento. La situación solo empeora porque, honestamente, nada en el mundo podría haberla preparado para la visión de Chloe Beale con los rizos pelirrojos cayendo alborotados sobre sus hombros como una cascada de fuego, sonriéndole como si eso fuera lo más normal del mundo y no estuvieran desnudas con solo una pared entre ellas. Si antes la DJ ya tenía problemas para concentrarse, respirar, salivar… En fin, para comportarse como una persona normal y corriente; ahora demuestra ser imposible. El único capaz de seguir con su tarea es su corazón, que se ha lanzado a una desenfrenada carrera en su pecho como si quisiera compensar la falta de actividad del resto de sus órganos.
- Ahora que me doy cuenta, ¿esto significa que estás dispuesta a ayudarme con mi pequeño… arrepentimiento? – pregunta Chloe con un brillo travieso en sus increíbles ojos azules.
Beca quiere morir. ¿Puede morir? De verdad, sería la persona más feliz del mundo si en ese preciso instante se abriera una grieta en el suelo bajo sus pies y se la tragara entera. Ni siquiera protestaría por la falta de WiFi o que todo aparato electrónico se derretiría por el calor infernal del centro de la tierra.
- Ya te gustaría – contesta la morena de golpe con una confianza que no sabe de dónde demonios ha salido pero que llega justo a tiempo porque la pelirroja ya comenzaba a mirarla con preocupación.
Y su preocupación siempre conlleva cercanía. Y la cercanía lleva al roce. Y como que se llama Beca Mitchell que no responde de sus actos si la toca en ese momento.
El ceño fruncido de Chloe es reemplazado por una sonrisa torcida y la DJ se agarra a ese brote de picardía como a un clavo ardiendo porque si lo pierde volverá a su estado anterior besuguino y mmm gracias, pero no.
- La verdad es que me he fijado en que tienes manos muy ágiles. Creo que serías una buena primera vez – un guiño, lento y coqueto, acompaña las palabras de la Bella.
«Respira, Beca. Respira, por Dios, que es capaz de hacerte el boca a boca como caigas inconsciente».
- Ya, una lástima que nunca vayas a averiguarlo – esboza una sonrisa de disculpa.
- ¿Por qué no?
«Jesús. ¿Me está tomando el pelo o qué?»
- Eh – carraspea –. Tía, tengo novio – se gira para marcharse.
Que la llamen loca, pero prefiere hacer cola.
Una mano se cierra en torno a la muñeca de la morena y le impide seguir caminando con su fuerte agarre. Beca reprime el escalofrío que lucha por subir por su columna y reza para que no se note mucho el efecto que ese punto de contacto está teniendo en ella.
- Sé lo de Jesse.
Boom. Eso sí que es cortar el rollo a lo grande. De repente la DJ ya no siente el ambiente asfixiante del baño sino que parece que le acaban de tirar un jarro de agua helada por encima. Gira sobre los talones de sus chanclas, expresión neutra en el rostro.
- ¿Qué?
Espera haber oído mal, que el sonido del agua haya provocado que malinterpretara las palabras de Chloe, que tanta música en cascos le haya causado sordera. Pero una simple mirada a los ojos de la pelirroja le basta para saber que, de momento, el sonotone no es necesario.
- ¿Por qué me lo contaste? Podría, no sé – se encoge de hombros -, podría haber estado ahí como apoyo moral, ¿sabes? Habría estado ahí.
Y, otra vez, demasiado pronto para el gusto de Beca, aparece esa expresión dolida en la cara de su mejor amiga que es tan extraña en ella. Pero la morena se las ha apañado para sacarla a relucir en lo que puede considerarse un nuevo récord. Cierra los ojos brevemente.
- ¿Cómo te has enterado siquiera? – evita contestar a su pregunta con otra, algo que se le da tan bien que deberían darle un premio.
- Ya sabes cómo es Benji cuando le gusta una chica; quiero decir, tú misma viste su metedura de pata en la batalla…
- ¿Él te lo contó? – corta la DJ.
- No, pero puede que se le escapara hablando con Emily, totalmente sin querer, y puede que yo estuviera cerca para escucharlo… Totalmente sin querer también.
- O sea, que todas las demás lo saben – suspira Beca, pasándose una mano por la cara con cansancio.
No es como había pensado en contárselo a sus amigas, ni siquiera cree haber llegado a pensar en contárselo todavía. Estaba muy reciente como para compartirlo con las Bellas. Pero con Chloe…
- ¿Estás…? ¿Estás enfadada? – La voz de la pelirroja es tan suave que después de unos largos segundos de silencio, la morena apenas la escucha.
Su problema es que nunca ha sido capaz de enfadarse con Chloe. No cree que exista persona en este mundo capaz de enfadarse con Chloe, con excepción – quizá – del ogro que responde al nombre de Aubrey Posen. De modo que la DJ se desinfla, echa todo el aire de sus pulmones en un suspiro, aunque no se enfada con ella, no cuando la está mirando con esos ojitos de cachorrito arrepentido.
Sacude la cabeza. Sabe de lejos que no es el lugar para mantener esa conversación, ni el momento, ni las condiciones, pero no parece que la pelirroja vaya a dejarla marchar ya que su mano sigue cerrada en torno a su muñeca.
- No – dice al fin –. Claro que no estoy enfadada, Chlo. Y lo siento. Nunca se me ha dado bien todo ese rollo de "compartir" pero últimamente me llevo la palma… Supongo – se encoge de hombros –, supongo que como no era gran cosa, no quería robar atención de nuestro entrenamiento para el campeonato.
- ¿"No era gran cosa"? ¿Me estás tomando el pelo, Becs? ¡Saliste con él durante cuatro años!
La aludida hace una mueca y se vuelve a encoger de hombros.
- Puesto así suena como algo… - hace un gesto con las manos, como si creara una bola cada vez más grande –. En realidad era una relación basada más en la amistad que en el amor. Me refiero… Le quiero, le quiero con toda mi alma – parece que la expresión de Chloe se entristece, aunque cuando Beca parpadea, vuelve a estar normal. Se lo habrá imaginado –. Es solo que… No estoy enamorada de él – otro encogimiento de hombros –. Era algo que ambos sabíamos y tratábamos de ignorar, pero al final Jesse estaba dando mucho más de lo que yo le podía dar.
- Entonces… ¿Estáis bien? – pregunta la pelirroja, dubitativa.
- Sí – cuarto encogimiento de hombros –. Es básicamente lo mismo, como si nada hubiera cambiado, solo que nos estamos dando algo de espacio. En teoría. Porque todavía hablamos casi a diario – Va a subir de nuevo los hombros pero se para a tiempo. Ya parece un tic y todo.
Entonces Chloe hace lo inesperado. Y ya es decir, porque siempre pilla a Beca por sorpresa. Rodea el cuello de la morena con sus brazos y tira de la DJ hacia ella para poder abrazarla. La sensación de déjà vu se está convirtiendo en una constante en su vida últimamente.
En cualquier otro momento, en cualquier otro lugar, no habría pasado nada. Pero están en la ducha. Desnudas. Y la está abrazando. Desnudas. Y joder, Beca casi puede ver saltar las chispas que lanzan sus nervios sensitivos al cortocircuitarse por tanta piel descubierta rozándose. Ahora es su turno de quedarse en shock, las manos a ambos lados de su cuerpo sin saber dónde colocarlas porque no cree que pueda soportar tocar más a la pelirroja.
- Mmmm ¿Chlo?
- ¿Huh?
- No es por despreciarte el abrazo, ya sabes que los tuyos no me molestan… - Verdad. Jamás le había hecho la cobra a su mejor amiga para rehuir un abrazo suyo –. Pero, ¿podríamos dejarlo para otro momento?
- ¿Por qué? ¿Te incomoda?
- No – Mentira. Siente ganas de salir corriendo de allí y esconderse bajo una roca –. Es solo que… Estás desnuda – dice como si fuera obvio por qué quiere romper el abrazo. Y es obvio. De verdad. No entiende cómo Chloe no puede verlo.
- Lo sé – contesta ella simplemente.
- Y yo también – sigue Beca para ver si lo capta.
- Soy muy consciente de ello – No necesita verle la cara para saber que está sonriendo con picardía.
¡Jesús, podía ser de un tonto cuando quería…! La DJ siente el cuerpo de su mejor amiga sacudirse contra el suyo y tarda en darse cuenta – honestamente, es muy difícil concentrarse con tanta piel rozándose – de que se está riendo.
- Tranquila – murmura Chloe levantando la cabeza del hombro de la morena para poder mirarle a los ojos –. No es que me vaya a poner a cantar Titanium.
Beca sabe hacia dónde está dirigiéndose la pelirroja. Sabe que no se refiere a que quiera escuchar su voz, sus notas o su rango; no esta vez. Sabe que se refiere al otro sentido de la canción, al efecto que tiene sobre su mejor amiga, al uso que le da en sus momentos de necesidad. La DJ traga saliva sonoramente y sabe que Chloe lo sabe. Sabe que la está observando de cerca, esperando un gesto, una señal.
Y Beca sabe muchas cosas pero luego nunca reacciona a tiempo para actuar sobre ellas.
- A no ser que tú quieras – susurra la pelirroja de forma apenas audible, su aliento acariciando los labios de la morena.
Puede decirse que es su punto de ruptura. La gota que colma el vaso.
La capitana de las Bellas se da mentalmente una palmadita en la espalda de enhorabuena. Hey, ha aguantado cuatro años de tiras y aflojas, de reacciones inexplicables de su cuerpo y excusas baratas para enmascarar la pura verdad, de decirse que no y poner una distancia de seguridad que Chloe tardaba una milésima de segundo en recorrer sin siquiera despeinarse, de tragarse sus sentimientos y pagar sus frustraciones con el inocente de Jesse.
Beca repasa de forma rápida la lista de cosas en las que es experta nivel: si estuvieran incluidas en los Juegos Olímpicos, sería campeona mundial con todo oros. La lista, no obligatoriamente en orden, va así:
1. Huir de sus sentimientos y/o gente que le importa
2. Actuar impulsivamente (en especial si está enfadada)
3. Evadir preguntas con otras preguntas
4. Ahogar lo que le rodea con música o tapándose los oídos
5. Tener actitud de chica mala y comportarse en consecuencia
6. Bloquearse cuando está nerviosa y/o alterada
7. Hacer remixes (?)
En ese momento, se centra en la número dos.
Actúa sin pensar, sin pararse a considerar las consecuencias. Simplemente decide dejarse llevar por el momento, por sus sentimientos, y que la suerte la acompañe.
La fuerza con la que une sus labios con los de Chloe les hace trastabillar hasta acabar bajo el grifo abierto de la ducha. O quizá es que ha cogido a la pelirroja por sorpresa porque quizá no se esperaba ese movimiento por parte de la DJ. El caso es que el primer pensamiento con un mínimo de lógica que tiene Beca es: Chloe sabe a agua y algo dulce.
El agua cae sobre ellas con fuerza, pero la morena no parece notarlo porque en lo único en lo que puede concentrarse es en los labios de Chloe. Debajo de los suyos. Sobre los suyos. Respondiéndole con ganas.
Hasta que se separa.
Durante una fracción de segundo, la neblina del deseo se disipa un poco y una luz de razón comienza a brillar. Entra en pánico. Pero entonces Chloe está ahí de nuevo, como si su ausencia hubiera sido producto de la imaginación de la DJ, y acalla su cerebro. Manos que estaban reposando tranquilamente en los hombros de Beca trepan por su cuello hasta liberar su pelo de la goma que lo mantiene semisujeto en una coleta. Los mechones caen empapados por la espalda de la morena y la pelirroja no pierde el tiempo, en seguida enreda sus dedos y tira de ella para acercarla más.
Más. Más. Más. Más. Es la única palabra en el vocabulario de Beca en esos momentos. Ah, y Chloe. Esa también.
Se pierde en su boca. Siempre sospechó que era una experta a la hora de besar, pero la realidad supera sus expectativas. Cuando siente dientes en su labio inferior, sus rodillas tiemblan. Entonces tira de él y Beca jura que no sabe de dónde demonios sale ese gruñido, pero sale de algún sitio bien profundo de su garganta que acaba de despertar por primera vez en su vida. Flota por el aire, impermeable, sobre sus cabezas. Le arranca una sonrisa a Chloe y la DJ no puede evitar saborearla, emborrachándose con su dulzura.
Ha descubierto su droga. Se siente en la llama, en las nubes, con la luna y las estrellas. Es imparable, invencible. Nada puede tocarla siempre y cuando Chloe esté a su lado.
Adelanta la cabeza y roza los labios de la pelirroja con su lengua, tentativamente, pidiendo permiso. Una, dos, tres veces; hasta que a la cuarta ya hay otra lengua esperándola y ahora quien gime es la pelirroja. Dios, Beca jamás ha escuchado un sonido más erótico. Una sensación ardiente recorre sus venas hasta aposentarse en su bajo abdomen. Ahí es cuando comienza la verdadera batalla. Se pega más a Chloe, una mano en su cadera tirando de ella, una nueva urgencia en la forma en la que pelea para ver quién de las dos conquista la boca de la otra. La DJ se da cuenta de que sus manos están en la nuca de Chloe, sus uñas arañando la piel con suavidad, no suficiente para hacer daño pero sí con fuerza necesaria como para hacerla estremecer.
El lado negativo de actuar sin pensar es que, en cuanto su cerebro consigue liberarse de la neblina del hechizo y se pone a su altura, la ensordece con sus gritos horrorizados. Casi puede imaginárselo como un dibujo animado, con su pajarita negra y su sombrero marrón llevándose las manos a la cabeza y temblando de puro miedo.
Esta vez no es diferente.
En el momento en el que un resquicio de razón se abre paso entre las múltiples sensaciones que tienen a su cuerpo al borde del colapso, Beca sabe que está perdida. Y aunque los labios de Chloe trazando un camino por su mandíbula hasta su cuello y sorbiendo sobre su pulso son una gran distracción, ni siquiera eso eclipsa las grandes señales de "¡PELIGRO!" que saltan en su cabeza con tanta fuerza que la ciegan. Porque una vez su Pepito Grillo encuentra su megáfono y es capaz de juntar dos palabras con un mínimo de sentido no hay nada que le haga callar.
Solo la soledad. Su soledad.
Y puede que Chloe esté haciendo un trabajo cojonudo a la hora de despistarle, ya que la voz de la conciencia de la DJ flaquea varias veces en su intento de ahogarla con remordimientos; pero al final recupera la compostura y se tira de las mangas de su traje – quizá a Beca le encanta imaginárselos como personajes de dibujos animados, ¿vale? – antes de carraspear y poner los brazos en jarras. Entonces coge aire profundamente y su voz retumba por cada recoveco, la fuerza y la lógica aplastante de sus argumentos reducen a la morena a una bola en una esquina metafórica de su mente.
«No puedo ser un experimento. No puedo ser solo un experimento».
Mientras su "yo" interior se convierte en una masa temblorosa que se tapa los oídos en un intento de huir de los gritos – su talento número cuatro, algo en lo que ganó práctica de pequeña gracias a las constantes peleas de sus padres –, su "yo" exterior, la que está bajo un chorro de agua caliente con los labios de Chloe Beale presionados con fuerza contra los suyos – porque ayuda a retrasar lo inevitable y, qué demonios, le encanta besarla –; esa Beca Mitchell se aparta de la pelirroja con brusquedad y da un paso inestable hacia atrás, alejándose de su mejor amiga, de la tentación que suponen sus mejillas sonrojadas, sus labios hinchados y su melena como el fuego empapada sobre sus hombros.
Cuando sus ojos se encuentran con los de Chloe, ve que ella nota el cambio en su actitud. Joder, es experta en leer a la DJ como si fuera un libro abierto. Beca observa cómo frunce el ceño y da un paso adelante para evaporar la distancia de seguridad que, una vez más, la morena ha interpuesto entre ellas. Solo que ha llegado tarde. Y lo sabe.
Y la pelirroja también.
Además, Beca sabe que Chloe es consciente del efecto que tiene sobre ella, de que es capaz de sacar su mejor lado. Que ella ilumina la habitación con su sonrisa y la DJ la congela con una mirada, pero solo la pelirroja puede lograr que Beca haga lo primero también. Chloe es consciente de ello y no tiene problema alguno en usarlo en su beneficio, algo que, en esos momentos, iría en contra de lo que el lado racional de la morena le está ordenando que haga.
De nuevo, sabe muchas cosas, pero ese conocimiento siempre llega con retraso, no cuando lo necesita.
Otro paso atrás, otro paso adelante. La distancia física nunca varía pero su sensación es que se está abriendo el Cañón del Colorado entre ellas.
- Yo no… - comienza a disculparse pero las palabras nunca llegan más allá de su tráquea porque, ya lo dijo antes, no puede mentirle a Chloe sin que sea demasiado obvio.
- No – pide la pelirroja sin una nota de súplica en su voz. Es más una orden que otra cosa.
Beca agarra la toalla del colgador y tantea por el manillar a su espalda. Su mano se cierra a su alrededor justo cuando su mejor amiga se acerca para sujetar a la morena otra vez e impedir que se vaya, solo que ahora la DJ lo ve venir y puede evitarlo. Se escabulle de su alcance, tropieza sobre sus pies al girar bruscamente y salir corriendo. Levemente, se acuerda de que va desnuda y debería taparse antes de rodear la esquina. Cruza el baño como una exhalación, haciendo caso omiso a las miradas extrañadas de la gente a la que sobrepasa mientras se precipita hacia la salida. Nunca antes se había movido tan rápido.
- ¡Becs! ¡Beca! – oye gritar a Chloe tras ella.
Pero no se gira. Recuerda lo suficiente de mitología para saber que esas últimas miradas por encima del hombro podían ser tu perdición, y no tiene ninguna duda de que ver la expresión dolida de la pelirroja impediría que siguiera adelante con esa locura.
Al mismo tiempo que corre por pleno campo con solo una toalla encima y su Pepito Grillo trajeado y su cerebro con pajarita y sombrero se dan palmadas de victoria en la espalda y se secan el sudor de la frente porque uf, ha estado cerca; Beca analiza las consecuencias de sus actos. Cómo no, elabora una lista mental.
Negativas:
1. Ha besado a Chloe
2. Desnudas en una ducha
3. Efectivamente arruinando su amistad
4. Y, consecuentemente, arruinando una de las cosas más importantes de su vida
5. Porque ya no hay marcha atrás a no ser que encuentre un DeLorean
6. Y ella no es del tipo de tener relaciones
7. Fue testigo de lo bien que eso funcionó con Jesse y con sus padres
8. Al final la gente te abandona y lo único que te queda es un corazón roto y nada en lo que ahogar las penas
9. Por eso huye en cuanto las cosas se ponen personales
10. Porque es experta en no salir herida incluso si eso significa ir en contra de lo que quiere/desea/anhela
11. Y no puede ser un experimento. Solo.
Positivas:
1. Ha besado a Chloe
2. Desnudas en una ducha
3. Efectivamente contrastando su teoría de que es una experta besando
4. Hey, ha conseguido quitarse la suciedad más gorda de encima, ya no parece que la haya arrastrado un cerdo por charcos de barro
5. Está haciendo deporte con tanto correr sin destino alguno
